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domingo, 12 de julio de 2026

carta No. 349: Las candidaturas: baile de máscaras

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 349 –12 de julio, 2026
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         Las candidaturas: baile de máscaras

 “El total es superior a la parte, y la realidad es superior al conflicto. Siempre hay que buscar la realidad y no perderse en el conflicto. Si no se produce este cambio de corazón, la política corre el riesgo de convertirse en una confrontación, a menudo violenta, para hacer triunfar las propias ideas, en una búsqueda de intereses particulares más que del bien común". Papa Francisco.


La democracia es el mejor, o tal vez el menos malo, de los sistemas políticos conocidos. Lo han dejado claro, a lo largo de los años, los mensajes papales y la Doctrina Social de la Iglesia. En Ecuador, desde 1979, con algunos altibajos y diversos sucesos de cuestionada legalidad, vivimos en democracia. Pero es tiempo de cuestionarnos: ¿hemos fortalecido nuestro sistema democrático o es apenas un remedo, un ritual vacío reducido a elecciones y a votar cuando nos dicen que debemos hacerlo? ¿Sentimos y sabemos lo que es realmente la democracia, o es algo que no nos interesa y creemos que solo es cuestión de los politiqueros?


El Consejo Nacional Electoral convocó a elecciones para gobiernos autónomos descentralizados y el Consejo de Participación Ciudadana, previstas para el 29 de noviembre de 2026, aunque debían realizarse en febrero de 2027. El cambio fue justificado por la posible llegada del fenómeno de El Niño, pero esta y otras decisiones cuestionables han limitado la participación de varios partidos y movimientos, generando dudas sobre la limpieza e imparcialidad del proceso.


Estamos en la primera etapa del proceso. Los partidos y movimientos deben seleccionar, en eventos de democracia interna, a sus candidatas y candidatos. Es aquí cuando se mueven las fichas, se producen acomodos, alianzas y lo que hemos denominado el “baile de máscaras de las candidaturas”. ¿Son serios estos procesos de democracia interna? ¿Son realmente democráticos u obedecen a decisiones previas de los “dueños y caciques” de las organizaciones políticas?


Por otra parte, ¿qué consistencia ideológica y calidad ética tienen las futuras candidatas y candidatos? ¿Contribuirán al bien común de sus poblaciones con honestidad, planes, proyectos, ideas y soluciones prácticas para resolver los problemas de sus localidades? ¿Presentarán programas realizables o solo serán promesas demagógicas que aumentarán la futura frustración de sus votantes?


Ciertamente, no podemos generalizar; sin duda, entre los postulantes hay personas honestas y capaces. Sin embargo, queda la sospecha de que muchos de ellos son figuras de paja, sin raíces ni fondo, que basarán su campaña en cuentos, cuñas publicitarias y redes sociales, usando inteligencia artificial para vender humo, engañar, generar división o conflictos, y manipular descaradamente a la población, como advierte el papa León XIV en su encíclica Magnífica humanitas.


Dejemos de lado la indiferencia política, el «quemeimportismo» y la anomia. Decir que “todos son iguales y no van a solucionar mis problemas ni los de mi familia, sino solo yo” es dejar nuestro presente y futuro en manos de faranduleros de la politiquería. Estas actitudes son el caldo de cultivo para seguir permitiendo la corrupción, la impunidad, la mentira y los abusos desde el poder. La inacción de los buenos es, muchas veces, más grave que las acciones de los malvados. El miedo y el terror generados por la violencia son otro factor paralizante de la movilización social.


Es un círculo vicioso del que solo saldremos si asumimos nuestras responsabilidades como ciudadanos, si somos capaces de analizar con espíritu crítico la idoneidad de los candidatos y sus trayectorias previas, sus historias familiares y de vida. Hacerlo de forma conjunta, a través de la reflexión en nuestras comunidades, barrios y grupos, es urgente y necesario para identificar los verdaderos intereses detrás de esas candidaturas. Aquí y ahora, el discernimiento político es una obligación moral y ética. Ya el Señor nos advertía sobre los falsos profetas vestidos de ovejas que, en realidad, son lobos rapaces: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,16).  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

 

sábado, 4 de julio de 2026

carta No. 348: Movilizar la solidaridad

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 348 5 de julio, 2026
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         Movilizar la solidaridad

“Esto significa solidaridad. No es solo cuestión de ayudar a los otros, esto está bien hacerlo, pero, es más: se trata de justicia. La interdependencia, para ser solidario y fructífero, necesita raíces fuertes en la humanidad y en la naturaleza creada por Dios, necesita respeto por los rostros y la tierra”.  (Papa Francisco).


El Ecuador es una zona altamente sísmica. Está ubicado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, la zona de colisión de la placa oceánica de Nazca con la placa continental Sudamericana.  La peligrosidad sísmica varía según la región: muy alta amenaza en la Costa central y norte, sobre todo en Manabí y Esmeraldas. Alta amenaza en zonas de la Sierra centro-norte, incluyendo Quito y áreas cercanas a fallas geológicas. Esta sismicidad se ha vivido a lo largo de la historia con numerosos terremoto s que afectaron a varias poblaciones y causaron un sinnúmero de víctimas.

El terremoto de Riobamba en 1797, de magnitud estimada de 8.3, considerado el más devastador, destruyó por completo la antigua ciudad de Riobamba, dejó más de 12.000 fallecidos. El de Esmeraldas y Colombia en 1906, de 8.8 de magnitud, el de mayor magnitud instrumental registrado, provocó un devastador tsunami que causó entre 1000 y 1500 muertes. Ambato en 1949, magnitud 6.8, destruyó Ambato, Pelileo y otras localidades de Tungurahua. En Ecuador y Colombia en 1979, de magnitud entre 7.8 a 8.2, afectó las zonas costeras fronterizas y generó un fuerte tsunami con graves consecuencias en el Pacífico.

Los terremotos más recientes en Napo / Reventador, 1987, magnitudes de 6.1 y 6.9, a lo largo de las faldas orientales de los Andes y causaron estragos en la infraestructura petrolera y vial. En marzo de 1996 en Pujilí, Cotopaxi, superior a los 6 grados. El de Pedernales con magnitud 7.8 del 16 de abril de 2016, afectó a las provincias de Manabí y Esmeraldas, dejó más de 670 fallecidos, miles de heridos y destruyó varias localidades.

Los terremotos llegan sin avisar y la ciencia aún no puede alertar con anticipación estos eventos para evitar las víctimas mortales. El doble terremoto en Venezuela del 24 de junio de 2026, de 7.2 y 7.5 respectivamente, hasta la fecha se han reportado más de 2.000 víctimas fatales, cerca de 12.000 heridos, colapso de viviendas, edificios, vías de transporte. El dolor de miles de venezolanos es inmenso y están pasando momentos muy difíciles derivados de la devastación que dejaron estos eventos.

Los terremotos generan un drama humano profundo, desolador, devastador en quienes los viven y experimentan. Al no estar preparados ni educados para enfrentar y reaccionar apropiadamente, estas situaciones generan miedo, terror, confusión, incertidumbre y, desde luego muerte, es desolador mirar los efectos: miles de dramas, escenas abrumadoras, muertos y desaparecidos son las secuelas inmediatas. Los gobiernos y los entes especializados deben encargarse de la formación ciudadana al respecto y tener planes de contingencia de reacción inmediata en caso de un terremoto. Sin embargo, en muchos casos los medios públicos no alcanzan y, en algunos, lamentablemente se desentienden.

Ante estos acontecimientos se moviliza la solidaridad de pueblos enteros, que colaboran con vituallas, alimentos no perecibles, vestuario, medicinas, para cooperar de alguna manera y aplacar las múltiples necesidades de las poblaciones afectadas. Estos actos de solidaridad surgen espontáneamente con mucha generosidad. La desgracia convoca, moviliza y concretas acciones para tender la mano a las personas afectadas. También la Iglesia reacciona inmediatamente ante estas catástrofes con apoyo espiritual y material para los afectados.  En la experiencia ecuatoriana son las organizaciones populares, la iglesia y las ONG las que se movilizan para atender y dirigir la ayuda hacia las personas más afectadas.

"La palabra ‘solidaridad’ está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. ¡Es más! Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos” (Papa Francisco). En los desastres naturales se activa la solidaridad, pero es importante que esta sensibilidad y valores trasciendan las crisis humanitarias para reactivar una fraternidad universal, basada en el bien común y el amor pleno.  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.