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sábado, 4 de julio de 2026

carta No. 348: Movilizar la solidaridad

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 348 5 de julio, 2026
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         Movilizar la solidaridad

“Esto significa solidaridad. No es solo cuestión de ayudar a los otros, esto está bien hacerlo, pero, es más: se trata de justicia. La interdependencia, para ser solidario y fructífero, necesita raíces fuertes en la humanidad y en la naturaleza creada por Dios, necesita respeto por los rostros y la tierra”.  (Papa Francisco).


El Ecuador es una zona altamente sísmica. Está ubicado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, la zona de colisión de la placa oceánica de Nazca con la placa continental Sudamericana.  La peligrosidad sísmica varía según la región: muy alta amenaza en la Costa central y norte, sobre todo en Manabí y Esmeraldas. Alta amenaza en zonas de la Sierra centro-norte, incluyendo Quito y áreas cercanas a fallas geológicas. Esta sismicidad se ha vivido a lo largo de la historia con numerosos terremoto s que afectaron a varias poblaciones y causaron un sinnúmero de víctimas.

El terremoto de Riobamba en 1797, de magnitud estimada de 8.3, considerado el más devastador, destruyó por completo la antigua ciudad de Riobamba, dejó más de 12.000 fallecidos. El de Esmeraldas y Colombia en 1906, de 8.8 de magnitud, el de mayor magnitud instrumental registrado, provocó un devastador tsunami que causó entre 1000 y 1500 muertes. Ambato en 1949, magnitud 6.8, destruyó Ambato, Pelileo y otras localidades de Tungurahua. En Ecuador y Colombia en 1979, de magnitud entre 7.8 a 8.2, afectó las zonas costeras fronterizas y generó un fuerte tsunami con graves consecuencias en el Pacífico.

Los terremotos más recientes en Napo / Reventador, 1987, magnitudes de 6.1 y 6.9, a lo largo de las faldas orientales de los Andes y causaron estragos en la infraestructura petrolera y vial. En marzo de 1996 en Pujilí, Cotopaxi, superior a los 6 grados. El de Pedernales con magnitud 7.8 del 16 de abril de 2016, afectó a las provincias de Manabí y Esmeraldas, dejó más de 670 fallecidos, miles de heridos y destruyó varias localidades.

Los terremotos llegan sin avisar y la ciencia aún no puede alertar con anticipación estos eventos para evitar las víctimas mortales. El doble terremoto en Venezuela del 24 de junio de 2026, de 7.2 y 7.5 respectivamente, hasta la fecha se han reportado más de 2.000 víctimas fatales, cerca de 12.000 heridos, colapso de viviendas, edificios, vías de transporte. El dolor de miles de venezolanos es inmenso y están pasando momentos muy difíciles derivados de la devastación que dejaron estos eventos.

Los terremotos generan un drama humano profundo, desolador, devastador en quienes los viven y experimentan. Al no estar preparados ni educados para enfrentar y reaccionar apropiadamente, estas situaciones generan miedo, terror, confusión, incertidumbre y, desde luego muerte, es desolador mirar los efectos: miles de dramas, escenas abrumadoras, muertos y desaparecidos son las secuelas inmediatas. Los gobiernos y los entes especializados deben encargarse de la formación ciudadana al respecto y tener planes de contingencia de reacción inmediata en caso de un terremoto. Sin embargo, en muchos casos los medios públicos no alcanzan y, en algunos, lamentablemente se desentienden.

Ante estos acontecimientos se moviliza la solidaridad de pueblos enteros, que colaboran con vituallas, alimentos no perecibles, vestuario, medicinas, para cooperar de alguna manera y aplacar las múltiples necesidades de las poblaciones afectadas. Estos actos de solidaridad surgen espontáneamente con mucha generosidad. La desgracia convoca, moviliza y concretas acciones para tender la mano a las personas afectadas. También la Iglesia reacciona inmediatamente ante estas catástrofes con apoyo espiritual y material para los afectados.  En la experiencia ecuatoriana son las organizaciones populares, la iglesia y las ONG las que se movilizan para atender y dirigir la ayuda hacia las personas más afectadas.

"La palabra ‘solidaridad’ está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. ¡Es más! Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos” (Papa Francisco). En los desastres naturales se activa la solidaridad, pero es importante que esta sensibilidad y valores trasciendan las crisis humanitarias para reactivar una fraternidad universal, basada en el bien común y el amor pleno.  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 28 de junio de 2026

carta No. 347: Un pastor con olor a oveja

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 347 28 de junio, 2026
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         Un pastor con olor a oveja

“El pastor es testigo de esperanza con el ejemplo de una vida firmemente anclada en Dios y totalmente dedicada al servicio de la Iglesia … La Iglesia en este tiempo de polarizaciones y contraposiciones, debe ofrecer un testimonio de unidad en la pluralidad, una comunión capaz de acoger la riqueza de los dones, de los carismas y sensibilidades que el Espíritu Santo suscita en el pueblo de Dios”. Papa León XIV.

El 24 de junio de 2026 recibimos la triste noticia del fallecimiento de Mons. Néstor Rafael Herrera Heredia. Sabíamos que su estado de salud era muy delicado. Durante todo este tiempo recibió los cuidados y la atención cercana de sus hermanos y familiares. Siempre estuvo acompañado. Muchas personas le expresaron su cariño a través de la oración y de sus visitas. Nunca estuvo solo.

Monseñor Néstor, nacido en 1933 en Pujilí, Cotopaxi, fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1957. Después de desempeñar diversos cargos pastorales, fue consagrado obispo el 14 de febrero de 1982 por Mons. José Mario Ruiz Navas, para servir en la Diócesis de Machala. Inmediatamente enfrentó los estragos causados por el fenómeno de El Niño y movilizó la acción social en favor de las personas damnificadas y más desprotegidas. Su labor pastoral se centró en las comunidades eclesiales de base, y promovió y apoyó a diversos movimientos eclesiales. Sirvió a la Diócesis de Machala durante 28 años, donde dejó una profunda huella humana y pastoral.

Impulsó la llegada de nuevos agentes pastorales y órdenes religiosas, como los Monfortianos; fortaleció la relación con los misioneros vascos y promovió servicios laicales en los ámbitos pastoral y social. También apoyó trabajos comunitarios, asociaciones laborales, dispensarios médicos y la Clínica-Hospital Esperanza de Machala, siempre al servicio de las personas más pobres y vulnerables.

Su acción social fue reconocida por autoridades nacionales y por la academia, que destacaron su defensa de los derechos humanos y de la naturaleza, así como su compromiso con la igualdad entre hombres y mujeres, sin discriminación ni violencia.

Fue presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, del FEPP y consejero del Movimiento Juan XXIII y de la Comisión Ecuatoriana de Justicia y Paz.

Como Comisión Ecuatoriana de Justicia y Paz, durante su enfermedad añoramos su presencia en nuestras reuniones y siempre lo tuvimos presente en nuestras oraciones. Fue un referente. Sus reflexiones y aportes, siempre enriquecedores, así como su palabra, apertura y ejemplo, representaron una luz orientadora que encaminó nuestro análisis y discernimiento sobre diversos temas de nuestra realidad, para luego compartir esas reflexiones, desde la realidad y la fe, con el pueblo de Dios a través de nuestras Cartas Semanales.

Esta carta expresa todo nuestro cariño, agradecimiento y admiración por Monseñor Néstor, así como nuestra solidaridad con sus hermanas, hermanos y demás familiares. Su partida es una prueba, pero, a la vez, una señal del amor de Dios, en cuya voluntad y misericordia siempre confió.

A Monseñor Néstor Herrera lo recordaremos como una persona afable, sencilla, cercana, disponible y siempre dialogante; un “pastor con olor a oveja”, como pedía el papa Francisco, involucrado con el pueblo y sus necesidades. Se hacía presente en las comunidades más alejadas y en los barrios marginales para compartir y expresar el amor de Dios con palabras de esperanza y acciones concretas. Fue un ejemplo del Buen Pastor que conoce a sus ovejas y entrega su vida por ellas (cf. Jn 10,11-16).

Fue un pastor ejemplar, de profunda humanidad y cercano a los más pobres, que acogió con calidez a quienes buscaron su consejo. Sentimos profundamente su partida y pedimos al Señor que lo reciba en su Reino, agradecidos por su vida, su testimonio y la semilla de Evangelio que dejó en nuestras comunidades.

Gracias, Padre, por la vida de Mons. Néstor Herrera Heredia. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 21 de junio de 2026

carta No. 346: Fútbol: entre la razón y la pasión

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 346 22 de junio, 2026
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         Fútbol: entre la razón y la pasión

“El fútbol nos recuerda algo que no debemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirnos por nuestra cuenta, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos… Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, aún no ha entendido el juego; quien no sabe vivir con y para los demás, aún no ha entendido la vida”. Mensaje del Papa León XIV antes del mundial 2026.


Pocas manifestaciones culturales movilizan tantas emociones, generan identidades colectivas y producen pertenencia como el fútbol. Más que un deporte, es un fenómeno social global que atraviesa fronteras, culturas, idiomas y clases. Millones de personas se reúnen en un estadio, frente a una pantalla o un teléfono, para compartir una pasión capaz de suspender, aunque sea por un momento, las divisiones cotidianas. Pero también encierra profundas contradicciones.

El fútbol es un poderoso espacio de integración social que une a las personas mediante emociones, símbolos e identidades compartidas. Los clubes representan comunidades y territorios, mientras la pasión futbolística se transmite entre generaciones, fortaleciendo vínculos y sentido de pertenencia.

El fútbol también alimenta sueños. Para millones de niños y jóvenes de sectores populares, la figura del futbolista exitoso simboliza la posibilidad de superar la pobreza, alcanzar reconocimiento y transformar el destino de sus familias. En los barrios humildes, una cancha improvisada es un espacio de esperanza y de proyectos de vida.

Sin embargo, junto a estas virtudes aparecen sombras. El fútbol contemporáneo es una industria global en la que los intereses económicos ocupan un lugar central. Los clubes son marcas, los jugadores se convierten en activos financieros y los aficionados, en consumidores.

Los grandes torneos movilizan miles de millones en publicidad, derechos televisivos, patrocinios y apuestas. Las camisetas cambian cada temporada para estimular las compras, los estadios se transforman en centros de consumo y las figuras deportivas promueven productos de todo tipo. La pasión colectiva se convierte así en una extraordinaria fuente de rentabilidad.

Esta mercantilización genera desigualdad. Mientras algunos empresarios y futbolistas acumulan fortunas, miles de jóvenes quedan fuera del sistema profesional, sin oportunidades reales. Los clubes millonarios concentran recursos y talento, ampliando las brechas con los más modestos.

Existe, además, una dimensión política. A lo largo de la historia, algunos gobiernos han utilizado los éxitos deportivos para fortalecer su legitimidad o distraer la atención de problemas estructurales. El entusiasmo de una victoria puede relegar los debates sobre pobreza, desempleo, corrupción, violencia o exclusión. El espectáculo opera como una válvula de escape emocional que permite olvidar las tensiones de la realidad.

El fútbol contemporáneo funciona como una especie de religión, con estadios, símbolos, rituales y héroes que despiertan fe y esperanza. Sin embargo, esta “religión futbolística” gira principalmente alrededor del espectáculo, la competencia y el consumo.

El fútbol es un espacio de encuentro, integración e identidad colectiva. Inspira disciplina, trabajo en equipo, esfuerzo y solidaridad, pero también puede convertirse en un instrumento de manipulación comercial, desigualdad o evasión frente a los problemas sociales.

Para que esta Copa del Mundo no se reduzca a un simple circo mercantilista, hay que orientarla hacia el bien y la bondad: “El éxito de un equipo es, efectivamente, el resultado de una serie de virtudes humanas: la armonía, la lealtad, la capacidad de amistad y de diálogo, la solidaridad. Se trata de valores espirituales que se convierten en valores deportivos. Ejercitando estas cualidades morales, podéis lograr que resalte todavía más la verdadera finalidad del mundo del deporte, marcado algunas veces por fenómenos negativos… ¡Sed campeones del deporte, pero sobre todo de la vida!” (papa Francisco, 25 de mayo de 2016). #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 14 de junio de 2026

carta No. 345: Poder y civilización del Amor

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 345 14 de junio, 2026
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         Poder y civilización del Amor

“En un mundo cada vez más interdependiente, la paz no es un tema entre otros, sino una condición del bien común universal y una prueba para la madurez moral de los pueblos, y especialmente de quienes son llamados a puestos de responsabilidad en el gobierno “.  Papa León XIV, Magnifica humanitas, n° 182.

El capítulo 5 de la encíclica Magnifica humanitas presenta la dicotomía entre la cultura del poder y la civilización del amor, dos caminos radicalmente distintos para el futuro de la humanidad.

En la cultura del poder, dominar a cualquier costo dicta los criterios de decisión, relegando el bien común a un segundo plano y reduciendo el drama concreto de los pueblos en guerra a algo secundario ante los intereses estratégicos (N.° 188). Los últimos sesenta años han estado marcados por conflictos feroces, que han afectado a los civiles, víctimas inocentes, y han provocado miles de refugiados, desestabilización social y heridas de larga duración (N.° 189).

Se pierde la memoria histórica; sin ella, los horrores de la guerra se convierten en decisiones políticas basadas en cálculos de fuerza (N.° 191). La guerra se libra a través de narrativas de amigo-enemigo, desinformación y miedo (N.° 192). Las industrias armamentísticas y los países que las suministran tienen un mercado que prospera gracias a los conflictos (N.° 193); por eso las guerras se alargan y es más fácil iniciarlas que detenerlas. La IA no libera al conflicto de su inhumanidad: solo lo hace más rápido e impersonal (N.° 198).

La crisis del sistema multilateral ha debilitado las instituciones internacionales. La globalización ha sido incapaz de garantizar el diálogo, la unidad y la paz; más bien, ha suscitado reacciones fundamentalistas, identitarias y nacionalistas (N.° 201). La fuerza del derecho internacional es sustituida por el “derecho del más fuerte” (N.° 202). Vivimos en una ceguera espiritual y cultural que normaliza errores gravísimos: los extremismos religiosos y los fanatismos, junto con un economicismo irracional, son terreno fértil para nuevas guerras, tal vez aún más peligrosas que las anteriores, incluso nucleares, pues se pierde todo límite ético (N.° 206-207).

Frente a esto hay que construir la civilización del amor, que no se agota en la denuncia del mal, sino que mira la historia desde Cristo, muerto y resucitado, que nos recuerda que conocemos la luz, que podemos vencer a las tinieblas y dar a la historia horizonte y dirección (N.° 210-211). Para hacerlo, tenemos que dar nuestro aporte y seguir adelante, sin desmayar, para que los problemas los superemos juntos.

Hay cinco vías de responsabilidad: desarmar las palabras, decir no a la guerra y a la violencia, y construir la paz desde la justicia, porque la verdadera paz solo nace de ella (N.° 215). También debemos asumir la mirada de las víctimas y “tocar la carne” de quienes sufren (N.° 216), recuperar un sano realismo que evite tanto el idealismo como el cinismo (N.° 218), y fortalecer el diálogo entre personas, pueblos y religiones, porque nadie puede usar a Dios para justificar el terrorismo, la violencia o la guerra (N.° 219-223). Finalmente, es urgente recuperar la diplomacia y el multilateralismo, orando por la paz y comprometiéndonos a hacerla realidad en nuestras relaciones y en la sociedad (N.° 229).

Como conclusión, la encíclica nos señala que, en la construcción de la civilización del amor, tenemos que asumir que todos somos parte de un solo cuerpo (1 Co 12,27), llamados a asumir un papel activo, sin refugiarnos en espiritualismos o en nuestros pequeños mundos. Debemos ser fieles a la verdad, invertir en educación, cuidar las relaciones y amar la justicia y la paz (N.° 236). El mensaje del Magnificat nos hace mirar el mundo desde abajo, desde los débiles, y no con la óptica de los poderosos (N.° 244). El Señor sigue haciendo nuevas todas las cosas y mantiene abierta, para cada época, la posibilidad de convertirse en historia de salvación (N.° 245).  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

sábado, 6 de junio de 2026

carta No. 344: Custodiar lo humano

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 344 7 de junio, 2026
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         Custodiar lo humano

Es necesario detenerse en algunos ámbitos en los que estas transformaciones tienen repercusiones muy concretas, a veces dramáticas. A la luz de los principios de la Doctrina social de la Iglesia, la transformación digital nos pide redescubrir la verdad como bien común, proteger la dignidad del trabajo y salvaguardar la libertad frente a toda dependencia y mercantilización  (Magnifica humanitas 131, papa León XIV).

El capítulo cuarto de la encíclica Magnifica humanitas nos convoca a “custodiar lo humano en la verdad, el trabajo y la libertad”. En una breve síntesis:

La verdad es un bien común. Las nuevas tecnologías y la IA han transformado los sistemas de información y comunicación, llegando incluso a alterar la realidad. A veces, en lugar de favorecer la participación, difuminan los límites entre la verdad y lo falso (N.° 132). Quienes controlan los medios, muchas veces al margen de la ética y la veracidad, pueden impulsar cambios culturales y convencer a multitudes sobre la verdad del ser humano, del mundo y de Dios (N.° 133).

La verdad es fundamental para una verdadera democracia. La comunicación no solo transmite información, sino que construye cultura e influye en la conciencia colectiva y en las decisiones diarias (N.° 135). Por eso, las redes deben ser espacios de maduración interior y pensamiento crítico, y se vuelve necesaria una ecología de la comunicación y una alianza educativa que ayude a niños, adolescentes y jóvenes a reconocer manipulaciones, defender su dignidad y respetar a los demás (N.° 142).

El trabajo, más que un simple instrumento, expresa y acrecienta la dignidad de nuestra vida (N.° 149), pero la automatización, la robótica y la IA transforman su estructura y pueden deteriorar la capacidad de los trabajadores y su creatividad. Por ello, la protección de los puestos de trabajo y el papel insustituible de la persona son fundamentales (N.° 152). Además de asegurar el sustento de las familias, la automatización debe proteger el empleo, la recualificación y la participación de los trabajadores, orientándose a liberar tiempo, desarrollar capacidades y evitar la exclusión (N.° 156).

La economía debe valorar la dignidad humana. Los modelos centrados en la eficiencia y el éxito tienden a considerar inútil invertir en quienes parten de situaciones de desventaja (N.° 158), mientras la renta del capital corre el riesgo de sustituir los ingresos del trabajo (N.° 160). Aunque la riqueza mundial crece, su concentración en pocas manos agrava los desequilibrios, lo que exige leyes más justas y políticas de redistribución que corrijan la desigualdad de la riqueza y del poder (N.° 164).

Se resalta que la familia es la primera sociedad natural, la célula fundamental e insustituible de toda organización comunitaria, pero actualmente es un bien social frágil (N.° 165 y 166), y los jóvenes enfrentan una precariedad laboral muy grave (N.° 167). Por ello, es crítico fomentar y defender el trabajo como un bien primario para la familia y para toda la sociedad (N.° 168).

La libertad debe protegerse frente a la dependencia y la mercantilización. Por eso es urgente promover un uso de la tecnología que fortalezca la libertad interior y proteja a los más vulnerables. También resulta peligroso el control social y una mentalidad tecnocrática que reduzca a la persona a un objeto manipulable.

Hay nuevas esclavitudes, y la lucha contra ellas constituye una prueba de fuego para el discernimiento ético de la IA, que puede conducirnos hacia nuevas atrocidades, no menos vergonzosas que las del pasado (N.° 174). También hay nuevas formas de colonialismo: territorios enteros con menor relevancia geopolítica y mayor fragilidad estructural se ven atravesados por una nueva lógica de extracción (N.° 178).

“Si la técnica se convierte en criterio absoluto, la persona corre el riesgo de ser tratada como un dato, un engranaje o una mercancía; si, por el contrario, se inscribe en un horizonte de sabiduría, puede convertirse en una oportunidad de crecimiento, justicia y fraternidad” (N.° 180).  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 31 de mayo de 2026

carta No. 343: Elección decisiva

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 34331 de mayo de 2026
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     Elección decisiva

 “La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos... En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud. Papa León XIV, Magnifica humanitas.

El 25 de mayo, el papa León XIV publicó su primera encíclica: Magnífica humanitas, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Enfrenta un reto que ha definido como una elección decisiva para el futuro de la humanidad. Es valiente, desafiante y amerita un análisis amplio y profundo. Aquí analizamos sus tres primeros capítulos (N. 1 a 130).

El Papa deja muy claro que las nuevas tecnologías -la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica- no son “una fuerza antagónica respecto a la persona; por el contrario, está arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre” (N. 4).

La valoración de dichas tecnologías se hace desde consideraciones éticas y políticas: “La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias… No es una solución a los problemas de la humanidad” (N. 9). El riesgo principal es que puede conducir a la deshumanización.

El primer capítulo resume los principales documentos de la Doctrina Social de la Iglesia, desde la Rerum novarum de León XIII hasta las encíclicas del papa Francisco.

El segundo capítulo presenta la Doctrina Social de la Iglesia como una realidad viva, en diálogo con la historia, las culturas y las ciencias, pero fiel a un núcleo de verdad permanente. Destaca la dignidad igual de todo ser humano, creado a imagen de Dios, y reafirma principios como el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiaridad, la justicia social y la solidaridad, vinculándolos con el desarrollo integral de las personas y de toda la humanidad.

El tercer capítulo, “Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA”, destaca la importancia que está adquiriendo a nivel global el paradigma tecnológico y el poder digital, dentro del cual la IA ocupa un lugar central. Sin embargo, esta tiene riesgos y limitaciones: trata de imitar y superar a la inteligencia humana, pero “no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad” (N. 99), y “también pueden acostumbrarnos a delegar demasiado, debilitando el juicio personal y la creatividad” (N. 101).

La IA puede volverse peligrosa cuando su poder creador queda concentrado en monopolios. Por eso no es moralmente neutra: debe orientarse con responsabilidad, transparencia y gobernanza al servicio de la dignidad humana, el bien común, la justicia social y la solidaridad. No basta regularla; hay que desarmarla, liberarla de la lógica de la competencia y hacerla más humana y acogedora.

Las nuevas ideologías tecnocráticas hablan de superar lo humano hacia un transhumanismo y posthumanismo, basados en algoritmos que orientan las decisiones sociales, económicas y políticas (N. 116). “En nombre del progreso se puede llegar a pensar en ‘sacrificios necesarios’, y hacer pagar a los más vulnerables el precio de una presunta optimización de la especie” (N. 117). El límite es la grandeza del ser humano, porque “en nuestro ser limitado es donde encuentran lugar la compasión, la sincera preocupación ante las necesidades de los demás, la generosidad que sorprende incluso en medio de la oscuridad y el fracaso, la experiencia espiritual y la adoración a Dios” (N. 119). El Papa afirma que “el ser humano no está encerrado en los límites de la propia naturaleza, sino que está llamado a trascenderse a sí mismo; no para huir de la realidad o despreciar el límite, sino para realizarse en el amor. La fe conoce un ‘más allá’ que nace del don de Dios” (N. 127).   #ComuniquemosEsperanza

 

 

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domingo, 24 de mayo de 2026

carta No. 342: El Espíritu Santo transforma vidas

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 342 –24 de mayo de 2026
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El Espíritu Santo 

transforma vidas 

“El Espíritu nos invita a no perder nunca la confianza. El Espíritu es concreto, no es idealista y quiere que nos concentremos en el aquí y ahora, porque el sitio donde estamos y el tiempo en que vivimos son los lugares de la gracia…  Entremos en la escuela del Espíritu Santo, para que nos enseñe todo. Invoquémoslo cada día, para que nos recuerde que debemos partir siempre de la mirada de Dios sobre nosotros, tomar decisiones escuchando su voz, y caminar juntos, dóciles a Él y abiertos al mundo". Papa Francisco.

 A esos discípulos asustados, que se escondieron, que salieron despavoridos, que no sabían qué pasaba, que estaban confundidos, que sentían miedo y angustia, que estaban decepcionados, porque, al fin y al cabo, su “Maestro” fue crucificado, y ellos se quedaron “como gallina sin cabeza”.

Estaban refugiados en algún lugar secreto para que ninguna autoridad los encontrara. Amedrentados, acobardados, sin saber qué hacer con su vida… hasta que supieron que Jesús resucitó y sintieron y vivieron Pentecostés. El Espíritu Santo marcó la vida de los apóstoles y la cambió radicalmente. Vencieron el miedo y la angustia, salieron a las calles y plazas a anunciar al Resucitado. Nada ni nadie los detenía. El Espíritu les hizo ver, pensar, comprender y actuar en el mundo con los ojos, con el pensamiento, con la comprensión y con las acciones del Señor.

Aquí y ahora, los cristianos estamos llamados a preguntarnos cómo actuamos frente a la realidad y si de verdad vivimos como testigos fieles del Señor y constructores de su Reino, o si más bien acomodamos la fe a nuestra conveniencia, creyendo cumplir la voluntad de Dios mientras hacemos solo lo que nos resulta más fácil o favorable.

Si permitimos que el Espíritu Santo irrumpa en nuestras vidas, sentiremos que es “una fuerza que no nos pertenece, pero que nos habita, se hace cargo de nuestra vida y se encarga de ella bastante mejor de lo que lo haríamos nosotros mismos si nos empeñáramos”. Nos ayuda a discernir, a ser humildes y a salir de la ceguera espiritual, del amodorramiento, del egoísmo, de la explotación, de la exclusión, de las guerras, del hambre, de la violencia, de la corrupción y de todas las manifestaciones de pecado y de muerte que hoy abundan en nuestro mundo.

Bajo ningún punto de vista se trata de un acto de magia, ni es cuestión de buena voluntad, de discursos conciliadores o de decir hipócritamente que somos hermanos, manteniendo privilegios y olvidando a los más necesitados… El Espíritu Santo es fuego, es viento que estremece. Tenemos que nacer del Espíritu (Juan 3, 8) para seguir labrando el mismo terreno, sembrando la misma semilla y esperando que crezcan frutos derivados de su acción en cada creyente, y que ese testimonio se proyecte en la familia, en el trabajo, en la sociedad, en la ciudad, en el país y en el mundo. Las pequeñas comunidades cristianas son tierra fértil para que la acción del Espíritu empiece a manifestarse y a obrar.

“La voz de un silencio tenue” (1 Re 19,12) puede convertirse en el grito del silencio, ya que, al revisar y rastrear nuestras vidas, podemos darnos cuenta de las huellas que ha dejado el Espíritu en nosotros. Sin darnos cuenta, “el Espíritu viene en auxilio de nuestra debilidad” (Rom 8, 26); en los momentos más difíciles y vulnerables, está ahí, jamás nos deja ni nos abandona. Sigue siempre a nuestra disposición.

“Pentecostés nos incendia para sentir el mundo como lo sentía Jesús, sin permitir que la ausencia prolongada del Señor y el sufrir de tanta gente nos abrumen hasta el punto de apagar nuestra esperanza. Porque en medio de tantas cosas en contra, allí está también el Espíritu a favor nuestro, amigo fiel a nuestro lado para sostener en nosotros ese deseo que nos hace seguir clamando tercamente: ‘¡Ven, Señor Jesús!’ (Ap 21,17)” (Antonio Pagola).

El Espíritu nos permite navegar por el mar de la vida, abre ventanas, ilumina pensamientos, potencia sabidurías, fortalece las debilidades, consuela aflicciones, nos da paz en medio de la tormenta.

Solo necesitamos “desplegar nuestras velas” y dejar que el Espíritu nos conduzca hacia Dios, Padre y Madre, amor, donación, abundancia, generosidad y solidaridad que se nos ha revelado en Jesús. El Espíritu Santo transforma vidas. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.