Con los
ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión
ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 365
– 1 de noviembre, 2026
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¡El pueblo gime de dolor!
“Por
eso, para que puedan resistir en los momentos difíciles y quedar
definitivamente victoriosos, revístanse con la armadura de Dios: que su
cinturón sea siempre la verdad; su coraza, la justicia; su calzado, la
prontitud para anunciar el Evangelio de la paz; que la fe les sirva siempre de
escudo para protegerlos y apagar las flechas incendiarias del enemigo malo;
pónganse el casco de la salvación y empuñen la espada del espíritu, que es la
palabra de Dios”. Efesios 6, 13,17
“Los
desafíos del Ecuador son grandes, pero ninguno mayor que custodiar la unidad de
nuestro pueblo” (Comunicado de los Obispos del Ecuador, octubre de 2026, COE 10
26).
Para
custodiar la unidad del pueblo es impostergable atender y satisfacer sus
múltiples necesidades, relacionadas con la salud, garantizando medicinas y
equipamiento para los hospitales; proporcionando una educación de calidad,
especialmente en los sectores rurales; y enfrentando la violencia y la
inseguridad. Además, “la ley debe ir de la mano del respeto a los derechos
humanos, del debido proceso, de condiciones dignas en los centros de privación
de libertad y de un sistema de justicia probo e independiente” (COE 10 2026),
para que toda la población pueda confiar en las instituciones que administran
justicia en nuestro país.
Esta
acción debe ser conjunta entre autoridades y ciudadanía, entre instituciones
públicas y privadas, dejando de lado los intereses particulares de grupos y
personas vinculadas al poder. Por eso, los obispos expresan: “Exhortamos a los
actores de la vida nacional a superar la polarización, privilegiar el diálogo
sincero y buscar acuerdos que pongan en el centro a los más pobres” (COE 10
2026).
Poner a
los pobres en el centro de la vida del país significa orientar las decisiones
políticas, económicas y sociales hacia las necesidades de las personas más
vulnerables, combatiendo la marginación y garantizando servicios de educación y
salud que protejan su dignidad y favorezcan su desarrollo integral.
Una de
ellas es dar prioridad a la inversión social en el presupuesto y en las
políticas públicas. El Estado debe destinar sus recursos a solventar las
falencias existentes en salud, educación, vivienda y servicios básicos, dando
especial atención a las poblaciones más vulnerables antes que a proyectos
secundarios o privilegios fiscales.
En esta
misma línea, es necesario que el Estado impulse políticas redistributivas y
revise los sistemas de impuestos y subsidios para que la riqueza circule con
mayor equidad y se reduzca la brecha entre ricos y pobres. También debemos
avanzar hacia una “economía con rostro humano”, donde el éxito del país no se
mida solo por el crecimiento del PIB o las ganancias empresariales, sino por la
mejora real de las condiciones de vida, especialmente de los sectores menos
favorecidos, considerando tanto los indicadores macroeconómicos como la
economía cotidiana y el desarrollo humano.
No se
trata de contar con un “papá Estado” en modo “regalón” y asistencialista,
creando bonos o entregando ayudas sin una visión de largo plazo. Se trata de
trabajar para que las personas más pobres sean protagonistas del cambio social,
familiar y personal, con herramientas y metodologías encaminadas a construir
una vida digna.
No basta
con mirar a los más pobres con lástima. Debemos reconocer su dignidad, derechos
y responsabilidades, superar la indiferencia y aprender a mirar a cada persona
con los ojos del Buen Samaritano. El Estado y la sociedad deben atender con
prioridad el dolor del pueblo y trabajar para mejorar sus condiciones de vida.
Si los
pobres se convierten verdaderamente en el centro del desarrollo nacional,
podremos decir que empezamos a construir la paz. “La paz no es solo la ausencia
de violencia: es fruto de la justicia, de la verdad, del perdón y del
encuentro. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino” (León
XIV, Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz).
“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará
vuestros corazones y sentimientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4,7). #ComuniquemosEsperanza
Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es
una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de
reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar
y proponer alternativas, a través de estas cartas.