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domingo, 29 de agosto de 2021

Carta No. 95: Nueva Normalidad… ¡Normalidad Nueva!

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 95 – 29 de agosto 2021

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Nueva Normalidad…

¡Normalidad Nueva!

"«Una emergencia como la del covid-19 es derrotada en primer lugar con los anticuerpos de la solidaridad».  Lección que romperá todo el fatalismo en el que nos habíamos inmerso y permitirá volver a sentirnos artífices y protagonistas de una historia común y, así, responder mancomunadamente a tantos males que aquejan a millones de hermanos alrededor del mundo".  (Un plan para resucitar, Papa Francisco, abril 2020).

La pandemia del Covid cambió la humanidad. Algo inexplicable y nuevo pasó, estuvimos "encerrados", el miedo se apropió y ni autoridades ni científicos acertaban a actuar… meses muy complejos y llenos de incertidumbre. Los investigadores continuaron estudiando al virus y decodificando su comportamiento, formas de transmisión, síntomas, tratamiento e iniciar un trabajo maratónico para desarrollar la vacuna.

Las claves para evitar el contagio se concretaron en el uso de mascarilla, lavado de manos y distanciamiento físico: ¡el triángulo de la vida! y se convirtió en la esperanza para salvar al mundo y en un llamado para vacunarse. Cerca del 45% de los ecuatorianos ya se han vacunado con las dos dosis.

Después de 18 meses del inicio de la cuarentena, se habla de "regresar a la normalidad", de reactivación económica, de retomar las labores cotidianas, de volver a clases…, se siente el movimiento en las calles, parques, plazas, centros comerciales, en los encuentros familiares y sociales… todo vuelve a ser cotidiano.  Si bien el sistema de salud pasa por un momento de 'respiro' al menorar el número de hospitalizados, no dejan de atender a personas contagiadas, ahora más jóvenes o por alguna de las nuevas y agresivas variantes del covid-19.

¡No debemos bajar la guardia!  Aún en Ecuador el uso de la mascarilla, el lavado de manos y el distanciamiento físico junto con la vacuna, son una obligación.  Son las armas y escudo con que enfrentamos y combatimos los nuevos tiempos.

En septiembre, en forma progresiva, retornarán a clases presenciales y semipresenciales: 112 269 estudiantes de 1533 instituciones, en Sierra-Amazonía.  Ya son 2691 instituciones educativas que tienen sus Planes Institucionales de Continuidad Educativa (PICE) aprobados.

Enviar a nuestros hijos e hijas a clases presenciales genera alguna inseguridad y miedo…, ¿cómo se comportarán? ¿se contagiarán? y si es el caso ¿qué hacer? ¿cómo será el transporte? ¿cómo utilizarán la mascarilla y el alcohol?  Hay más dudas que certezas.  La recomendación es el diálogo familiar… si bien existen dudas, temores, angustias, a la vez hay esperanza y confianza en el nuevo tiempo de regreso a clases.

Es muy importante activar el "COE familiar" que planifique, diseñe e implemente todas las medidas de bioseguridad alrededor del regreso a clases. Una tarea conjunta y coordinada entre padres de familia, estudiantes, docentes, transportistas y autoridades de salud que trabajen en un "COE estudiantil" para prever todos los escenarios posibles y preparen las acciones pertinentes, orientadas a brindar seguridad personal y colectiva a los miles de estudiantes que regresan a clases.  Tarea titánica pero necesaria y urgente para garantizar la salud y el bienestar de la comunidad educativa.

"No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas.  Miran, voy a hacer algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notan? Trazaré un camino en el desierto, rutas en la llanura" (Is 43, 18-19).  Es esta "nueva normalidad" que nos invita a vencer el miedo, a guardar y cumplir con todas las normas de bioseguridad, a estar unidos y atentos, a cuidarnos y protegernos personal y colectivamente para enfrentar y vencer al covid 19.  ·  #ComuniquemosEsperanza

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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 14 de marzo de 2021

Carta No. 71: La vacuna entre la injusticia y la esperanza

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 71 – 14 de marzo 2021

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La vacuna
entre la injusticia y la esperanza

 

“Hoy, en este tiempo de oscuridad y de incertidumbre por la pandemia, aparecen varias luces de esperanza, como el desarrollo de las vacunas. Pero para que estas luces puedan iluminar y llevar esperanza al mundo entero, deben estar a disposición de todos.” (Papa Francisco, 25 diciembre 2020). 

Los dos pontífices, el Papa Francisco y el Emérito Benedicto XVI, han recibido las vacunas contra el coronavirus y lo han hecho demostrando la necesidad de que todos acepten vacunarse como único camino para superar la pandemia. Su ejemplo es un llamado a la responsabilidad, no solo por la protección de cada uno, sino por el cuidado de los demás, de las personas que nos rodean y con quienes tenemos una mutua relación que debe estar signada por la fraternidad.

Para hacer efectivo el llamado, enfrentamos un serio problema: según la People’s Vaccine Alliance, solo las naciones más ricas, en las que vive el 14% de la población mundial, han adquirido el 53% de las vacunas… el restante (47% de vacunas) se repartirán el 86% del resto de la humanidad. Desde el origen ya está viciada de inequidad y desigualdad la repartición de las vacunas.

En los países pobres, la escasez de vacunas afectará especialmente a los más vulnerables, que probablemente serán los últimos en vacunarse, aunque son los más expuestos a la pandemia. Miles de millones de seres humanos que viven amortajados por el hambre, la enfermedad, el olvido.

En medio de esta debacle que de por sí aprieta y asfixia, han tenido que aprender a convivir y sobrevivir al coronavirus. Ellos no pueden quedarse en 'casa', tampoco pueden implementar medidas de bioseguridad ni adquirir las mascarillas recomendadas por estar fuera de su alcance, peor aún, alimentarse 'sanamente' para incrementar sus defensas. Están en las calles buscando un ingreso, se movilizan en transporte público, siguen con sus ventas ambulantes, se paran en esquinas a ofrecer sus habilidades, siguen cargando en los mercados, siguen minando, siguen labrando la tierra… siguen caminando incansablemente.

Todos necesitamos en forma urgente superar la pandemia, requerimos la vacuna. Vacuna que las potencias del mundo, en franca competencia, se precian de haber conseguido, cada vez con mejores índices de eficacia.  Logros y producción que se distribuyen, como se ha demostrado, en pocos países privilegiados, no llega a los pobres, a los menos desarrollados o si llega, lo hace a cuentagotas, como lo experimentamos en las semanas pasadas.

Las comparaciones no son buenas, a veces hasta resultan dolorosas, pero nos preocupa cuando vemos como países cercanos –Chile, por dar un ejemplo– logran procesos eficaces de vacunación, que llegan a inocular a grandes sectores de su población. Nosotros tenemos que lamentar, que a la fecha apenas un mínimo de ciudadanos ha logrado esta protección y no siempre son los que más la necesitan.  Anuncios oficiales parecen mejorar esta realidad y dan algo de esperanza.

Por alguna rendija debe irrumpir la esperanza, debe saltar alguna tecla que cambie esta injusta y horrenda desgracia, debe haber una luz que ilumine esa oscuridad para caminar al encuentro de los más pobres y necesitados. Por ahí deben estar los 'samaritanos' tendiendo sus manos, luchando por una sociedad que se conduele y actúa inmediatamente, sin pretextos inútiles. Cambiar esta inhumana barbarie es ineludible. Es el gran mensaje que deja a la humanidad esta poderosa pandemia que al mundo ha puesto de rodillas.  ·  #ComuniquemosEsperanza

  

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas. 

 

 

domingo, 28 de febrero de 2021

Carta No. 69: Cuaresma en modo coronavirus

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 69 – 28 de febrero 2021

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Cuaresma en modo coronavirus

"En la Cuaresma, estemos más atentos a «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian» [FT]. A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia»" (Papa Francisco, 2021).

Desde hace un año vivimos en cuarentena por el coronavirus.  “Quédate en casa” fue el pedido que circuló por todo el planeta y la cotidianidad cambió dramáticamente.  De pronto nos sumergimos en un desierto de una aridez única.  Todo se llenó de incertidumbre y el miedo al contagio nos obligó a recluimos en nuestras casas.  Para salir había que vencer los temores de enfrentarnos a un virus que la ciencia aún no comprendía ni su comportamiento ni las consecuencias.

Forzados por las circunstancias, empezamos a vivir una nueva etapa en la que nada de lo que habíamos acumulado (propiedades, autos, cuentas bancarias, poder, contactos…) servían para librarnos del coronavirus y sus efectos.  Todo se detuvo.  El mundo paró. Todos, sin excepción, estábamos y seguimos expuestos a la letalidad del covid 19.  Este virus nos puso en vereda, sacó de nuestra zona de confort y llevó a valorar la vida y la salud de propios y extraños.

Por seguridad y el miedo al contagio, nos obliga a poner atención al uso de mascarilla, lavado de manos y distanciamiento físico.

A nivel espiritual también caminamos entre dunas, abrazados por el miedo, la duda, la sospecha.  Vivimos una cuarentena prolongada, larga, dura, lenta, enigmática, emulando los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto, en ayunas y tentado.

A veces compungidos por la dimensión de la pandemia, otras asustados por las noticias, flaqueamos en la fe y agotamos la reserva de esperanza. Otras, los espejismos nos atrapan y nos sentimos más allá del bien y del mal. Rompemos protocolos y arrogantemente creemos que nunca nos afectará, que es para otros.

Sale a flote esa humanidad confundida, ambiciosa, egoísta, soberbia, prepotente que asume que todo está a sus pies, sin darse cuenta que el coronavirus desconoce posición social o económica, amistades poderosas, compadrazgos, caudillismos… para este virus, todos sin excepción, somos vulnerables.

La cuaresma es un tiempo de reflexión, de actualizar y vivir el mensaje de Jesús.  De entender con Él la experiencia del Evangelio: las palmas del domingo y sus aplausos, para luego sufrir la traición del amigo, la cruel violencia, la muerte en cruz y la resurrección.  La pandemia es, de algún modo, una larga cuaresma en la que hay dolor y alegría, corrupción y esperanza, muerte y vida.

En la larga cuarentena, muchos se aprovecharon, sin ningún remordimiento, y dieron rienda suelta a su miseria, buscaron llenar sus bolsillos o favorecer a los suyos, a costa de la emergencia sanitaria.  No actuaron con solidaridad y caridad con los realmente más necesitados y frágiles.

La coyuntura actual, llena de pugna política, de hechos de angustia, desesperación y muerte, ha contribuido a fracturar la esencia del ser humano –el sentido de la vida, el amor al prójimo– y ha dejado nublado el horizonte del país, del mundo.

Ante esta realidad, en tiempo de Cuaresma, la Comisión Justicia y Paz propone a cada uno, recuperar en el día a día la vivencia de la ética, la fe, la esperanza y la caridad. ·  #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 20 de diciembre de 2020

Carta No. 59: Navidad: un desafío a la humanidad

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 59 – 20 de diciembre 2020

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Navidad: un desafío a la humanidad

“Se hizo presente la gracia de Dios trayendo la salvación a todos los hombres y educándonos para que aprendamos a rechazar la maldad… y vivamos en este mundo como seres responsables, justos y que sirven a Dios” (Tt 2, 11-12).

La Navidad ha sido y es una celebración gozosa para los creyentes, nace Jesús, Dios y Salvador.  Para todas las personas de buena voluntad es una llamada a la solidaridad, fraternidad, generosidad, diálogo, cercanía, encuentro… es un tiempo en que afloran los mejores sentimientos.  La finalización del año y la espera de otro es ocasión para expresar los mejores augurios de paz y felicidad.

La Navidad viene precedida de la Novena al Niño Dios, una expresión de fe en la venida de Jesucristo, alrededor del pesebre nos juntamos, rezamos y cantamos villancicos, hay pases del Niño y el ambiente está lleno de gozo y regocijo.  Es una fiesta que reúne a la familia, amigos y conocidos, que estimula la unión filial y fraterna, en la que disfrutamos con deleite, la música, compartimos la mesa y algún regalito.

La pandemia que nos azota y tiene atemorizados, nos impide reunirnos y exige el aislamiento corporal, por lo que la celebración navideña en esta ocasión es muy particular…  físicamente distante pero espiritualmente cercana, vivamente reflexiva,  ‘más silenciosa pero con profundidad y en familia’.

La Navidad, en tiempos de coronavirus, invita a vivir el Nacimiento de Jesús desde la sencillez del amor.  Miremos a Jesús en la pequeñez del niño pobre y humilde que nace en Belén y en nuestra propia vida.  Pidamos la valentía para seguirle sin descansar, sin mirar atrás ni desmayar y así descubrir su voluntad para encontrar su presencia en la humanidad, especialmente en los más pobres y vulnerables.

Esta Navidad en pandemia, es tiempo propicio para compartir nuestra vida… alegrías y tristezas, riquezas y pobrezas, sueños y lágrimas…, recarguemos fuerzas para seguir enfrentando la crisis sanitaria, social, económica, política y cultural, en la que vivimos.  Llenémonos de esperanza y consuelo, experimentemos la cercanía de Dios hecho hombre, como nosotros.

Que la Navidad en familia nos ayude a descubrir y valorar la oración sencilla, de diálogo, encuentro, esfuerzo, ternura… La familia es para los cristianos una experiencia de camino y una aventura rica en sorpresas (Juan Pablo II), que nos abre a la plenitud de la vida, que nos forma y educa, que nos llena de amor y principios.  En familia caminamos juntos y experimentamos vivencias únicas que nos edifican y fortalecen permanentemente.

Alegría, oración y gratitud, además de respeto, cercanía, perdón y escucha, son actitudes que nos preparan para vivir la Navidad de modo auténtico, dice el Papa Francisco.  Un “Niño nos ha nacido, un Hijo se nos ha dado, es su nombre maravilla de consejero, príncipe de la paz” (Is 9, 6).

La Comisión ecuatoriana Justicia y Paz les desea una Navidad llena de felicidad, esperanza y júbilo, en unión de sus seres queridos.  ·  #ComuniquemosEsperanza

   

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 23 de agosto de 2020

Carta No. 42: El rostro humano de la humanidad

 

Con los ojos fijos en El

en la realidad y la fe

 

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz

carta No. 42 – 23 de agosto 2020

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El virus nos trajo un mensaje potente: la necesidad urgente de un mundo diferente, que era invisible a los ojos de la globalización, más equitativo, más justo, con iguales oportunidades para todos, libre de discriminación, más solidario y más humano, centrado en las personas y alejado del carácter puramente economicista que apoyado, muchas veces, en inútiles indicadores buscaba desesperadamente el lucro inhumano y no el bienestar global.

 

El rostro humano de la humanidad

 

“La pobreza no es natural, es creada por el hombre; erradicarla no es un acto de caridad, es un acto de justicia” Nelson Mandela

 

La pandemia de la que el planeta es víctima, llegó sin aviso previo, con aire destructor y envuelta en un manto de misterio.  Ha confundido y destruido estructuras y paradigmas, pero sobre todo ha dejado al descubierto problemas sociales profundos como la pobreza e inequidad que afectan a miles de millones de seres humanos.  Su impacto ha sido violento y destructor en economías débiles que ya enfrentaban situaciones de crisis antes de su presencia.  Hoy se cierran empresas, el desempleo aumenta, la productividad baja y los excluidos se enfrentan cara a cara con el hambre, la miseria y la enfermedad.

El microscópico virus ha dado más sorpresas de las imaginadas, ha anulado la autoridad de los poderosos, desafiando a la ciencia y descalificando los ‘exitosos’ modelos de desarrollo.  Está imponiendo un nuevo estilo de vida y pese a los esfuerzos humanos: no hay salida, al menos en el corto plazo.  El conocimiento trabaja sin descanso en busca de una vacuna que no llega.

La nueva situación nos muestra la fragilidad humana, lo relativo de las cosas materiales, lo poco que necesitamos para vivir (contraria a la idea de que la persona vale por lo que tiene y no por lo que es), el reconocimiento del valor de la vida, la importancia de la familia, la conservación del medio ambiente, la necesidad de la convivencia...

La pandemia puede constituirse en una enorme oportunidad para “hacer nuevas todas las cosas”: construir una nueva humanidad, con una nueva economía, una nueva política, un nuevo orden social, en la que el ser humano sea el principio y fin de toda actividad, donde la ganancia esté dada por la disminución de la pobreza, por la inclusión económica y social de los menos favorecidos, no con sentido asistencialista sino en estricta justicia y respeto a sus derechos naturales.

Es preciso detener el consumismo arrollador, el coronavirus lo ha hecho, debemos construir un modelo de conservación sustentable que guarde equilibrio entre lo económico, político, social, cultural y ambiental, so pena de la desaparición de esta civilización. En palabras del Papa Francisco corresponde la elección evangélica de la “Opción Preferencial por los Pobres”, como criterio clave de autenticidad cristiana, exigencia ético-social que proviene del amor de Dios, que lleva a pensar y a diseñar el rostro humano de la humanidad, donde las personas, y sobre todo los más pobres, estén en el centro.

Esperemos que el coronavirus sirva para el bosquejo y la práctica de un nuevo contrato social en el que se privilegien la vida, la salud, el derecho al trabajo, la justicia y la solidaridad.  Esta construcción incumbe a los gobiernos que tienen la enorme responsabilidad de formular políticas públicas con objetivos claros y normativas inclusivas, libre de prebendas y distinciones, alejada de la corrupción e impunidad, pegada a la ética en todas las instancias de poder, velando siempre por el bien común y el cuidado de la creación.  ·  #ComuniquemosEsperanza

  

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domingo, 9 de agosto de 2020

Carta No. 40: El Microcrédito: solidaridad para el desarrollo

 

Con los ojos fijos en El

en la realidad y la fe

 

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz

carta No. 40 – 9 de agosto 2020

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La falta de capital para los pequeños emprendimientos es profunda y lacerante.  Los segmentos de la banca convencional orientados a esta parte de la población, no satisfacen adecuadamente sus necesidades, ya sea por el costo exagerado del crédito o por la engorrosa tramitología que desanima y obstaculiza obtenerlo, realidad que los lleva a gestionar fácil y rápidamente 'créditos diarios' donde usureros, que si bien hacen posible el trabajo diario de ciudadanos honestos, están lejos de la buena fe y tasas de interés justas.  Así, su trabajo se encamina a entregar horas y horas de desgaste físico y emocional a los dueños del dinero.


El Microcrédito: solidaridad para el desarrollo

El incremento del desempleo a consecuencia de la pandemia y las políticas devela un problema estructural de la economía ecuatoriana: el alto costo del crédito para los microempresarios, que con gran iniciativa y desafiando al coronavirus, trabajan autónomamente en la informalidad, como único medio de sobrevivencia familiar y personal.

¿Por qué el crédito de las entidades financieras es tan costoso?, la tasa de interés que cobran los bancos, mutualistas y cooperativas se acerca hasta el 30.5% anual, lo que significa que la rentabilidad debería ser de por lo menos el 50 o 60%... que en la práctica es imposible.  ¿Cómo y quién define el valor de esta tasa?  Más allá de las fórmulas que se utilizan para el cálculo del spread (margen de diferencia entre el precio máximo de compra y el precio mínimo de venta de un activo financiero), acceder a un crédito formal cuesta mucho para los sectores populares.

Estadísticas serias indican que dos de cada tres microempresas iniciadas con tanto entusiasmo y esperanza, cierran sus actividades antes de cumplir dos años.  Una de las causas de su fracaso es el alto interés sobre el dinero que reciben de las entidades financieras formales o de los usureros que los explotan.

¿Qué dice el Estado al respecto?, ¿qué hace la superintendencia de economía popular y solidaria?, creada a razón de la declaración constitucional de que “el sistema económico es social y solidario; reconoce al ser humano como sujeto y fin;… Y tiene por objetivo garantizar la producción y reproducción de las condiciones materiales e inmateriales que posibiliten el buen vivir” (art. 283 Constitución)  ¿no es acaso su responsabilidad la inclusión social?

Es de justicia que los microempresarios y trabajadores informales, tengan una atención especial, considerando las particulares características de alrededor del 60% de la población que en este momento pasa por el subempleo y desempleo.

Bajar las tasas activa y pasiva de interés es prioridad nacional, porque dinamizará la economía, estimulará las inversiones, generará riqueza, nuevos puestos de trabajo, además de bienes y servicios para el mercado interno y la exportación.

Estimular y respaldar el desarrollo económico del país es tarea de las entidades financieras nacionales, mediante la concesión de créditos y microcréditos a tasas de interés justas.  Inaceptable que el crédito para el consumo sea más barato que el crédito para la producción.  Parece ser que el programa de crédito barato para pequeños empresarios, que ofrece la banca estatal, puede ser un buen comienzo que debería ampliarse a todo el sistema bancario del país.

Al Gobierno le compete hacer de la población vulnerable su eje transversal en el manejo económico y aspirar a un sistema financiero fuerte, confiable, solvente y tecnológicamente avanzado.  Anhelamos que, a estas características, las entidades financieras -bancarias y cooperativas- agreguen esfuerzos renovados para promover la paz, la justicia, el bienestar y el desarrollo nacional, prestando buenos servicios con costos razonables. · #ComuniquemosEsperanza

  

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martes, 28 de julio de 2020

Conversatorio: La Iglesia frente a la corrupción



Invitados a participar, este jueves 30 de julio a las 18h00 (hora Ecuador), en el Conversatorio: La Iglesia frente a la corrupciónExpositores: Cardenal Baltazar Porras, Arzbpo. Metropolitano de Mérida y Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas (Venezuela), y Monseñor Luis Cabrera Herrera OFM, Arzbpo. de Guayaquil y Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana.

Para participar por ZOOM, inscribirse en bit.ly/39ieYuo.

También se transmitirá vía FaceBook Live

lunes, 13 de julio de 2020

Carta No. 36: Indignados por la injusta y horrenda desgracia

Con los ojos fijos en El
en la realidad y la fe


Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 36 – 12 de julio 2020
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¿Cómo hemos llegado hasta este extremo?

La corrupción se expande por los circuitos de la degradación ética y de la impunidad; nace del abuso del poder, crece con la complicidad de los poderosos y da frutos de muerte para los pobres y de enriquecimiento ilícito para los corruptos.

El combate a la corrupción es posible desde la ética de honradez y solidaridad, sin concesiones de ninguna clase, ni contubernios de ningún estilo.

Indignados por la injusta y horrenda desgracia

La doble escena contrastada, la risa cínica de asambleístas, jueces, alcaldes, abogados y empresarios corruptos apoderándose de carnés de discapacidad para importar carros de lujo o para obtener exoneraciones o rebajas en el pago de impuestos, y, al frente, el llanto angustiado de la madre, de personas con discapacidad, privadas del carné y de los beneficios establecidos por la Ley.  Esta situación ha exacerbado la conciencia popular y ha colmado de indignación a la ciudadanía.


La corrupción ha evolucionado y perfeccionado sus métodos de pillería. Ahora estamos frente a un nuevo tipo de corrupción.  Una corrupción integral que contamina y colma todas las funciones del Estado, intoxica todo tipo negocios, funciona como redes organizadas o alianzas público-privadas.  Es estructural, esta por todos lados y en todas partes.  Se asienta en una racionalidad cínica, en la detestable viveza criolla, en la ruptura entre el conocimiento y la voluntad, entre la verdad y la mentira, entre el bien y el mal.  Los corruptos actúan con conocimiento de causa, planifican al detalle sus fechorías, y, cuando son descubiertos, niegan la participación, se hacen los inocentes, se victimizan, pierden la memoria, persiguen y acusan a los denunciantes.
En el gobierno actual y como herencia del que lo precedió, se ha llegado a formas extremas e impensadas de negociados, en medio de la pandemia, con los fondos de la salud, la seguridad social, la atención prioritaria a los necesitados, a los que tienen discapacidad…  Quienes se llevaron, sin remordimiento, los escasos fondos para mejorar la salud y salvar la vida de la gente.

En esta perspectiva, como Comisión Justicia y Paz:

Respaldamos la voz firme de Mons. Bertram Wick, Obispo de Santo Domingo de los Tsáchilas, por su indignación y vergüenza por la destrucción de la patria y patrocinamos su exigencia: Asambleístas, jueces, funcionarios que se han apropiado dolosamente de los carnés de discapacidad, ¡renuncien!, no nos representan.  Se juntan las voces de diez obispos ecuatorianos que, en carta abierta al presidente Moreno, le dicen: “pedimos que se solicite la renuncia a todos los funcionarios que han demostrado ser corruptos e ineficaces, así como a su responsable, esto es, al señor Ministro, titular de la cartera de salud”.

Rechazamos este mal que destruye brutalmente el tejido de la sociedad y la moral de la República.

Expresamos nuestra desconfianza en los organismos de control y en la justicia, pues, hasta el momento, han sido incapaces de cumplir el deber de castigar ejemplarmente a los corruptos y de recuperar los dineros públicos. 

Nos comprometemos a convertir la indignación en vigilancia ciudadana.


Llamamos a que, en las elecciones próximas, no entreguemos un solo voto a los candidatos corruptos, así no tengan sentencia en firme, pues esa es la trampa para seguir en el manejo del poder.   ·  #ComuniquemosEsperanza



Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.


lunes, 6 de julio de 2020

Carta No. 35: “Dolor y cercanía para con nuestro pueblo”


Con los ojos fijos en El
en la realidad y la fe


Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 35 – 5 de julio 2020
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Ante la realidad lacerante, la Conferencia Episcopal ha puesto el dedo en la llaga. 

Ese mensaje está dirigido al pueblo y es necesario escucharlo detenidamente para procesarlo y visualizar la responsabilidad ética y cristiana, de todos, para enfrentar y desterrar la corrupción de nuestra vida y entorno.  Todos somos responsables, todos debemos atender la llamada de atención de nuestra Iglesia que nos recuerda que “Desde el punto de vista religioso, la corrupción, por los males que promueve, es un gravísimo pecado, un desorden moral incompatible con la fe cristiana”.

“Dolor y cercanía para con nuestro pueblo”

Históricamente vivimos un momento de los más duros de nuestra vida republicana.  Todas las calamidades, una más fuerte que otra, han caído sobre Ecuador.  Todas a la vez.

La pandemia del coronavirus, la baja violenta de los precios del petróleo, el derramamiento del crudo en importantes ríos de la Amazonía, la erupción del Sangay; la disminución de las exportaciones y del ingreso de divisas por la crisis económica mundial, casi 200 mil despidos y tantas otras cosas que nos afectan, todo ello agravado por una corrupción agravada, cuyos niveles causan escándalo, tanto por los involucrados, por las asombrosas cantidades robadas, como por las víctimas directas de esos atracos: los más pobres, vulnerables y necesitados de la sociedad.

En medio de este oscuro y doloroso panorama es necesario levantar la voz con firmeza, claridad y valentía para decir basta, basta de tanto oprobio que humilla y martiriza a nuestro país.

Ante esta realidad lacerante, la Conferencia Episcopal, en carta (bit.ly/38uAuvJ) al pueblo de Ecuador ha puesto el dedo en la llaga.  Con valentía evangélica se pronuncia y dice “El derecho a la vida, don de Dios, y la obligación de preservarla, se ha convertido en un miserable negocio.  La salud, igualmente, es un derecho humano irrenunciable, del cual todos somos corresponsables.  ¡Cuántas cosas buenas se podrían hacer con el dinero de la corrupción!  El dinero que se va y que nunca vuelve… el dinero con el que los pillos financian sus lujos, mientras el pueblo empobrecido pasa necesidad”.

Palabras duras, ásperas, severas, pero ciertas.  Palabras que enjuician y que reclaman, que desnudan una verdad incuestionable cuando ante la desgracia nacional los corruptos y corruptores roban descaradamente, impidiendo que se hagan obras vitales: que se construyan e implementes hospitales; que se los dote de medicinas, que se entreguen ayudas alimentarias a los más empobrecidos, que se impulsen empresas, desde las artesanales y familiares hasta las más grandes, para crear fuentes de trabajo que aseguren ingresos.

Pero no, se han robado los recursos y eso ha enardecido a nuestros obispos para que con razón denuncien y reclamen afirmando que “Éticamente, la corrupción es un crimen que condena a muerte a muchas personas necesitadas, hoy más que nunca, de vida, trabajo y oportunidades; pues promueve el “descarte” de los más vulnerables y la falta de sensibilidad por los necesitados, además de fomentar la injusticia, la impunidad y el irrespeto a la ley”.

Los obispos nos recuerdan que “Desde el punto de vista religioso, la corrupción, por los males que promueve, es un gravísimo pecado, un desorden moral incompatible con la fe cristiana”.  Si somos cristianos y católicos, bajo ningún punto de vista podemos ser corruptos.

La Comisión ecuatoriana Justicia y Paz comparte y apoya plenamente el contenido del mensaje.  Como creyentes sabemos que debemos rendir cuentas de nuestras acciones y nuestras omisiones ante el Señor, ante la humanidad, ante la sociedad, ante las leyes.  ·  #ComuniquemosEsperanza



Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de los Observatorios de Política y Eclesial, que reúnen periódicamente a los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.