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domingo, 16 de enero de 2022

Carta No. 115: La Paz es Educación

  

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 115– 16 de enero 2022

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La Paz es Educación

“…la instrucción y la educación… constituyen los principales vectores de un desarrollo humano integral: hacen a la persona más libre y responsable, y son indispensables para la defensa y la promoción de la paz. …son las bases de una sociedad cohesionada, civil, capaz de generar esperanza, riqueza y progreso” (Papa Francisco - 55 Jornada Mundial de la Paz, enero 2022).


Históricamente, nuestro sistema educativo ha tenido un desarrollo desigual y diferenciado, fruto de inequidades socioeconómicas y una ineficaz cobertura de los servicios públicos. Si bien existe un aumento de cobertura, gratuidad de la enseñanza pública, impulso a la inclusión, crecimiento de tasas de matriculación; existe también un mínimo incremento del financiamiento, asimetrías marcadas entre zonas urbanas y rurales, con tasas de acceso inferiores al promedio nacional pese al incremento en la cobertura para grupos étnicos y más empobrecidos. La mala calidad de la educación es evidente.

En la Constitución vigente, la educación es definida como un derecho de las personas y un deber ineludible e inexcusable del Estado. Y, dispone que la educación debe centrarse en el ser humano y su desarrollo integral… En la realidad, estos enunciados son solo retórica estéril e ineficaz. La crisis educativa se ha acrecentado con el covid 19 y se ha constituido en un desafío nacional que demanda acciones inmediatas.

Antes de la emergencia sanitaria, aproximadamente 268 mil niños, ya estaban fuera del sistema educativo; 187 mil tenían rezago escolar de más de dos años; 7 de cada 10 estudiantes de 7mo. grado de EGB tenían un nivel insatisfactorio en lenguaje y matemáticas; 6 de cada 10 estudiantes consideran que están aprendiendo menos. Se estima que el 22% carecen de acceso a internet.

La pandemia obligó al cierre de las instalaciones educativas, pasando a la virtualidad, lo que afectó a más de 4.4 millones de estudiantes, especialmente a los más pobres y vulnerables. Al mismo tiempo, los ingresos económicos se redujeron en el 84,3% de los hogares, obligándoles a abandonar sus estudios.

Si bien las familias se esfuerzan en tener herramientas que ayuden a sus hijos a continuar con sus estudios, en muchas ocasiones, dicha conectividad es deficiente y solo 2 de cada 10 estudiantes cuentan con equipos para su uso personal.

En este contexto, de un día para otro, las salas, comedores, dormitorios e incluso patios se convirtieron en aulas improvisadas, en las que los padres de familia se transformaron en inexpertos facilitadores del aprendizaje y los estudiantes tuvieron que enfrentar la falta de internet, de equipos y autocapacitarse en las plataformas digitales para continuar con sus estudios.

La tecnología apoya a la educación y es muy eficaz, pero demanda planificación, recursos humanos y económicos, además de equipos con acceso a internet, plataformas adecuadas, capacitación a docentes, adaptación de las estrategias a los distintos entornos. La pandemia evidenció que el país no estaba preparado para el modelo educativo “on line”. La excelencia educativa en el país es solo una declaración. Lamentablemente los más pobres son los que reciben una educación deficiente.

“Es necesario forjar un nuevo paradigma cultural a través de «un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes, que involucre en la formación de personas maduras a las familias, comunidades, escuelas y universidades, instituciones, religiones, gobernantes, a toda la humanidad»" Papa Francisco.

Para que haya paz en Ecuador es necesario que la educación sea inclusiva, equitativa, con suficientes recursos humanos, sicopedagógicos, económicos, con infraestructura de primera, con excelencia académica, con docentes bien remunerados…  La Paz es educación.  ·  #ComuniquemosEsperanza

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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas

domingo, 29 de agosto de 2021

Carta No. 95: Nueva Normalidad… ¡Normalidad Nueva!

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 95 – 29 de agosto 2021

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Nueva Normalidad…

¡Normalidad Nueva!

"«Una emergencia como la del covid-19 es derrotada en primer lugar con los anticuerpos de la solidaridad».  Lección que romperá todo el fatalismo en el que nos habíamos inmerso y permitirá volver a sentirnos artífices y protagonistas de una historia común y, así, responder mancomunadamente a tantos males que aquejan a millones de hermanos alrededor del mundo".  (Un plan para resucitar, Papa Francisco, abril 2020).

La pandemia del Covid cambió la humanidad. Algo inexplicable y nuevo pasó, estuvimos "encerrados", el miedo se apropió y ni autoridades ni científicos acertaban a actuar… meses muy complejos y llenos de incertidumbre. Los investigadores continuaron estudiando al virus y decodificando su comportamiento, formas de transmisión, síntomas, tratamiento e iniciar un trabajo maratónico para desarrollar la vacuna.

Las claves para evitar el contagio se concretaron en el uso de mascarilla, lavado de manos y distanciamiento físico: ¡el triángulo de la vida! y se convirtió en la esperanza para salvar al mundo y en un llamado para vacunarse. Cerca del 45% de los ecuatorianos ya se han vacunado con las dos dosis.

Después de 18 meses del inicio de la cuarentena, se habla de "regresar a la normalidad", de reactivación económica, de retomar las labores cotidianas, de volver a clases…, se siente el movimiento en las calles, parques, plazas, centros comerciales, en los encuentros familiares y sociales… todo vuelve a ser cotidiano.  Si bien el sistema de salud pasa por un momento de 'respiro' al menorar el número de hospitalizados, no dejan de atender a personas contagiadas, ahora más jóvenes o por alguna de las nuevas y agresivas variantes del covid-19.

¡No debemos bajar la guardia!  Aún en Ecuador el uso de la mascarilla, el lavado de manos y el distanciamiento físico junto con la vacuna, son una obligación.  Son las armas y escudo con que enfrentamos y combatimos los nuevos tiempos.

En septiembre, en forma progresiva, retornarán a clases presenciales y semipresenciales: 112 269 estudiantes de 1533 instituciones, en Sierra-Amazonía.  Ya son 2691 instituciones educativas que tienen sus Planes Institucionales de Continuidad Educativa (PICE) aprobados.

Enviar a nuestros hijos e hijas a clases presenciales genera alguna inseguridad y miedo…, ¿cómo se comportarán? ¿se contagiarán? y si es el caso ¿qué hacer? ¿cómo será el transporte? ¿cómo utilizarán la mascarilla y el alcohol?  Hay más dudas que certezas.  La recomendación es el diálogo familiar… si bien existen dudas, temores, angustias, a la vez hay esperanza y confianza en el nuevo tiempo de regreso a clases.

Es muy importante activar el "COE familiar" que planifique, diseñe e implemente todas las medidas de bioseguridad alrededor del regreso a clases. Una tarea conjunta y coordinada entre padres de familia, estudiantes, docentes, transportistas y autoridades de salud que trabajen en un "COE estudiantil" para prever todos los escenarios posibles y preparen las acciones pertinentes, orientadas a brindar seguridad personal y colectiva a los miles de estudiantes que regresan a clases.  Tarea titánica pero necesaria y urgente para garantizar la salud y el bienestar de la comunidad educativa.

"No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas.  Miran, voy a hacer algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notan? Trazaré un camino en el desierto, rutas en la llanura" (Is 43, 18-19).  Es esta "nueva normalidad" que nos invita a vencer el miedo, a guardar y cumplir con todas las normas de bioseguridad, a estar unidos y atentos, a cuidarnos y protegernos personal y colectivamente para enfrentar y vencer al covid 19.  ·  #ComuniquemosEsperanza

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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 1 de agosto de 2021

Carta No. 91: El escándalo de la desnutrición infantil

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 91 – 1 de agosto 2021
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El escándalo de la desnutrición infantil

“Duele constatar que la lucha contra el hambre y la desnutrición se ve obstaculizada por la ‘prioridad del mercado’ y por la ‘permanencia de la ganancia’, que han reducido los alimentos a una mercancía cualquiera, sujeta a especulación, incluso financiera.  Y mientras se habla de nuevos derechos, el hambriento está ahí, en la esquina de la calle, y pide carta de ciudadanía, ser considerado en su condición, recibir una alimentación de base sana.  Nos pide dignidad, no limosna”.  Papa Francisco, FAO – 2014.

En Ecuador la desnutrición crónica infantil afecta al 27,2%, es decir, a uno de cada cuatro niños menores 5 años y la situación es más grave si se mira solo el sector indígena donde 1 de cada 2 niños la padece y 4 de cada 10 presentan anemia.

En los primeros mil días de vida, contados desde la concepción hasta los 2 años, se genera el desarrollo neurológico, crecimiento del cerebro y fortalecimiento de la flora bacteriana. Por esta razón, la desnutrición comienza desde el embarazo, cuando la madre, también desnutrida, da a luz un hijo con peso bajo, que le predispone a tener dificultades de crecimiento y condiciona su pleno desarrollo dejando huellas en toda la vida.  No se ve a simple vista, pero está ahí, lo sufren y padecen millones de menores de edad en el país, América Latina y el mundo.

La desnutrición es un problema de salud pública, sobre todo en países en desarrollo como el nuestro, donde existe miseria, ausencia de servicios básicos para grandes sectores de la población, falta de un eficiente sistema de salud, desempleo, subempleo, entre tantas otras complicaciones. La desnutrición genera índices alarmantes asociados a factores sociales, culturales, religiosos, educativos, entre otros… una realidad presente que se ha agudizado por la pandemia. Donde los índices de desnutrición infantil deben haberse incrementado y su situación debe ser aún más crítica y por tanto, demanda atención urgente y prioritaria por parte del Gobierno y de las diferentes instituciones y organizaciones públicas y privadas que están vinculadas a la niñez.

La desnutrición afecta directa y negativamente al desarrollo sicocognitivo de los niños, lo que provoca un ingreso tardío al sistema educativo y también una mayor deserción escolar. Y cuando ya adulto, un mayor riesgo de enfermedades crónicas, menor productividad y, en consecuencia, dificultades para su inclusión laboral y social, razón por la que, el gobierno nacional debe emprender una tarea titánica para combatirla de manera eficiente, sin escatimar esfuerzos económicos ni técnicos para de una vez por todas, superarla.

Si bien el Estado, desde hace más de cuatro décadas, ha mantenido programas de atención a la niñez de los sectores vulnerables, por diversas razones, las tasas de desnutrición se han incrementado, de allí que esta realidad demanda una política estatal a mediano y largo plazo que no solo 'gaste' en alimentación y estimulación temprana, sino que desarrolle una propuesta integral en la que se busque crear fuentes de trabajo, dotar de servicios básicos, educación, salud, espacios lúdicos…, es decir, promover un cambio del modelo de desarrollo que rompa con el círculo perverso de la pobreza y miseria en el que viven millones de personas.

"Un niño que no recibe una nutrición adecuada en el futuro tendrá problemas de salud, aprendizaje y desarrollo integral real. Según OMS y OPS si no mejoramos de inmediato esta situación, Ecuador tendría después de 20 años una población con graves problemas de salud. Debemos actuar ahora porque la desnutrición es prevenible y es nuestro deber", señaló el presidente Lasso en junio de 2021.

Es un escándalo que exista hambre y malnutrición en un país que es rico en variedad de recursos.  Es hora de que todos pongamos nuestra atención y trabajo en cambiar esta realidad en beneficio de la niñez.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 27 de junio de 2021

Carta No. 86: Vacuna, responsabilidad social y reactivación económica

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 86 – 27 de junio 2021
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Vacuna, responsabilidad social y
 reactivación económica

“Creo que éticamente todo el mundo debería vacunarse.  Es una opción ética, porque te juegas tu salud, tu vida, pero también te juegas la vida de los demás”.  Papa Francisco, enero 2021

Según las noticias el proceso de vacunación registra un porcentaje de ausentismo de alrededor del 30%, y ante la crisis sanitaria por efectos del covid 19, la vacuna aparece como una solución real e inmediata. Pfizer, AstraZeneca, Sinovac y otras vacunas son la manera más segura de generar protección, al garantizar un alto grado de inmunidad, que a criterio de científicos y médicos especializados, evita enfermarse gravemente, el ingreso a los hospitales y la muerte.

Rechazar el proceso de inoculación de la vacuna, que tanto esfuerzo ha costado al mundo científico para producirla y al país para obtenerla por los enormes esfuerzos financieros, demanda una respuesta positiva y masiva de la ciudadanía.

“El mundo entero viene enfrentando desde hace más de un año una gran crisis, ocasionada por la pandemia del covid 19, la misma que ha causado dolor, lágrimas, muertes y sufrimiento.  Pudiéramos decir que no hay familia que no haya sufrido en carne propia los efectos de este mortal virus”, expresó la Conferencia Episcopal Ecuatoriana. En ese contexto, resistirse a la vacuna es un acto de irresponsabilidad para con uno mismo, con la familia y con la sociedad entera. No hay motivo válido para negarse a la vacuna, lo que si hay son inventos absurdos, supuestos infundados, mentiras, noticias falsas que causan zozobra y confusión sin contenido ecuánime ni sustentable.

Vacunarse conlleva, además, un compromiso con la economía del país, su reactivación está sujeta a que se retome una cierta normalidad, donde el Estado, la empresa y las personas, regresen a sus actividades cotidianas, produciendo y generando oferta de bienes y servicios, renta y demanda, elementos que configuran un ciclo económico virtuoso que permite mejorar el empleo y el consumo de las familias, tan venido a menos en este tiempo de pandemia.

En lo económico, no vacunarse significa condenar a la miseria, la desnutrición, el delito y la violencia a muchos hermanos ecuatorianos que necesitan, con urgencia, reactivar su economía. Y qué decir de las consecuencias sociales y sicológicas producto del encierro y las restricciones, que están afectando gravemente a cientos de miles de personas, ante lo cual la vacuna ofrece una alternativa de reincorporación a cierta normalidad.

Informarnos a través de canales oficiales y especializados, debe ser un compromiso de todos los ciudadanos para desechar aparentes verdades. La vacuna nos ofrece una luz de esperanza y de salida a esta crisis que lleva ya quince meses de tragedia para la humanidad, con casi 200 millones de contagiados y la pérdida de cerca de 4 millones de vidas.

Si exigimos derechos, cumplir nuestros deberes es una obligación. En este momento histórico, debemos colaborar con los esfuerzos del gobierno y las autoridades sanitarias para superar la pandemia, la crisis económica y social. Vacunémonos cuando nos corresponde según el calendario establecido, sin miedo ni temor.  Vacunarse es apostar por una vida digna y científicamente respaldada.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

sábado, 3 de abril de 2021

Carta No. 74: Las redes sociales: una versión del mundo

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 74 – 4 de abril 2021

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Las redes sociales:
una versión del mundo

“Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos.  El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral”.  (Papa Francisco: Mensaje para las Comunicaciones Sociales de 2016

La pandemia del covid 19 incrementó notablemente el uso de internet en el mundo.  Somos casi 5 mil millones, es decir, 5 de cada 7 personas en el planeta tenemos una conexión. Esta realidad tecnológica permitió que el confinamiento general no acabara con la economía, el comercio, el trabajo, la educación, la atención de la salud… entre otras, ahora forzosamente telemáticas. Es así que las aplicaciones y plataformas de video llamadas o reuniones, se instalaron aceleradamente en nuestra vida.

Los sectores populares adquirieron, de cualquier forma, computadoras y celulares, y contrataron internet para el teletrabajo, los telestudios y para comunicarse con los familiares... De repente, la tecnología se convirtió en la mayor necesidad básica. Al apuro, se inició la alfabetización tecnológica con los jóvenes como instructores.

Ahora sí, con celular en mano, pasamos a mirar y comprender l mundo, literalmente, desde una ventana o pantalla en alguna de las Redes Sociales. Las más populares en Ecuador, por millones de usuarios son: Facebook (13,3 M), Instagram (5,2 M), Linkedin (2,9 M), Tik Tok (2,3 M) o Twitter (1 M).

La magia, bondad, espejismo de las redes sociales es la posibilidad de interactuar en todos los espacios, de tener voz propia, por lo menos esa es la sensación, para expresarse y ser escuchado, de relacionarse… ¡la democracia ideal!  Un ir y venir de pensamientos y reflexiones inundan los chats y perfiles de millones. Sin tiempo para procesar ni responder a todo lo que llega… entramos en otra dimensión.

Ya tecnologizados, el mundo, la persona, se reducen a un conjunto de datos que dejamos por todos lados…  en las Redes Sociales, por ejemplo, es donde más huellas textuales y visuales consignamos: datos personales y referencias, a medida que las utilizamos, compartimos preferencias, opiniones, gustos, necesidades, etc.  El internet se llena de millones de datos que los clasifica, ordena y segmenta, para luego ser utilizados o manipulados por quienes comercializan esta información. Las empresas multinacionales de comercio, comunicación (entretenimiento), publicidad, mercadeo y, por cierto, aquellas que inciden en la política, las aprovechan a su gusto y satisfacción.

El lenguaje y forma de comunicarse en las redes sociales es interactivo, inmediato, individual, multimedia (texto, audio, video). Quien sabe y puede manejar o manipular los datos y el lenguaje, está en ventaja sobre los millones de usuarios. Pueden educar, informar, hacer ciencia o segmentar la publicidad y promocionar cualquier cosa o producto, desde un detergente hasta un candidato presidencial.

Así llegan a nuestras manos todo tipo de información y discursos que producen variado tipo de reacciones, que no son controlables y que pueden pasar del mundo virtual al real, a las calles. Las Fake News -noticias falsas que parecen creíbles-, o los discursos con fondo de odio, discriminación o desinformación, que siembran o justifican la violencia hacia el otro, son las que más se distribuyen. Hay que aprender a leer y escribir sin faltas de 'ortografía digital', caso contrario, somos presa fácil de engaño y seducción.  Debemos discriminar y reflexionar antes de redistribuir lo que recibimos.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.


domingo, 14 de marzo de 2021

Carta No. 71: La vacuna entre la injusticia y la esperanza

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 71 – 14 de marzo 2021

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La vacuna
entre la injusticia y la esperanza

 

“Hoy, en este tiempo de oscuridad y de incertidumbre por la pandemia, aparecen varias luces de esperanza, como el desarrollo de las vacunas. Pero para que estas luces puedan iluminar y llevar esperanza al mundo entero, deben estar a disposición de todos.” (Papa Francisco, 25 diciembre 2020). 

Los dos pontífices, el Papa Francisco y el Emérito Benedicto XVI, han recibido las vacunas contra el coronavirus y lo han hecho demostrando la necesidad de que todos acepten vacunarse como único camino para superar la pandemia. Su ejemplo es un llamado a la responsabilidad, no solo por la protección de cada uno, sino por el cuidado de los demás, de las personas que nos rodean y con quienes tenemos una mutua relación que debe estar signada por la fraternidad.

Para hacer efectivo el llamado, enfrentamos un serio problema: según la People’s Vaccine Alliance, solo las naciones más ricas, en las que vive el 14% de la población mundial, han adquirido el 53% de las vacunas… el restante (47% de vacunas) se repartirán el 86% del resto de la humanidad. Desde el origen ya está viciada de inequidad y desigualdad la repartición de las vacunas.

En los países pobres, la escasez de vacunas afectará especialmente a los más vulnerables, que probablemente serán los últimos en vacunarse, aunque son los más expuestos a la pandemia. Miles de millones de seres humanos que viven amortajados por el hambre, la enfermedad, el olvido.

En medio de esta debacle que de por sí aprieta y asfixia, han tenido que aprender a convivir y sobrevivir al coronavirus. Ellos no pueden quedarse en 'casa', tampoco pueden implementar medidas de bioseguridad ni adquirir las mascarillas recomendadas por estar fuera de su alcance, peor aún, alimentarse 'sanamente' para incrementar sus defensas. Están en las calles buscando un ingreso, se movilizan en transporte público, siguen con sus ventas ambulantes, se paran en esquinas a ofrecer sus habilidades, siguen cargando en los mercados, siguen minando, siguen labrando la tierra… siguen caminando incansablemente.

Todos necesitamos en forma urgente superar la pandemia, requerimos la vacuna. Vacuna que las potencias del mundo, en franca competencia, se precian de haber conseguido, cada vez con mejores índices de eficacia.  Logros y producción que se distribuyen, como se ha demostrado, en pocos países privilegiados, no llega a los pobres, a los menos desarrollados o si llega, lo hace a cuentagotas, como lo experimentamos en las semanas pasadas.

Las comparaciones no son buenas, a veces hasta resultan dolorosas, pero nos preocupa cuando vemos como países cercanos –Chile, por dar un ejemplo– logran procesos eficaces de vacunación, que llegan a inocular a grandes sectores de su población. Nosotros tenemos que lamentar, que a la fecha apenas un mínimo de ciudadanos ha logrado esta protección y no siempre son los que más la necesitan.  Anuncios oficiales parecen mejorar esta realidad y dan algo de esperanza.

Por alguna rendija debe irrumpir la esperanza, debe saltar alguna tecla que cambie esta injusta y horrenda desgracia, debe haber una luz que ilumine esa oscuridad para caminar al encuentro de los más pobres y necesitados. Por ahí deben estar los 'samaritanos' tendiendo sus manos, luchando por una sociedad que se conduele y actúa inmediatamente, sin pretextos inútiles. Cambiar esta inhumana barbarie es ineludible. Es el gran mensaje que deja a la humanidad esta poderosa pandemia que al mundo ha puesto de rodillas.  ·  #ComuniquemosEsperanza

  

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sábado, 13 de febrero de 2021

Carta No. 67: Más allá de las elecciones

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 67 – 14 de febrero 2021

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Más allá de las elecciones

 

“Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco. Esa destrucción de todo fundamento de la vida social termina enfrentándonos unos con otros para preservar los propios intereses...” (Laudato si’, Papa Francisco, 2015)

Uno de los primeros recuerdos de la vida escolar, que guardamos como un tesoro en la memoria y el corazón, se relaciona con los símbolos patrios.  Las notas del himno nacional, los colores de la bandera, el escudo, los nombres quienes marcaron nuestra historia. Así nace, se forma y desarrolla el sentido de pertenencia a una misma nacionalidad, que con diversidad de culturas, costumbres y tradiciones, responde a un mismo suelo llamado Patria.

Tras una jornada electoral intensa, en la que cumplimos con el deber cívico de elegir a nuestros gobernantes, debemos volver la mirada a lo inmediato. Volver los ojos a la familia, los amigos, al vecino, al compañero que junto a nosotros trabaja por el presente y el futuro de todos. Reconocer en el otro el esfuerzo y la voluntad para continuar dando lo mejor, en medio de una crisis sanitaria, económica, política y ética sin precedentes.

Como ecuatorianos debemos encontramos caminando juntos, compartiendo, construyendo, soñando, más allá de las discrepancias ideológicas o de preferencias políticas aún en disputa. Y es allí donde la presencia, la compañía, la cercanía, la sonrisa, el abrazo, el saludo, nos recuerdan que la vida sigue más allá de lo electoral y trasciende hacia lo humano. Esos gestos y actitudes nos permiten retomar el aliento y la fuerza para continuar trabajando en el proyecto de una nación justa, solidaria y equitativa.

Solo cuando estemos en capacidad de poner un límite a las diferencias y reconocer la dignidad de los demás, las necesidades y preocupaciones de quienes piensan, sienten y viven en condiciones distintas, podremos aspirar a un verdadero progreso como país. Una sociedad de justicia y paz. Es tiempo de cuestionar y superar aquello que causa división y genera odio. Necesitamos del aporte de todos para crear el país y el mundo que soñamos y que recibirán las futuras generaciones.

Recordando el terremoto del 2016, aún están las imágenes de niños, jóvenes y adultos gestionando donaciones y enviando desde los lugares más alejados víveres y medicinas a los hermanos afectados en la Costa ecuatoriana. La pandemia del covid 19 podría ser recordada en los hechos más trágicos y nefastos, o bien desde la valentía y el esfuerzo de tantos hermanos que han ofrecido, sin descanso, lo mejor de cada uno para salvar vidas, entregar alimentos, cuidar enfermos, etc. Los difíciles momentos que hemos superado como país, son la prueba tangible de que los ecuatorianos somos generosos, trabajadores, solidarios y honestos.

Esto no quiere decir que olvidemos la corrupción e impunidad y todas las atrocidades cometidas. Todo lo contrario, debemos exigir justicia.

Tenemos la opción de revivir una y otra vez los episodios que han fracturado y destruido al país o podemos priorizar las experiencias que nos han acercado. Es la hora de tender puentes, de estrechar las manos, de caminar juntos para derribar muros. Hay mucho que nos une como un pueblo con identidad propia, que aquello que nos separa. Todos somos ecuatorianos.  Todos somos hermanos y esperamos un futuro de todos y para todos.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 24 de enero de 2021

Carta No. 64: La Vacuna: Una luz de esperanza

 

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 64 – 24 de enero 2021

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La Vacuna: Una luz de esperanza

“Necesitamos interrogarnos más profundamente sobre el destino final de la vida, capaz de restaurar dignidad y significado al misterio de sus afectos más profundos y sagrados.  La vida del hombre, hermosa de maravillar y frágil de morir, va más allá de sí misma: somos infinitamente más de lo que podemos hacer por nosotros mismos.” (Papa Francisco, audiencia con la Pontificia Academia para la Vida, 2018).

Hay comportamientos humanos despreciables. Como si nos creyéramos superiores, eternos, indispensables, permanentes y además con actitudes prepotentes de abuso de nuestra casa común, provocando deterioros y daños irreparables.

Con el covid 19, la soberbia humana ha sufrido un sacudón gigantesco e inimaginable.  Nos hemos dado cuenta de lo frágiles que somos y que ninguna fortuna, propiedad ni seguro médico o de vida, nos puede librar del miedo a contagiarnos.  De pronto nos encontramos en medio de una pandemia, cara a cara con la muerte. El indispensable confinamiento paralizó al mundo, suspendiendo numerosas actividades presenciales. Nos encontramos frágiles, indefensos, llenos de temores, presa de incertidumbre, en un tiempo de oscuridad y zozobra.

Los científicos empezaron a trabajar contra reloj para encontrar una vacuna.  Varios laboratorios se empeñaron con todos sus recursos en esta labor: la investigación, la prueba–error, los procedimientos, los experimentos, los voluntarios, las fases…

Los resultados positivos de la vacuna para el covid-19 fueron noticia de primera plana en los medios y redes del mundo, sin duda, una esperanza para enfrentar a la pandemia. Los ojos de todo el planeta se enfocaron en los laboratorios, las organizaciones y negociaciones de los gobiernos, para su fabricación y distribución.

Las vacunas han encendido "luces de esperanza" en este tiempo de penumbra y escepticismo, pero para que estas luces lleven esperanza al mundo entero, tienen que estar a disposición de todos, ninguna persona puede ni debe ser excluida de su administración. Es una obligación ética y moral, que en palabras del Papa Francisco entenderíamos que “la ética es la medida universal del auténtico bien humano” (2019).

Y en la noche de la Navidad (2020), Francisco señaló, que "la ley del amor y de la salud de la humanidad" está por encima de "las leyes de mercado y las patentes" por lo que todos los estados, los organismos internacionales y las empresas deben "proponer la cooperación y no la competencia, y buscar una solución para todos". Así, el reto actual, inminente, impostergable es lograr "vacunas para todos.  Especialmente para los más vulnerables y más necesitados del planeta" sentenció.

Ni siquiera se debe considerar la posibilidad de no vacunarnos. Todos, sin excepción, debemos hacerlo. La vacuna es una alternativa encaminada a protegernos y a proteger al prójimo, de un posible contagio, “es una elección ética porque estamos jugando con nuestra salud y con nuestra vida, pero también estamos jugando con la salud y la vida de los demás” (cfr. Cardenal O Malley, 2021).

Debemos vencer al miedo a vacunarnos, recelo causado por opiniones contrarias, algunas con intencionalidades no claras y por falsas noticias que van y vienen en las redes sociales. Tengamos presente que el amor aleja el miedo. Vacunarnos es un acto de respeto, amor y solidaridad consigo mismo, con el prójimo y con toda la humanidad.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 4 de octubre de 2020

Carta No. 48: Empleo: deber y derecho social

 

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 48 – 4 de octubre 2020

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“…que a nadie le falte el trabajo y que todos sean justamente remunerados y puedan gozar de la dignidad del trabajo y la belleza del descanso.

 

El trabajo es lo que hace al hombre semejante a Dios, porque con el trabajo el hombre es un creador, es capaz de crear, de crear muchas cosas…”. Papa Francisco (1 mayo 2020).


Empleo: deber y derecho social

Ganarse el pan con el sudor de la frente, es decir con trabajo, da un sentido de realización a la actividad humana dentro de un programa de vida justo. De ahí que el trabajo es esencial e indispensable para todos ya que de él dependemos para vivir y mantener honradamente a nuestras familias.

La mortal y despiadada pandemia ha evidenciado aún más un problema estructural y social complejo: el desempleo. El mundo podría cerrar el 2020 con alrededor de 400 millones de personas sin trabajo, algo así como toda la población de América del Sur.

En Ecuador, oficialmente 13 de cada 100 personas aptas para el trabajo estarían en la desocupación, más de un millón, de los cuales casi 700 mil perdieron el empleo por la pandemia, mientras el 70% se debate en el subempleo y la informalidad y escasamente el 16.7% cuentan con un trabajo estable y adecuadamente remunerado (Inec).

Las cifras son trágicas, pero aún más trágica e impactante es la lacerante realidad que constatamos al caminar por nuestras ciudades, que despliegan pobreza y hambre. Los jóvenes y las mujeres están entre los grupos más golpeados. A ello se suma el deterioro de la situación laboral de muchos trabajadores, que en 2020 vieron reducidas sus horas de trabajo e ingresos por la disminución de la demanda, el cierre de empresas y la desvinculación de empleados públicos, que contradictoriamente a lo sugestivo del título de la Ley de Apoyo Humanitario, fue la que consagró su regreso a casa con las manos vacías y la desesperanza a cuestas.

El problema no termina ahí, las condiciones de vida de millones de personas se deterioran y arrastran graves consecuencias sociales como: falta de alimentación, vivienda, educación, en medio de hacinamiento, migración, inseguridad, etc., pasando de una condición limitada a una de supervivencia, donde no se logran satisfacer las necesidades vitales.  Las calles acogen a quienes no tienen otra opción que acudir a la informalidad para alcanzar el mínimo sustento familiar, todo ante la mirada impávida de gobiernos y políticos demagogos que ofrecen el oro y el moro en las campañas electorales, pero que una vez en el poder priorizan otros intereses en lugar de plantear soluciones a las más graves problemáticas.

Qué lejos se sienten la ley y la justicia, en vano la Constitución consagra que El trabajo es un derecho y un deber social, y un derecho económico (…)  El Estado garantizará a las personas trabajadoras el pleno respeto a su dignidad, una vida decorosa, remuneraciones y retribuciones justas y el desempeño de un trabajo saludable y libremente escogido o aceptado. (art. 33).

Sin embargo, y no obstante lo dicho, no solo el Estado es responsable de esta estructura defectuosa, inequitativa e injusta de la división de la sociedad en la repartición de la riqueza, TODOS somos corresponsables, cuando actuamos y favorecemos prácticas de discriminación, de individualismo, de ojos ciegos y oídos sordos frente a la corrupción, a la explotación laboral, cuando elegimos personas que buscan intereses personales, cuando somos indiferentes al DOLOR e INJUSTICIA de una sociedad que nos divide y nos vuelve narcisistas, ególatras e insensibles con el hermano.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

   

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.