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lunes, 11 de abril de 2022

Carta No. 127: Rehacer la vida desde la Fe, la Esperanza y el Amor

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 127– 10 de abril 2022

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Rehacer la vida desde

la Fe, la Esperanza y el Amor

La parábola del buen samaritano (Lc. 10, 30-37), nos muestra con qué iniciativas se puede rehacer una comunidad a partir de hombres y mujeres que hacen propia la fragilidad de los demás, que no dejan que se erija una sociedad de exclusión, sino que se hacen prójimos, levantan y rehabilitan al caído, para que el bien sea común (Fratelli Tutti, 67). Papa Francisco, octubre 2020.


Nos hemos acostumbrado a recibir, a través de los medios de comunicación, noticias que nos llenan de inquietud, angustia, miedo y desesperanza. Desde las terribles imágenes de guerras criminales y absurdas, como la que sufre Ucrania, hasta las que vemos en el día a día en nuestro querido Ecuador: violencia y crímenes en las cárceles y en las calles, corrupción, impunidad, pugnas politiqueras que obedecen a intereses particulares, angustia por no tener medios de vida (falta de trabajo o salario insuficiente), desesperación por no acceder a una adecuada atención de salud, etc.

En muchos aspectos, el sistema tiene un rostro inhumano, analistas de diferente signo y orientación ideológica nos proponen diagnósticos sesudos e incluso propuestas de superación de los problemas, lo que nos falta es poner en práctica esas alternativas de solución. Entonces, ¿debemos resignarnos?  ¡Ciertamente no!  Porque hay muchas experiencias de mujeres y hombres, que desde la fe y/o desde sus convicciones de humanidad, se esfuerzan cotidianamente por construir un mundo de justicia y de paz, con la única arma de todo creyente, el amor.

Destacamos el trabajo de tantos laicas, laicos, religiosas, religiosos y sacerdotes que traducen su fe en obras, tal como el buen samaritano, que acoge al hermano caído y descartado, lo levanta, lo cuida, lo acompaña, restaura su dignidad y fortalece la esperanza… o el de tantas organizaciones sociales y ONG de inspiración cristiana cuya vocación es el servicio a los pobres y vulnerables.

Así mismo, frente al actual caos político y la pérdida de institucionalidad que envuelve las altas esferas políticas; en muchas comunidades de nuestro país se siguen promoviendo, espacios de participación ciudadana, con personas empoderadas y organizaciones que buscan por todos los medios posibles el bien común y que los gobiernos descentralizados sean auténticos servidores.

En el campo de la salud, por ejemplo, las instituciones públicas declaraban la falta de recursos económicos y la escasez de suministros, sin embargo, encontramos personas sensibles, sacrificadas, entregadas a su labor en lo peor de la pandemia del covid 19; que trabajaron con el espíritu de auténtica vocación, al cuidado de la vida.

Una experiencia concreta ha sido la de un grupo de 22 instituciones de la zona 1, que han unido esfuerzos con el Ministerio de Salud Pública (MSP) y con las instancias de Naciones Unidas, Unión Europea y ONG nacionales e internacionales, para movilizar recursos, contar con promotores de salud comunitaria, promover y facilitar la vacunación, concretamente en las comunidades indígenas y afrodescendientes más alejadas y marginadas. En particular, el FEPP apoyó al MSP, en una acción conjunta, para vacunar a todas las personas de las comunidades de la nacionalidad Waorani de la provincia de Orellana y el norte de Pastaza.

Cómo este, hay cientos de ejemplos, dedicados a romper las brechas de inequidad, en los campos de la salud, educación, economía solidaria, protección de derechos, el cuidado de la casa común etc., compartir estas experiencias nos anima a ser prójimo de todos y todas.  Estos testimonios son expresiones del Espíritu que guía y rehace el caminar de la Iglesia en la historia y que nos llama hoy a ser testigos del amor de Dios, en clave de fraternidad universal; “Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante”.  Este es el sueño: “una única humanidad… hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos” (FT 8).  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 20 de marzo de 2022

Carta No. 124: "¡El Bien, hay que hacerlo bien!"

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 124– 20 de marzo 2022

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"¡El Bien, hay que hacerlo bien!"

Hoy quisiera que nuestro diálogo no mire sólo al pasado, sino que se dirija sobre todo hacia adelante: a las nuevas perspectivas, a las nuevas responsabilidades, a las nuevas formas de iniciativa de las empresas cooperativas.  Es una autentica misión que nos pide fantasía creativa para encontrar formas, métodos, actitudes e instrumentos, para combatir la «cultura del descarte», la que hoy vivimos, la «cultura del descarte» cultivada por los poderes que rigen las políticas económico-financieras del mundo globalizado, donde en el centro está el dios dinero. (Papa Francisco, 2015)


Llegó hace 52 años desde Venecia a Salinas de Guaranda, un pueblito en el centro del Ecuador y en el que, a través del trabajo, la organización, la solidaridad, el emprendimiento y la economía solidaria, encontró razones para soñar en construir el Reino de Dios, con amor, justicia y paz… el P. Antonio Polo, sacerdote y misionero salesiano recoge todas estas experiencias en su libro la "Laguna de los Sueños".

Oír y escuchar, de primera mano, sobre su caminar, sus sueños hechos realidad y los que aún busca conquistar, realmente edifica, motiva, cuestiona y siembra de esperanza los caminos de la vida cotidiana.  Salinas de Guaranda es un proyecto de vidas y de sueños conjuntos traducidos en una realidad comunitaria.

El desarrollo comunitario integral de Salinas se evidencia en la vida y el testimonio del P. Antonio, con sencillez y humildad.  La pedagogía del "Padre Nuestro" inspiró e inspira aún la tarea evangelizadora y la promoción humana para alcanzar un logro comunitario con base a trabajo, esfuerzo, dedicación, honradez, sencillez, colaboración, servicio, motivación, perseverancia, educación, capacitación...

Evoca a Mons. Cándido Rada, primer obispo de Guaranda, que en 1970 invitó a los jóvenes de la Operación Matto Groso al Ecuador, a trabajar en los pueblitos más olvidados y alejados: Salinas, Simiatug, Facundo Vela.  Al tiempo que recordó sus frases vivenciales "el bien hay que hacerlo bien" y “en el camino se ajusta la carga", que influyeron en gran parte de su quehacer diario.

La imagen del colibrí está presente en los sueños (corazón), en la inspiración (cabeza), en la motivación y el servicio (alas) y en la comunicación (pico).  En este proceso de más de cincuenta años, se ha asumido que los medios de producción son propiedad de la comunidad.  Que el servicio está en atender las necesidades básicas y crear fuentes de trabajo en el contexto de la economía solidaria, para vivir mejor.  "Dios nos ha inspirado en lo chiquito.  Hay que fortalecer las vinculaciones académicas y las redes.  Entonces surge la laguna de los sueños.  ¡Si vemos algo bueno en la vida nos queda un compromiso, el de ver si podemos seguir la pista, en lugar de decir: ¡Ummmm!  ¿Esto cuánto durará?  Esto, algún día se acaba…  Tenemos que decir 'pongo mi granito de arena, pongo mi corazón'."

Bepi Tonello, amigo y compañero del P. Antonio, expresa que Salinas de Guaranda no es ni un modelo ni un proyecto acabado, es un proceso de crecimiento, es una propuesta, una fuente de inspiración, es la demostración de que cambiar se puede, de que cada persona debería trabajar por el amor, la felicidad y la paz.

Los lemas "trabajo más ahorro igual adelanto" y "vence la pobreza quien produce más de lo que consume", guían las tareas comunitarias que han mejorado la calidad de vida de esa población a través de alternativas basadas en la economía social y comunitaria.

En Salinas de Guaranda se constata que, con el trabajo y la participación decidida de toda la población, voluntarios y cooperantes, se ha logrado vencer a la pobreza con la organización comunitaria, la capacitación, el trabajo inteligente y honesto, con el ahorro, con responsabilidad, con ética, con honestidad, con el cuidado de los recursos naturales…  A la pobreza se la vence juntos.

"Sigue soñando P. Antonio, con la certeza de que tus sueños contagian a los salineros y salineras y a todos quienes admiramos tu vida y quisiéramos que haya un P. Antonio en cada parroquia del Ecuador".  · #ComuniquemosEsperanza

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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 30 de enero de 2022

Carta No. 117: Inequidad: raíz de los males sociales

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 117– 30 de enero 2022

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Inequidad: raíz de los males sociales

"Se necesitan leyes justas que puedan garantizar esa armonía y ayudar a superar los conflictos que han desgarrado esta Nación por décadas; leyes que no nacen de la exigencia pragmática de ordenar la sociedad sino del deseo de resolver las causas estructurales de la pobreza que generan exclusión y violencia. Sólo así se sana de una enfermedad que vuelve frágil e indigna a la sociedad y siempre la deja a las puertas de nuevas crisis. No olvidemos que la inequidad es la raíz de los males sociales" (Papa Francisco, 2017).


Cotidianamente los noticieros están llenos de crónica roja que manifiesta la violencia y la inseguridad creciente en la que está inmerso el país. Términos como 'narco generales', 'narco políticos', 'ajuste de cuentas', 'sicariato', 'carteles de la droga', 'lavado de dinero'… están presentes en la cotidianidad y son parte de los asfixiantes debates y entrevistas.

Ecuador se va convirtiendo en un país violento, inseguro, confundido, en el que ni la población ni el gobierno saben qué hacer ni qué medidas tomar para enfrentar la realidad de: más de 13 asesinatos por cada 100 mil habitantes, 180 crímenes violentos en lo que va de enero, 320 asesinados en las cárceles en el último año, a los que se suman los cientos de asaltos, robos… que suceden día tras día; en medio de una alta corrupción, impunidad, crimen organizado…Las alternativas han sido amurallar los barrios y casas, casi 100 mil guardias de seguridad privada, mientras la Policía y Fuerzas Armadas no logran controlar la violencia ni la delincuencia, que han evolucionado y perfeccionado sus metodologías abarcando muchos ámbitos del tejido social. El crimen organizado se perfecciona y forma nuevos cuadros.

Además, hay violencia institucionalizada y estructurada, donde algunos funcionarios públicos y privados, "delincuentes de cuello blanco", atracan los fondos estatales.

Haciendo un análisis crítico, constatamos que la violencia e inseguridad son efecto de causas estructurales, aún vigentes, que se han agudizado con el paso del tiempo: se vende la idea de que la felicidad radica en el tener, el poder, el placer… justificando cualquier medio para obtenerlos, incluso el atraco, el robo, la muerte…

"En las sociedades actuales la mayoría de los hombres y las mujeres viven precariamente el día a día, en la pobreza y en la violencia, en la inequidad, indignamente, lo cual genera miedo y desesperación. La actual es para el Papa (Francisco) una sociedad donde impera una «economía de exclusión», donde los excluidos no son solo «"explotados" sino considerados desechos "sobrantes"», lo que ha llamado una «cultura del descarte» donde las personas son consideradas bienes de consumo, que se pueden usar y luego tirar".

Por lo que "la inequidad genera tarde o temprano una violencia que las carreras armamentistas no resuelven ni resolverán jamás.  Solo sirven para pretender engañar a los que reclaman mayor seguridad, como si hoy no supiéramos que las armas y la represión, más que aportar soluciones, crean nuevos y peores conflictos" (Evangelii Gaudium, Papa Francisco).  Ya que "la desigualdad significa injusticia social, que éticamente es inaceptable… la injusticia social es un pecado contra el Creador porque le ofende a Él y a sus hijos e hijas.  Por lo tanto, estamos en una situación que no nos agrada a nosotros y tampoco agrada a Dios" (Leonardo Boff, 2022).

Frente al muy complejo y complicado panorama nacional, el gobierno ha reaccionado a la presión social enviando un proyecto de ley para 'combatir' la inseguridad y la violencia, con lo que pretende enfrentar esta dolorosa realidad que está desangrando el país. A lo que vale preguntar ¿más leyes lograrán neutralizar y superar esta gravísima situación de violencia e inseguridad?  ¿Acaso primero el país no demanda una propuesta integral de desarrollo orientada a combatir la pobreza, crear empleo, dotar de servicios básicos, inyectar crédito a la agricultura, combatir la corrupción, desterrar la impunidad, imponer la honestidad y transparencia… disminuyendo las inequidades?

Debemos insistir que "se necesitan cambios que resuelvan las causas estructurales" si queremos una vida digna, de justicia y de paz.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 12 de septiembre de 2021

Carta No. 97: Del desarrollo local al desarrollo nacional

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 97 – 12 de septiembre 2021

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Del desarrollo local al desarrollo nacional

“Se trata, de integrar en el desarrollo todos aquellos elementos que realmente hacen que sea así. Los diferentes sistemas: la economía, las finanzas, el trabajo, la cultura, la vida familiar, la religión son, cada uno en su especificidad, un momento irrenunciable de este crecimiento. Ninguno de ellos puede ser absoluto y ninguno puede ser excluido de un concepto de desarrollo humano integral, es decir, que tenga en cuenta que la vida humana es como una orquesta que suena bien, si los diferentes instrumentos se armonizan y siguen una partitura compartida por todos”.  (Papa Francisco, 2017).



El desarrollo local es un proyecto colectivo diseñado y ejecutado con un conjunto de acciones planificadas, en un tiempo determinado y en un territorio concreto, construido por todos los actores sociales, políticos, culturales, cuya participación permite enfrentar el cortoplacismo, el clientelismo, la improvisación, el dispendio de recursos humanos y económicos, el subdesarrollo, el desempleo, la ausencia de servicios de salud y educación, la inequidad, la contaminación ambiental, la corrupción, la impunidad, la injusticia... realidades que impiden mejorar la condición de vida de los ciudadanos.

El centro y el fundamento del desarrollo local es el ser humano.  Desarrollo que busca reducir las diferencias entre los sectores urbano y rural.  Un proceso histórico que apuesta al futuro tomando en cuenta que la participación comunitaria es el eje articulador, planificador y ejecutor de su propuesta colectiva de desarrollo.  Solo así será sostenible y sustentable en el tiempo.

Para que haya desarrollo local es importante reconocer la diversidad de cada pueblo y territorio: principios y valores, sueños y esperanzas, angustias y dolores… factores determinantes al establecer prioridades, objetivos, metas y acciones conjuntas, que permitan valorar los recursos naturales existentes, fortalecer el tejido social y el desarrollo económico, cultural, tecnológico, sanitario; impulsar a los sectores productivos, implementar la formación integral e impulsar las estrategias del desarrollo humano.

El desarrollo local se coordina en tres niveles: a) políticos: prefecturas, municipios, juntas parroquiales (Gobiernos Autónomos Descentralizados – GADs); b) sociales: organizaciones ciudadanas, comités pro-mejoras, sindicatos…; y c) organizaciones no gubernamentales (ONGs).  En este contexto, algunos de estos actores actúan en complicidad y encubrimiento para imponer su visión particular, auspiciando proyectos 'personales' que rompen toda lógica de planificación, duplican actividades, rivalizan, desconocen y deslegitiman acciones realizadas.  Con frecuencia prima el cortoplacismo que apuesta al clientelismo y la improvisación y generalmente responde a un caciquismo local o regional.

Los GADs, además enfrentan limitaciones presupuestarias, elevados gastos corrientes, ausencia de personal capacitado y la desarticulación de las realidades económicas, sociales y culturales, que impiden construir el anhelado desarrollo integral y más bien lo que se ha implementado es un subdesarrollo local.

Hay que tener presente que, sin desarrollo local es imposible lograr el tan necesario desarrollo nacional.  Es urgente cualificar a autoridades, funcionarios y ciudadanía como agentes y actores del desarrollo local.  Todos debemos ser parte de lo que, se denomina 'lo glocal', que se define como aquello "que hace referencia a factores tanto globales como locales o reúne características de ambas realidades".

Lo global y lo local, no son visiones contrapuestas, son complementarias pues "El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico.  Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre.  (…) «Nosotros no aceptamos la separación de la economía de lo humano (…).  Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera» (Lebret OP)" señalo Paulo VI en la Encíclica Populorum Progressio, No.14, 1967.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 11 de julio de 2021

Carta No. 88: Vivienda digna: un sueño esquivo

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 88 – 11 de julio 2021
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Vivienda digna: un sueño esquivo

En estos últimos años, el problema de la casa se ha vuelto extraordinaria-mente más agudo, a causa, sea del crecimiento de la población, sobre todo en las ciudades, sea de los traslados por motivos de trabajo, sea también por la búsqueda de mejores condiciones de vida. Los efectos saltan a la vista: creación de megalópolis, surgimiento de cinturones periféricos con condiciones de vida sub-humanas, marginación, miseria. Juan Pablo II, 1987.

En Ecuador hay conjuntos privados amurallados, con casas lujosas, con todas las comodidades, servicios, guardianía; y también barrios marginales, con "casitas" que apenas tienen cuatro paredes, carentes de comodidades, sin servicios básicos, sumergidos en la inseguridad, sin vías de comunicación ni transporte. Estos dos extremos conviven a consecuencia de la iniquidad, injusticia, concentración de la riqueza, corrupción, impunidad, entre otras causas.

El Banco Mundial (BM) señala que en Latinoamérica dos de cada tres familias necesitan una mejor vivienda, no una nueva. Mientras que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), indica que más de dos millones de hogares ecuatorianos sufren déficit habitacional, de los cuales, 1,2 millones están en áreas urbanas (21% con déficit cualitativo, es decir, que deben ser mejoradas en sus materiales, espacio y servicios básicos) y 850 mil en áreas rurales (38% de déficit cualitativo). A pesar de que muchas familias pobres han conseguido un lote a través de traficantes de tierras, se registra un déficit aproximado de 500 mil viviendas lo que evidencia la gravísima problemática habitacional, que los gobiernos de turno, en sus campañas electorales, han ofrecido solucionar y no han logrado cumplir.

La Constitución establece que “las personas tienen derecho a un hábitat seguro y saludable, y a una vivienda adecuada y digna, con independencia de su situación social y económica”, sin embargo, ese derecho se ha convertido en un sueño muy lejano para familias que trabajan toda su vida para alcanzar un techo propio, sin lograrlo por los precios altos y los sueldos bajos, que impiden tener algún ahorro.

Según el Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos (INEC), aproximadamente 2,7 millones viven en inmuebles alquilados y hasta el 2018 el déficit de vivienda llegaba al 12,4% a nivel nacional. Esto representa que más de 573 mil familias no cuentan con casa propia y cada año se incrementa la demanda en alrededor de 60 mil nuevas viviendas. Si no se logra establecer una política estatal decisiva, este problema se acrecentará y cada vez serán más hogares los que requieran vivienda digna para crecer como personas y ejercer su derecho al empleo, a la educación, la participación, la salud, la protección social, ya que "es necesario que los gobiernos pongan todo su empeño para que el desarrollo económico y el progreso social avancen al mismo tiempo y para que, a medida que se desarrolla la productividad de los sistemas económicos, se desenvuelvan también los servicios esenciales, como son, por ejemplo carreteras, transportes, comercio, agua potable, vivienda, asistencia sanitaria...” resaltó el papa Juan XXIII (Pacem in Terris, 1963).

"En este sentido –subrayó el papa san Juan Pablo II– los católicos que gozan de responsabilidad en la vida pública, y cuantos se interesan por el problema de la casa, particularmente las administraciones locales, son exhortados a ofrecer su contribución, a fin de disponer políticas adecuadas que puedan hacer frente a las situaciones de más urgente necesidad y a remover los obstáculos que impiden encontrar las modalidades concretas, económicas, jurídicas y sociales, aptas a poner por obra condiciones más favorables a la solución de estos problemas" (¿Qué has hecho de tu hermano sin techo?, 1987)  ·  #ComuniquemosEsperanza


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domingo, 4 de octubre de 2020

Carta No. 48: Empleo: deber y derecho social

 

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 48 – 4 de octubre 2020

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“…que a nadie le falte el trabajo y que todos sean justamente remunerados y puedan gozar de la dignidad del trabajo y la belleza del descanso.

 

El trabajo es lo que hace al hombre semejante a Dios, porque con el trabajo el hombre es un creador, es capaz de crear, de crear muchas cosas…”. Papa Francisco (1 mayo 2020).


Empleo: deber y derecho social

Ganarse el pan con el sudor de la frente, es decir con trabajo, da un sentido de realización a la actividad humana dentro de un programa de vida justo. De ahí que el trabajo es esencial e indispensable para todos ya que de él dependemos para vivir y mantener honradamente a nuestras familias.

La mortal y despiadada pandemia ha evidenciado aún más un problema estructural y social complejo: el desempleo. El mundo podría cerrar el 2020 con alrededor de 400 millones de personas sin trabajo, algo así como toda la población de América del Sur.

En Ecuador, oficialmente 13 de cada 100 personas aptas para el trabajo estarían en la desocupación, más de un millón, de los cuales casi 700 mil perdieron el empleo por la pandemia, mientras el 70% se debate en el subempleo y la informalidad y escasamente el 16.7% cuentan con un trabajo estable y adecuadamente remunerado (Inec).

Las cifras son trágicas, pero aún más trágica e impactante es la lacerante realidad que constatamos al caminar por nuestras ciudades, que despliegan pobreza y hambre. Los jóvenes y las mujeres están entre los grupos más golpeados. A ello se suma el deterioro de la situación laboral de muchos trabajadores, que en 2020 vieron reducidas sus horas de trabajo e ingresos por la disminución de la demanda, el cierre de empresas y la desvinculación de empleados públicos, que contradictoriamente a lo sugestivo del título de la Ley de Apoyo Humanitario, fue la que consagró su regreso a casa con las manos vacías y la desesperanza a cuestas.

El problema no termina ahí, las condiciones de vida de millones de personas se deterioran y arrastran graves consecuencias sociales como: falta de alimentación, vivienda, educación, en medio de hacinamiento, migración, inseguridad, etc., pasando de una condición limitada a una de supervivencia, donde no se logran satisfacer las necesidades vitales.  Las calles acogen a quienes no tienen otra opción que acudir a la informalidad para alcanzar el mínimo sustento familiar, todo ante la mirada impávida de gobiernos y políticos demagogos que ofrecen el oro y el moro en las campañas electorales, pero que una vez en el poder priorizan otros intereses en lugar de plantear soluciones a las más graves problemáticas.

Qué lejos se sienten la ley y la justicia, en vano la Constitución consagra que El trabajo es un derecho y un deber social, y un derecho económico (…)  El Estado garantizará a las personas trabajadoras el pleno respeto a su dignidad, una vida decorosa, remuneraciones y retribuciones justas y el desempeño de un trabajo saludable y libremente escogido o aceptado. (art. 33).

Sin embargo, y no obstante lo dicho, no solo el Estado es responsable de esta estructura defectuosa, inequitativa e injusta de la división de la sociedad en la repartición de la riqueza, TODOS somos corresponsables, cuando actuamos y favorecemos prácticas de discriminación, de individualismo, de ojos ciegos y oídos sordos frente a la corrupción, a la explotación laboral, cuando elegimos personas que buscan intereses personales, cuando somos indiferentes al DOLOR e INJUSTICIA de una sociedad que nos divide y nos vuelve narcisistas, ególatras e insensibles con el hermano.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

   

 

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domingo, 23 de agosto de 2020

Carta No. 42: El rostro humano de la humanidad

 

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz

carta No. 42 – 23 de agosto 2020

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El virus nos trajo un mensaje potente: la necesidad urgente de un mundo diferente, que era invisible a los ojos de la globalización, más equitativo, más justo, con iguales oportunidades para todos, libre de discriminación, más solidario y más humano, centrado en las personas y alejado del carácter puramente economicista que apoyado, muchas veces, en inútiles indicadores buscaba desesperadamente el lucro inhumano y no el bienestar global.

 

El rostro humano de la humanidad

 

“La pobreza no es natural, es creada por el hombre; erradicarla no es un acto de caridad, es un acto de justicia” Nelson Mandela

 

La pandemia de la que el planeta es víctima, llegó sin aviso previo, con aire destructor y envuelta en un manto de misterio.  Ha confundido y destruido estructuras y paradigmas, pero sobre todo ha dejado al descubierto problemas sociales profundos como la pobreza e inequidad que afectan a miles de millones de seres humanos.  Su impacto ha sido violento y destructor en economías débiles que ya enfrentaban situaciones de crisis antes de su presencia.  Hoy se cierran empresas, el desempleo aumenta, la productividad baja y los excluidos se enfrentan cara a cara con el hambre, la miseria y la enfermedad.

El microscópico virus ha dado más sorpresas de las imaginadas, ha anulado la autoridad de los poderosos, desafiando a la ciencia y descalificando los ‘exitosos’ modelos de desarrollo.  Está imponiendo un nuevo estilo de vida y pese a los esfuerzos humanos: no hay salida, al menos en el corto plazo.  El conocimiento trabaja sin descanso en busca de una vacuna que no llega.

La nueva situación nos muestra la fragilidad humana, lo relativo de las cosas materiales, lo poco que necesitamos para vivir (contraria a la idea de que la persona vale por lo que tiene y no por lo que es), el reconocimiento del valor de la vida, la importancia de la familia, la conservación del medio ambiente, la necesidad de la convivencia...

La pandemia puede constituirse en una enorme oportunidad para “hacer nuevas todas las cosas”: construir una nueva humanidad, con una nueva economía, una nueva política, un nuevo orden social, en la que el ser humano sea el principio y fin de toda actividad, donde la ganancia esté dada por la disminución de la pobreza, por la inclusión económica y social de los menos favorecidos, no con sentido asistencialista sino en estricta justicia y respeto a sus derechos naturales.

Es preciso detener el consumismo arrollador, el coronavirus lo ha hecho, debemos construir un modelo de conservación sustentable que guarde equilibrio entre lo económico, político, social, cultural y ambiental, so pena de la desaparición de esta civilización. En palabras del Papa Francisco corresponde la elección evangélica de la “Opción Preferencial por los Pobres”, como criterio clave de autenticidad cristiana, exigencia ético-social que proviene del amor de Dios, que lleva a pensar y a diseñar el rostro humano de la humanidad, donde las personas, y sobre todo los más pobres, estén en el centro.

Esperemos que el coronavirus sirva para el bosquejo y la práctica de un nuevo contrato social en el que se privilegien la vida, la salud, el derecho al trabajo, la justicia y la solidaridad.  Esta construcción incumbe a los gobiernos que tienen la enorme responsabilidad de formular políticas públicas con objetivos claros y normativas inclusivas, libre de prebendas y distinciones, alejada de la corrupción e impunidad, pegada a la ética en todas las instancias de poder, velando siempre por el bien común y el cuidado de la creación.  ·  #ComuniquemosEsperanza

  

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