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domingo, 28 de junio de 2026

carta No. 347: Un pastor con olor a oveja

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 347 28 de junio, 2026
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         Un pastor con olor a oveja

“El pastor es testigo de esperanza con el ejemplo de una vida firmemente anclada en Dios y totalmente dedicada al servicio de la Iglesia … La Iglesia en este tiempo de polarizaciones y contraposiciones, debe ofrecer un testimonio de unidad en la pluralidad, una comunión capaz de acoger la riqueza de los dones, de los carismas y sensibilidades que el Espíritu Santo suscita en el pueblo de Dios”. Papa León XIV.

El 24 de junio de 2026 recibimos la triste noticia del fallecimiento de Mons. Néstor Rafael Herrera Heredia. Sabíamos que su estado de salud era muy delicado. Durante todo este tiempo recibió los cuidados y la atención cercana de sus hermanos y familiares. Siempre estuvo acompañado. Muchas personas le expresaron su cariño a través de la oración y de sus visitas. Nunca estuvo solo.

Monseñor Néstor, nacido en 1933 en Pujilí, Cotopaxi, fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1957. Después de desempeñar diversos cargos pastorales, fue consagrado obispo el 14 de febrero de 1982 por Mons. José Mario Ruiz Navas, para servir en la Diócesis de Machala. Inmediatamente enfrentó los estragos causados por el fenómeno de El Niño y movilizó la acción social en favor de las personas damnificadas y más desprotegidas. Su labor pastoral se centró en las comunidades eclesiales de base, y promovió y apoyó a diversos movimientos eclesiales. Sirvió a la Diócesis de Machala durante 28 años, donde dejó una profunda huella humana y pastoral.

Impulsó la llegada de nuevos agentes pastorales y órdenes religiosas, como los Monfortianos; fortaleció la relación con los misioneros vascos y promovió servicios laicales en los ámbitos pastoral y social. También apoyó trabajos comunitarios, asociaciones laborales, dispensarios médicos y la Clínica-Hospital Esperanza de Machala, siempre al servicio de las personas más pobres y vulnerables.

Su acción social fue reconocida por autoridades nacionales y por la academia, que destacaron su defensa de los derechos humanos y de la naturaleza, así como su compromiso con la igualdad entre hombres y mujeres, sin discriminación ni violencia.

Fue presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, del FEPP y consejero del Movimiento Juan XXIII y de la Comisión Ecuatoriana de Justicia y Paz.

Como Comisión Ecuatoriana de Justicia y Paz, durante su enfermedad añoramos su presencia en nuestras reuniones y siempre lo tuvimos presente en nuestras oraciones. Fue un referente. Sus reflexiones y aportes, siempre enriquecedores, así como su palabra, apertura y ejemplo, representaron una luz orientadora que encaminó nuestro análisis y discernimiento sobre diversos temas de nuestra realidad, para luego compartir esas reflexiones, desde la realidad y la fe, con el pueblo de Dios a través de nuestras Cartas Semanales.

Esta carta expresa todo nuestro cariño, agradecimiento y admiración por Monseñor Néstor, así como nuestra solidaridad con sus hermanas, hermanos y demás familiares. Su partida es una prueba, pero, a la vez, una señal del amor de Dios, en cuya voluntad y misericordia siempre confió.

A Monseñor Néstor Herrera lo recordaremos como una persona afable, sencilla, cercana, disponible y siempre dialogante; un “pastor con olor a oveja”, como pedía el papa Francisco, involucrado con el pueblo y sus necesidades. Se hacía presente en las comunidades más alejadas y en los barrios marginales para compartir y expresar el amor de Dios con palabras de esperanza y acciones concretas. Fue un ejemplo del Buen Pastor que conoce a sus ovejas y entrega su vida por ellas (cf. Jn 10,11-16).

Fue un pastor ejemplar, de profunda humanidad y cercano a los más pobres, que acogió con calidez a quienes buscaron su consejo. Sentimos profundamente su partida y pedimos al Señor que lo reciba en su Reino, agradecidos por su vida, su testimonio y la semilla de Evangelio que dejó en nuestras comunidades.

Gracias, Padre, por la vida de Mons. Néstor Herrera Heredia. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 21 de junio de 2026

carta No. 346: Fútbol: entre la razón y la pasión

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 346 22 de junio, 2026
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         Fútbol: entre la razón y la pasión

“El fútbol nos recuerda algo que no debemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirnos por nuestra cuenta, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos… Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, aún no ha entendido el juego; quien no sabe vivir con y para los demás, aún no ha entendido la vida”. Mensaje del Papa León XIV antes del mundial 2026.


Pocas manifestaciones culturales movilizan tantas emociones, generan identidades colectivas y producen pertenencia como el fútbol. Más que un deporte, es un fenómeno social global que atraviesa fronteras, culturas, idiomas y clases. Millones de personas se reúnen en un estadio, frente a una pantalla o un teléfono, para compartir una pasión capaz de suspender, aunque sea por un momento, las divisiones cotidianas. Pero también encierra profundas contradicciones.

El fútbol es un poderoso espacio de integración social que une a las personas mediante emociones, símbolos e identidades compartidas. Los clubes representan comunidades y territorios, mientras la pasión futbolística se transmite entre generaciones, fortaleciendo vínculos y sentido de pertenencia.

El fútbol también alimenta sueños. Para millones de niños y jóvenes de sectores populares, la figura del futbolista exitoso simboliza la posibilidad de superar la pobreza, alcanzar reconocimiento y transformar el destino de sus familias. En los barrios humildes, una cancha improvisada es un espacio de esperanza y de proyectos de vida.

Sin embargo, junto a estas virtudes aparecen sombras. El fútbol contemporáneo es una industria global en la que los intereses económicos ocupan un lugar central. Los clubes son marcas, los jugadores se convierten en activos financieros y los aficionados, en consumidores.

Los grandes torneos movilizan miles de millones en publicidad, derechos televisivos, patrocinios y apuestas. Las camisetas cambian cada temporada para estimular las compras, los estadios se transforman en centros de consumo y las figuras deportivas promueven productos de todo tipo. La pasión colectiva se convierte así en una extraordinaria fuente de rentabilidad.

Esta mercantilización genera desigualdad. Mientras algunos empresarios y futbolistas acumulan fortunas, miles de jóvenes quedan fuera del sistema profesional, sin oportunidades reales. Los clubes millonarios concentran recursos y talento, ampliando las brechas con los más modestos.

Existe, además, una dimensión política. A lo largo de la historia, algunos gobiernos han utilizado los éxitos deportivos para fortalecer su legitimidad o distraer la atención de problemas estructurales. El entusiasmo de una victoria puede relegar los debates sobre pobreza, desempleo, corrupción, violencia o exclusión. El espectáculo opera como una válvula de escape emocional que permite olvidar las tensiones de la realidad.

El fútbol contemporáneo funciona como una especie de religión, con estadios, símbolos, rituales y héroes que despiertan fe y esperanza. Sin embargo, esta “religión futbolística” gira principalmente alrededor del espectáculo, la competencia y el consumo.

El fútbol es un espacio de encuentro, integración e identidad colectiva. Inspira disciplina, trabajo en equipo, esfuerzo y solidaridad, pero también puede convertirse en un instrumento de manipulación comercial, desigualdad o evasión frente a los problemas sociales.

Para que esta Copa del Mundo no se reduzca a un simple circo mercantilista, hay que orientarla hacia el bien y la bondad: “El éxito de un equipo es, efectivamente, el resultado de una serie de virtudes humanas: la armonía, la lealtad, la capacidad de amistad y de diálogo, la solidaridad. Se trata de valores espirituales que se convierten en valores deportivos. Ejercitando estas cualidades morales, podéis lograr que resalte todavía más la verdadera finalidad del mundo del deporte, marcado algunas veces por fenómenos negativos… ¡Sed campeones del deporte, pero sobre todo de la vida!” (papa Francisco, 25 de mayo de 2016). #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 14 de junio de 2026

carta No. 345: Poder y civilización del Amor

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 345 14 de junio, 2026
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         Poder y civilización del Amor

“En un mundo cada vez más interdependiente, la paz no es un tema entre otros, sino una condición del bien común universal y una prueba para la madurez moral de los pueblos, y especialmente de quienes son llamados a puestos de responsabilidad en el gobierno “.  Papa León XIV, Magnifica humanitas, n° 182.

El capítulo 5 de la encíclica Magnifica humanitas presenta la dicotomía entre la cultura del poder y la civilización del amor, dos caminos radicalmente distintos para el futuro de la humanidad.

En la cultura del poder, dominar a cualquier costo dicta los criterios de decisión, relegando el bien común a un segundo plano y reduciendo el drama concreto de los pueblos en guerra a algo secundario ante los intereses estratégicos (N.° 188). Los últimos sesenta años han estado marcados por conflictos feroces, que han afectado a los civiles, víctimas inocentes, y han provocado miles de refugiados, desestabilización social y heridas de larga duración (N.° 189).

Se pierde la memoria histórica; sin ella, los horrores de la guerra se convierten en decisiones políticas basadas en cálculos de fuerza (N.° 191). La guerra se libra a través de narrativas de amigo-enemigo, desinformación y miedo (N.° 192). Las industrias armamentísticas y los países que las suministran tienen un mercado que prospera gracias a los conflictos (N.° 193); por eso las guerras se alargan y es más fácil iniciarlas que detenerlas. La IA no libera al conflicto de su inhumanidad: solo lo hace más rápido e impersonal (N.° 198).

La crisis del sistema multilateral ha debilitado las instituciones internacionales. La globalización ha sido incapaz de garantizar el diálogo, la unidad y la paz; más bien, ha suscitado reacciones fundamentalistas, identitarias y nacionalistas (N.° 201). La fuerza del derecho internacional es sustituida por el “derecho del más fuerte” (N.° 202). Vivimos en una ceguera espiritual y cultural que normaliza errores gravísimos: los extremismos religiosos y los fanatismos, junto con un economicismo irracional, son terreno fértil para nuevas guerras, tal vez aún más peligrosas que las anteriores, incluso nucleares, pues se pierde todo límite ético (N.° 206-207).

Frente a esto hay que construir la civilización del amor, que no se agota en la denuncia del mal, sino que mira la historia desde Cristo, muerto y resucitado, que nos recuerda que conocemos la luz, que podemos vencer a las tinieblas y dar a la historia horizonte y dirección (N.° 210-211). Para hacerlo, tenemos que dar nuestro aporte y seguir adelante, sin desmayar, para que los problemas los superemos juntos.

Hay cinco vías de responsabilidad: desarmar las palabras, decir no a la guerra y a la violencia, y construir la paz desde la justicia, porque la verdadera paz solo nace de ella (N.° 215). También debemos asumir la mirada de las víctimas y “tocar la carne” de quienes sufren (N.° 216), recuperar un sano realismo que evite tanto el idealismo como el cinismo (N.° 218), y fortalecer el diálogo entre personas, pueblos y religiones, porque nadie puede usar a Dios para justificar el terrorismo, la violencia o la guerra (N.° 219-223). Finalmente, es urgente recuperar la diplomacia y el multilateralismo, orando por la paz y comprometiéndonos a hacerla realidad en nuestras relaciones y en la sociedad (N.° 229).

Como conclusión, la encíclica nos señala que, en la construcción de la civilización del amor, tenemos que asumir que todos somos parte de un solo cuerpo (1 Co 12,27), llamados a asumir un papel activo, sin refugiarnos en espiritualismos o en nuestros pequeños mundos. Debemos ser fieles a la verdad, invertir en educación, cuidar las relaciones y amar la justicia y la paz (N.° 236). El mensaje del Magnificat nos hace mirar el mundo desde abajo, desde los débiles, y no con la óptica de los poderosos (N.° 244). El Señor sigue haciendo nuevas todas las cosas y mantiene abierta, para cada época, la posibilidad de convertirse en historia de salvación (N.° 245).  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

sábado, 6 de junio de 2026

carta No. 344: Custodiar lo humano

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 344 7 de junio, 2026
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         Custodiar lo humano

Es necesario detenerse en algunos ámbitos en los que estas transformaciones tienen repercusiones muy concretas, a veces dramáticas. A la luz de los principios de la Doctrina social de la Iglesia, la transformación digital nos pide redescubrir la verdad como bien común, proteger la dignidad del trabajo y salvaguardar la libertad frente a toda dependencia y mercantilización  (Magnifica humanitas 131, papa León XIV).

El capítulo cuarto de la encíclica Magnifica humanitas nos convoca a “custodiar lo humano en la verdad, el trabajo y la libertad”. En una breve síntesis:

La verdad es un bien común. Las nuevas tecnologías y la IA han transformado los sistemas de información y comunicación, llegando incluso a alterar la realidad. A veces, en lugar de favorecer la participación, difuminan los límites entre la verdad y lo falso (N.° 132). Quienes controlan los medios, muchas veces al margen de la ética y la veracidad, pueden impulsar cambios culturales y convencer a multitudes sobre la verdad del ser humano, del mundo y de Dios (N.° 133).

La verdad es fundamental para una verdadera democracia. La comunicación no solo transmite información, sino que construye cultura e influye en la conciencia colectiva y en las decisiones diarias (N.° 135). Por eso, las redes deben ser espacios de maduración interior y pensamiento crítico, y se vuelve necesaria una ecología de la comunicación y una alianza educativa que ayude a niños, adolescentes y jóvenes a reconocer manipulaciones, defender su dignidad y respetar a los demás (N.° 142).

El trabajo, más que un simple instrumento, expresa y acrecienta la dignidad de nuestra vida (N.° 149), pero la automatización, la robótica y la IA transforman su estructura y pueden deteriorar la capacidad de los trabajadores y su creatividad. Por ello, la protección de los puestos de trabajo y el papel insustituible de la persona son fundamentales (N.° 152). Además de asegurar el sustento de las familias, la automatización debe proteger el empleo, la recualificación y la participación de los trabajadores, orientándose a liberar tiempo, desarrollar capacidades y evitar la exclusión (N.° 156).

La economía debe valorar la dignidad humana. Los modelos centrados en la eficiencia y el éxito tienden a considerar inútil invertir en quienes parten de situaciones de desventaja (N.° 158), mientras la renta del capital corre el riesgo de sustituir los ingresos del trabajo (N.° 160). Aunque la riqueza mundial crece, su concentración en pocas manos agrava los desequilibrios, lo que exige leyes más justas y políticas de redistribución que corrijan la desigualdad de la riqueza y del poder (N.° 164).

Se resalta que la familia es la primera sociedad natural, la célula fundamental e insustituible de toda organización comunitaria, pero actualmente es un bien social frágil (N.° 165 y 166), y los jóvenes enfrentan una precariedad laboral muy grave (N.° 167). Por ello, es crítico fomentar y defender el trabajo como un bien primario para la familia y para toda la sociedad (N.° 168).

La libertad debe protegerse frente a la dependencia y la mercantilización. Por eso es urgente promover un uso de la tecnología que fortalezca la libertad interior y proteja a los más vulnerables. También resulta peligroso el control social y una mentalidad tecnocrática que reduzca a la persona a un objeto manipulable.

Hay nuevas esclavitudes, y la lucha contra ellas constituye una prueba de fuego para el discernimiento ético de la IA, que puede conducirnos hacia nuevas atrocidades, no menos vergonzosas que las del pasado (N.° 174). También hay nuevas formas de colonialismo: territorios enteros con menor relevancia geopolítica y mayor fragilidad estructural se ven atravesados por una nueva lógica de extracción (N.° 178).

“Si la técnica se convierte en criterio absoluto, la persona corre el riesgo de ser tratada como un dato, un engranaje o una mercancía; si, por el contrario, se inscribe en un horizonte de sabiduría, puede convertirse en una oportunidad de crecimiento, justicia y fraternidad” (N.° 180).  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.