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domingo, 9 de agosto de 2026

carta No. 353: La longevidad es memoria viva

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 353 9 de agosto, 2026
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La longevidad es memoria viva

“Dios nunca abandona a sus hijos. Ni cuando la edad avanza y las fuerzas flaquean, cuando aparecen las canas y el estatus social decae, cuando la vida se vuelve menos productiva y corre el peligro de parecernos inútil…No dejemos de mostrar nuestra ternura a los abuelos y a los mayores de nuestras familias, visitemos a los que están desanimados o que ya no esperan que un futuro distinto sea posible. A la actitud egoísta que lleva al descarte y a la soledad contrapongamos el corazón abierto y el rostro alegre de quien tiene la valentía de decir “¡no te abandonaré!” y de emprender un camino diferente” Papa Francisco, 25 de abril, 2024.


Los adultos mayores son parte vital de la memoria viva de nuestros pueblos. Ellos conocen historias que no están en los libros, recuerdan acontecimientos que las nuevas generaciones desconocen, conservan la cultura y las tradiciones, transmiten valores y custodian experiencias que nos permiten comprender quiénes somos. Como sociedad y como familia tenemos ante nosotros varias disyuntivas: ¿somos capaces de respetar y valorar lo que aportaron y aportan los ancianos o preferimos seguir dándoles la espalda?, ¿somos conscientes de lo que perdemos si los descartamos? Ellos son muy importantes en el tejido social. También mantienen y transmiten nuestra fe, y representan la esperanza y el amor de Dios.

La longevidad es la etapa más larga de la vida, que llega después de un extenso camino de trabajo, rutinas, luchas e historias llenas de recuerdos alegres, acumulados con la experiencia y la sabiduría de los años; o, al contrario, con el dolor de frustraciones y fracasos sufridos, que con mucho valor superaron en su debido tiempo. Por su aporte y por el sendero recorrido, merecen una longevidad digna, que supere el edadismo, el olvido y la ingratitud. Respeto, consideración, buen trato, compañía, cercanía, cariño, afecto y amor les deben las familias, la sociedad y el Estado.

Es una edad a la que se puede llegar sin aspavientos, con el acompañamiento, el cariño y la cercanía de las personas amadas; pero que, en muchas ocasiones, está poblada de ausencias: amigos cercanos que ya partieron a la eternidad, otros que simplemente se alejaron y familiares que los abandonaron.

Al final del camino de la vida, antes de que caiga definitivamente el telón de la existencia, puede llegar el deterioro físico asociado con la dependencia, la vulnerabilidad y la fragilidad, generadas por una enfermedad más o menos complicada, compleja y larga, hasta llegar a la inevitable extinción terrenal.

Las familias que acompañan a sus mayores en los últimos años fortalecen vínculos de gratitud, cuidado y amor. Sin embargo, para muchos adultos mayores la realidad es muy distinta: la vejez puede significar soledad, abandono, pobreza, enfermedad y falta de apoyo. Esta situación afecta tanto a comunidades rurales, marcadas por la migración de los familiares, como a las ciudades, donde también persisten formas dolorosas de abandono.

Es responsabilidad del Estado, de la sociedad y de las familias cuidar y atender a los adultos mayores, definidos como un grupo de atención preferencial por la Constitución de la República en los artículos 36 y 37. Sin embargo, esos derechos se incumplen. Vivimos en una sociedad donde el individualismo y la pérdida de valores promueven y aceleran su descarte.

Ese descarte lo viven muchos ancianos invisibilizados por la sociedad, que carecen de acceso a servicios de salud, medicación, cuidado y compañía. Un sinnúmero de ellos, incluso, han sido abandonados por sus propios familiares.

La Biblia nos ofrece, en el libro de Rut, una historia de fidelidad y cuidado. Noemí, que era viuda, perdió a sus dos hijos en Moab y dio libertad a sus dos nueras para que cada una pudiera rehacer su vida. Sin embargo, Rut se quedó con ella y regresaron juntas a Belén. Sus palabras siguen siendo profundamente conmovedoras: “No insistas en que me vaya y te abandone. Iré adonde tú vayas, viviré donde tú vivas; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios” (Rut 1,16).

¡Muchos adultos mayores necesitan escuchar de nosotros: “No te abandonaré”! #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

 


domingo, 2 de agosto de 2026

carta No. 352: La Longevidad: ¡Nueva potencialidad!

 

 


Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 352 2 de agosto, 2026
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         La Longevidad: ¡Nueva potencialidad!

“Los abuelos son las raíces de un pueblo.” (Papa Francisco).

Quiero decirles: ¡no tengan miedo de la fragilidad! Propiamente esta debilidad lleva consigo una nueva potencialidad que ilumina también las demás edades de la vida. De hecho, cuando es aceptada y reconocida, la fragilidad «abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar: la reconciliación profunda de los corazones y con ello la paz verdadera». (Papa León XIV).



Cada 18 de julio celebramos el Día del Jubilado. Jubilación viene de jubileo, época de descanso. Para quienes tuvieron trabajo es el cierre de la etapa del tiempo laboral, el paso de la rutina diaria con horario a un tiempo “libre”, que se combina con diversos cambios en la vida de la persona, desde lo físico y económico hasta lo social y lo espiritual.


En Ecuador crece el número de adultos mayores. Se abre una etapa después de los sesenta años que puede durar tres o incluso cuatro décadas. El porcentaje de personas mayores de 60 años ha pasado de 7,2% en el 2000 al 11,8% en 2026, mientras que la esperanza de vida aumentó de 48 años en 1950 a 79 años en 2026.


Hoy esta realidad se reconoce como la “la nueva longevidad”, mientras la nueva longevidad nos invita de manera propositiva a un tiempo de posibilidades, crecimiento y esperanza, la vejez evoca el final de una etapa, la obsolescencia o la inutilidad.  Es una fase de vida que no está dirigida a esperar la muerte, sino a preguntarse ¿cómo vivir?


Surgen entonces preguntas fundamentales: ¿está preparada la sociedad para acoger a un número cada vez mayor de adultos mayores? ¿Estamos preparados para vivir esta etapa de la vida?


En nuestro país existe una paradoja: contamos con un marco constitucional y legal que reconoce y protege los derechos de los adultos mayores, comenzando por el derecho a la seguridad social, pero la realidad es diferente: apenas el 27,26% de los adultos mayores cuentan con la protección de la jubilación del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social. La jubilación es un derecho para todos, pero en la práctica se ha convertido en una excepción, un privilegio amenazado por su progresivo debilitamiento. ¿Qué ocurre con el 72% que no cuenta con la protección de la jubilación? Enfrentan situaciones de pobreza, abandono y soledad que afectan especialmente a las mujeres adultas mayores: el 59% carece de ingresos propios. La situación es aún más grave en el campo, donde permanecen niños y adultos mayores mientras los jóvenes emigran en busca de mejores oportunidades.


En la jubilación se encierra retos y las oportunidades. El riesgo es pasar de una vida laboral activa a un tiempo vacío; de una sociabilidad construida en el trabajo a la pérdida de vínculos y la soledad. Se requiere “aprender” a reconstruir esta nueva etapa. La clave de una buena longevidad está en prepararse para conservar la autonomía física, económica, afectiva y social, reconociéndose siempre como sujeto de derechos.


Los jubilados de hoy pertenecen principalmente a las generaciones conocidas como “Baby Boomers” y “Generación X”, han vivido la segunda mitad del siglo XX y viven el inicio del siglo XXI, nacieron en un mundo analógico y habitan en lo digital. Su misión es ser puente entre las raíces y la memoria histórica, con el fundamento del presente y del futuro. Como dice el Papa Fracisco, “los abuelos son las raíces de un pueblo”.


Los adultos mayores que no tienen jubilación pasan una serie de penurias y carencias, viven del apoyo de sus familiares, de la asistencia pública, o en algunos casos, de la caridad en condiciones de abandono. Son los “descartados” de la sociedad.


La longevidad implica también responsabilidades para la familia, la sociedad y el Estado. El desafío consiste en superar el viejismo y dejar de considerar a las personas mayores como una población sobrante, para reconocer sus capacidades, su sabiduría y su contribución al desarrollo del país y asumir que son sujetos con derechos. En los pueblos originarios y en muchas comunidades, los mayores son honrados como fuente de sabiduría y memoria.

Juntos podemos devolver a los adultos mayores el sentido original de jubileo: un tiempo de descanso y “ocio”, de bienestar y adecuada atención médica; un tiempo abierto al disfrute, al crecimiento personal y a la realización de proyectos postergados por las obligaciones laborales y familiares. Los adultos mayores son memoria y proyección. La misión no consiste en recordar su pasado, sino comprometernos con su presente y su futuro. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 26 de julio de 2026

carta No. 351: El FEPP y el desarrollo integral

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 351 26 de julio, 2026
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         El FEPP y el desarrollo       integral

“…El verdadero desarrollo, es el paso, para cada uno y para todos de condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas” (No. 20, Encíclica Populorum Progressio, Papa San Paulo VI).

 

El Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio (FEPP) es fruto de la renovación eclesial impulsada por el Concilio Vaticano II (1962-1965), la encíclica Populorum progressio del papa san Pablo VI (1967) y la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Medellín (1968). Estos acontecimientos marcaron un cambio en la comprensión del papel de la Iglesia, más cercana a los pobres y comprometida con la justicia social y el desarrollo humano integral.

Mons. Cándido Rada se inspiró en el llamado del papa san Paulo VI en la Populorum progressio (el desarrollo de los pueblos) para constituir un fondo mundial que limitara los recursos destinados a la guerra y promoviera el desarrollo de todos los pueblos con dignidad y fraternidad. En 1970, Mons. Rada creó en Ecuador el FEPP, un fondo para el desarrollo integral, asumiendo que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz".

Primer obispo de Guaranda y responsable de Cáritas, Mons. Rada comprendió, desde su experiencia pastoral, que la caridad tradicional era insuficiente para responder a las profundas desigualdades sociales. Recién llegado a Guaranda promovió la distribución de tierras entre familias campesinas y emprendió programas de vivienda popular, educación, alfabetización y organización comunitaria. 

El FEPP nació en el seno de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana con el aporte de sacerdotes, laicos y profesionales comprometidos con el desarrollo del país. Juntos participaron en el diseño de la nueva institución, coincidieron en la necesidad de crear un fondo de crédito dirigido a los sectores populares para apoyar iniciativas productivas con criterios de justicia y solidaridad, alejándose tanto del asistencialismo como de la lógica exclusivamente financiera.

El 22 de julio de 1970 obtuvo su personería jurídica como fundación sin fines de lucro, inspirada en la Doctrina Social de la Iglesia, con una clara opción preferencial por los pobres y espíritu ecuménico. Su patrimonio inicial fue una donación de Mons. Rada, proveniente del obsequio recibido con ocasión de sus veinticinco años de ordenación episcopal. Ese mismo año concedió el primer crédito a una organización campesina del Carchi, iniciando una trayectoria que ha transformado la vida de cientos de miles de familias ecuatorianas.

Desde sus inicios, el FEPP entendió que el desarrollo debía ser integral. Además del financiamiento, impulsó la formación de organizaciones populares, la capacitación, la asistencia técnica, la producción sostenible, la comercialización, el acceso a la tierra, la economía solidaria, la construcción de viviendas dignas, los sistemas de agua potable y riego, así como el cuidado del medio ambiente. Son formas efectivas de luchar contra la pobreza. Esta visión le ha permitido evolucionar y adaptarse a los cambios sociales, económicos y ambientales del país, sin perder su identidad fundacional.

Actualmente se define como Grupo Social FEPP con oficinas regionales, empresas sociales, un banco que apoya las finanzas populares, una fundación educativa y una empresa de construcciones sociales.

Desde su fundación, el FEPP ha acompañado cada año a más de 150.000 personas, alrededor de 2.000 organizaciones campesinas, indígenas, afroecuatorianas. montubias y urbano-populares y 200 de segundo grado. Su trabajo trasciende la ejecución de proyectos para convertirse en una propuesta de desarrollo territorial basada en la participación, la solidaridad y el protagonismo de las propias comunidades.

Continúa fiel a la intuición de su fundador: la lucha contra la pobreza exige generar oportunidades, fortalecer capacidades y reconocer la dignidad de cada persona. Su historia demuestra que el desarrollo supera el crecimiento económico e implica construir comunidades más justas, inclusivas y solidarias. Inspirado por el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, el FEPP es un referente nacional para el desarrollo humano integral, recordando que la verdadera transformación comienza cuando las personas más excluidas se convierten en protagonistas de su propio futuro.  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 19 de julio de 2026

carta No. 350: Con claridad Dios nos habla hoy

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 350 19 de julio, 2026
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         Con claridad Dios nos habla hoy

“El Señor te da su Palabra, para que puedas aceptarla como la carta de amor que escribió para ti, para hacerte sentir que está a tu lado. Su Palabra nos consuela y nos anima. Al mismo tiempo, provoca la conversión, nos sacude, nos libera de la parálisis del egoísmo. Porque su Palabra tiene este poder: cambia la vida, hace pasar de la oscuridad a la luz”. Papa Francisco.

¿Cómo, cuándo y dónde nos habla Dios hoy? En medio del ajetreo cotidiano, su voz puede pasar desapercibida, como un eco que suena sin que sepamos escucharlo.

Su voz puede estar sonando fuerte y, sin embargo, pasamos sin darnos cuenta, por la prisa que llevamos para cumplir con nuestras tareas. Ocupados en nuestros pensamientos, lo tenemos olvidado, ignorado, descartado, excluido, negado. Pero Dios es “porfiado, necio, insistente”: pese a nuestra sordera, indiferencia o ceguera monumental, sigue hablando y sigue manifestándose abundantemente.

Basta detenernos, escuchar y ver: donde hay amistad y amor, ahí está el Señor; donde hay solidaridad e inclusión, ahí está el Señor; donde hay paz y justicia, ahí está el Señor. Hoy, para hablarnos, el Señor no utiliza necesariamente una voz física; se comunica a través de mediaciones concretas, cotidianas, espirituales, culturales y comunitarias. Dios sigue hablando activa y fuertemente a través de varios canales:

1.      La Sagrada Escritura -La Biblia—: es Palabra viva, activa y efectiva. Si la leemos con el corazón abierto y reflexionamos profundamente, el Espíritu Santo actualiza el mensaje para dar respuestas concretas a los problemas actuales.

2.      Los acontecimientos de la vida cotidiana: Dios habla a través de la realidad.

3.      El silencio y la oración de discernimiento: Dios se manifiesta en el silencio interior. Allí nos habla fuerte y claro. No se trata de la ausencia de sonido, sino del espacio donde se acallan los ruidos externos para sentir la guía del Espíritu.

4.      Los más necesitados y los pobres: el Evangelio y el magisterio social enfatizan que Dios “grita” a través del sufrimiento de los oprimidos, los descartados, los excluidos, los enfermos y los vulnerables. Su realidad interpela la conciencia del creyente.

5.      La creación y la naturaleza: el orden, la belleza y la inmensidad del universo actúan como un lenguaje no verbal que revela el carácter, el cuidado y la grandeza de Dios.

Dios nos habla de muchas maneras y por medio de múltiples mensajeros; por eso debemos aprender a escucharlo en la Palabra, en la realidad y en los más vulnerables. A lo largo de la historia, muchos testigos del Evangelio escucharon a Jesús, se dejaron transformar por su Palabra e hicieron vida las Bienaventuranzas, anunciando el Reino de Dios y comprometiéndose con los pobres.

En tiempos actuales, en Ecuador, tenemos ejemplos de testimonios de vida de pastores que evidencian la escucha y la presencia viva y elocuente de Jesús, como Mons. Leonidas Proaño, Mons. Cándido Rada, Mons. Alejandro Labaka, Hna. Inés Arango, Mons. Luis Alberto Luna, Mons. Gonzalo López Marañón, P. José Carollo, P. Lauren Fernández, Santa María Troncatti y Mons. Néstor Herrera. En Latinoamérica también destacan Fray Bartolomé de las Casas, San Alberto Hurtado, San Óscar Arnulfo Romero, Santa Laura Montoya, Dom Hélder Câmara, P. Ignacio Ellacuría, Mons. Pedro Casaldáliga, Mons. Samuel Ruiz, Mons. Sergio Méndez, el papa Francisco, entre otros.

Estas personas se entregaron por completo a la causa del Reino. Escucharon a Jesús en los más humildes, se dejaron inquietar y convertir por su Palabra, y con sus vidas sembraron semillas de paz, justicia, liberación, solidaridad e inclusión, anunciando el Reino de Dios con alegría y sencillez.

Dios nos habla hoy claramente a través de la realidad y de su Palabra. Es la realidad la que nos acerca a Dios, y es su Palabra la que nos ilumina, nos guía y orienta a los creyentes para seguir tras las huellas de Jesús.  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 12 de julio de 2026

carta No. 349: Las candidaturas: baile de máscaras

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 349 –12 de julio, 2026
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         Las candidaturas: baile de máscaras

 “El total es superior a la parte, y la realidad es superior al conflicto. Siempre hay que buscar la realidad y no perderse en el conflicto. Si no se produce este cambio de corazón, la política corre el riesgo de convertirse en una confrontación, a menudo violenta, para hacer triunfar las propias ideas, en una búsqueda de intereses particulares más que del bien común". Papa Francisco.


La democracia es el mejor, o tal vez el menos malo, de los sistemas políticos conocidos. Lo han dejado claro, a lo largo de los años, los mensajes papales y la Doctrina Social de la Iglesia. En Ecuador, desde 1979, con algunos altibajos y diversos sucesos de cuestionada legalidad, vivimos en democracia. Pero es tiempo de cuestionarnos: ¿hemos fortalecido nuestro sistema democrático o es apenas un remedo, un ritual vacío reducido a elecciones y a votar cuando nos dicen que debemos hacerlo? ¿Sentimos y sabemos lo que es realmente la democracia, o es algo que no nos interesa y creemos que solo es cuestión de los politiqueros?


El Consejo Nacional Electoral convocó a elecciones para gobiernos autónomos descentralizados y el Consejo de Participación Ciudadana, previstas para el 29 de noviembre de 2026, aunque debían realizarse en febrero de 2027. El cambio fue justificado por la posible llegada del fenómeno de El Niño, pero esta y otras decisiones cuestionables han limitado la participación de varios partidos y movimientos, generando dudas sobre la limpieza e imparcialidad del proceso.


Estamos en la primera etapa del proceso. Los partidos y movimientos deben seleccionar, en eventos de democracia interna, a sus candidatas y candidatos. Es aquí cuando se mueven las fichas, se producen acomodos, alianzas y lo que hemos denominado el “baile de máscaras de las candidaturas”. ¿Son serios estos procesos de democracia interna? ¿Son realmente democráticos u obedecen a decisiones previas de los “dueños y caciques” de las organizaciones políticas?


Por otra parte, ¿qué consistencia ideológica y calidad ética tienen las futuras candidatas y candidatos? ¿Contribuirán al bien común de sus poblaciones con honestidad, planes, proyectos, ideas y soluciones prácticas para resolver los problemas de sus localidades? ¿Presentarán programas realizables o solo serán promesas demagógicas que aumentarán la futura frustración de sus votantes?


Ciertamente, no podemos generalizar; sin duda, entre los postulantes hay personas honestas y capaces. Sin embargo, queda la sospecha de que muchos de ellos son figuras de paja, sin raíces ni fondo, que basarán su campaña en cuentos, cuñas publicitarias y redes sociales, usando inteligencia artificial para vender humo, engañar, generar división o conflictos, y manipular descaradamente a la población, como advierte el papa León XIV en su encíclica Magnífica humanitas.


Dejemos de lado la indiferencia política, el «quemeimportismo» y la anomia. Decir que “todos son iguales y no van a solucionar mis problemas ni los de mi familia, sino solo yo” es dejar nuestro presente y futuro en manos de faranduleros de la politiquería. Estas actitudes son el caldo de cultivo para seguir permitiendo la corrupción, la impunidad, la mentira y los abusos desde el poder. La inacción de los buenos es, muchas veces, más grave que las acciones de los malvados. El miedo y el terror generados por la violencia son otro factor paralizante de la movilización social.


Es un círculo vicioso del que solo saldremos si asumimos nuestras responsabilidades como ciudadanos, si somos capaces de analizar con espíritu crítico la idoneidad de los candidatos y sus trayectorias previas, sus historias familiares y de vida. Hacerlo de forma conjunta, a través de la reflexión en nuestras comunidades, barrios y grupos, es urgente y necesario para identificar los verdaderos intereses detrás de esas candidaturas. Aquí y ahora, el discernimiento político es una obligación moral y ética. Ya el Señor nos advertía sobre los falsos profetas vestidos de ovejas que, en realidad, son lobos rapaces: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,16).  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.