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domingo, 17 de mayo de 2026

carta No. 341: Misionero hasta el final

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 341 17 de mayo de 2026
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Misionero hasta el final

Os deseo que seáis “pastores con olor a oveja”, personas capaces de vivir, de reír y llorar con vuestra gente. Os invito a tener siempre grandes horizontes, a soñar, a soñar con una Iglesia totalmente al servicio, con un mundo más fraterno y solidario. Y para ello, como protagonistas, tenéis una contribución que ofrecer. No tengáis miedo de atreveros, de arriesgaros, de seguir adelante, porque todo lo podéis hacer con Cristo, que os conforta. Papa Francisco, mensaje a los sacerdotes.


Hace 10 años, en Luena (Angola), entregó su vida al Creador Mons. Gonzalo López Marañón, carmelita descalzo, obispo vicario apostólico emérito de Sucumbíos y misionero hasta el fin. Dio todo, vivió y murió en, por y para la misión.

En 1970 fue nombrado Prefecto Apostólico de San Miguel de Sucumbíos (Ecuador), cargo que ejerció hasta 1984, cuando fue consagrado obispo del vicariato del mismo nombre. Trabajó en la Amazonía durante 40 años.

Llegó a Sucumbíos en un tiempo de profundos cambios: avanzaban con fuerza la exploración y explotación petrolera, crecía la colonización interna, los pueblos indígenas sufrían la violación de sus derechos y la frontera con Colombia vivía una violencia constante. Al mismo tiempo, la Iglesia atravesaba una renovación marcada por el Vaticano II y por la opción por los pobres asumida en Medellín y Puebla.

En su labor pastoral lideró una Iglesia abierta, participativa y claramente comprometida con los pobres y las comunidades, sin excluir a otros movimientos. Impulsó la pastoral indígena y afroecuatoriana, promovió equipos pastorales insertos en la realidad del pueblo y fomentó ministerios laicales y asambleas con un espíritu que hoy llamaríamos sinodal. No era una Iglesia perfecta, pero sí una Iglesia local viva: la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos, ISAMIS.

Su gestión sociopolítica fue fundamental para estructurar la sociedad y contribuir a la creación de la provincia de Sucumbíos (1989). Apoyó las organizaciones de las nacionalidades indígenas Kichwa, Shuar y Kofán, así como las de los campesinos, las mujeres, los padres de familia por la educación y los derechos humanos. De hecho, casi todas las organizaciones populares que nacieron entonces y muchas de las que siguen funcionando hoy tienen su origen en ISAMIS. Destacan también las acciones sociales en los campos de la educación, la salud, el hogar de acogida, la comercialización después del terremoto de 1987, los procesos de capacitación y la Radio Sucumbíos.

Hubo luchas muy duras: contra los abusos de las petroleras, especialmente la Texaco, origen del Frente de Defensa de la Amazonía; la defensa de los 11 indígenas del Putumayo, apresados y torturados injustamente por las fuerzas de seguridad, acusados de “guerrilleros de finca” en 1993 y declarados inocentes en 1998; y la atención a los desplazados y refugiados colombianos y ecuatorianos de la frontera por la violencia generada durante el “Plan Colombia” del gobierno de Uribe y de los Estados Unidos, a partir del año 2000. Por su prestigio, en numerosas ocasiones fue elegido presidente de la Asamblea Provincial por los sectores sociales, que lo preferían antes que a las autoridades locales.

Resumía su vida y trabajo con estas palabras: “He tenido la oportunidad de ver nacer una sociedad y una Iglesia desde los pobres. Un seguidor de Jesús empieza con Jesús y termina con Él, y va a donde vaya Él. Y eso es lo que me ha mantenido vivo”.

Como todo buen discípulo, tuvo su propio calvario. Aunque había presentado su renuncia varias veces y había cumplido ya los 75 años en 2008, en 2010 fue expulsado de forma cruel del vicariato por una orden del Vaticano. ISAMIS fue entregada a los Heraldos del Evangelio. Fue un cambio radical. La población y las comunidades no lo aceptaron, y se generó una división que involucró incluso a las autoridades del país. La sociedad ecuatoriana reconoció el trabajo de Gonzalo, y él realizó un “Ayuno por la reconciliación en Sucumbíos” en un parque de Quito. Al final, los Heraldos salieron del vicariato, Gonzalo se retiró a España y luego se trasladó a la misión en Angola, donde falleció el 7 de mayo de 2016.

La semilla sembrada por Gonzalo sigue dando frutos. Ahora la tierra de África cubre sus restos, pero su corazón y su alma siguen vivos en Sucumbíos. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

lunes, 11 de mayo de 2026

Programa de radio: Derecho a trabajar dignamente

 

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Programa "Sembrando Dignidad"

Fecha: 3 de mayo, 2026

Invitados: Hna. Nardi Torres, Luis Hinojosa y Napoleón Saltos

En esta emisión de "Sembremos Dignidad", se realizó una profunda reflexión sobre el Día del Trabajo, analizando la alarmante brecha entre el empleo como simple mercancía y el trabajo como un pilar fundamental de la dignidad humana. A través de testimonios desde San Lorenzo, Esmeraldas, y análisis técnicos, el programa denunció la precariedad laboral, la creciente informalidad que afecta a más del 70% de la población y el fenómeno de la "uberización" del trabajo, que diluye los derechos básicos. El diálogo no solo se centró en la denuncia de la exclusión de jóvenes y adultos mayores o la invisibilidad del trabajo de cuidado de las mujeres, sino que también sembró esperanza al proponer la creación de redes de economía popular y solidaria y alianzas comunitarias como una vía real para construir justicia social.





domingo, 10 de mayo de 2026

carta No. 340: Madre: trabajo, dignidad y esperanza

 

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carta No. 340 10 de mayo de 2026
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Madre: trabajo, dignidad y esperanza 

«Mujer, ahí tienes a tu hijo» y al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Juan 19:26-27.

“Las madres, aunque son exaltadas simbólicamente, a menudo son poco escuchadas y poco ayudadas en la vida cotidiana… no obstante se la exalte mucho desde el punto de vista simbólico, se la escucha poco y se le ayuda poco en la vida cotidiana y se considera poco su papel central en la sociedad; al contrario, a menudo son explotadas a causa de su disponibilidad ...para ahorrar así en el gasto de los servicios sociales''. Papa Francisco, Audiencia General, enero 2015.

El origen de esta fecha está en la Proclama del Día de la Madre, escrita por Julia Ward Howe en 1870, como un llamado a la paz y al desarrollo en medio de las guerras. En el cristianismo, desde el siglo XVI se celebraba el Domingo de las Madres, en homenaje a María, la Madre de Jesús.

En la sociedad contemporánea, la figura de la madre ocupa un lugar central, aunque lleno de contrastes. Las madres sostienen el mundo. Se reconoce a la mujer como núcleo fundamental de la familia; sin embargo, enfrenta desafíos y dificultades que limitan su desarrollo pleno dentro de la sociedad.

La participación de la mujer en la vida pública y laboral se ha convertido en una necesidad para sostener el hogar, ante los impactos de la crisis económico-social. Sin embargo, el mercado de trabajo no ha evolucionado al mismo ritmo que las necesidades sociales. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), existe una brecha alarmante: mientras la tasa de empleo de los padres con hijos pequeños supera el 88 %, la de las madres en circunstancias similares apenas alcanza el 40 %.

La “penalización salarial relacionada con la maternidad” es un perjuicio económico que enfrentan las mujeres por el hecho de ser madres. En Ecuador, esta brecha de género es evidente: mientras la participación laboral masculina es del 41 %, la femenina apenas llega al 31,5 %, además de una marcada desigualdad en los ingresos. Más allá de las cifras, estas diferencias representan obstáculos que dificultan a muchas mujeres brindar estabilidad y una vida digna a sus familias.

Las mujeres tienen una doble jornada, en el trabajo y en el cuidado del hogar, que con frecuencia permanece invisibilizada. Para el sistema productivo, la maternidad es vista como un costo o una interrupción de la eficiencia.

La ausencia de leyes y políticas que favorezcan el equilibrio entre el trabajo y la vida familiar vuelve a muchas mujeres más vulnerables. Muchas madres se ven obligadas a renunciar a sus empleos o incluso enfrentan despidos injustos a causa de su embarazo. Es un modelo que prioriza la productividad inmediata por encima del valor humano y social de la maternidad, olvidando que el cuidado y la formación de las nuevas generaciones constituyen el fundamento de toda sociedad.

A pesar de las dificultades, la maternidad sigue siendo una de las expresiones más profundas de amor, entrega y esperanza. Ninguna madre debería verse obligada a elegir entre el cuidado de sus hijos y el sustento del hogar; por eso, revalorizar la maternidad y reconocer la dignidad de la mujer es un compromiso de toda la sociedad. En esa lucha diaria, muchas encuentran fortaleza en la fe, teniendo en la Virgen María un modelo de humildad, sabiduría y esperanza.

En este Día de las Madres, no solo debemos felicitarlas, sino valorar y reconocer su esfuerzo diario. Construir una sociedad más justa implica respetar, proteger y dignificar la maternidad, promoviendo condiciones que permitan a cada madre desarrollarse plenamente sin tener que renunciar a su vocación ni a sus sueños.

La construcción de una sociedad más justa y solidaria requiere reconocer y valorar la lucha constante de las madres. Más allá de las reformas legales, es necesaria una transformación cultural y espiritual que coloque la dignidad de la persona y el valor de la vida por encima de los intereses económicos y de la rentabilidad.

Expresamos nuestra admiración por su entrega desinteresada, su amor incondicional, su sacrificio silencioso, su lucha y su capacidad infinita de dar vida, esperanza y futuro. La verdadera justicia social solo se alcanzará cuando la maternidad no sea un obstáculo para el desarrollo profesional, sino una dimensión celebrada y protegida por el Estado, las empresas y la comunidad en su conjunto. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 3 de mayo de 2026

carta No. 339: Derecho a trabajar dignamente

 

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 339 –3 de mayo de 2026
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Derecho a trabajar dignamente


«Trabajando, nosotros nos hacemos más personas, florece nuestra humanidad, los jóvenes se vuelven adultos» Estas palabras nos recuerdan que en el centro de cualquier dinámica laboral no deben situarse ni el capital, ni las leyes del mercado, ni el lucro, sino la persona, la familia y su bien, respecto a los cuales todo lo demás es funcional. Esta centralidad, constantemente afirmada por la Doctrina Social de la Iglesia debe tenerse muy presente en toda programación y planificación empresarial, para que los trabajadores y las trabajadoras sean reconocidos en su dignidad y reciban respuestas concretas a sus necesidades reales. Papa León XIV, diciembre 2025.


Conmemorar el Día Internacional del Trabajo nos obliga hoy a una reflexión profunda. Hablar de los derechos de los trabajadores cuando millones de personas ni siquiera logran acceder a un empleo formal resulta un desafío ineludible. Según la OIT, el principal problema del trabajo en 2026 es el estancamiento en la calidad del empleo y el aumento de la informalidad. Persisten graves deficiencias estructurales: 408 millones de desempleados, 284 millones de trabajadores en pobreza y una creciente brecha en el acceso al trabajo decente, que afecta especialmente a jóvenes y mujeres. En Ecuador, según el INEC, aunque la tasa de desempleo se ubicó en 2,9 %, la informalidad laboral alcanzó el 56,3 %, es decir, 4,9 millones de personas. Tener trabajo no siempre significa vivir con dignidad.

La baja calidad de muchos empleos y el crecimiento del trabajo informal perpetúan la vulnerabilidad de millones de familias. A esto se suman factores como la inestabilidad económica, los conflictos internacionales, los cambios tecnológicos acelerados y decisiones políticas que profundizan la exclusión, la pobreza y la violencia social. El desempleo juvenil y el fenómeno de quienes ni estudian ni trabajan los exponen a la desesperanza, la ansiedad, la pérdida de sentido de vida y, muchas veces, a dinámicas destructivas como la delincuencia o el enrolamiento por el capital criminal. Las mujeres enfrentan mayores barreras para acceder a empleos dignos y estables, reciben menores salarios que los hombres en trabajos iguales y afrontan dobles jornadas de trabajo: en el empleo y en el cuidado de la familia.

El trabajo es, sobre todo, una expresión esencial de la dignidad humana. Debe estar al servicio de la persona, y no la persona subordinada a las lógicas del mercado.

El papa Francisco dice: “No hay peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo”; y denuncia la “cultura del descarte”, que muestra cómo los sistemas económicos centrados en la eficiencia marginan a quienes no responden a las exigencias del mercado: los mayores, los menos calificados, los trabajadores informales, las mujeres y tantos otros rostros concretos de exclusión.

Defender el derecho al trabajo exige ir más allá del acceso al empleo: implica garantizar condiciones justas, estabilidad, seguridad social, reconocimiento y posibilidades reales de desarrollo humano. El trabajo digno no puede reducirse a un salario. Supone el respeto a la persona, el equilibrio con la vida familiar, oportunidades de crecimiento y participación en la construcción del bien común. Cuando estas dimensiones se pierden, el trabajador puede convertirse en una pieza reemplazable, y la economía pierde su rostro humano.

Las nuevas formas de trabajo, marcadas por la automatización, la digitalización y la “uberización”, han dejado a millones sin contrato, protección ni voz. Por eso, defender el trabajo digno exige que la tecnología y la economía estén al servicio de la persona, y que tanto las políticas públicas como las empresas promuevan empleo de calidad y reconozcan al trabajador como protagonista, no como un simple costo.

Es fundamental la organización de los trabajadores, como instrumento para equilibrar las asimetrías de poder entre el trabajo y el capital. Sin organización, el trabajador queda aislado frente a estructuras que lo superan.

Una sociedad que coloca a la persona en el centro podrá construir justicia social y una paz duradera. Un puesto de trabajo digno más, sobre todo para los jóvenes, es una víctima menos que puede ser atrapada por la seducción o el miedo ante el capital criminal. Apostar por el trabajo digno es apostar por una sociedad más fraterna, más equitativa, más solidaria y verdaderamente humana.  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

viernes, 1 de mayo de 2026

Programa de radio: “No me callaré” (Papa León XIV)

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Programa "Sembrando Dignidad"

Fecha: 26 de abril, 2026

Invitados: Xavier Villaverde y Napoleón Saltos

En este espacio se analizó el profundo impacto del viaje apostólico del Papa León XIV a África, destacando su firme compromiso con la paz, la justicia social y el diálogo interreligioso en naciones como Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.

Durante el diálogo, se subrayó que la misión del Sumo Pontífice no busca la polémica política, sino anunciar el Evangelio como una herramienta viva para denunciar la indiferencia y los sistemas económicos que "ahogan a África para salvar a Wall Street".

Con un llamado urgente al desarme y a la construcción de una cultura del encuentro, los panelistas invitaron a la audiencia a no permanecer en silencio ante la violencia y a redescubrir la fe como una fuerza activa para la transformación social y la protección de la dignidad humana en todo el mundo.


Programa de radio: LA GUERRA: locura que ofende a Dios

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Programa "Sembrando Dignidad"

Fecha: 15 de marzo, 2026

Invitados: Xavier Villaverde y Napoleón Saltos

En esta edición del programa se exploró a fondo el conflicto en Oriente Medio, analizando a Irán no solo como un actor político, sino como una civilización con una historia milenaria y una cosmovisión religiosa y tecnológica propia. El diálogo destacó que la guerra actual representa un choque de civilizaciones que genera graves consecuencias globales, incluyendo impactos económicos directos en Ecuador como el alza de combustibles y fertilizantes.

Frente a la incertidumbre y el dolor causado por la violencia, se hizo un llamado urgente a construir una cultura de paz fundamentada en la justicia, el reconocimiento del "otro" como hermano y la oración, haciendo eco de los mensajes de paz del Papa Francisco y el Papa León XIV.

Programa de radio: La dignidad de la Mujer: un desafío permanente

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Programa "Sembrando Dignidad"

Fecha: 8 de marzo, 2026

Invitadas: Juanita Reinoso, Ana Laura Arangüiz y María Fernanda Hidalgo.

Programa emitido en el marco del Día Internacional de la Mujer, se profundizó en la misión y los desafíos de las mujeres en la sociedad y la Iglesia actuales.

A través de un diálogo enriquecedor, las invitadas reflexionaron sobre la valoración que Jesús otorgó a la mujer como protagonista y primera testigo de la Resurrección, rescatando su dignidad frente a las estructuras de su tiempo. Sin embargo, el programa también aterrizó en las duras realidades de Ecuador y la región, denunciando la brecha salarial, la violencia de género y los micromachismos que aún persisten en diversos ámbitos.

El mensaje final fue un llamado urgente a la sinodalidad y a la sororidad, i animando a las mujeres a no guardar silencio, reconocer su propia luz y caminar juntas para construir un mundo más justo, fraterno y lleno de esperanza.


Programa de radio: Entregar la Vida por la Vida

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Programa "Sembrando Dignidad"

Fecha: 1 de marzo, 2026

Invitados: Milagros Aguirre, Padre José Cruz, Hermano Charlie, Padre José (Joseba) y Xabier Villaverde.

En el programa Sembrando Dignidad, transmitido por Radio María, se reflexionó sobre la Amazonía ecuatoriana como un territorio de riqueza natural y de culturas vivas que merecen respeto y reconocimiento.

A través de testimonios, se destacó la vida y misión de Monseñor Alejandro Labaca y la Hermana Inés Arango, quienes entregaron su vida en defensa de los pueblos en aislamiento voluntario, como los Tagaeri, frente a las presiones de la explotación petrolera.

Finalmente, se hizo un llamado a no ser indiferentes ante el saqueo de la selva y a seguir el ejemplo de estos misioneros, recientemente declarados venerables, promoviendo una ecología integral donde la dignidad humana y el cuidado de la creación sean prioridad.


  

Programa de radio: Epstein: la degradación y deshumanización


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Programa "Sembrando Dignidad"

Fecha: 22 de febrero, 2026

Invitados: Xabier Villaverde y Napoleón Saltos

Con motivo del primer domingo de Cuaresma, se reflexionó sobre la crisis social y moral que afecta al Ecuador y al mundo. Se advirtió sobre la creciente deshumanización y la pérdida de la dignidad humana, visibles en realidades como la trata de personas y estructuras de poder que promueven el descarte.

Frente a la cultura de la indiferencia y del éxito inmediato, se hizo un llamado a vivir la Cuaresma como un camino de conversión comunitaria, abriendo los ojos para discernir el bien del mal y no ser cómplices de la injusticia.

Finalmente, se destacó que la esperanza cristiana no es pasiva, sino un compromiso activo para caminar juntos en medio de las dificultades, construyendo justicia, paz y sembrando dignidad en cada acción cotidiana.

domingo, 26 de abril de 2026

carta No. 338: “No me callaré” (Papa León XIV)

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 338 –26 de abril de 2026
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“No me callaré” (Papa León XIV)

“Más bien me gustaría alentar la continuación del diálogo por la paz, que las partes intenten poner todos los esfuerzos para promover la paz, alejar la amenaza de la guerra y que se respete el derecho internacional. Es muy importante que se proteja a los inocentes, como no ha ocurrido en varios lugares”. Papa León XIV.

La visita apostólica del papa León XIV a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial, del 13 al 23 de abril, constituye un signo claro y valiente en favor de la paz. Ningún pastor auténtico puede bendecir la guerra. Desde África, tierra herida y esperanzada, reafirmó la fe como un principio de convergencia, capaz de sostener la justicia, la solidaridad y la paz.

El Papa levantó su voz, orientadora y firme. Hay momentos difíciles en los que callar “sería cómplice” de la injusticia. Su palabra no esquivó los temas incómodos. Alzó la voz por los migrantes: “Ningún muro ni arancel detendrá la dignidad de quien huye del hambre o la guerra. Callar ante eso sería cómplice de una nueva esclavitud”.

Denunció con claridad el genocidio en Gaza y las lógicas de la militarización: “Quien amenaza con ‘tomar’ Gaza o militarizar fronteras olvida que la verdadera seguridad nace de la justicia, no del miedo”. Y recordó con firmeza: “Podemos aprender a respetarnos, a vivir en armonía y a construir un mundo de paz”.

Ante el ataque de Trump, que le reprochó actuar como político, León XIV respondió que no busca hacer política exterior, sino anunciar el mensaje evangélico de los pacificadores. En África reafirmó que, si defender la vida de los inocentes y pedir justicia para los pobres es hacer política, entonces el Evangelio también lo es, y por eso seguirá hablando, apostando no por una comunicación agresiva, sino por una que escuche y recoja la voz de los más débiles.

El mensaje central del Papa promueve la paz frente a las estrategias de guerra. “África conoce bien el precio de la guerra. Desde esta tierra que ha sufrido tanto, digo a los poderosos del mundo: no conviertan el siglo XXI en el cementerio de las civilizaciones. La paz no es una debilidad, es la máxima expresión del coraje”. Y recalcó: “No podemos llamar ‘paz’ a una situación donde el 1% posee más que el 99% restante. El Evangelio nos exige indignarnos ante la indiferencia”.

En el Congo, país en conflicto por el extractivismo minero, dijo: “Vuestro cobalto y coltán no pueden seguir financiando guerras y teléfonos en el Norte mientras aquí entierran niños. No me callaré ante este saqueo”. Y en Kenia reafirmó: “No me callaré ante un sistema que ahoga a África para salvar a Wall Street”.

Estos mensajes resultan incómodos no solo para los poderosos, sino también para nosotros, los cristianos, cuando silenciamos la fuerza liberadora del Evangelio y reducimos la fe a prácticas vacías. Las palabras de León XIV nos remiten a Jesús denunciando con firmeza la hipocresía de los fariseos y la corrupción de quienes convierten la casa de Dios en “cueva de ladrones”.

León XIV asume el compromiso del “pacificador” en medio del poder de la muerte y de las guerras. Escuchar la voz del Papa es asumir también nuestro compromiso como “pacificadores”, e “indignarnos ante la indiferencia”.

León XIV no se queda en la denuncia, nos convoca a la acción concreta. “Invito a los ciudadanos de todos los países involucrados a contactar a las autoridades... para pedirles que trabajen por la paz”. Nos llama a cumplir nuestra misión: “Se necesitan cristianos que tomen en sus manos el destino de sus países. Por eso quiero animarles: ¡No tengan miedo de anunciar y dar testimonio del Evangelio! ¡Sean ustedes los constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación!”. No callar es hoy un acto de fe. No callar es un acto de justicia. No callar es el comienzo de la paz.  #ComuniquemosEsperanza

 

 

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domingo, 19 de abril de 2026

carta No. 337: El AMOR siempre da VIDA

 

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carta No. 337 –19 de abril de 2026
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El AMOR siempre da VIDA

“El amor siempre da vida. Por eso, el amor conyugal «no se agota dentro de la pareja […] Los cónyuges, a la vez que se dan entre sí, dan más allá de sí mismos la realidad del hijo, reflejo viviente de su amor, signo permanente de la unidad conyugal y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre” Amoris laetitia, papa Francisco n. 165.


“Nuestro amor ha resistido el tiempo porque está hecho de paciencia, ternura y fe.

No tiene final, porque no termina nunca, y te volvería a escoger en cada vida, en cada historia, en cada amanecer. A tu lado aprendí que el amor no es perfecto, pero puede ser eterno”. Marianita y Enrique en 50 años de Matrimonio.


En estos días, en Justicia y Paz Ecuador, vivimos un acontecimiento muy profundo: una celebración muy triste, pero a la vez llena de fe, esperanza y amor. Dos de nuestros miembros, Enrique y Marianita, celebraban sus bodas de oro matrimoniales, cincuenta años de amor en familia, pero con la sombra de un final muy doloroso: ella se encontraba en la última fase de una cruel enfermedad terminal, que concluyó dos días después.

Resulta paradójico hablar de celebración con criterios exclusivamente humanos. Daban gracias al Señor por los cincuenta años de convivencia amorosa, a la vez que sentían la pena por la inminente separación y pérdida. La eucaristía de acción de gracias fue seguida, dos días después, por las celebraciones del encuentro de Marianita con el Señor, manifestaciones llenas de sentimientos encontrados y de una profunda fe y esperanza.

En estos hechos palpamos la revelación del amor de Dios en Marianita y Enrique, no como una mera coincidencia, sino como una acción de la providencia divina que, de alguna manera, nos habla también a nosotros.

Reflexionemos sobre el matrimonio desde la realidad actual y el mensaje del papa Francisco en Amoris laetitia. No se trata de desconocer ni de polemizar sobre la dura realidad de muchas parejas que se rompen, se separan o se divorcian, ni sobre las nuevas formas de unión reconocidas por distintas legislaciones. Son normas que buscan regular la convivencia sin exclusión ni marginación, y la Iglesia, por su parte, ha abierto las puertas a las personas divorciadas que se han vuelto a casar y no condena, sin más, las relaciones homosexuales.

Podemos comprender estas realidades, pero no aceptar aquellas que se basan en la cosificación y explotación sexual de las personas, en el abuso, la pedofilia o la pederastia, signos de una sociedad marcada por el consumo de cuerpos, la pornografía y el egoísmo que persigue un placer vacío e ilimitado. A través de los siglos y en distintas culturas han existido ritos y prácticas para las uniones y los divorcios. Para el Estado, el matrimonio es ante todo un contrato que puede disolverse según la ley; pero, para el Señor, aunque Moisés permitió el repudio “por la dureza de vuestro corazón” (Mt 19,8), desde el principio el hombre y la mujer están llamados a unirse y ser “una sola carne” (Mt 19,5-6; Gen 2,24).

Para nosotros, el matrimonio es un sacramento y liga a la pareja con los hijos en la familia, que es imagen de Dios, Comunidad de Amor. Un amor donde la mujer y el hombre crean una comunidad, en unidad, con libertad, iguales derechos y deberes, proyectándose hacia los hijos y el resto de la sociedad; que disfruta de su unión y atracción mutua, vive las alegrías y supera los problemas y las angustias de la existencia. Siembra y cultiva principios y valores morales y éticos.

La partida de Marianita nos deja un profundo vacío, pero su ejemplo, marcado por la alegría, el servicio, la generosidad y el optimismo, iluminará el caminar de muchos matrimonios que viven el amor de Dios. En los espacios de reflexión que compartió, forjó una fe comprometida con la justicia social, la equidad y la dignidad humana, inspirada en el Evangelio. Su vida estuvo marcada por acciones concretas de solidaridad con los más necesitados, acompañando a enfermos, presos y comunidades campesinas. Su fe, su amor y sus convicciones se reflejaban en lo cotidiano, un testimonio vivo evidenciado en el compromiso de transformar la fe en justicia, esperanza y dignidad.

Nuestros amigos Marianita y Enrique, en su 50 aniversario, nos dejaron este mensaje que ahora les compartimos: “A tu lado, cada día ha valido la pena. El amor verdadero existe y, cuando se comparte la vida junto a la persona amada, la felicidad es mucho mayor. Y este tipo de amor no se encuentra, se construye día a día, porque no es suerte, es amor trabajando con el corazón”. Son un ejemplo para nosotros. Durante 50 años caminaron juntos con amor, y eso nos conforta. #ComuniquemosEsperanza

 

miércoles, 15 de abril de 2026

Marianita Rosero (+), descansa en paz

 

Marianita Rosero (+)

Querido Enrique:

 Sentimos profundamente la partida de nuestra querida Marianita (1950-2026).

Te acompañamos en esta hora de dolor. Confiamos en la bondad de nuestro Dios, Padre y Madre, para que les dé mucha fortaleza a tus hijos, a tus nietos, a tu familia y a ti, para que acepten con fe que Marianita está gozando de la presencia del Solo Amor y que está junto a María, nuestra Madre.

Nos queda y honramos la memoria de Marianita, su alegría, valentía y compromiso en el camino compartido en la Comisión de Justicia y Paz. Contamos con la protección de Marianita en nuestra misión.

Setenta y seis años de vida ejemplar. Sus semillas fructificarán en sus hijos y nietos, y también en nosotros que compartimos su fe y su compromiso.

Que el Señor de la Vida acoja a Marianita y te colme de su amor y María te cobije con su manto en estos momentos.


Quito, 13 de abril de 2026