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sábado, 3 de octubre de 2026

carta No. 361: “Paz desarmada y desarmante”

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 361 – 4 de octubre, 2026
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   “Paz desarmada y desarmante” 

“La paz no es un equilibrio de fuerzas; se construye cada día a través del diálogo y la justicia. Por eso, les exhorto a no resignarse nunca ante la perspectiva de una guerra considerándola “inevitable”, sino a promover sin descanso el diálogo y la diplomacia, con el fin de preservar sociedades pacíficas, respetuosas de la dignidad y los derechos de las personas y de los pueblos”. Papa León XIV, París, 25 de septiembre de 2026.

Desde París, “ciudad de la Luz”, durante su reciente visita a Francia, el papa León XIV volvió a colocar ante el mundo una palabra que hoy necesitamos escuchar con la mente y el corazón: PAZ. Ante las autoridades, la sociedad civil, el cuerpo diplomático francés y el mundo entero, su llamado fue claro: no resignarnos nunca ante la guerra como si fuera inevitable. Frente al estruendo de las armas, invitó a promover incansablemente el diálogo y la diplomacia como caminos para construir sociedades que respeten la dignidad y los derechos de las personas y de los pueblos.

En este mismo sentido, ha reclamado soluciones políticas justas, fundadas en la igual dignidad y los mismos derechos de toda persona, rechazando las acciones militares y las decisiones unilaterales que vulneran el respeto debido a la vida.

Por eso, hablar de paz, además de pedir y exigir que cesen las guerras y se depongan las armas, significa preguntarnos: ¿qué clase de mundo estamos construyendo cuando la vida humana puede quedar subordinada a intereses políticos, económicos, territoriales o militares? Es reconocer que ninguna causa puede justificar la deshumanización del otro, la violencia y la destrucción de la vida y de la creación.

La paz que propone el Papa es una “paz desarmada y desarmante”. Una paz que no nace de la imposición del más fuerte, sino de la capacidad de encontrarnos con el otro sin convertirlo en enemigo; que no se sostiene únicamente en acuerdos, sino en la justicia, la fraternidad, el respeto a los derechos humanos y el bien común.

En la UNESCO, León XIV llamó a fortalecer la cooperación internacional y la memoria de nuestra humanidad común. Recordó que cada persona es única, insustituible y digna de protección. Por eso, ninguna guerra debe acostumbrarnos a contar víctimas como cifras, olvidando sus nombres, familias, sueños y futuro.

Estas palabras cobran especial fuerza al mirar a Cisjordania y Gaza, donde miles de personas, especialmente niñas y niños, siguen enfrentando desplazamiento, miedo y graves carencias de vivienda, agua, salud y saneamiento. Ante esta realidad, no podemos ser indiferentes: las víctimas de la guerra no pueden reducirse a cifras o estadísticas.

Por eso, nuestra voz se une a quienes claman por el fin del sufrimiento en Gaza, pero también a quienes padecen la guerra y la violencia en Ucrania, Sudán, Haití y tantos otros lugares donde la vida se encuentra amenazada.

Y esta realidad nos conduce a mirar nuestro propio país: ¿qué hacemos frente a las distintas formas de violencia que hieren al Ecuador? ¿Cómo podemos hablar de paz cuando tantas familias viven bajo el miedo, la pobreza, la exclusión y la incertidumbre?

La paz mundial comienza también en nuestras familias y comunidades: cuando dejamos de responder a la violencia con más violencia y aprendemos a dialogar; cuando protegemos a los más vulnerables y rechazamos la indiferencia; cuando defendemos la verdad y la justicia; cuando educamos a las nuevas generaciones para el encuentro y la fraternidad. Cada acción, por pequeña que parezca, abre caminos hacia la paz, permite a las familias reconstruirse, protege a la niñez, abre las puertas de escuelas y hospitales, y permite a los pueblos vivir con mayor seguridad y libertad.

Que el clamor de Gaza despierte nuestras conciencias. La paz no puede esperar únicamente la buena voluntad: la paz se construye y es tarea de toda la humanidad. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 


domingo, 27 de septiembre de 2026

carta No. 360: La salud es derecho universal

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 360 –27 de septiembre, 2026
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   La salud es derecho universal

“La salud, especialmente la de base, se niega de hecho en diferentes partes del mundo y en muchas regiones de África.  No es un derecho de todos, sino todavía el privilegio de unos pocos, aquellos que pueden pagarla. La accesibilidad a los servicios sanitarios, al tratamiento y a las medicinas sigue siendo un espejismo. Los más pobres no pueden pagarlo y están excluidos de los servicios hospitalarios, incluso de los más básicos y primarios”. Papa Francisco.

Hay muchos síntomas que revelan que una persona está enferma, y también existen señales que evidencian que una sociedad está enferma. Los achaques personales y sociales están íntimamente relacionados. Cuando el Estado aún es incapaz de garantizar a su población servicios básicos como agua potable y alcantarillado, contribuye directamente al deterioro de la salud física. A esto se suma que, por diversos factores, muchas personas están sometidas actualmente a una fuerte presión emocional que ha provocado un deterioro acelerado de la salud psíquica.

En este contexto podemos decir que la situación actual del Ecuador presenta dos grandes frentes de emergencia en el ámbito sanitario: la salud mental y la salud física. La salud mental demanda cada vez mayor asistencia psicológica y psiquiátrica; ha alcanzado niveles críticos, impulsada por entornos de alta presión, estrés, inseguridad y dificultades económicas. Uno de los sectores más golpeados es el juvenil. Según el Ministerio de Salud, 9 de cada 10 consultas en salud mental corresponden a niños, adolescentes y jóvenes, principalmente por crisis de ansiedad y depresión. Se registraron 146.190 casos de depresión en un año. También se han incrementado los intentos de suicidio en un 14,9 % en lo que va de 2026 entre la población de 25 a 44 años.

Ante esta realidad, el sistema público se encuentra desbordado por este incremento inesperado. Los profesionales simplemente no se dan abasto. Solo el 23,92 % de los centros de salud de primer nivel cuentan con atención psicológica o psiquiátrica, y el país apenas dispone de 2,8 psiquiatras por cada 100.000 habitantes. Esta deficiencia estatal hace que el 84,5 % requiera atención del sector privado; sin embargo, muchas familias no pueden asumir sus costos y se quedan sin acompañamiento, aun cuando su situación requiera atención urgente.

La demanda de atención médica atraviesa una crisis histórica que se acrecienta y agudiza con el paso de los años. El desabastecimiento de medicinas e insumos es constante y se ha agravado últimamente. Los pacientes que logran una cita médica luego no tienen acceso a los medicamentos prescritos. Los medios de comunicación reportan permanentemente esta problemática, relacionada con una profunda brecha presupuestaria. Para 2026, el MSP calculó que necesitaba USD 687 millones para medicamentos e insumos, mientras que el Ministerio de Finanzas presupuestó únicamente USD 300,4 millones. Esta diferencia mantiene niveles críticos de desabastecimiento en hospitales de la red pública. A ello se suma la lentitud en los procesos de adquisición. Se anunció la importación de medicinas desde la India, cuya llegada estaba prevista en tres meses; ese plazo se cumplió hace tiempo y no hay respuestas concretas. El pueblo sigue esperando la medicación para tratar sus dolencias.

El sector rural, por su parte, ha sido desatendido históricamente. Existe una necesidad urgente de reducir las brechas de atención entre los sectores urbano y rural. La atención médica en estos territorios está, en gran medida, bajo la responsabilidad de profesionales recién graduados que cumplen su año de servicio rural, práctica que se mantiene desde hace muchos años para atender zonas alejadas de los principales centros poblados.

El país espera una solución urgente a la crisis del sistema de salud pública. Muchas familias viven con incertidumbre y angustia ante la posibilidad de no recibir atención adecuada ni acceder a los medicamentos que necesitan. El derecho a la salud en el Ecuador es universal, gratuito y está garantizado por el Estado, bajo principios de equidad y solidaridad. La Constitución de la República del Ecuador establece en su artículo 32 que la salud no es un privilegio, sino un derecho humano fundamental vinculado directamente con una vida digna. La salud no puede convertirse en privilegio de quienes pueden pagarla. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 20 de septiembre de 2026

carta No. 359: Kinsakocha, amar y cuidar el agua

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 359 –20 de septiembre, 2026
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Kinsakocha, amar y cuidar el agua

“Que tu Espíritu nos transforme en peregrinos de lo esencial, capaces de vivir con sobriedad, denunciando el derroche y la contaminación, defendiendo el derecho de cada hermano y hermana a beber sin miedo, sin desigualdad”. Papa León XIV.


Muchos estamos convencidos de que el agua sale de la llave y que, como pagamos una tarifa, tenemos derecho a tenerla siempre. La realidad no es tan simple. Es muy importante saber cómo y dónde nace y crece el agua. Para llegar al grifo de nuestra casa, recorre un largo camino desde las vertientes, los páramos y los bosques de alta montaña. El agua tiene su ciclo vital, que va más allá de los tres estados naturales que nos enseñaron en la primaria; tiene su propia filosofía, su propia pedagogía. El agua es un sujeto, no un objeto ni una mercancía. Es parte vital de la vida. El agua y los seres humanos somos uno.

El agua es una gran pedagoga. Diaria y silenciosamente nos envía enseñanzas y mensajes directos e indirectos. Su pedagogía nos educa, advierte y concientiza, personal y socialmente, sobre la trascendencia que tiene para la vida del planeta, como bien común y derecho humano fundamental, promoviendo una nueva cultura de cuidado y gestión sostenible.

Las fuentes de agua son múltiples y diversas; de allí que, aunque no llueva, la agüita siga llegando a nuestras casas. Nuestro país tiene abundantes fuentes de agua y, posiblemente por esa abundancia, no caemos en cuenta de que debemos cuidarla y protegerla; no solo conservarla, sino también restaurarla, asumiendo que la maltratamos mediante la contaminación, al convertirla en basurero y recipiente de toda clase de desperdicios humanos. También la malgastamos y desperdiciamos y, sin embargo, es tan generosa con la humanidad y la naturaleza que sigue regando la vida cotidiana.

Los “ríos voladores” son grandes flujos de vapor de agua que viajan desde el océano Atlántico y la Amazonía hasta los Andes. Al encontrarse con la cordillera, el aire se eleva, enfría y condensa, generando lluvias que abastecen de agua a los páramos, valles y otras regiones del país.

Kinsakocha es un extenso ecosistema de páramo andino y una zona de recarga hídrica ubicada a 30-35 km de Cuenca. Recibe la descarga de los ríos voladores, cuenta con vertientes naturales y aguas subterráneas, y constituye un corazón hídrico de la región austral, asentado sobre la caldera de un antiguo volcán inactivo. Actúa como una esponja natural: de sus páramos nacen más de 40 lagunas e importantes ríos, como el Irquis, el Tarqui y el Yanuncay, que proveen de agua potable a alrededor de 150.000 personas de Cuenca y localidades cercanas.

Conservar y reparar Kinsakocha es una tarea y una corresponsabilidad de la ciudadanía. Tanto el sector urbano como el rural deben involucrarse activamente en la defensa de esta fuente de agua. Sensible a la vulnerabilidad de este ecosistema, el Cabildo Popular por el Agua convocó a una asamblea ampliada para organizar la conmemoración del primer año de la marcha del Quinto Río, una movilización histórica que reunió a más de 100.000 personas el 15 de septiembre de 2025.

El pueblo se autoconvocó ante la persistente amenaza sobre estas fuentes de agua, pues continúan las licencias mineras y la intención de ampliar la concesión en 46.000 hectáreas de páramo. La oposición no es a la minería en sí, sino a su desarrollo en territorios como Kinsakocha, por el riesgo de afectar humedales, fuentes de agua y reservas hídricas.

En septiembre de 2025, el arzobispo de Cuenca, Marcos Pérez, en la misa que antecedió a la caminata hacia Kinsakocha, expresó: “Vayan a donde se dirigen las gotas de agua, ‘delirantes de conciencia’, para cuidar los páramos; vayan a la catedral del agua, que son los páramos y las fuentes de agua”. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 13 de septiembre de 2026

carta No. 358: Discernir entre el bien y el mal

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 358 –13 de septiembre, 2026
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Discernir entre el bien y el mal

“La tentación tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas. La tentación comienza levemente, pero crece, siempre crece. Luego Contagia a otros: se transmite a otros, trata de hacerse comunitaria. Y al final, para tranquilizar el alma, se justifica. De este modo las características de la tentación se expresan en tres palabras: crece, se contagia y se justifica”. Papa Francisco, 11 de abril 2014.

Vivimos una época en la que los límites éticos entre el bien y el mal se diluyen y difuminan hasta confundirse. El mal primero se banaliza y luego se justifica. No es algo exclusivo de nuestros tiempos; ha ocurrido a lo largo de la historia, especialmente en momentos trágicos como el Holocausto del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial y el surgimiento del nazifascismo.

La banalidad del mal diluye la responsabilidad individual dentro de un sistema en el que gran parte de la sociedad participa de manera más o menos activa o lo acepta pasivamente con su silencio e indiferencia. Esto se refleja en frases como: “yo solo cumplo órdenes”, “es lo que tengo que hacer”, “es parte de mi trabajo”, “todo el mundo lo hace” o simplemente “no es algo que me afecta”. Se aceptan sin cuestionar los “pequeños males” hasta que se convierten en algo normal: aceptamos la corrupción personal y social, la violencia o la injusticia contra el otro como instrumentos para alcanzar el éxito personal.

Se banalizan también las muertes relacionadas con los grupos de delincuencia organizada mediante frases que minimizan esa violencia, como: “No importa, mientras se maten entre ellos…”. Se olvida así que todo crimen es injusto y que existen personas no implicadas que no pueden ser consideradas simples “víctimas colaterales”. También se llegan a aceptar violaciones de los derechos humanos y ejecuciones extrajudiciales, como en el caso de los “Cinco Niños de las Malvinas”, bajo justificaciones discriminatorias que, por ser afros o “negros”, los presentan como supuestos delincuentes merecedores de castigo.

El mal se justifica con discursos que parecen aceptables y terminan siendo asumidos incluso por personas honestas. El miedo y la manipulación normalizan abusos, generan divisiones y debilitan la ética personal y social.

De esta forma se genera un contagio general que permite que la justificación del mal crezca y se convierta en algo aceptable, asumible y popular, como ocurrió con el nazismo. Esta forma de pensar se está extendiendo a nivel local, regional, nacional y global.

Es aún más grave cuando se utiliza el nombre de Dios para cometer crímenes, justificar guerras o promover ideologías que alimentan la xenofobia, el machismo, el ultranacionalismo y el descarte social de personas, pueblos y naciones. También se promueven teologías de la prosperidad y del éxito, donde se presenta a Dios casi como un “cajero automático” al que se puede comprar o sobornar. Son visiones espiritualistas e individualistas que dejan de lado los valores de la justicia social, la solidaridad y el bien común.

El primer paso de una ética liberadora es discernir entre el bien y el mal. El papa Francisco señalaba: “Debemos estar atentos cuando en nuestro corazón sintamos algo que acabará por destruir a las personas, destruir la fama, destruir nuestra vida, llevándonos a la mundanidad, al pecado… Porque es una lucha de nuestra vida espiritual, de nuestra vida cristiana contra el príncipe de este mundo”. El segundo paso es la voluntad: actuar de acuerdo con ese discernimiento, vincular la verdad con el bien y enfrentar la “ética cínica”, que conoce dónde está el bien y el mal, pero no actúa en consecuencia.

Para superar esta profunda crisis ética debemos examinar nuestra conciencia personal y social: la personal, que nos permite analizarnos a nosotros mismos; y la social y comunitaria, donde, iluminados por la Sabiduría Divina y el Espíritu Santo, discernamos claramente entre el bien y el mal y, en consecuencia, trabajemos para ubicar cada realidad en su lugar y construir activamente el Reino de Dios, que es Reino de vida, verdad, justicia, paz, gracia y amor. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 6 de septiembre de 2026

carta No. 357: ¿Corrupción: enfermedad incurable?

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 357 –6 de septiembre, 2026
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¿Corrupción: enfermedad incurable?

“Se observa, lamentablemente, cuán difundida está en nuestros días una injusticia social que brota de la corrupción arrogante, tan deplorable como discriminatoria, la cual sitúa a unas personas por encima de otras bajo lógicas de dominio… Son necesarias sanciones contra las cúpulas políticas que engordan con la corrupción y la impunidad”. Papa León XIV.

La corrupción, entendida como la acción de dañar, romper y pervertir, se ha vuelto una enfermedad casi incurable. El papa Francisco la define como un “cáncer” y un “proceso de muerte” que destruye la dignidad, y sostiene que se diferencia del pecado común porque el corrupto endurece su corazón, se cree autosuficiente y no siente la necesidad de pedir perdón.

¿Dónde está la corrupción? Está en todas partes. Se manifiesta de una y mil maneras, tanto en lo público como en lo privado. A veces se presenta de forma oscura e informal y, lastimosamente, también como algo formal o normal.

La corrupción informal pulula en la cotidianidad: está en la tienda del barrio que, en vez de vender la libra de arroz de 16 onzas, entrega 14; en la frutería que ofrece productos a punto de fenecer; en el busero que corretea y se pasa el semáforo en rojo; en el taxista que altera el taxímetro para cobrar más; en quien copia en un examen; en el avivato que se aprovecha de cualquier oportunidad para sacar provecho; y en la apropiación de los espacios públicos. Está en la llamada “viveza criolla”. Se ha vuelto parte del “paisaje ciudadano” que peligrosamente aceptamos y legitimamos.

La corrupción formal se genera y desarrolla en instituciones públicas y privadas. Es la corrupción de “cuello blanco”, aquella que se desliza por los hilos del poder y utiliza diversos mecanismos para disimular su presencia y actuación. Parece normal y hasta “legal”, dentro de los procedimientos establecidos. Se ha estructurado mediante redes de corruptos que buscan y obtienen réditos y “ganancias” onerosas en detrimento de la calidad, eficacia y eficiencia de los contratos y las obras públicas. Allí aparecen los sobreprecios, los porcentajes, el tráfico de influencias, los favoritismos y los “amarres” politiqueros.

La corrupción se ha convertido en una “forma de vida”, en una “metodología de trabajo fácil” que produce dinero o beneficios y en una “estrategia” para conseguir poder. Allí han fenecido la verdad, la transparencia, el bien común, el amor al prójimo y el servicio a los más vulnerables. Por ambiciones desmedidas, la posibilidad de mejorar los servicios básicos de barrios y poblaciones enteras se transforma en una oportunidad de enriquecimiento ilícito para unos pocos, en detrimento de la vida de las personas y de la calidad de las obras.

Pero no todo está perdido. Hay muchas personas e instituciones alrededor del mundo que ponen el dedo en la llaga de la corrupción y se esfuerzan por posicionar la honestidad, la transparencia, el servicio y el amor al prójimo como respuesta a este mal. «A la obsesión de quienes acumulan riquezas solo para sí se opone la obstinación de Dios que, en el testimonio de personas de carne y hueso, abre el corazón y acoge en su amor» (papa León XIV).

Atacar la corrupción implica desafíos individuales, familiares, sociales, regionales, nacionales e internacionales. Para el papa Francisco, las alternativas para enfrentarla y salir de ella radican en romper el silencio, denunciar, hablar sin miedo, promover la justicia social y fomentar una cultura de austeridad y transparencia.

Las sociedades deben visibilizar y denunciar la corrupción para dejar de normalizarla. Frente a ella, es necesario promover la justicia, la legalidad, la educación en valores, la transparencia y el bien común, entendiendo el poder como un servicio honrado, especialmente hacia los más vulnerables. También hay que combatir el afán desmedido de poder y dinero, así como el nepotismo. Los gobernantes deben dejar de lado los beneficios a sus parientes y priorizar el deber de servir a todas las personas. Frente a los sistemas que obligan a pagar sobornos o facilitan las “ganancias rápidas”, es necesaria una resistencia ciudadana o, como propone el papa Francisco, aplicar la “astucia evangélica”: ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas, manteniendo la coherencia ética y rechazando cualquier complicidad con estructuras deshonestas, aun a costa de perder privilegios inmediatos. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 30 de agosto de 2026

carta No. 356: “Quedan los árboles que sembraste”

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 356 –30 de agosto, 2026
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“Quedan los árboles que sembraste”

“Mi colegio, mi universidad, han sido las comunidades indígenas. Los indígenas fueron mis maestros, ellos me han enseñado y todo lo que sé lo he aprendido en la cantera del pueblo” “Amo lo que tengo de indio”. Mons. Leonidas Proaño, 1987.

Este 31 de agosto recordamos 38 años de la Pascua de Mons. Leonidas Proaño, conocido en Ecuador como “Taita Leonidas”, “el obispo de los indios” o “el obispo de los pobres”, y destacado como tal por san Juan Pablo II el 30 de enero de 1985, durante su visita al Ecuador. Fue un gran y humilde pastor, amado por los indígenas y por muchas personas de los sectores populares.

Nació el 29 de enero de 1910 en San Antonio de Ibarra, en una familia muy humilde de artesanos y tejedores de sombreros. Como recordaba: “Nací en un hogar pobre y aprendí en ese mismo hogar a amar a los pobres”. Se ordenó sacerdote en 1936. Pronto se interesó por las corrientes más progresistas de la Doctrina Social de la Iglesia y la Teología de la Liberación. Empezó como profesor en Ibarra, impulsó la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y la Acción Católica Obrera (ACO). Fundó la librería Cardijn y el bisemanario La Verdad, del que fue editor. En 1954, el papa Pío XII lo nombró obispo de Bolívar, diócesis que abarcaba las provincias de Chimborazo y Bolívar, con sede en Riobamba. En 1958 la diócesis se dividió en Riobamba y Guaranda, y permaneció en la primera hasta 1985.

Vivió humildemente en Santa Cruz, de manera sumamente austera, despojado de lujos y consagrado por entero a las comunidades indígenas y a los sectores populares. Se revistió con su característico poncho, signo de su compromiso con la justicia social y con los pueblos indígenas, promoviendo su acceso a la vida pública y al poder político. Autenticidad, comunidad y Reino de Dios definieron su pensamiento y su acción pastoral.

En 1960 realizó la reforma agraria de las haciendas de la diócesis y repartió esas tierras entre las comunidades indígenas, lo que provocó el rechazo de los poderosos y de los gobiernos de entonces, que lo consideraban un “sacerdote rojo”. En 1962 creó las Escuelas Radiofónicas Populares del Ecuador (ERPE) para la alfabetización, educación y evangelización de los indígenas, bajo el lema “Educar es liberar”, y también el Centro de Estudios y Acción Social para apoyar el desarrollo de las comunidades indígenas.

Participó en el Concilio Vaticano II (1962-1965). Fue parte del conocido “Pacto de las Catacumbas”, donde 40 obispos latinoamericanos se comprometieron con una vida sencilla y una opción preferencial por los pobres. Fue elegido presidente del Departamento de Pastoral del CELAM (1964-1968) y participó en la creación del Instituto Itinerante de Pastoral de América Latina (IPLA).

Su compromiso se expresó en misiones, equipos pastorales y formación de agentes y diáconos indígenas. Apoyó la creación de ECUARUNARI y la CONAIE, y sufrió persecución por su labor: fue denunciado ante el Vaticano y, durante la dictadura militar, detenido y acusado de traición a la patria.

En 1985 presentó su renuncia al episcopado por razones de edad y luego fue nombrado responsable de la pastoral indígena de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana hasta 1988. Fundó la filial ecuatoriana del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ). Fue candidato al Premio Nobel de la Paz en 1986 y recibió diversos reconocimientos nacionales e internacionales.

En 1987 se le detectó un cáncer que debilitó rápidamente su salud. Falleció al amanecer del 31 de agosto de 1988 y fue enterrado, de acuerdo con sus deseos, en la comunidad de Pucahuaico, cerca de su natal San Antonio de Ibarra, donde la Fundación Pueblo Indio del Ecuador conserva su memoria y legado espiritual.

Rememorar hoy la vida, las acciones y el ejemplo de Mons. Proaño no es solo recordar a una figura muy importante de la historia ecuatoriana y latinoamericana; es revivir sus motivaciones y opciones desde la fe. Como poéticamente decía: “quedan los árboles que sembraste…”, como semillas vivas que siguen dando frutos de esperanza, amor por los indígenas, por los pobres y por la solidaridad comunitaria. #ComuniquemosEsperanza

 

 

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domingo, 23 de agosto de 2026

carta No. 355: Solidaridad: una acción colectiva

 

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 355 –23 de agosto, 2026
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     Solidaridad: una acción colectiva

"La palabra ‘solidaridad’ está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. ¡Es más! Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. Esto significa solidaridad. No es solo cuestión de ayudar a los otros, esto está bien hacerlo, pero, es más: se trata de justicia” Papa Francisco.

Frente a desastres y tragedias -como los devastadores terremotos sufridos recientemente en Venezuela y Colombia-, la solidaridad emerge no como un simple acto de caridad, sino como una respuesta colectiva vital que une esfuerzos para reconstruir vidas y devolver la esperanza en momentos de crisis.

Para el papa León XIV, la solidaridad es un compromiso institucional e individual profundo con la dignidad humana, que supera la mera asistencia material. Se expresa cuando cada persona, de forma individual y colectiva, rechaza la indiferencia y se convierte en constructora de puentes de esperanza y justicia social.

La solidaridad, según León XIV, se sostiene en la acción colectiva y en redes globales: es un llamado para que la Iglesia y las organizaciones actúen de manera rápida, coordinada y transfronteriza. Incluye, además, la protección de los más vulnerables, con especial atención a los menores desplazados, los migrantes y los grupos marginados por la sociedad. Frente a la limosna, plantea una justicia estructural: si bien la ayuda directa es necesaria, la verdadera solidaridad exige transformar los sistemas económicos para combatir la desigualdad y asegurar el acceso universal a alimentos, agua y empleo digno. También rechaza la indiferencia, pues requiere escuchar activamente las historias de quienes sufren, en lugar de reducirlos a estadísticas.

La solidaridad como acción colectiva es la unión de muchas personas para alcanzar un fin común y mejorar la vida de todos. No consiste en dar lo que sobra, sino en trabajar en equipo, compartir responsabilidades y buscar juntos la justicia social.

Se caracteriza por la cooperación mutua, porque todos se apoyan entre sí; por la responsabilidad compartida, porque el problema de uno concierne al grupo entero; por la acción organizada, porque el esfuerzo conjunto permite lograr un impacto real; y por la igualdad, porque no hay una persona superior que ayuda a otra inferior, sino hermanos que caminan y luchan juntos.

Uno de los ejemplos más significativos de solidaridad colectiva es la minga, una palabra sencilla que encierra un profundo concepto. En Ecuador aún se conserva y practica tanto en sectores rurales como urbanos, con especial trascendencia en las comunidades indígenas.

La minga es una práctica ancestral de trabajo colectivo y una de las máximas expresiones de solidaridad comunitaria. No es simple voluntariado, sino una institución cultural y social basada en la reciprocidad, la unidad y el bienestar común. Se fundamenta en el principio del randimpa, “dar y recibir”. El esfuerzo físico y mental de todos se une para realizar obras que una sola familia no podría alcanzar. No existe remuneración económica: el beneficio es para la comunidad y, muchas veces, el trabajo culmina con una celebración compartida.

Otra expresión de solidaridad es la pambamesa, en la que los alimentos se comparten sobre el suelo como signo del trabajo colectivo. Cada familia aporta lo preparado en su hogar y todos comen de una mesa común. Comer a ras de tierra simboliza también el agradecimiento a la Pachamama, la Madre Tierra, por las cosechas y los alimentos recibidos.

La pambamesa tiene un significado profundo: elimina jerarquías, porque todos se sientan al mismo nivel; garantiza la equidad, porque quien no pudo llevar alimentos participa de igual manera; y fortalece el tejido social, porque se convierte en un espacio para conversar, reír, resolver tensiones y celebrar el éxito de la minga.

Ante las tragedias y los desastres, educar en la solidaridad, experimentarla en familia y vivirla en comunidad nos abre una enorme posibilidad de respuesta cristiana frente a las emergencias. Está en nosotros asumirla en la cotidianidad y ponerla en práctica en tiempos de crisis. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.