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domingo, 31 de octubre de 2021

Carta No. 104: El morir es parte del vivir

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 104 – 31 de octubre 2021

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El morir es parte del vivir

“El Señor nos dice que estemos preparados para el encuentro, la muerte es un encuentro: es Él quien viene a encontrarnos, es Él quien viene a tomarnos de la mano y llevarnos con él.  (…)  Es simplemente el Evangelio, es simplemente la vida, simplemente decirse el uno al otro: todos somos vulnerables y todos tenemos una puerta a la que el Señor llamará algún día” (Papa Francisco, 2019).

Una de las experiencias más impactantes de la pandemia del covid19 es la presencia cercana de la muerte en nuestras vidas, ya sea por el fallecimiento de un familiar, de un amigo, de una persona conocida o desconocida. También vivimos otras experiencias dolorosas o sorpresivas que nos recuerda que la muerte ronda a nuestro alrededor, resultado de varias circunstancias cotidianas como enfermedades, delincuencia, accidentes, guerras…

Pero, la muerte que también nos debe doler, es la de los más débiles e inocentes… ¡los niños que mueren de hambre, las mujeres maltratadas hasta llegar al femicidio, los enfermos sin acceso a hospitales o medicamentos, los trabajadores que mueren explotados, la gente inocente que muere por las guerras! ¡Cuántos muertos por la droga, el narcotráfico, la delincuencia, el aborto, el suicidio! El mundo necesita un cambio radical para evitar más muertes violentas, injustas, prematuras, sin sentido… Hechos dolorosos que también matan la conciencia, el cerebro, el corazón, la esperanza, la misericordia, el amor.

Frente a la muerte hay varias reacciones, sentimientos, costumbres, tradiciones… Por instinto de supervivencia tenemos miedo a morir, a lo mejor porque hemos experimentado la partida de seres queridos que nos ha provocado dolor, tristeza, desasosiego, ansiedad, desesperanza y aunque decimos tener fe, en esos momentos de dolor y angustia, prima la confusión y el desconsuelo. En el momento que nos encontramos cara a cara con la muerte, parece que todo termina allí. Es difícil reconocer nuestra fragilidad.

Poco hablamos de la muerte, pese a que es nuestra compañera permanente y preferimos convencernos de que 'hay que aprovechar la vida' antes de que todo acabe… como si el morir fuera lo opuesto de la vida…

Quizá no lo hemos comprendido y es que morir es una parte del vivir, es parte de la realidad de la existencia, es el punto de llegada para muchos o el punto de partida para otros; es el proceso de culminación de un recorrido, de un camino; es el justo descanso luego de una larga jornada; es el momento donde el alma, como el ave, remonta el vuelo; es encontrar paz de forma permanente. Con la muerte, la vida se transforma, no nos es arrebatada.

En este contexto resuenan frases como las de Jesús: "no tengan miedo a los que matan el cuerpo…" o "estén preparados porque no saben ni el día ni la hora…", por lo que debemos estar con los ojos fijos en Él, con los pies sobre la tierra y el corazón abierto para recibir "el abrazo del Señor" (P. Francisco) en la querida "hermana muerte" (S. Francisco). Estar dispuestos a practicar el "vivo sin vivir en mi…" (S. Teresa de Jesús) o el "para mí el morir es vivir" (S. Pablo). Pues "morir feliz no significa una muerte sin nostalgia ni dolor por la despedida, sino una muerte con una completa conformidad, una profundísima satisfacción y una paz interior…" (Hans Küng, 2016).

Vivamos la muerte con esperanza y misericordia, 'haciendo el bien sin mirar a quién' para construir una sociedad justa y solidaria.  ·  #ComuniquemosEsperanza


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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas. 

sábado, 23 de octubre de 2021

Carta No. 103: ¿Quiénes somos los ecuatorianos?

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 103 – 24 de octubre 2021

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¿Quiénes somos los ecuatorianos?

“Los pueblos tienen memoria, como las personas.  La humanidad también tiene su memoria común...  La memoria de los pueblos no es una computadora, sino un corazón.  Los pueblos, como María, guardan las cosas en su corazón…” (Papa Francisco).

El ser humano tiene rasgos y valores innatos unos y adquiridos otros, como la sinceridad, la honradez, la credibilidad, la unión familiar, la solidaridad, el respeto, el apoyo, la fiesta y la religiosidad. En el caso de los ecuatorianos es complejo identificar su identidad, sobre todo por un mestizaje no asumido, a lo que se suman corrientes foráneas, que se han anidado en el país y que introducen sus costumbres, visiones y tradiciones.

Sin embargo, nos destacamos por la camaradería, el compartir, gozar y disfrutar de la gastronomía propia de cada zona; estamos orgullosos de la tierra y de compartir con los amigos; somos dicharacheros, alegres y bromistas, además de cultivar la vecindad; somos creyentes, trabajadores, caseros y valoramos la familia…

En medio de estos valores que construyen comunidad, también se convive en la cotidianidad con la inseguridad, la incertidumbre, la desconfianza, el engaño, el desempleo, la pobreza, la injusticia, la corrupción, la impunidad, la migración… que minan la capacidad de lucha, desquician las esperanzas y provocan una pasividad y desinterés frente a la realidad. En este yunque fecundo y árido se fragua una identidad nacional tenue y fugaz que, a veces, solo existe en la etiqueta.

El ecuatoriano era un porfiado de la esperanza, inclusive cuando todo parecía derrumbarse, encontraba las fuerzas y la entereza para salir adelante. Aún así, sostiene y mantiene al país con su lucha diaria y trabajo constante, pese a las consecuencias que provocan el enfrentamiento entre los detentadores del poder.

El pueblo tiene una memoria viva, nada se olvida, solo deja en reposo los miles de sinsabores, engaños, frustraciones que acarrea históricamente. En su mente y corazón hay un sin fin de inquietudes y preocupaciones. Aunque parece queminportista, despistado, desentendido del quehacer político, económico, social, cultural y religioso, lleva dentro de sí, una cosmovisión que aflora sobre todo en problemas álgidos.

Históricamente fuerzas utilitaristas, sobre todo electoreras, han alimentado un regionalismo que ha remarcado las especificaciones y preferencias locales, por encima de los múltiples rasgos comunes que nos caracterizan y que todos tendríamos que resaltar desde una distinción de lo fundamental y accidental, para quedarnos con lo que es identificatorio frente a lo transitorio y pasajero.

Los ecuatorianos debemos valorar la diversidad como riqueza y no como limitante o amenaza, necesitamos de personas visionarias que nos colaboren y ayuden a construir un sueño común, y nos convoquen a trabajar mancomunadamente para vencer al subdesarrollo, la miseria, la inequidad y las exclusiones que nos separan y enfrentan. No nos dejemos ganar por la politiquería ni dejemos que siga la destrucción del maravilloso entorno natural que heredamos de nuestros mayores. Estos son los desafíos reales de nuestro pueblo y son tareas prioritarias para todos los que nos sentimos ecuatorianos.  ·  #ComuniquemosEsperanza


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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas. 

domingo, 17 de octubre de 2021

Carta No. 102: Los Partidos Políticos ¿Construyen o destruyen el País?

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 102 – 17 de octubre 2021

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Los Partidos Políticos
¿Construyen o destruyen el País?

“…Hacer política inspirada en el evangelio desde el pueblo en movimiento puede convertirse en una manera potente de sanear nuestras frágiles democracias y de abrir el espacio para reinventar nuevas instancias representativas de origen popular” 
(Papa Francisco a la Academia de Líderes Católicos, 2019)


"SEAN PAÍS", es el desafío que lanzó el canciller brasileño al Ecuador en la firma del Protocolo de Rio de Janeiro en 1941. Este pedido sigue resonando y taladrando fuertemente nuestra conciencia y más aún cuando se agudizan las crisis políticas por luchas intestinas de poder en nombre de la democracia.

Cada vez hay más personas que prefieren alejarse del quehacer político y concentrase en sus tareas particulares porque consideran que la 'política' es decadente, corrupta, oportunista…, sin tener en cuenta que más pronto que tarde, las decisiones que toman 'los políticos' afectan directamente a toda la población.

La democracia, se dice que es el mejor sistema de gobierno y para fortalecerla y hacerla real, es necesario tener partidos políticos fuertes, organizados, estructurados ideológicamente, sin caudillismos, ni caciquismos… para que formen y eduquen a sus militantes, organicen y faciliten la participación democrática de sus seguidores y construyan país.

Es cierto que no hay democracia sin partidos políticos, pero también es cierto que una democracia con partidos políticos débiles, desorganizados, ineficientes, incapaces y electoreros, solo conducen al país al caos sistemático, a la corrupción procesual, a enfrentamientos estériles y a luchas fratricidas… lo que asegura una decadencia nacional sin posibilidades de superar las crisis económica, social, cultural, que arrastramos desde hace décadas, y ha conducido al país a una hecatombe generalizada. Pese a la existencia de leyes, reglamentos y hasta financiamiento para los partidos y movimientos políticos, su acción y participación están muy lejos de cumplir sus tareas y objetivos.

La totalidad de los partidos y movimientos políticos se han constituido, a escondidas del pueblo, en camarillas de mediocres y oportunistas, agrupados para alcanzar el poder, lograr privilegios y prebendas para sí, para los suyos y para allegados y cognados, con una estrategia común: denunciar, condenar, estigmatizar, atacar y deslegitimar todo lo que no conviene a sus intereses. Una práctica perversa y permanente en nuestra historia nacional.

Históricamente, desde el poder recibido rotativamente en las elecciones, las elites partidistas arman una estructura corrupta y corruptora, en la que han construido vías sin salida: nominan y ponen candidatos, eligen y designan autoridades, personas a quienes las utilizan y se sirven de ellas mientras les son útiles.

La participación política es un derecho y una obligación de todo ciudadano, porque de ella depende la construcción de una sociedad justa, pluralista, equitativa y solidaria. Pero en la práctica ¿cuántos han querido o quieren intervenir en la tarea democrática? Muchos renuncian a militar en los partidos políticos como una reacción a una tarea socialmente rechazada y asqueada. Otros prefieren evadir esta misión por percibirla como imposible de un manejo responsable.

"A los gobiernos y a todos los políticos, pido que trabajen por el bien común. Cuídense de escuchar solamente a las elites económicas y sean servidores de los pueblos que claman por tierra, techo, trabajo y una vida buena en armonía con toda la humanidad y con la creación" (Papa Francisco, @Pontifex_es 16 oct 2021).  Es nuestro compromiso ético impostergable, que debemos asumirlo responsablemente para "SER PAÍS".  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas. 

domingo, 10 de octubre de 2021

Carta No. 101: La violencia: una llaga de la sociedad

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 101 – 10 de octubre 2021

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La violencia: una llaga de la sociedad

"La no violencia activa es una manera de mostrar verdaderamente cómo, de verdad, la unidad es más importante y fecunda que el conflicto.  Todo en el mundo está íntimamente interconectado.  Puede suceder que las diferencias generen choques: afrontémoslos de forma constructiva y no violenta, de manera que «las tensiones y los opuestos [puedan] alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida», conservando «las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna»".  Papa Francisco, Mensaje Jornada Mundial de la Paz, 2017.


La difícil y cruda situación que vive la humanidad se evidencia en la violencia exacerbada que está presente por todos lados. Realidades que espantan y estremecen por la lamentable y escalofriante pérdida del respeto al valor de la vida humana y de la naturaleza. Fácilmente se agrede, viola, mata, desaparece…  a una mayoría de víctimas inocentes, en un ambiente en que para identificar y sancionar a quiénes son los responsables de estos hechos, hay mucho camino por recorrer.

En América Latina, Ecuador ocupa el puesto 18 en sobrepoblación de las cárceles con un 133%, mientras Haití ocupa el primer lugar con 454%, Guatemala llega al 367% y en Bolivia es del 270% (Instituto para la Investigación de Políticas de Crimen y Justicia – ICPR). Situación a la que se suma, según autoridades ecuatorianas, que más del 40% está preso sin sentencia. Porcentaje que, en promedio, se repite en la región.

Según algunos expertos, en las cárceles se generan negocios muy lucrativos, de millones de dólares, que son administrados por mafias bien organizadas; en penitenciarías donde hay secciones en las que las autoridades carcelarias no ejercen control. Y para completar, con una mayoría de los presos jóvenes, de los que muchos llegaron por delitos menores.

Las personas privadas de libertad están bajo la tutela y responsabilidad del Estado, quien está llamado a garantizar su seguridad y derechos, para lo que cuenta con leyes e instituciones que deben prevenir cualquier tipo de irregularidades, desmanes, amotinamientos, matanzas… sin embargo, lo que ha pasado en las cárceles ecuatorianas a lo largo de 2021 demuestra su total incapacidad e inoperancia. La espiral de violencia carcelaria ha crecido en proporciones alarmantes, generadas por el enfrentamiento de bandas y cárteles que han internacionalizado la crueldad desde países más experimentados en este tipo de gestas de horror y muerte…

El Estado ha perdido espacio y autoridad en ciudades y sectores, y no encuentra por dónde o cómo afrontar los distintos focos de violencia y desencuentro, que se prenden como luminarias nocturnas… una tras otra y cuando no, varias al mismo tiempo. Al Estado, al gobierno de turno y a la sociedad, nos corresponde enfrentar y resolver este problema antes que sobrepase cualquier límite.  Es un problema en el que todos estamos inmiscuidos.

La corrupción e impunidad se han infiltrado y enquistado en los diferentes niveles de poder, de tal manera que las autoridades y jefes de turno pasan sin mayor trascendencia. Esta podredumbre carcome todo intento por mejorar, cambiar o curar cualquier desafuero… y lo peor, ya se ha convertido en parte de la cotidianidad social. En los medios de comunicación, la crónica roja es infaltable y destacada, difunden novelas y series relacionadas con el narcotráfico y la violencia, sin ruborizarse. Programación con la que normalizan estas realidades… y no hablemos de las redes sociales y los juegos de video.

Ante este panorama tan desafiante, el papa Francisco propone, que son necesarias "menos armas y más comida, menos hipocresía y más transparencia, más vacunas distribuidas equitativamente y menos fusiles vendidos neciamente" (octubre 2021). Desde nuestra Comisión hacemos eco y un llamado al diálogo, a la justicia, a la equidad, a la inclusión, para respetar la vida y los derechos de todas las personas, sin excepción alguna.  ·  #ComuniquemosEsperanza

  

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domingo, 3 de octubre de 2021

Carta No. 100: 50 años de Justicia y Paz

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 100 – 3 de octubre 2021

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50 años de Justicia y Paz

«En muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia».  Papa Francisco, Fratelli Tutti - 225, octubre 2020.


Llegamos a la carta Nro. 100 en un tiempo en el que también nuestra Comisión celebra 50 años de servicio a la comunidad y frente a terroríficas imágenes del país, como la masacre carcelaria, el micro y macro tráfico de sustancias ilícitas, el sicariato, sin dejar de lado la corrupción, la desnutrición infantil, la migración…, y con temor nos preguntamos: ¿está el Ecuador social y éticamente quebrado?

Vivimos en medio de muchas realidades atravesadas por fuerzas disociadoras que amenazan los cimientos de nuestro país, incrementando los problemas endémicos y agudizando otros relativamente nuevos. Además, prima el individualismo que rompe toda idea de unidad y cooperación, que se manifiesta en escándalos de todo tipo. Situaciones que nos abruman junto con la viveza criolla, el caciquismo, el palanqueo, el abuso de poder, el egoísmo, la injusticia, el narcotráfico, la pobreza, el desempleo, la violencia y un largo etcétera.

La salida de la crisis es complicada, compleja, desafiante… y el desánimo, la frustración y el quemeimportismo están presentes.  Sin embargo, aún hay personas con esperanza, que siguen luchando solidariamente, trabajando por la justicia, obrando con decencia, combatiendo la corrupción y la impunidad, negándose a ser parte de un "sistema oprobioso" que se ha olvidado del ser humano y la casa común.

La tarea es construir la paz desde la justicia, puesto que el "fruto de la justicia es la paz" (Sant, 3-18).  Resulta estéril decir que vivimos en paz, si hay injusticia, corrupción, impunidad, personas vulnerables sin hogar o con hambre y sed de alimento y de justicia... La utopía humana y cristiana de la paz y la justicia son motores que mueven y articulan propuestas encaminadas a su búsqueda con solidaridad y respeto, enfocadas con equidad y ecuanimidad, con soberanía y dignidad, a sabiendas de que con solo la conciliación de voluntades, la coherencia, la búsqueda sincera de consensos abiertos, el actuar contra corriente y el esperar contra toda desesperanza, entre otras actitudes, construirán la paz en el diario vivir y convivir.

La justicia no se logra de inmediato ni por decreto, sino creando condiciones humanas, sociales, económicas, ambientales, culturales… que aseguren un proceso de inclusión, unidad y compromiso solidario, capaces de promover una paz duradera y sostenible. La justicia va más allá del simple deseo, pensamiento o eslogan; es un compromiso de vida cotidiana, de políticas coherentes puestas en acción con humildad, solidaridad, resiliencia, voluntad de encuentro generoso, desprendimiento y renuncia de fanatismos y posiciones extremas.

En estos 50 años, la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, ha trabajado en esta línea y muchas personas han dejado su aporte y huella en este sentido.  Sus miembros, en cada momento, han sido presencia activa, para que la Comisión desarrolle su trabajo enmarcado en la coyuntura que ha enrumbado a nuestro país desde 1971.

El discernimiento ha sido un camino que le ha permitido amalgamar visiones, a veces hasta divergentes, que en medio del debate y de posiciones políticas disímiles, ha logrado plasmar propuestas inspiradas en el Evangelio para "anunciar y denunciar", con una palabra firme, los valores del Reino de Dios.

Gracias por acogernos cada semana.  ·  #ComuniquemosEsperanza

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