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domingo, 18 de octubre de 2026

carta No. 363: DOMUND: 100 años impulsando la misión

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 363 – 18 de octubre, 2026
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   DOMUND: 100 años  impulsando la misión 

“Al admirar a los misioneros y misioneras, hago un llamamiento especial a toda la Iglesia: unámonos todos a ellos en la misión evangelizadora mediante el testimonio de la vida en Cristo, la oración y la contribución a las misiones. A menudo, como sabemos, “el Amor no es amado”, como dijo san Francisco de Asís. Papa León XIV, Jornada Mundial Misiones 2026.


Este año celebramos cien años del DOMUND (Domingo Mundial de las Misiones), instituido por el papa Pío XI en 1926. Se celebra el penúltimo domingo de octubre. Nació para despertar, animar y promover en la Iglesia la responsabilidad de sostener espiritual y económicamente las misiones, especialmente entre los pueblos y culturas que aún esperan el anuncio de la Buena Nueva.

Los misioneros salen al encuentro de la humanidad, especialmente de quienes sufren, viven en condiciones de pobreza y exclusión o necesitan recuperar la esperanza. Durante este siglo, el DOMUND ha sido un puntal fundamental de la acción misionera de la Iglesia en todo el mundo. La oración ha sostenido a miles de misioneros que han entregado su vida al anuncio del Evangelio, mientras las colectas realizadas en los países católicos han contribuido al sostenimiento de hospitales, dispensarios médicos, ancianatos, hospicios, guarderías, escuelas y colegios en lugares lejanos que carecen de servicios y asistencia. En muchos sitios, la única presencia cercana es la de la Iglesia misionera.

Cada cristiano está llamado a anunciar el Evangelio con sus palabras y, sobre todo, mediante una vida coherente con el amor de Dios. La misión es parte esencial de la identidad de todo cristiano y de toda comunidad eclesial.

Este centenario nos plantea una pregunta fundamental: ¿qué significa hoy ser misionero y ser Iglesia misionera en un mundo marcado por las guerras, las migraciones forzadas, las desigualdades, la violencia, la injusticia, la corrupción, la impunidad, la soledad y la indiferencia? Significa dar testimonio de la presencia de Dios en nuestras vidas, ser otros Cristos y anunciar la Buena Nueva como lo hizo Jesús. Esto implica promover y defender la dignidad humana, hacer visible la misericordia de Dios y acompañar las múltiples necesidades de las personas más pobres y vulnerables. La fe no puede reducirse a una experiencia privada; debe traducirse en acciones que protejan la vida, promuevan la justicia y construyan fraternidad.

El papa Francisco nos llamó a ser una Iglesia en salida, cercana a quienes más sufren. Ser misioneros implica escuchar, acompañar, servir con humildad, tender puentes y reconocer en los más vulnerables el rostro de Cristo.

En Ecuador, la misión adquiere rostros y desafíos concretos. Nuestra diversidad cultural, los pueblos y nacionalidades, sus lenguas, tradiciones y expresiones de fe constituyen una riqueza que debemos valorar y proteger. Evangelizar implica promover el diálogo intercultural, respetar la identidad de cada pueblo y caminar juntos, sin imposiciones ni exclusiones.

«Uno en Cristo, unidos en misión» es el lema del DOMUND 2026, un llamado a caminar junto a Jesús y junto al pueblo, con un corazón planetario, sin excluir a nadie, respetando cada realidad y cultura, inculturando el Evangelio, anunciándolo con alegría y sencillez de corazón, y construyendo comunión desde la diversidad, reconociendo que nuestras diferencias pueden enriquecernos mutuamente.

Al mismo tiempo, la pobreza, la falta de oportunidades, la inseguridad, las migraciones y las distintas formas de violencia que afectan a numerosas familias y comunidades nos recuerdan que la evangelización no puede separarse de la promoción humana. Acompañar a la niñez y a la juventud, fortalecer a las familias, impulsar la educación, cuidar la creación y defender los derechos humanos son expresiones concretas del compromiso cristiano.

Cada bautizado puede ser misionero desde su propia vocación. No todos estamos llamados a viajar lejos, pero todos estamos llamados a salir de nuestro egoísmo y acercarnos a los demás. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

 

domingo, 11 de octubre de 2026

carta No. 362: Preguntando al Papa León XIV

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 362 – 11 de octubre, 2026
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Preguntando al Papa León XIV 

“Todos, a cualquier nivel, podemos contribuir al fundamento de la paz, que es la justicia. De hecho, no buscamos una paz cualquiera, una ausencia de conflicto a cualquier precio, sino esa paz verdadera que nace de la justicia” Papa León XIV. Magnifica humanitas,  No. 315.


Para los católicos, cristianos y personas de buena voluntad, la voz del papa León XIV es un referente importante ante los desafíos actuales. Aunque a veces es ignorada o silenciada, en esta carta recogemos algunas de sus respuestas a interrogantes fundamentales para la humanidad.

Pregunta: En este mundo lleno de conflictos, guerras fratricidas, armamentismo desenfrenado y violencia a todo nivel, ¿qué es la paz?

Papa León XIV: “La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita ‘basta’, a la paz se le susurra ‘para siempre’. En este horizonte nos ha introducido el Resucitado”. “Cuando tratamos la paz como un ideal lejano, terminamos por no considerar escandaloso que se le niegue, e incluso que se haga la guerra para alcanzarla”. «Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente» (Magnifica humanitas, N.° 228).

Pregunta: La paz mundial es muy frágil y muchas veces depende de la voluntad de grupos que manejan el poder global. Ante esta amenaza para la humanidad, ¿qué servicio deben prestar las religiones?

Papa León XIV: “Un servicio fundamental que las religiones deben prestar a la humanidad que sufre es vigilar el creciente intento de transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas” (León XIV, Jornada Mundial de la Paz 2026). No se puede creer en Jesús y, al mismo tiempo, promover la muerte de inocentes o la guerra (León XIV, Metz, Francia).

Pregunta: Santo Padre, ¿qué piensa sobre el incremento del gasto militar mundial?

Papa León XIV: “No es casual que los repetidos llamamientos a incrementar el gasto militar y las decisiones que esto conlleva sean presentados por muchos gobernantes con la justificación del peligro respecto a los otros. La estrecha conexión entre los intereses económicos, los aparatos militares y las decisiones políticas genera una ‘nación armada’, en la que la guerra parece casi una prolongación natural de la política y el mercado de las armas se convierte en un motor autónomo de las decisiones bélicas. No podemos ignorar los enormes intereses económicos que están detrás de la guerra”. «No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable» (Magnifica humanitas, N.° 193 y 198).

Pregunta: La humanidad está utilizando la inteligencia artificial para todo y muchos temen que la IA reemplace a la inteligencia humana. ¿Qué IA necesitamos?

Papa León XIV: El mundo no necesita una inteligencia artificial que disminuya la humanidad; necesita una inteligencia humana iluminada por la sabiduría, una autoridad política guiada por la conciencia y una innovación tecnológica orientada por la caridad. Solo entonces la inteligencia artificial podrá convertirse en servidora del bien común (León XIV, encuentro con legisladores católicos).

Pregunta: Santo Padre, ¿cuál es la alternativa para construir, desde la fe y la esperanza, un mundo más humano, con solidaridad y amor?

Papa León XIV: La civilización del amor busca transformar la interdependencia en una solidaridad elegida. La IA no debe limitarnos a ser más eficientes o conectados, sino ayudar a construir una familia humana universal, donde la tecnología favorezca el encuentro y el cuidado recíproco.

No interpretamos el presente como un destino cerrado, sino como un campo abierto a la conversión personal y colectiva. Creemos en la fuerza del Reino, que se desarrolla desde la pequeñez de un grano de mostaza que, sembrado, brota y crece. Mientras la confusión nos rodea, el bien crece silenciosamente desde la tierra (Magnifica humanitas, N.° 187-210).  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

sábado, 3 de octubre de 2026

carta No. 361: “Paz desarmada y desarmante”

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 361 – 4 de octubre, 2026
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   “Paz desarmada y desarmante” 

“La paz no es un equilibrio de fuerzas; se construye cada día a través del diálogo y la justicia. Por eso, les exhorto a no resignarse nunca ante la perspectiva de una guerra considerándola “inevitable”, sino a promover sin descanso el diálogo y la diplomacia, con el fin de preservar sociedades pacíficas, respetuosas de la dignidad y los derechos de las personas y de los pueblos”. Papa León XIV, París, 25 de septiembre de 2026.

Desde París, “ciudad de la Luz”, durante su reciente visita a Francia, el papa León XIV volvió a colocar ante el mundo una palabra que hoy necesitamos escuchar con la mente y el corazón: PAZ. Ante las autoridades, la sociedad civil, el cuerpo diplomático francés y el mundo entero, su llamado fue claro: no resignarnos nunca ante la guerra como si fuera inevitable. Frente al estruendo de las armas, invitó a promover incansablemente el diálogo y la diplomacia como caminos para construir sociedades que respeten la dignidad y los derechos de las personas y de los pueblos.

En este mismo sentido, ha reclamado soluciones políticas justas, fundadas en la igual dignidad y los mismos derechos de toda persona, rechazando las acciones militares y las decisiones unilaterales que vulneran el respeto debido a la vida.

Por eso, hablar de paz, además de pedir y exigir que cesen las guerras y se depongan las armas, significa preguntarnos: ¿qué clase de mundo estamos construyendo cuando la vida humana puede quedar subordinada a intereses políticos, económicos, territoriales o militares? Es reconocer que ninguna causa puede justificar la deshumanización del otro, la violencia y la destrucción de la vida y de la creación.

La paz que propone el Papa es una “paz desarmada y desarmante”. Una paz que no nace de la imposición del más fuerte, sino de la capacidad de encontrarnos con el otro sin convertirlo en enemigo; que no se sostiene únicamente en acuerdos, sino en la justicia, la fraternidad, el respeto a los derechos humanos y el bien común.

En la UNESCO, León XIV llamó a fortalecer la cooperación internacional y la memoria de nuestra humanidad común. Recordó que cada persona es única, insustituible y digna de protección. Por eso, ninguna guerra debe acostumbrarnos a contar víctimas como cifras, olvidando sus nombres, familias, sueños y futuro.

Estas palabras cobran especial fuerza al mirar a Cisjordania y Gaza, donde miles de personas, especialmente niñas y niños, siguen enfrentando desplazamiento, miedo y graves carencias de vivienda, agua, salud y saneamiento. Ante esta realidad, no podemos ser indiferentes: las víctimas de la guerra no pueden reducirse a cifras o estadísticas.

Por eso, nuestra voz se une a quienes claman por el fin del sufrimiento en Gaza, pero también a quienes padecen la guerra y la violencia en Ucrania, Sudán, Haití y tantos otros lugares donde la vida se encuentra amenazada.

Y esta realidad nos conduce a mirar nuestro propio país: ¿qué hacemos frente a las distintas formas de violencia que hieren al Ecuador? ¿Cómo podemos hablar de paz cuando tantas familias viven bajo el miedo, la pobreza, la exclusión y la incertidumbre?

La paz mundial comienza también en nuestras familias y comunidades: cuando dejamos de responder a la violencia con más violencia y aprendemos a dialogar; cuando protegemos a los más vulnerables y rechazamos la indiferencia; cuando defendemos la verdad y la justicia; cuando educamos a las nuevas generaciones para el encuentro y la fraternidad. Cada acción, por pequeña que parezca, abre caminos hacia la paz, permite a las familias reconstruirse, protege a la niñez, abre las puertas de escuelas y hospitales, y permite a los pueblos vivir con mayor seguridad y libertad.

Que el clamor de Gaza despierte nuestras conciencias. La paz no puede esperar únicamente la buena voluntad: la paz se construye y es tarea de toda la humanidad. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 


domingo, 6 de septiembre de 2026

carta No. 357: ¿Corrupción: enfermedad incurable?

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 357 –6 de septiembre, 2026
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¿Corrupción: enfermedad incurable?

“Se observa, lamentablemente, cuán difundida está en nuestros días una injusticia social que brota de la corrupción arrogante, tan deplorable como discriminatoria, la cual sitúa a unas personas por encima de otras bajo lógicas de dominio… Son necesarias sanciones contra las cúpulas políticas que engordan con la corrupción y la impunidad”. Papa León XIV.

La corrupción, entendida como la acción de dañar, romper y pervertir, se ha vuelto una enfermedad casi incurable. El papa Francisco la define como un “cáncer” y un “proceso de muerte” que destruye la dignidad, y sostiene que se diferencia del pecado común porque el corrupto endurece su corazón, se cree autosuficiente y no siente la necesidad de pedir perdón.

¿Dónde está la corrupción? Está en todas partes. Se manifiesta de una y mil maneras, tanto en lo público como en lo privado. A veces se presenta de forma oscura e informal y, lastimosamente, también como algo formal o normal.

La corrupción informal pulula en la cotidianidad: está en la tienda del barrio que, en vez de vender la libra de arroz de 16 onzas, entrega 14; en la frutería que ofrece productos a punto de fenecer; en el busero que corretea y se pasa el semáforo en rojo; en el taxista que altera el taxímetro para cobrar más; en quien copia en un examen; en el avivato que se aprovecha de cualquier oportunidad para sacar provecho; y en la apropiación de los espacios públicos. Está en la llamada “viveza criolla”. Se ha vuelto parte del “paisaje ciudadano” que peligrosamente aceptamos y legitimamos.

La corrupción formal se genera y desarrolla en instituciones públicas y privadas. Es la corrupción de “cuello blanco”, aquella que se desliza por los hilos del poder y utiliza diversos mecanismos para disimular su presencia y actuación. Parece normal y hasta “legal”, dentro de los procedimientos establecidos. Se ha estructurado mediante redes de corruptos que buscan y obtienen réditos y “ganancias” onerosas en detrimento de la calidad, eficacia y eficiencia de los contratos y las obras públicas. Allí aparecen los sobreprecios, los porcentajes, el tráfico de influencias, los favoritismos y los “amarres” politiqueros.

La corrupción se ha convertido en una “forma de vida”, en una “metodología de trabajo fácil” que produce dinero o beneficios y en una “estrategia” para conseguir poder. Allí han fenecido la verdad, la transparencia, el bien común, el amor al prójimo y el servicio a los más vulnerables. Por ambiciones desmedidas, la posibilidad de mejorar los servicios básicos de barrios y poblaciones enteras se transforma en una oportunidad de enriquecimiento ilícito para unos pocos, en detrimento de la vida de las personas y de la calidad de las obras.

Pero no todo está perdido. Hay muchas personas e instituciones alrededor del mundo que ponen el dedo en la llaga de la corrupción y se esfuerzan por posicionar la honestidad, la transparencia, el servicio y el amor al prójimo como respuesta a este mal. «A la obsesión de quienes acumulan riquezas solo para sí se opone la obstinación de Dios que, en el testimonio de personas de carne y hueso, abre el corazón y acoge en su amor» (papa León XIV).

Atacar la corrupción implica desafíos individuales, familiares, sociales, regionales, nacionales e internacionales. Para el papa Francisco, las alternativas para enfrentarla y salir de ella radican en romper el silencio, denunciar, hablar sin miedo, promover la justicia social y fomentar una cultura de austeridad y transparencia.

Las sociedades deben visibilizar y denunciar la corrupción para dejar de normalizarla. Frente a ella, es necesario promover la justicia, la legalidad, la educación en valores, la transparencia y el bien común, entendiendo el poder como un servicio honrado, especialmente hacia los más vulnerables. También hay que combatir el afán desmedido de poder y dinero, así como el nepotismo. Los gobernantes deben dejar de lado los beneficios a sus parientes y priorizar el deber de servir a todas las personas. Frente a los sistemas que obligan a pagar sobornos o facilitan las “ganancias rápidas”, es necesaria una resistencia ciudadana o, como propone el papa Francisco, aplicar la “astucia evangélica”: ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas, manteniendo la coherencia ética y rechazando cualquier complicidad con estructuras deshonestas, aun a costa de perder privilegios inmediatos. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 16 de agosto de 2026

carta No. 354: ¡Necesitamos nuevos gritos de Libertad!

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 354 –16 de agosto, 2026
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        ¡Necesitamos nuevos gritos de Libertad!


El amor a la patria es un valor fundamental que se compara con el amor a una madre. Quien no ama su tierra ni sus raíces no puede construir un futuro verdadero ni amar plenamente a Dios. Ser patriota implica cuidar a la comunidad, trabajar por la unidad y rechazar la división o el egoísmo. Papa Francisco

La Declaración de Independencia dio una voz perdurable a los ideales de libertad, igualdad, búsqueda de la felicidad, justicia y autogobierno democrático…Durante años, generaciones han procurado promover estos principios mediante el sacrificio, el servicio, la innovación y la participación cívica. Papa León XIV, julio 2026.

El 10 de agosto de 1809, en Quito, se alzó el Primer Grito de Independencia, un hecho que traspasa el tiempo. Cada 10 de agosto recordamos cómo un grupo de patriotas quiteños, hombres y mujeres, depuso a las autoridades coloniales y formó una Junta de Gobierno. Fue más que una ruptura con España; fue una insurrección “legitimista”. Su importancia radica en que, por primera vez, se enarboló el concepto de “soberanía del pueblo”, estableciendo un precedente para toda Hispanoamérica.

Ese acto tuvo un alto costo: el movimiento fue reprimido brutalmente con la masacre del 2 de agosto de 1810, donde alrededor de 300 personas fueron asesinadas, entre ellas muchos intelectuales. Este sacrificio consolidó su condición de acto de valentía y símbolo de la lucha por la libertad. Pero también marcó el camino hacia el nacimiento de la República, 21 años más tarde. Estos hechos reflejan también las luchas y desafíos actuales del Ecuador. Sin embargo, la memoria del Primer Grito y de otras fechas patrias se ha ido debilitando, reducida muchas veces a feriados y fines turísticos. La falta de educación cívica y de conocimiento histórico afecta la identidad nacional, mientras el sentido de Patria y comunidad es sustituido por una lógica de mercado y éxito individual.

La memoria histórica no es solo información; se asienta en los símbolos, valores y afectividades compartidas. La memoria de la Patria se sustenta en el sentido de comunidad.

Ahí está el riesgo: quien no conoce su historia no sabe de dónde viene ni hacia dónde va. Si queremos un futuro propio e independiente, necesitamos recoger nuestro camino y nuestras luchas por la independencia, fortalecer nuestra identidad y valorar nuestra cultura. De otra manera, viviremos los relatos y las historias de la dominación y del nuevo colonialismo. Hoy ese proyecto se refleja en un eslogan: “América Grande Otra Vez”, que abarca una propuesta de dominio continental desde el Ártico hasta la Patagonia.

El discurso oficial plantea una alianza estratégica para combatir el terrorismo y el narcotráfico, dejando al margen la necesidad de construir país desde la cultura, la gastronomía, las fiestas populares, la religiosidad, la participación, la educación, la salud, el empleo y la verdadera seguridad.

El poder hegemónico busca disolver el sentido de Patria, de una historia y de un futuro independiente y común; plantea una nueva visión del mundo. Como denuncia el papa León XIV en la encíclica Magnífica humanitas, se apuntala la distopía de la república tecnológica, las promesas de la inteligencia artificial y los discursos transhumanistas para crear un nuevo mundo, purificado de los desechables y descartables.

Se reemplaza el sentido de Patria por un nacionalismo que excluye a migrantes y vulnerables, cuando el verdadero valor de una nación está en proteger la vida y acoger al necesitado. Aun así, renace desde abajo la esperanza de una Patria Grande, unida por la memoria de sus luchas y la unidad latinoamericana.

Trabajemos para unirnos, para juntar todas las voces, para defender la democracia, la soberanía, la paz y los derechos básicos a la salud, la educación y la seguridad social para todos y todas. Es menester superar la polarización y aunar esfuerzos para honrar las gestas de nuestros héroes y potenciar todas nuestras capacidades, conociendo y valorando justamente nuestra historia para proyectarnos hacia un futuro de paz y justicia.

“Vámonos patria a caminar, yo te acompaño. / Yo me quedaré sin voz para que tú cantes. / Yo he de morir para que tú no mueras” (Otto René Castillo). #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

 

domingo, 5 de abril de 2026

carta No. 335: Resucitar esperanza para un mundo herido

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 335 –5 de abril de 2026
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Resucitar esperanza para un mundo herido

“Toda autoridad deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercitar el poder recibido: el poder de juzgar, pero también el poder de comenzar una guerra o de terminarla; el poder de educar a la violencia o a la paz; el poder de alimentar el deseo de venganza o el de reconciliación; el poder de usar la economía para oprimir los pueblos o para liberarlos de la miseria; el poder de pisotear la dignidad humana o de tutelarla; el de promover y defender la vida o de rechazarla y suprimirla. También cada uno de nosotros está llamado a responder por el poder que ejerce en la vida de todos los días. Tú, Jesús, le dices: haz buen uso del poder que te ha sido dado y no olvides que cualquier cosa que hagas a un ser humano, especialmente si es pequeño y frágil, me lo haces a mí; y es a mí a quien deberás responder por ello un día”. Papa León XIV, Vía Crucis 2026.

La palabra “cruz” produce en nosotros una reacción de rechazo, más que de deseo. Es más fácil que surja en nosotros la tentación de huir de ella antes que el anhelo de abrazarla. Cada año, en Semana Santa, recordamos el viacrucis que vivió Jesús como un camino que no termina con su muerte en la cruz, sino en su Resurrección gloriosa. Pero su muerte nos lleva a cuestionarnos: ¿queremos que viva Cristo o no nos importa que siga crucificado y sufriendo hasta morir?

Hoy Jesús sigue siendo torturado, condenado y obligado a cargar una pesada cruz. Es un viacrucis intenso y doloroso a causa de guerras fratricidas que continúan matando a tantos seres humanos. Guerras como la de Gaza, donde vemos a niños huérfanos que deambulan con hambre, angustia y terror; la de los soldados en la guerra de Ucrania, que siguen muriendo sin sentido, rebasando ya los 200.000 muertos en cada lado, sin contar a los civiles inocentes; la de los muertos en Irán por la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel y el peligroso conflicto iniciado en estos meses, un atentado contra la paz mundial; la de millones de niños menores de cinco años que mueren en África por desnutrición y hambre ante la despreocupación infame de sus autoridades; la de miles de migrantes que sufren y hasta mueren cruzando el Mediterráneo para llegar a Europa como alternativa desesperada a su extrema pobreza; la de tantos “inmigrantes indocumentados” en Estados Unidos que sufren persecución, agresión y deportación violenta. En Ecuador, el de los más de 9.000 muertos de 2025, fruto de la violencia ligada a grupos de delincuencia organizada y narcotráfico; el de los cientos de miles de niños desnutridos; el de las personas que mueren paulatinamente por la falta de medicinas, alimentos y trabajo…

Frente a esos viacrucis y crucifixiones diarias, cabe preguntarnos qué postura asumimos como creyentes: si la de quienes condenan al pueblo y a los pobres, la de gobernantes que anteponen su riqueza y comodidad, la de soldados que actúan con brutalidad, la de Pedro que traiciona, la de Judas que se vende, o la de los apóstoles que, por miedo, se esconden ante la represión y el poder.

El papa León ha condenado “la actuación oculta de las autoridades poderosas, dispuestas a matar sin escrúpulos”, e inició la Semana Santa diciendo que Dios rechaza las oraciones de quienes inician guerras y tienen “las manos manchadas de sangre”. En su meditación del Viacrucis manifestó que: “También cada uno de nosotros está llamado a responder por el poder que ejerce en la vida de todos los días. Tú, Jesús, le dices: haz buen uso del poder que te ha sido dado y no olvides que cualquier cosa que hagas a un ser humano, especialmente si es pequeño y frágil, me lo haces a mí; y es a mí a quien deberás responder por ello un día”.

Entonces, ¿qué postura tomamos quienes nos decimos cristianos? Aprendamos de María, Juan y María Magdalena, que no se rindieron y acompañaron a Jesús hasta el final. Pongamos nuestra mirada, nuestra mente, nuestro corazón, nuestros principios, nuestros valores y nuestra fuerza en el Resucitado, vencedor de esa muerte infringida por la maldad que destruye la belleza de la creación y del amor fraterno. Contemplemos a Cristo, que ha dado su vida, que nos acompaña y vive en nuestras luchas, que sigue resucitando a lo largo de la historia para defender a los inocentes de la explotación, la mentira y la esclavitud.

¡Sembremos esperanza y trabajemos para que nuestra fe no sea una utopía, sino una realidad que promueva la dignidad y la vida!  

¡Cristo ha resucitado!  #ComuniquemosEsperanza

 


Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 


domingo, 28 de diciembre de 2025

carta No. 321: Con corazón libre construimos la Paz

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 321 –28 de diciembre de 2025
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                Con corazón libre 
               construimos la Paz

“El Verbo eterno del Padre ha elegido venir al mundo de esa manera. Por amor quiso nacer de una mujer, para compartir nuestra humanidad; por amor aceptó la pobreza y el rechazo y se identificó con los que son marginados y excluidos... Jesucristo es nuestra paz, ante todo porque nos libera del pecado y porque nos indica el camino a seguir para superar los conflictos, todos los conflictos, desde los interpersonales hasta los internacionales. Sin un corazón libre del pecado, un corazón perdonado, no se puede ser hombres y mujeres pacíficos y constructores de paz”. Papa León XIV, bendición urbi et orbe, Navidad 2025.

En el día de Navidad y en el mensaje de Año Nuevo, el papa León XIV nos ha ofrecido reflexiones sobre la paz que nos invitan a ser constructores de ella y que, como creyentes, estamos llamados a asumir como una tarea impostergable e ineludible.

Vivimos en un contexto nacional marcado por la pobreza, el desempleo, la violencia y la denominada “guerra interna”, así como en una coyuntura internacional atravesada por guerras prolongadas, crisis humanitarias, desigualdades crecientes y una profunda fragilidad tanto nacional como global. La paz no puede reducirse a la mera ausencia de guerra o de conflictos, sino que debe entenderse como un proceso activo, ético y espiritual que exige conversión personal, compromiso social conjunto y responsabilidad política efectiva.

En Ecuador hemos normalizado la violencia en la vida cotidiana y nos hemos convertido, en muchos casos, en simples peones de las dinámicas violentas que atraviesan América Latina y el mundo. La violencia y la guerra no solo destruyen territorios; hieren también la conciencia moral de la humanidad, erosionan la confianza entre los pueblos y dejan cicatrices profundas en las generaciones futuras. La guerra es siempre un fracaso de la política y de la humanidad, una derrota del diálogo frente a la imposición de la fuerza. En nuestro país estamos cayendo en esta lógica al creer que con más armas y mayor presencia militar se alcanzará la paz.

No hay paz auténtica sin justicia social, dignidad humana y verdad para quienes sufren. Cuando la economía y la política producen exclusión, pobreza y nuevas formas de colonialismo, siembran conflictos que terminan estallando. En Ecuador, el desempleo, la falta de salud y educación, y la violencia estructural muestran esa injusticia; por eso es urgente poner en el centro a los más vulnerables, para que dejen de ser “daños colaterales” y la paz se vuelva un cuidado concreto de la vida.Un punto clave es la educación para la paz, especialmente entre los jóvenes. La paz se aprende y se cultiva desde temprana edad mediante la educación en la fraternidad, el diálogo intercultural y la resolución no violenta de los conflictos. Los jóvenes están llamados a soñar con un mundo más justo y a comprometerse activamente en su construcción, superando la indiferencia y el cinismo que con frecuencia paralizan a la sociedad.

La paz es inseparable del cuidado de la creación. La devastación ambiental, el extractivismo irresponsable y el cambio climático intensifican los conflictos y generan nuevas formas de injusticia. Proteger la casa común es, por tanto, una condición indispensable para una paz duradera.

El Papa, en su mensaje, hace un llamado a la esperanza activa. No se trata de un optimismo ingenuo, sino de una esperanza que nace de la fe, del compromiso cotidiano y de la convicción profunda de que la humanidad puede elegir caminos distintos a la violencia. La paz es una vocación personal y colectiva, una tarea permanente que exige valentía moral, memoria histórica y una conversión profunda del corazón.

Como Justicia y Paz, coincidimos plenamente con el mensaje del Papa. La paz se construye con justicia, diálogo, solidaridad y responsabilidad global, interpelando tanto a las conciencias individuales como a las estructuras políticas y económicas, a nivel nacional e internacional. Esperamos que en 2026 sepamos responder con esperanza, compromiso y responsabilidad al llamado del Señor: “Bienaventurados los que trabajan por la paz”. En el nuevo año estamos invitados a trabajar, con decisión y coherencia, para construir la paz. #ComuniquemosEsperanza