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sábado, 4 de julio de 2026

carta No. 348: Movilizar la solidaridad

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 348 5 de julio, 2026
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         Movilizar la solidaridad

“Esto significa solidaridad. No es solo cuestión de ayudar a los otros, esto está bien hacerlo, pero, es más: se trata de justicia. La interdependencia, para ser solidario y fructífero, necesita raíces fuertes en la humanidad y en la naturaleza creada por Dios, necesita respeto por los rostros y la tierra”.  (Papa Francisco).


El Ecuador es una zona altamente sísmica. Está ubicado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, la zona de colisión de la placa oceánica de Nazca con la placa continental Sudamericana.  La peligrosidad sísmica varía según la región: muy alta amenaza en la Costa central y norte, sobre todo en Manabí y Esmeraldas. Alta amenaza en zonas de la Sierra centro-norte, incluyendo Quito y áreas cercanas a fallas geológicas. Esta sismicidad se ha vivido a lo largo de la historia con numerosos terremoto s que afectaron a varias poblaciones y causaron un sinnúmero de víctimas.

El terremoto de Riobamba en 1797, de magnitud estimada de 8.3, considerado el más devastador, destruyó por completo la antigua ciudad de Riobamba, dejó más de 12.000 fallecidos. El de Esmeraldas y Colombia en 1906, de 8.8 de magnitud, el de mayor magnitud instrumental registrado, provocó un devastador tsunami que causó entre 1000 y 1500 muertes. Ambato en 1949, magnitud 6.8, destruyó Ambato, Pelileo y otras localidades de Tungurahua. En Ecuador y Colombia en 1979, de magnitud entre 7.8 a 8.2, afectó las zonas costeras fronterizas y generó un fuerte tsunami con graves consecuencias en el Pacífico.

Los terremotos más recientes en Napo / Reventador, 1987, magnitudes de 6.1 y 6.9, a lo largo de las faldas orientales de los Andes y causaron estragos en la infraestructura petrolera y vial. En marzo de 1996 en Pujilí, Cotopaxi, superior a los 6 grados. El de Pedernales con magnitud 7.8 del 16 de abril de 2016, afectó a las provincias de Manabí y Esmeraldas, dejó más de 670 fallecidos, miles de heridos y destruyó varias localidades.

Los terremotos llegan sin avisar y la ciencia aún no puede alertar con anticipación estos eventos para evitar las víctimas mortales. El doble terremoto en Venezuela del 24 de junio de 2026, de 7.2 y 7.5 respectivamente, hasta la fecha se han reportado más de 2.000 víctimas fatales, cerca de 12.000 heridos, colapso de viviendas, edificios, vías de transporte. El dolor de miles de venezolanos es inmenso y están pasando momentos muy difíciles derivados de la devastación que dejaron estos eventos.

Los terremotos generan un drama humano profundo, desolador, devastador en quienes los viven y experimentan. Al no estar preparados ni educados para enfrentar y reaccionar apropiadamente, estas situaciones generan miedo, terror, confusión, incertidumbre y, desde luego muerte, es desolador mirar los efectos: miles de dramas, escenas abrumadoras, muertos y desaparecidos son las secuelas inmediatas. Los gobiernos y los entes especializados deben encargarse de la formación ciudadana al respecto y tener planes de contingencia de reacción inmediata en caso de un terremoto. Sin embargo, en muchos casos los medios públicos no alcanzan y, en algunos, lamentablemente se desentienden.

Ante estos acontecimientos se moviliza la solidaridad de pueblos enteros, que colaboran con vituallas, alimentos no perecibles, vestuario, medicinas, para cooperar de alguna manera y aplacar las múltiples necesidades de las poblaciones afectadas. Estos actos de solidaridad surgen espontáneamente con mucha generosidad. La desgracia convoca, moviliza y concretas acciones para tender la mano a las personas afectadas. También la Iglesia reacciona inmediatamente ante estas catástrofes con apoyo espiritual y material para los afectados.  En la experiencia ecuatoriana son las organizaciones populares, la iglesia y las ONG las que se movilizan para atender y dirigir la ayuda hacia las personas más afectadas.

"La palabra ‘solidaridad’ está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. ¡Es más! Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos” (Papa Francisco). En los desastres naturales se activa la solidaridad, pero es importante que esta sensibilidad y valores trasciendan las crisis humanitarias para reactivar una fraternidad universal, basada en el bien común y el amor pleno.  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.