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domingo, 13 de septiembre de 2026

carta No. 358: Discernir entre el bien y el mal

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 358 –13 de septiembre, 2026
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Discernir entre el bien y el mal

“La tentación tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas. La tentación comienza levemente, pero crece, siempre crece. Luego Contagia a otros: se transmite a otros, trata de hacerse comunitaria. Y al final, para tranquilizar el alma, se justifica. De este modo las características de la tentación se expresan en tres palabras: crece, se contagia y se justifica”. Papa Francisco, 11 de abril 2014.

Vivimos una época en la que los límites éticos entre el bien y el mal se diluyen y difuminan hasta confundirse. El mal primero se banaliza y luego se justifica. No es algo exclusivo de nuestros tiempos; ha ocurrido a lo largo de la historia, especialmente en momentos trágicos como el Holocausto del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial y el surgimiento del nazifascismo.

La banalidad del mal diluye la responsabilidad individual dentro de un sistema en el que gran parte de la sociedad participa de manera más o menos activa o lo acepta pasivamente con su silencio e indiferencia. Esto se refleja en frases como: “yo solo cumplo órdenes”, “es lo que tengo que hacer”, “es parte de mi trabajo”, “todo el mundo lo hace” o simplemente “no es algo que me afecta”. Se aceptan sin cuestionar los “pequeños males” hasta que se convierten en algo normal: aceptamos la corrupción personal y social, la violencia o la injusticia contra el otro como instrumentos para alcanzar el éxito personal.

Se banalizan también las muertes relacionadas con los grupos de delincuencia organizada mediante frases que minimizan esa violencia, como: “No importa, mientras se maten entre ellos…”. Se olvida así que todo crimen es injusto y que existen personas no implicadas que no pueden ser consideradas simples “víctimas colaterales”. También se llegan a aceptar violaciones de los derechos humanos y ejecuciones extrajudiciales, como en el caso de los “Cinco Niños de las Malvinas”, bajo justificaciones discriminatorias que, por ser afros o “negros”, los presentan como supuestos delincuentes merecedores de castigo.

El mal se justifica con discursos que parecen aceptables y terminan siendo asumidos incluso por personas honestas. El miedo y la manipulación normalizan abusos, generan divisiones y debilitan la ética personal y social.

De esta forma se genera un contagio general que permite que la justificación del mal crezca y se convierta en algo aceptable, asumible y popular, como ocurrió con el nazismo. Esta forma de pensar se está extendiendo a nivel local, regional, nacional y global.

Es aún más grave cuando se utiliza el nombre de Dios para cometer crímenes, justificar guerras o promover ideologías que alimentan la xenofobia, el machismo, el ultranacionalismo y el descarte social de personas, pueblos y naciones. También se promueven teologías de la prosperidad y del éxito, donde se presenta a Dios casi como un “cajero automático” al que se puede comprar o sobornar. Son visiones espiritualistas e individualistas que dejan de lado los valores de la justicia social, la solidaridad y el bien común.

El primer paso de una ética liberadora es discernir entre el bien y el mal. El papa Francisco señalaba: “Debemos estar atentos cuando en nuestro corazón sintamos algo que acabará por destruir a las personas, destruir la fama, destruir nuestra vida, llevándonos a la mundanidad, al pecado… Porque es una lucha de nuestra vida espiritual, de nuestra vida cristiana contra el príncipe de este mundo”. El segundo paso es la voluntad: actuar de acuerdo con ese discernimiento, vincular la verdad con el bien y enfrentar la “ética cínica”, que conoce dónde está el bien y el mal, pero no actúa en consecuencia.

Para superar esta profunda crisis ética debemos examinar nuestra conciencia personal y social: la personal, que nos permite analizarnos a nosotros mismos; y la social y comunitaria, donde, iluminados por la Sabiduría Divina y el Espíritu Santo, discernamos claramente entre el bien y el mal y, en consecuencia, trabajemos para ubicar cada realidad en su lugar y construir activamente el Reino de Dios, que es Reino de vida, verdad, justicia, paz, gracia y amor. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 22 de mayo de 2022

Carta No. 133: Para la sostenibilidad del Estado…

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 133– 22 de mayo 2022

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Para la sostenibilidad del Estado…

El mundo reclama de todos los gobernantes una voluntad efectiva, práctica, constante, de pasos concretos y medidas inmediatas, para preservar y mejorar el ambiente natural y vencer cuanto antes el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias (…).  Debemos cuidar que nuestras instituciones sean realmente efectivas en la lucha contra todos estos flagelos. (Papa Francisco, ONU 2015).


Con frecuencia escuchamos sobre el Estado fallido y de pérdida de institucionalidad… ¿a qué se debe tan deplorable situación?: entre otras razones a la incoherencia ética y la inobservancia de leyes y normas que garantizan la sostenibilidad institucional, especialmente de estos tres pilares básicos:

1. Coherencia con los principios, valores y objetivos institucionales: las entidades que caminan sin rumbo fijo; sin objetivos claros de corto, mediano y largo plazo; sin fijarse en principios y valores que guíen el día a día de la institución y de sus actores.  No hacen caso de la misión y la visión para la que fueron creadas.  Tienen voluminosos planes estratégicos, que son archivados y olvidados.

2. Capacidad de gestión: los funcionarios que asumen las jefaturas o direcciones -con frecuencia desde la politiquería-, no poseen los conocimientos ni las pericias de la gestión pública, por lo que no tienen la capacidad para planificar, organizar, ejecutar -con solvencia-, ni monitorear, evaluar y rendir cuentas a la sociedad -con transparencia y honradez-.  No hay capacidad de emprender y conducir procesos de negociación, que permitan llegar al diseño de estrategias o preparar y ejecutar presupuestos -que en el mejor de los casos son copias de ejercicios anteriores-.

3. Generar credibilidad institucional: como consecuencia de las falencias antes señaladas, la ciudadanía no cree y desconfía en las instituciones públicas.  Múltiples testimonios y quejas se repiten y los sondeos de opinión evidencian el descontento: 58% no cree en la Procuraduría; 63% desconfía de la Defensoría del Pueblo; 66% no cree en la Fiscalía; 69% desconfía de la Corte Constitucional; 72% no cree en el Consejo de la Judicatura; 75% desconfía de la Corte Nacional de Justicia; 76% no cree en la Contraloría; 82% desconfía de los jueces; y el 86% no cree en la Asamblea Nacional.

Pero esta situación no es exclusiva de las entidades públicas -a las que se les pone más atención-, también el sector privado, las organizaciones de la sociedad civil y las que son sin fines de lucro, incumplen con estos pilares de la sostenibilidad institucional.

¿Es posible salir de este pantano? ¡Sí!, pero se requiere que las personas que asuman el liderazgo de las instituciones lo hagan por y con principios, y con el compromiso de servir a toda la sociedad.  Es indispensable que los funcionarios se revistan de una férrea voluntad para provocar cambios y transformaciones que, con decisión no son difíciles, pero demandan mucha voluntad política y arduo trabajo.  Deben comprometerse en asumir procesos de autoinducción para adentrarse en el conocimiento pleno de la entidad, así como todo el personal, en las aplicaciones y exigencias que demanda la sostenibilidad del Estado.

Para lograr la eficiencia y eficacia de las instituciones, públicas y privadas, se debe iniciar con la fundamental tarea de configurar verdaderos equipos de trabajo con personas que cumplan con tres condiciones básicas: Poseer suficientes conocimientos y destrezas para el desempeño de las funciones que se les encarga; voluntad para adentrarse rápidamente en el conocimiento y práctica del marco orientador de la institución; y evidenciar principios y valores éticos ampliamente reconocidos y coherentemente demostrados en el día a día de su acción laboral.

En definitiva, trabajemos en conjunto -entidades estatales y los sectores privados y sociales-, por el bienestar de todos, apostando por construir un país de respeto, justicia y paz.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.  


domingo, 21 de noviembre de 2021

Carta No. 107: El “yoyismo”… otra pandemia en Ecuador

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 107 – 21 de noviembre 2021

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El “yoyismo”… otra pandemia en Ecuador

Me ha entristecido mucho lo sucedido los días pasados en la cárcel de Guayaquil, en Ecuador.  Dios nos ayude a curar las llagas del crimen que esclaviza a los más pobres. Y ayude a cuantos trabajan cada día para hacer más humana la vida en las cárceles. (Papa Francisco, 2021).

A propósito de los horrendos crímenes colectivos cometidos en varias cárceles del país y buscando la irracionalidad más profunda del siniestro, se ha develado otra pandemia, tan dañina y perversa como cualquier otra: el “yoyismo”, asociado con el egocentrismo y con el narcisismo más que con la autoconfianza o la autoestima.

El “yoyista” se cree y se presenta como si fuera el centro del universo, poseedor y dueño de todos los derechos y todas las razones, donde sus opiniones e intereses son absolutos y exclusivos. Sus criterios y juicios en entrevistas, ponencias, escritos y ahora en las redes sociales… los da, como si fueran la última palabra, auto defendiéndose, sin opción de réplica.

Muchísimos juicios se han hecho en relación con el terrorífico drama carcelario, casi la totalidad sin una aproximación objetiva o afectiva y emocional con sus actores y víctimas. Muchos análisis solo enfocan los resultados o la búsqueda simple de culpables, sin enfocar ni mencionar los orígenes de esta realidad lacerante que está desangrando la Patria.

Desde la ética, todo derecho implica una obligación y ésta, una responsabilidad. La doble moral ha hecho que este axioma sea prescindido o relativizado, cada quien opina y actúa como si los derechos individuales fueran absolutos e ilimitados, y esto lleva a una aberración.

La Constitución vigente, con su carácter garantista, alimenta una interpretación y aplicación con una visión individualista y de absolutos, como si los derechos humanos no fueran universales. Si no integramos y asumimos este elemento de universalidad en la cotidianidad y desterramos de nuestro comportamiento individual y social el “yoyismo”, seguiremos erróneamente ratificando que los derechos son individuales, absolutos y sin límites, ignorando y desconociendo que los derechos humanos incluyen a todos, sin excepción de ninguna clase.

El problema carcelario del Ecuador históricamente rezagado, es muy complejo y en el que están involucradas instituciones estatales, responsables de administrar justicia y de controlar y desarrollar planes y proyectos de rehabilitación social.

La barbarie carcelaria no afecta ni compete exclusivamente a la población encarcelada, es un problema que implica e incumbe a todos, debe causarnos dolor e indignación. Sus causas tienen origen en la descomposición y crisis del país y, en consecuencia, el enfrentarlo y darle una solución eficiente y eficaz, es también responsabilidad de todos. Los medios de comunicación, entre otros, juegan un rol importante para promover alternativas viables.

Los primeros obligados en buscar, encontrar y dar una solución de fondo a esta problemática, no solo de maquillaje, son los funcionarios públicos de las cinco funciones del Estado, superando el "yoyismo”. No cabe la evasión de responsabilidades de ninguno de ellos, de manera conjunta y dejando al margen la “politiquería”, deben trabajar urgente y arduamente para encontrar una solución, pues si no se concretan y aplican los correctivos necesarios y suficientes, el problema carcelario seguirá intacto y hasta puede complicarse aún más.

La Comisión Justicia y Paz hace un llamado a las autoridades competentes a analizar seriamente la realidad carcelaria, a implementar y tomar decisiones integrales frente a la violencia, decisiones que deben transformarse inmediatamente en acciones concretas e integrales por el bien de todos.  · #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 22 de agosto de 2021

Carta No. 94: Los subsidios: ¿a quiénes y por qué?

 Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 94 – 22 de agosto 2021

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Los subsidios: ¿a quiénes y por qué?

La solidaridad expresa de buena forma el vínculo entre la sociedad y el individuo.  Es una acción decidida que prioriza el bien común por sobre el bien individual".  (Mons. Fernando Chomali, "El rol del Estado: el principio de subsidiariedad", junio 2020)

La subsidiariedad es uno de los principios característicos de la Doctrina Social de la Iglesia y que fue presentado en la Encíclica Rerum novarum (1891).  Su formulación ha estado presente en referencia a la vida de la comunidad en cuanto a lo social, político o económico. La subsidiariedad es un principio de ética social que sistematiza la relación entre las personas, entre ellas y la sociedad en general, con el Estado en sus distintos niveles, y aún en la dimensión internacional.

Desde lo económico, un subsidio es una ayuda monetaria que recibe una persona o entidad de parte del Estado a efecto de compensar carencias o inequidades en sus ingresos. En el país tenemos algunos subsidios, entre ellos el de Desarrollo Humano o aquellos aplicables a la tarifa eléctrica, a los combustibles, al gas doméstico, entre otros.

El subsidio a los combustibles es el más conocido y polémico, y el que más conflicto ha generado, pues su eliminación ocasiona la subida del costo de la gasolina y el diésel. El Ecuador, en los últimos 10 años, anualmente ha gastado alrededor de 3 mil millones de dólares en este subsidio, lo que representa el 3% de PIB, el 22% de las exportaciones de petróleo y el 17% del Presupuesto General del Estado.

La severa crisis fiscal, la obligada derogatoria del decreto ejecutivo 883 que eliminaba los subsidios a los combustibles (octubre 2019) y las sugerencias del FMI para la firma del acuerdo de financiamiento, llevaron al gobierno anterior a fijar el precio de los combustibles mediante el sistema de bandas (mayo 2020), que regula los precios de los derivados de acuerdo a los costos internacionales del petróleo.

Técnicamente es favorable que la comercialización se dé a precios reales, pues evita el contrabando, impide que se beneficien los grupos sociales y económicos de mayores ingresos (transportistas, industriales, extranjeros) y permite reorientar esos recursos hacia los sectores más necesitados. Sin embargo, socialmente el tema es muy sensible, tanto que en nombre del pueblo, surgen discursos radicalmente opuestos a la eliminación de este subsidio, con lo que favorecen a la injusta distribución de los recursos del Estado y paradójicamente perjudican al pueblo que dicen representar y defender.

Sobre el tema, el Gobierno sostiene que el sistema de bandas de precios de los combustibles debe continuar; e invita al diálogo a la Conaie, para buscar acuerdos y reorientar esos fondos en beneficio de quienes más lo precisan.

Si bien la oposición y resistencia son derechos constitucionales, existe una actitud cultural negativa basada, muchas veces, en el desconocimiento y la arrogancia que conducen al grito y la confrontación, acciones lejanas a la subsidiaridad y solidaridad. La búsqueda de réditos políticos o económicos no cede y como casi siempre el Ecuador pierde, y más aún quienes carecen de oportunidades de educación, empleo, salud, de una vida digna. Subsidios sí, pero para quienes más necesitan pues están en clara desventaja y sumidos en la extrema pobreza.

Asumamos corresponsablemente el futuro del país, superemos la confrontación dañina. Despojémonos de intereses grupales, económicos, partidistas, raciales y demos paso a un proceso democrático de reflexión y trabajo conjunto que lleve a construir justicia y gobernabilidad, en paz.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 25 de julio de 2021

Carta No. 90: "Ama killa, Ama llulla, Ama shwa" No ser ocioso, No mentir, No robar

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 90 – 25 de julio 2021
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"Ama killa, Ama llulla, Ama shwa"
No ser ocioso, No mentir, No robar

"Hoy reflexionamos sobre el séptimo mandamiento del decálogo: «No robarás» Lo primero que nos viene a la mente es el tema de la sustracción o retención ilícita de los bienes ajenos, y el debido respeto a la propiedad de los demás. En toda cultura, robar es inaceptable, pues todas defienden el derecho a poseer bienes".  Papa Francisco: catequesis, 7 noviembre 2018.

En Ecuador carecemos de tiempo para reponernos de un escándalo, cuando ya enfrentamos otro. Es impresionante la cantidad de denuncias que salen a la luz y se las identifica en cualquier ámbito y lugar; su magnitud puede ser desde lo sencillo y cotidiano hasta los más grandes actos de corrupción. El ruido de estas acciones que involucra a todas las clases sociales ensordece al país y lacera la dignidad nacional.

El abuso y sobreabuso del poder ha delineado un comportamiento social que fractura la ética nacional.  Los enloquecidos por el dinero se han metido en el centro del poder y han tejido verdaderas redes y mafias que superan las barreras legales, mientras someten y sobornan a jueces y fiscales, quienes les permiten salir airosos de los escándalos y de alguno que otro juicio.

Contrario a este holocausto ético, hay una máxima que desde tiempos inmemorales los pueblos ancestrales la han inculcado y vivido intensamente: el "Ama killa, Ama llulla, Ama shwa", que significa, No ser ocioso, No mentir, No robar.  Frase incluida en la Constitución de 1998.

Una norma de vida simple y sencilla, pero con un contenido profundo, que representan un conjunto de valores ancestrales y principios éticos que fortalecen los compromisos individuales y colectivos y permiten mejorar la convivencia social y comunitaria, optimizar la eficiencia y transparencia de la administración pública, promover el desarrollo integral y sostenible y mantener un comportamiento moral y coherente. Es un llamado para que las instituciones, los servicios y los servidores públicos sean eficientes, responsables, efectivos, inclusivos, ambientalmente responsables y transparentes en todas las acciones que ejecuten sin favoritismos ni proteger nada que esté en contra de la ley y la ética.

Dejar de ser ociosos y trabajar, dejar de mentir y decir la verdad, dejar de robar y ser honrados, son exigencias impostergables para todo ciudadano. Si lo hacemos realidad como país y sociedad gestaríamos una revolución de proporciones inimaginables puesto que quedaría atrás toda forma de acumulación indebida, toda ambición ilegítima de poder y se desterraría toda forma de corrupción. Los compadrazgos y palanqueos se archivarían, los ecuatorianos cumpliríamos con la Constitución y las leyes y, en consecuencia romperíamos el círculo vicioso de la pobreza, la marginación, la explotación, la injusticia, la corrupción, la impunidad.

"Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común, la hermana y madre tierra" señaló del Papa Francisco en el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares (Bolivia, 2015).

Para salir de esta degradación ética, moral y de la crisis económica, política, cultural, ambiental en la que estamos sumergidos, sin dudar, debemos rechazar todo llamado al delito, venga de donde viniere y hacer nuestra norma de vida aquel "Ama killa, Ama llulla, Ama shwa".  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 20 de junio de 2021

Carta No. 85: La justicia ha de ser justa

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 85 – 20 de junio 2021

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La justicia ha de ser justa

“Recuerden siempre que cuando una justicia es realmente justa, esa justicia hace feliz a los pueblos y dignos a sus habitantes. Ninguna sentencia puede ser justa, ni ninguna ley legítima si lo que producen es más desigualdad, si lo que producen es más pérdida de derechos, indignidad o violencia”.  (Papa Francisco, discurso a jueces, 2020).

En efecto, como nos dice el Papa, la administración de justicia tiene que ser justa, pero para ello es indispensable saber ¿qué es la justicia?, ¿cuál es su concepto? Para responder estas interrogantes encontramos que hay estudiosos que consideran que la justicia es un concepto ético y si bien para cada persona puede tener connotaciones distintas, estas pueden resumirse en una definición general que dice que, justicia es actuar con objetividad, verdad e igualdad otorgando lo que cada uno merece y que sus valores son la equidad, la libertad y la igualdad.

Para Séneca "nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía", por lo tanto, la justicia tiene que ser oportuna, eficaz, acertada, imparcial, sin favoritismos ni predilecciones, sin demora ni dilaciones, pues "justicia que tarda no es justicia".

En Ecuador, el artículo 167 de la Constitución dice: “La potestad de administrar justicia emana del pueblo y se ejerce por los órganos de la Función Judicial y por los demás órganos y funciones establecidos en la Constitución”.  Y el art. 168 determina que “la administración de justicia, en el cumplimiento de sus deberes y en el ejercicio de sus atribuciones, aplicará (entre otros) los siguientes principios: (1) Los órganos de la Función Judicial gozarán de independencia interna y externa. Toda violación a este principio conllevará responsabilidad administrativa, civil y penal de acuerdo con la ley.  (4) El acceso a la administración de justicia será gratuito. La ley establecerá el régimen de costas procesales".

La Constitución es clara, especifica condiciones y formas de la administración de justicia y del sistema procesal que se deben aplicar en su ejercicio, sin embargo, se puede comprobar que la administración de justicia con frecuencia no es justa. En el pasado inmediato no hubo independencia de Funciones, bien sea por la designación amañada de jueces o por una clara influencia extrajudicial en las sentencias.  Muchas veces no existió o no se aplicó el debido proceso.

Uno de los aspectos más importantes en la administración de justicia debe ser la gratuidad, pero en la práctica es una quimera, una fantasía, ya que más allá de los costos procesales, los costos reales, generalmente producto de la corrupción son inmensos; y no son solo financieros sino también sicológicos, de tiempo, energía y desperdicio de recursos.  ¡Cuántas lágrimas, dolor y sufrimiento para muchos infelices que cayeron en causas demandantes de justicia!

Las personas más vulnerables, muchas veces, por causas menores, reciben veredictos desproporcionados e injustos, más aún por ser pobres, suele ser un largo y triste calvario, mientras que para quienes poseen contactos y recursos económicos, son sentenciados a penas ínfimas y para colmo, generalmente obtienen dictámenes favorables a sus intereses. Estas y otras injusticias, más si son hechas en nombre de la justicia, acarrean renovadas y profundas violencias que muchas veces se manifiestan al interior de los centros de 'rehabilitación'.

Hay jueces justos, es preciso reconocerlo, pero es de imperiosa necesidad y urgencia el fortalecimiento del Sistema de Administración de Justicia, que destierren la corrupción y que cuenten suficientemente con todo tipo de recursos, sobre todo con ética, honestidad, transparencia, responsabilidad y sentido de servicio a la ciudadanía, como condición impostergable para generar justicia y paz en nuestro país.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 6 de junio de 2021

Carta No. 83: Entre la resistencia civil y la protesta

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 83 – 6 de junio 2021

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Entre la resistencia civil y la protesta

"…si la voluntad de los gobernantes contradice a la voluntad y a las leyes de Dios, los gobernantes rebasan el campo de su poder y pervierten la justicia.  Ni en este caso puede valer su autoridad, porque esta autoridad, sin justicia, es nula" (León XI, Diuturnum lllud, 11).

La principal misión del poder es el bien común, hacia el que debe orientarse toda acción política de gobernantes y gobernados.  Vivir dentro del marco de la Constitución y la Ley demanda y exige que todos, sin excepción, las cumplamos sin pretextos ni privilegios. El momento que se fractura esta dinámica, nacen las injusticias, los desencuentros, las insatisfacciones, los reclamos… y pueden generarse circunstancias que motiven la desobediencia civil o popular, pero es conveniente analizar y evaluar hasta qué punto o en qué medida es justa, pertinente, viable…

La desobediencia civil es cualquier acto o proceso de oposición pública a una ley o una política adoptada, cuando quienes desobedecen tienen conciencia de la ilegalidad de lo dispuesto o de su inconveniencia para la búsqueda del bien común.

El derecho a la resistencia es un conjunto de conductas que se expresan en el enfrentamiento con el poder, bien con la protesta en las calles, o también jurídico, como el desconocimiento o negación de la legitimidad de quien gobierna o de la emisión de disposiciones arbitrarias desde el poder ejecutivo, legislativo o judicial, que son contrarias a la Constitución y leyes, en contra de la dignidad humana. La obligación del ciudadano, del cristiano en particular, es obedecer a Dios antes que a los hombres.

Hay un deber ético del poder, potenciar los pensamientos y acciones de los 'otros', especialmente de los más débiles y que deben ser tomados en cuenta por quienes ejercen ese poder. Si son ignorados o engañados, paulatinamente se generan una serie de descontentos que van perfilando manifestaciones, al comienzo mínimas pero que van creciendo como una bola de nieve.  Si se las desconocen se pueden volver incontrolables y con consecuencias demasiado graves.

Las manifestaciones, huelgas, paros son estrategias de desobediencia que utilizan los sectores que se sienten ignorados, perjudicados o despreciados por medidas económicas, políticas, sociales que golpean directamente su cotidianidad y que son tomadas a sus espaldas y sin consideración alguna a su realidad.

Cuando el poder es ejercido sin tomar en cuenta al pueblo y se implementan medidas sin dialogar ni consensuar acuerdos que permitan ejecutarlas con impactos mínimos para los sectores más vulnerables, surge una resistencia pasiva que se niega a aceptarlas; si esas medidas se sostienen a pesar del reclamo pacífico, el nivel de protesta se incrementa y se estructuran otras formas de desobediencia, generalmente más violentas.

Sin embargo, también se pueden manipular los instrumentos de la resistencia civil cuando se promueven protestas, paros y otras acciones injustificadas, con el objetivo de crear el caos y se abran las puertas para acciones que se definen como revolucionarias en busca de transformar la situación y el orden actuales. El abuso de la protesta es tan o más nocivo que la imposición injustificada del poder.

Mientras haya una perspectiva de entendimiento para tender puentes y derribar muros entre el poder y el pueblo, las predisposiciones a la desobediencia se minimizan y se generan alternativas de encuentro para juntos encontrar soluciones y salidas a la complicadísima crisis social, política, económica, ética y sanitaria en la que estamos sumergidos como país.  ·  #ComuniquemosEsperanza

  

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jueves, 29 de abril de 2021

Carta No. 78: Estado Laico SI, Sociedad Laica NO

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 78 – 2 de mayo 2021

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Estado Laico SI, Sociedad Laica NO

"Un Estado debe ser laico.  Los Estados confesionales terminan mal.  Esto va contra la Historia.  Creo que una laicidad acompañada de una sólida ley que garantice la libertad religiosa ofrece un marco para avanzar." (Papa Francisco, 2016)


El Ecuador quiere ser una sociedad libre, participativa y solidaria, sin exclusiones ni dogmatismos, comprometida con su autodesarrollo y el progreso de la humanidad.

El Estado para lograr sus fines de universalidad, debe estar a resguardo de cualquier convicción particular, religiosa o no, que pudiera pretender ventajas para sus adeptos en perjuicio de los demás. La laicidad del Estado es necesaria para garantizar que el "poder de todos, el Estado", esté al servicio de una sociedad plural en donde hay diversidad de etnias, lenguas, culturas, etc.

El Estado ecuatoriano es laico, en buena hora, y debemos ser guardianes de esta libertad no sólo constitucional, sino constitutiva de la propia naturaleza humana.

Pero, hay personas que abusivamente, mal utilizando la laicidad del Estado, pretenden el desalojo público de lo religioso, para reducirlo a lo privado o íntimo, sin que tenga alguna repercusión social. Históricamente, a nivel mundial, todo gobierno absolutista y tirano, cualquiera que haya sido su orientación política, ha intentado manipular lo religioso con esta artimaña.

No podemos confundir "laicidad del Estado" con "sociedad laica", confusión dañina que destruye lo que la laicidad del Estado pretende, esto es, la libertad y pluralidad social. El Estado laico es garante de la libertad, mientras que, por el contrario, la sociedad laica implica la negación social del hecho religioso o al menos del derecho a vivir la fe en sus dimensiones públicas.

La laicidad del Estado requiere la separación y neutralidad frente a las religiones, pero no debe suponer ni pretender una sociedad laica, homogeneizada y masificada. Tanto como el fundamentalismo religioso, la intolerancia religiosa atentan a la libertad y por ende a la dignidad de la persona.

Las grandes religiones, incluida el cristianismo, no son doctrinas abstractas para el alma del individuo, sino proyectos de convivencia humana y con la 'hermana naturaleza'; ofrecen cosmovisiones que se concretan en normas morales que procuran el bien de la persona y de toda la sociedad.

Las visiones peyorativas de la religión, con sus tesis absolutistas, ignoran componentes significativos de la racionalidad y la motivación humana y terminan relativizando el compromiso ético y cívico de las personas. El filósofo y sociólogo Habermas, afirma que el secularismo antirreligioso rompe los vínculos democráticos y aniquila la solidaridad de la que se nutre el Estado.

Negar el inmenso aporte de la Iglesia Católica a la humanidad en sus más de 2000 años es de ciegos o de necios, la historia y los millones de beneficiarios de orfelinatos, asilos, comedores, escuelas, etc., son los mejores testigos.

Hay personas que han contribuido con su trabajo y testimonio, con su entrega total y sin límites, en la que han dejado todo, hasta su vida, por los más pobres y vulnerables. Somos testigos que desde su fe y el amor a Dios han cuestionado sistemas injustos, reclamando equidad, inclusión, formando personas que piensen, cumplan sus responsabilidades y reclamen sus derechos… esas tareas silenciosas, perseverantes, muchas veces las desconocemos y hasta las negamos por temor a ser interpelados en nuestra comodidad y aburguesamiento.

Sintámonos contentos de ser parte de una comunidad de creyentes que conscientes del don recibido, la fe, estamos comprometidos a trabajar por una sociedad fraterna, libre y solidaria, en unión de todos los demás seres humanos sin distingos.  ·  #ComuniquemosEsperanza



Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 21 de febrero de 2021

Carta No. 68: La universidad: ¿esperanza de un mejor Ecuador?

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 68 – 21 de febrero 2021

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La universidad:

¿esperanza de un mejor Ecuador?

 

La Universidad encuentra su preeminencia en cuanto sede de la razón, porque de las instituciones sociales, es la única en la que dos características esenciales del ser humano se encuentran como constituyentes igualmente fundamentales: el diálogo y la indagación.  (Hernán Malo González sj).

 La universidad actual enfrenta una difícil misión para constituirse, conforme a su razón de ser, en auténtica comunidad de diálogo e indagación.  La verdad, la ciencia y la técnica son tres rasgos que le caracterizan y diferencian de cualquier otra institución.  Ser una comunidad académica de docentes y estudiantes que, desde la investigación y diálogo, trabaje arduamente por alcanzar y hacer realidad estas características, le proyecta como alternativa de desarrollo integral.

La experiencia comunitaria académica, complementariamente deriva otra tarea muy importante: formar, capacitar y entrenar nuevos profesionales en las diferentes áreas que respondan a las necesidades nacionales.  Contemporáneamente se insiste en que cualquier ejercicio humano y más si es racional debe realizarse en forma ética; en consecuencia, la universidad, debe incentivar una reflexión y compromiso deontológico en todos sus miembros.  En el caso de las universidades católicas hay una tarea adicional: que busque una síntesis entre razón, ética y fe.

El ser y tarea de la universidad, adquiere pleno sentido cuando está comprometida con las realidades concretas del país y de su gente.  Su responsabilidad ineludible es comprometer y exhortar a todos sus miembros para que con rigurosidad, laboriosidad, exigencia y cumpliendo con los más altos cánones de calidad a nivel universal, describan, expliquen y busquen salidas viables y factibles encaminadas a solucionar los problemas y necesidades del país y de su población.

La universidad ecuatoriana tiene grandes retos: retomar el camino de la ciencia, la investigación rigurosa y la tecnología, para dinamizar el desarrollo nacional.  Debe ser crítica y autónoma frente a las prácticas político-partidistas y a los gobiernos de turno.  Reivindicar su rol de formadora de líderes leales al pueblo, seres humanos coherentes y éticamente incorruptibles, eficaces y eficientes en las competencias de su profesión y altamente comprometidos con la sociedad y el bien común.

Una universidad clara en sus objetivos, académicamente solvente, seria y responsable en lo que oferta y produce, incorruptible en todos sus frentes, sensible al pueblo más pobre y vulnerable.  Una universidad que, desde y para la sociedad, labore incansablemente para convertirse en agente que genere cambios, bienestar y que promueva caminos para mejorar la calidad de vida de todos.

El gobierno nacional y la propia universidad tienen que fortalecer el sistema educativo, cuyo nivel superior será la propia universidad, pero esta prioridad nacional tiene que ser objeto de políticas de Estado por encima de políticas gubernamentales transitorias.

Al ser la educación uno de los servicios fundamentales del Estado, tiene que ser de máxima calidad, tanto en establecimientos públicos como privados.  No podemos aceptar la mercantilización de la educación particular en cualquiera de sus niveles, como tampoco la desvalorización y masificación de la educación pública.

Los difíciles tiempos en que vivimos, reclaman con urgencia el pronunciamiento de la academia - las universidades.  Una reflexión rigurosa y comprometida que presente soluciones viables a la múltiple crisis que estamos viviendo y soportando.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.