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domingo, 2 de agosto de 2026

carta No. 352: La Longevidad: ¡Nueva potencialidad!

 

 


Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 352 2 de agosto, 2026
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         La Longevidad: ¡Nueva potencialidad!

“Los abuelos son las raíces de un pueblo.” (Papa Francisco).

Quiero decirles: ¡no tengan miedo de la fragilidad! Propiamente esta debilidad lleva consigo una nueva potencialidad que ilumina también las demás edades de la vida. De hecho, cuando es aceptada y reconocida, la fragilidad «abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar: la reconciliación profunda de los corazones y con ello la paz verdadera». (Papa León XIV).



Cada 18 de julio celebramos el Día del Jubilado. Jubilación viene de jubileo, época de descanso. Para quienes tuvieron trabajo es el cierre de la etapa del tiempo laboral, el paso de la rutina diaria con horario a un tiempo “libre”, que se combina con diversos cambios en la vida de la persona, desde lo físico y económico hasta lo social y lo espiritual.


En Ecuador crece el número de adultos mayores. Se abre una etapa después de los sesenta años que puede durar tres o incluso cuatro décadas. El porcentaje de personas mayores de 60 años ha pasado de 7,2% en el 2000 al 11,8% en 2026, mientras que la esperanza de vida aumentó de 48 años en 1950 a 79 años en 2026.


Hoy esta realidad se reconoce como la “la nueva longevidad”, mientras la nueva longevidad nos invita de manera propositiva a un tiempo de posibilidades, crecimiento y esperanza, la vejez evoca el final de una etapa, la obsolescencia o la inutilidad.  Es una fase de vida que no está dirigida a esperar la muerte, sino a preguntarse ¿cómo vivir?


Surgen entonces preguntas fundamentales: ¿está preparada la sociedad para acoger a un número cada vez mayor de adultos mayores? ¿Estamos preparados para vivir esta etapa de la vida?


En nuestro país existe una paradoja: contamos con un marco constitucional y legal que reconoce y protege los derechos de los adultos mayores, comenzando por el derecho a la seguridad social, pero la realidad es diferente: apenas el 27,26% de los adultos mayores cuentan con la protección de la jubilación del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social. La jubilación es un derecho para todos, pero en la práctica se ha convertido en una excepción, un privilegio amenazado por su progresivo debilitamiento. ¿Qué ocurre con el 72% que no cuenta con la protección de la jubilación? Enfrentan situaciones de pobreza, abandono y soledad que afectan especialmente a las mujeres adultas mayores: el 59% carece de ingresos propios. La situación es aún más grave en el campo, donde permanecen niños y adultos mayores mientras los jóvenes emigran en busca de mejores oportunidades.


En la jubilación se encierra retos y las oportunidades. El riesgo es pasar de una vida laboral activa a un tiempo vacío; de una sociabilidad construida en el trabajo a la pérdida de vínculos y la soledad. Se requiere “aprender” a reconstruir esta nueva etapa. La clave de una buena longevidad está en prepararse para conservar la autonomía física, económica, afectiva y social, reconociéndose siempre como sujeto de derechos.


Los jubilados de hoy pertenecen principalmente a las generaciones conocidas como “Baby Boomers” y “Generación X”, han vivido la segunda mitad del siglo XX y viven el inicio del siglo XXI, nacieron en un mundo analógico y habitan en lo digital. Su misión es ser puente entre las raíces y la memoria histórica, con el fundamento del presente y del futuro. Como dice el Papa Fracisco, “los abuelos son las raíces de un pueblo”.


Los adultos mayores que no tienen jubilación pasan una serie de penurias y carencias, viven del apoyo de sus familiares, de la asistencia pública, o en algunos casos, de la caridad en condiciones de abandono. Son los “descartados” de la sociedad.


La longevidad implica también responsabilidades para la familia, la sociedad y el Estado. El desafío consiste en superar el viejismo y dejar de considerar a las personas mayores como una población sobrante, para reconocer sus capacidades, su sabiduría y su contribución al desarrollo del país y asumir que son sujetos con derechos. En los pueblos originarios y en muchas comunidades, los mayores son honrados como fuente de sabiduría y memoria.

Juntos podemos devolver a los adultos mayores el sentido original de jubileo: un tiempo de descanso y “ocio”, de bienestar y adecuada atención médica; un tiempo abierto al disfrute, al crecimiento personal y a la realización de proyectos postergados por las obligaciones laborales y familiares. Los adultos mayores son memoria y proyección. La misión no consiste en recordar su pasado, sino comprometernos con su presente y su futuro. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.