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domingo, 22 de mayo de 2022

Carta No. 133: Para la sostenibilidad del Estado…

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 133– 22 de mayo 2022

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Para la sostenibilidad del Estado

El mundo reclama de todos los gobernantes una voluntad efectiva, práctica, constante, de pasos concretos y medidas inmediatas, para preservar y mejorar el ambiente natural y vencer cuanto antes el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias (…).  Debemos cuidar que nuestras instituciones sean realmente efectivas en la lucha contra todos estos flagelos. (Papa Francisco, ONU 2015).


Con frecuencia escuchamos sobre el Estado fallido y de pérdida de institucionalidad… ¿a qué se debe tan deplorable situación?: entre otras razones a la incoherencia ética y la inobservancia de leyes y normas que garantizan la sostenibilidad institucional, especialmente de estos tres pilares básicos:

1. Coherencia con los principios, valores y objetivos institucionales: las entidades que caminan sin rumbo fijo; sin objetivos claros de corto, mediano y largo plazo; sin fijarse en principios y valores que guíen el día a día de la institución y de sus actores.  No hacen caso de la misión y la visión para la que fueron creadas.  Tienen voluminosos planes estratégicos, que son archivados y olvidados.

2. Capacidad de gestión: los funcionarios que asumen las jefaturas o direcciones -con frecuencia desde la politiquería-, no poseen los conocimientos ni las pericias de la gestión pública, por lo que no tienen la capacidad para planificar, organizar, ejecutar -con solvencia-, ni monitorear, evaluar y rendir cuentas a la sociedad -con transparencia y honradez-.  No hay capacidad de emprender y conducir procesos de negociación, que permitan llegar al diseño de estrategias o preparar y ejecutar presupuestos -que en el mejor de los casos son copias de ejercicios anteriores-.

3. Generar credibilidad institucional: como consecuencia de las falencias antes señaladas, la ciudadanía no cree y desconfía en las instituciones públicas.  Múltiples testimonios y quejas se repiten y los sondeos de opinión evidencian el descontento: 58% no cree en la Procuraduría; 63% desconfía de la Defensoría del Pueblo; 66% no cree en la Fiscalía; 69% desconfía de la Corte Constitucional; 72% no cree en el Consejo de la Judicatura; 75% desconfía de la Corte Nacional de Justicia; 76% no cree en la Contraloría; 82% desconfía de los jueces; y el 86% no cree en la Asamblea Nacional.

Pero esta situación no es exclusiva de las entidades públicas -a las que se les pone más atención-, también el sector privado, las organizaciones de la sociedad civil y las que son sin fines de lucro, incumplen con estos pilares de la sostenibilidad institucional.

¿Es posible salir de este pantano? ¡Sí!, pero se requiere que las personas que asuman el liderazgo de las instituciones lo hagan por y con principios, y con el compromiso de servir a toda la sociedad.  Es indispensable que los funcionarios se revistan de una férrea voluntad para provocar cambios y transformaciones que, con decisión no son difíciles, pero demandan mucha voluntad política y arduo trabajo.  Deben comprometerse en asumir procesos de autoinducción para adentrarse en el conocimiento pleno de la entidad, así como todo el personal, en las aplicaciones y exigencias que demanda la sostenibilidad del Estado.

Para lograr la eficiencia y eficacia de las instituciones, públicas y privadas, se debe iniciar con la fundamental tarea de configurar verdaderos equipos de trabajo con personas que cumplan con tres condiciones básicas: Poseer suficientes conocimientos y destrezas para el desempeño de las funciones que se les encarga; voluntad para adentrarse rápidamente en el conocimiento y práctica del marco orientador de la institución; y evidenciar principios y valores éticos ampliamente reconocidos y coherentemente demostrados en el día a día de su acción laboral.

En definitiva, trabajemos en conjunto -entidades estatales y los sectores privados y sociales-, por el bienestar de todos, apostando por construir un país de respeto, justicia y paz.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.  


lunes, 16 de mayo de 2022

Carta No. 132: Economía sin rostro humano

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 132– 15 de mayo 2022

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Economía sin rostro humano

En una sociedad donde haya un margen de pobreza muy grande, uno se tiene que preguntar: ¿Cómo va la economía?, si es justa, si es social, o simplemente busca intereses personales.  (Papa Francisco, junio 2021).

A un año de gobierno del presidente Lasso, la economía nacional sigue en crisis y con ello la estabilidad y dignidad de los ecuatorianos.  Si bien en teoría se ha trabajado sobre los cuatro ejes planteados por el ejecutivo en su plan de gobierno, en la realidad no se evidencian mejoras: el déficit público sigue en cifras rojas, el desempleo sigue campante frente a la desesperación de la población que lucha por conseguir ingresos a pesar de carecer de trabajo (solo tres de cada diez personas tienen un empleo adecuado), los acuerdos comerciales aún no se concretan y los emprendimientos siguen a la espera de recursos y oportunidades que les permitan despegar.

La subida del precio del petróleo, si bien permite lograr ingresos adicionales, alrededor de USD 2 mil millones, tiene como contraparte el incremento del precio de los derivados, que la oferta nacional no cubre y que el Estado debe asumir (subsidio).  El incremento de gastos financiados por fuentes externas, así como originados en imprevistos, como la inseguridad, los desastres naturales y otros, requiere con urgencia el cumplimiento de los desembolsos por parte del FMI, previstos para este año en USD 1700 millones, de los cuales USD 1000 millones llegarían en estos días y con los que se ejecutarían diferentes rubros contemplados en el Presupuesto General del Estado, como asignaciones previstas a gobiernos seccionales, pago de amortizaciones, mantenimiento de infraestructura vial, etc.

La fallida Ley de atracción de inversiones, archivada por la Asamblea, truncó la expectativa gubernamental de captar alrededor de USD 30 mil millones en inversión extranjera y crear 2 millones de empleos, conforme al objetivo de este proyecto de Ley.  Además, a esta decisión parlamentaria se suma la inseguridad jurídica y política que adolece el país.  No llegan capitales extranjeros y hay un riesgo alto de que la inversión extranjera siga disminuyendo, como ya aconteció en 2021 (cayó en 44 % respecto del 2020 - nivel más bajo de los últimos 4 años).  En este contexto es muy difícil que se creen nuevas plazas de empleo, lo que incrementa la asimetría social y disminuye la calidad de vida de alrededor del 60% de la población, con consecuencias funestas como el incremento de la delincuencia y la inestabilidad social.

Además, la inflación global pospandemia así como la guerra Rusia-Ucrania trae como consecuencia el incremento de precios de los insumos y productos agrícolas, tanto que, por ejemplo, el precio del pan ha subido porque el costo de la harina que importamos se ha incrementado.  También se ha perdido parte del mercado del banano, flores y camarón, lo que provoca disminución del empleo e ingresos.

Como aspectos relevantes logrados por el gobierno están la continuación del plan de vacunación, el sustantivo incremento de la reserva monetaria internacional, y mejora en las conexiones aéreas internacionales y apertura hacia el mundo, sin embargo, sus resultados no son visibles e inmediatos.  A nivel privado es el esfuerzo de los migrantes y sus remesas mueven el aparato económico nacional.  En 2021 estas alcanzaron el récord de USD 4362 millones, lo que hace posible la subsistencia en los hogares y, en muchos casos, suple la falta de ingresos causada por el desempleo.

Los responsables del poder tienen que obrar de manera urgente para afrontar una abultada deuda económica y social con el país, y todos los ciudadanos debemos comprometernos a ofrecer nuestros mejores esfuerzos que nos permitan una pronta salida de la crisis.

Concluimos con una frase del Papa Francisco: "Y menos aún existe una racionalidad económica que suponga que la persona humana es simplemente una acumuladora de beneficios individuales ajenos a su condición de ser social" (febrero 2020), es indispensable un cambio de mentalidad individualista a otra solidaria y de corresponsabilidad social de todos.  ·  #ComuniquemosEsperanza

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sábado, 7 de mayo de 2022

Carta No. 131: La Patria es nuestro derecho y responsabilidad

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 131– 8 de mayo 2022

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La Patria es nuestro
derecho y responsabilidad

“La esperanza es audaz: sabe mirar más allá́ de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna” (Papa Francisco, Fratelli tutti No 55).

La Comisión ecuatoriana Justicia y Paz invita a escuchar, discernir, interiorizar y compartir el mensaje de los Obispos del Ecuador, dirigido "a los ecuatorianos de buena voluntad ", el pasado 29 de abril.  En este mensaje y desde su "compromiso de caminantes junto al pueblo, desde la escucha y participación en sus penas, gozos y esperanzas (GS 22)", puntualizan varias realidades que afectan gravemente el presente y futuro del país y ponen en riesgo la propia institucionalidad del Estado y que se convierten en desafíos para el pueblo y especialmente para los creyentes.

Con claridad y contundencia han sintetizado las amenazas en tres puntos:

1.  La creciente ola de pobreza, de violencia e inseguridad, que nos llena de luto y dolor y genera un ambiente de miedo y desconfianza.

2.  La crisis política e institucional, manifestada en la pugna de poderes y el vacío ético y jurídico, que impiden vivir en una sociedad de justicia y equidad.

3.  Una cultura de muerte que impone leyes que nada tienen que ver con los valores de nuestra sociedad; y que van en contra de la defensa de la vida desde la concepción, del respeto a la familia y del cuidado de la Casa Común afectada por el extractivismo desmesurado, perjudicando a pueblos y comunidades, sobre todo en la Amazonía.

En este escenario de amenazas, ambiciones, corrupción, impunidad, inseguridad y muerte, los obispos hacen un llamado claro y concreto a que volvamos nuestros ojos al Señor Resucitado, a que saquemos nuestra fe a la calle y actuemos decididamente para cambiar esa realidad y trabajar sin descanso para “que todos tengamos vida y vida en abundancia” cfr Jn 10,10).

Ante el Señor de toda la Historia que se hace presente aquí y ahora, que acompaña a su pueblo, que vive en luchas, que peregrina gritando “Ven Señor no tardes”, y se manifiesta en múltiples formas en la fe de nuestro pueblo, nos dicen “En medio de estas realidades desafiantes, en que el Dios de la Vida nos llena de fortaleza y esperanza, constatamos también que la fe de nuestro pueblo sigue siendo su más grande riqueza: hemos sido testigos de las manifestaciones de solidaridad y cercanía con los que sufren…”

Nos hacen un llamado a todas las personas para que, sin distingos ni divisiones, nos unamos sin reservas, con transparencia y sinceridad para exigir nuestros derechos y cumplir nuestras responsabilidades, para trabajar por nuestro país y encontrar, juntos, caminos de diálogo y solidaridad, consensos mínimos que nos permitan enfrentar la devastadora situación en la que está el país.  Solamente de forma mancomunada, sin egoísmos, ni agendas ocultas, alcanzaremos objetivos nacionales de bienestar y desarrollo, previamente acordados, para toda la población, especialmente para los más pobres y vulnerables, por ello nos dicen "Nuestra gratitud a todos los ecuatorianos, hombres y mujeres, comprometidos con la paz y la justicia, con la defensa de la vida, de los derechos humanos y ambientales, siempre dispuestos a mejorar la calidad de vida de los migrantes, los encarcelados, los jóvenes, los enfermos y excluidos de la sociedad, los bienaventurados de Dios (Mt 5)".

Si queremos salir de esta devastación, tenemos una labor inmensa por delante que, junto a nuestros pastores, debemos procesarla ante el Señor Jesús para interiorizarla y asumirla como tarea y responsabilidad ineludible, con el único objetivo de construir una Patria grande, en la que quepamos todos, sin exclusión ni explotación, donde prime la justicia y la paz.  Debemos ser profetas de vida y esperanza, dando ejemplo y actuando como Dios manda.  ·  #ComuniquemosEsperanza

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domingo, 1 de mayo de 2022

Carta No. 130: 150 años con los pobres y vulnerables

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 130– 1 de mayo 2022

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150 años con los pobres y vulnerables

“Un corazón ocupado por la furia de poseer es un corazón vacío de Dios.  Por eso Jesús ha advertido varias veces a los ricos, porque en ellos es fuerte el riesgo de colocar la propia seguridad en los bienes de este mundo.  En un corazón poseído por las riquezas, no hay más espacio para la fe.  Si en cambio se deja a Dios el lugar que le espera, o sea el primer lugar, entonces su amor conduce a compartir también las riquezas, a ponerlas al servicio de proyectos de solidaridad y de desarrollo, como demuestran tantos ejemplos, también recientes, en la historia de la Iglesia” (Papa Francisco, 2014).


Ocho Hermanas de la Providencia, llegaron a Ecuador en enero de 1872. El terremoto que asoló Ibarra unos años antes, en 1868, dejó muchas niñas en la orfandad y, para responder a esta situación de vulnerabilidad, Monseñor Checa y Barba y el presidente García Moreno, invitaron a las Hermanas de la Providencia de Bélgica, para que las acojan, protejan y les den los conocimientos apropiados de la época.

La Congregación de las Hermanas de la Providencia fue fundada por el Padre Juan Martin Moye, quien, conmovido por la pobreza de los campesinos, en 1789, en Francia, invitó a Margarita Lecomte a visitar la humilde aldea Béfey, a convivir con los más pobres y hacer suya la situación de los aldeanos, enseñando, especialmente a las mujeres jóvenes, para que tengan una vida con menos carencias, según el designio de la Providencia. Luego se le unieron otras jóvenes más. El Carisma es la atención privilegiada a los más pobres, desde las obras de misericordia.

Desde aquel 1872, cientos de hermanas han continuado y continúan esta misión de evangelización y humanización, especialmente de las jóvenes. En Ecuador están presentes en casi todas las provincias, en comunidades pobres y alejadas, colegios y en un hospital; y dese aquí se organizaron y realizaron dos fundaciones: Colombia y Haití.

El fundador de las Hermanas de la Providencia, el Beato Juan Martin, vivió el Carisma de Providencia en la radicalidad, exigía audacia y entrega en la misión, siempre atento a las necesidades de su tiempo. Viajó a China, en donde fue misionero y se identificó con ese pueblo, no solo aprendió esa lengua sino también su cultura.  Ver la realidad de su tiempo, le llevó a dar respuestas decisivas al seguimiento de Jesús, en función de la Construcción del Reino. Hoy es para la Familia Providencia, el referente de Espiritualidad y de Misión.

En los sectores pobres y alejados y en el trabajo misionero de los colegios, las hermans de la Providencia, privilegian el acompañamiento a las comunidades de fe y el apoyo a las organizaciones populares, promoviendo el surgimiento de catequistas, animadores de fe y líderes, que sean gestores de su propio caminar, tanto en el seguimiento de Jesús como en el compromiso sociopolítico, para que comunitariamente busquen dar respuestas a las necesidades y proyectos de su barrio o pueblo, y así construyan el Reino. Los desafíos son cada día más complejos y difíciles de enfrentar: droga, trata de personas, avance del extractivismo, etc.; un gran reto, especialmente, para la educación y para promover la vigencia de los valores humanos y cristianos.

Desde 1971, en Ecuador, abrieron la posibilidad para misioneros laicos, jóvenes bachilleres que querían hacer labor social y pastoral en los lugares más empobrecidos, y a quienes se les ofrece la posibilidad de prepararse para realizar esta misión y fortalecer su compromiso en sus respectivos lugares. Muchos de ellos se han convertido en verdaderos líderes locales y en sus lugares de trabajo.

Esta apertura impulsó la creación de las ramas de los Hermanos y de los Sacerdotes de la Providencia. Con base en los jóvenes que tuvieron la experiencia como misioneros, se organizaron los Misioneros Providencia en el Mundo.

A lo largo de estos 150 años en Ecuador, las hermanas de la Providencia han trabajado incansablemente en los sectores más pobres y vulnerables, allí han compartido la Palabra y el pan, allí han dejado y dejan, con su testimonio y trabajo, la presencia de la Providencia de Dios.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 24 de abril de 2022

Carta No. 129: La ambición de Don Pedro y Doña Inés

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 129– 24 de abril 2022

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La ambición de Don Pedro y Doña Inés 

“No sean mezquinos en sus sueños, luchen por un futuro mejor y conviertan esos anhelos en acciones concretas y significativas.  Dejen atrás rutinas y falsos espejismos y regeneren este mundo tan sacudido por la pandemia” (Papa Francisco al Foro Mundial de la Alimentación, 2021). 

Decía Martin Luther King…
”lo preocupante no es la perversidad de los malvados
sino la indiferencia de los buenos”

Don Pedro y Doña Inés son los gestores de un feliz matrimonio y en su hogar, cuando comparten con sus hijos, los temas de conversación giran alrededor de los principios éticos y de los sistemas morales, cuya observancia garantizan el bienestar de su familia, la convivencia social y el desarrollo humano. Hablan de comprometerse con el respeto, la justicia, la honestidad, la tolerancia, la responsabilidad, la verdad y otros tantos principios; de la importancia de tratar a los demás como queremos ser tratados, de la necesidad de comportarnos adecuadamente en público, de ser solidarios, de cumplir nuestros compromisos, del respeto a las instituciones públicas y exigir a las autoridades cumplir sus responsabilidades.

Las pláticas son matizadas frecuentemente, con los testimonios de  personas ejemplares como Mahatma Gandhi, Nelson Mandela, Martin Luther King, Madre Teresa de Calcuta, Charles de Foucault, Desmond Tutu, Papa Francisco y tantos otros.

En el mismo vecindario hay otra casa, que no puede llamarse precisamente hogar, conducido por una pareja cuyos nombres mejor es omitir, donde los temas de conversación giran alrededor de cómo ser feliz rápidamente y sin esfuerzo, de las "hazañas" de esos funcionarios que, con osadía y "viveza", mal utilizan los recursos públicos, lo que les permite vivir ostentosamente y a algunos hasta en el extranjero; admiran a aquellos que fueron sancionados por la justicia, porque al salir de las cárceles, usufructúan de lo robado; y los ponen de ejemplo a sus hijos y otros familiares cercanos… ¡son "héroes" de la villanía!.  Pero no sólo se trata de conversaciones, sino también de acciones: no pagan las cuotas fijadas por la organización barrial… "no tengo por qué hacerlo si los espacios de nuestro vecindario son públicos"… No cumplen con el adecentamiento y limpieza de la acera que queda frente a su casa… "eso es obligación del municipio o de la directiva barrial", se pasan el semáforo en rojo, no respetan la fila, etc.  Si miran caminando a un anciano que requiere ayuda, lo increpan reclamándole que ¿para qué ha salido a la calle?… en fin, acciones que se han vuelto normales y aceptadas socialmente.

Mientras Don Pedro y Doña Inés incentivan a que sus hijos tenga una ambición saludable: como un deseo o un motor que motiva a dejar de lado actitudes conformistas y empuja al desarrollo integral: como la valentía de otear nuevos horizontes, crear sueños, proyectos, nuevos paradigmas que generen transformación social…; los otros, presionan a que sus hijos practiquen una ambición sin límites, sobre todo, por las riquezas materiales que han de ser conseguidas, sin importar si para ello tienen que infringir la ley, quebrantar los sistemas morales que han sido diseñados para el buen convivir social y dañar a la sociedad en general.

Familias como la de Don Pedro y Doña Inés constituyen células vivas del cuerpo de nuestra sociedad y los otros son células muertas que crecen desmedidamente. Lo grave es que nos hemos vuelto pasivos. Es preciso un esfuerzo compartido del pueblo cristiano para trabajar por la resurrección de esas células muertas… ¡es posible!... la esperanza en Cristo nos garantiza recuperar las bondades de la práctica de los principios éticos y de los sistemas morales de nuestra sociedad; siempre vamos a encontrar la oportunidad de hacerlo… con los vecinos del barrio, en el comité de padres de familia del colegio, con los compañeros de trabajo, con el amigo vinculado a los medios de comunicación social, en fin, con todos los actores que interactúan en nuestro entorno.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 17 de abril de 2022

Carta No. 128: Entre la crucifixión y la resurrección

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 128– 17 de abril 2022

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Entre la crucifixión y la resurrección

Él, por amor, entrando en el abismo del dolor y del sufrimiento nos redime y nos salva dando sentido a nuestras aflicciones y tribulaciones.  Pondremos ante Jesús crucificado a todos los crucificados de hoy, hermanos y hermanas víctimas inocentes del sufrimiento y la maldad del mundo.  Sólo él puede consolarlos y darles amor.  Caminar junto a Cristo como discípulos, nos lleva a compartir su suerte de cruz, pero siempre con la esperanza y la certeza de participar también de esa resurrección con que Él venció a la muerte y nos regaló una vida nueva. Papa Francisco, 2021.


"En cuanto tomó Judas el bocado, salió.  Era de noche" (Jn 13,30)  Es la noche de la mentira, de quien oculta sus planes siniestros, la noche de la ambición, de quien por dinero es capaz de matar; la noche de la corrupción, de quien no tiene ni corazón ni ética…  Jesús sigue siendo crucificado allí donde se irrespeta la dignidad, la libertad y la vida (Mons. Silvio José Báez)

En la cotidianidad, nos encontramos con muchos signos de crucifixión que caminan campantes por nuestra realidad, unos evidentes y otros solapados: justicia manipulada por jueces mercancía y abogados mercaderes; pobreza en abundancia, riqueza concentrada en pocas manos, hambre escandalosa, desempleo a millares surgir, corrupción galopante, despilfarro inescrupuloso, narcotráfico desbocado, guerras fratricidas, impunidad acrisolada, politiquería descarada, palanqueos abundantes, tráfico de influencias, crimen organizado, violencia despiadada, mentira por doquier, planes perversos, ambiciones desmedidas, dinero fácil, egoísmos superlativos, prepotencia legitimada, instituciones debilitadas, intereses mezquinos, explotación indiscriminada de la naturaleza, esclavitud tecnológica, verdad falsificada, enemistad, soberbia envidias, deshonestidades, engaños, mezquindad…  estas manifestaciones de crucifixión tocan y carcomen en 'carne viva', sobre todo a la gente más débil y vulnerable.  Flagelan su dignidad, destruyen su futuro y le niegan toda posibilidad de tener "vida en abundancia".

En medio de tanta oscuridad que abraza al mundo y que le mantiene en un permanente 'viernes santo', también hay signos de resurrección, hay, sin duda alguna, manifestaciones del 'paso de la muerte a la vida' en "cada brazo que se alza para defender al pueblo del dominio explotador", en esas comunidades vivas que sacan fuerzas de flaqueza para enfrentar y vencer adversidades; en el rancho, en la fábrica, en la plaza, en la calle, en la feria, en los buses, en las esperanzas porfiadas de los desplazados, refugiados, olvidados del poder de turno; en los constructores del pensamiento; en la educación que fragua mentes libres e incluyentes; en los edificadores de la paz que dan por doquier su mensaje cargado de testimonio y de solvencia ética y moral, en los luchadores por la justicia que desmantelan y ponen en evidencia toda injusticia promiscua, en los defensores de la casa común que proponen desmantelar esa carrera consumista desbocada.

También están esas manifestaciones de solidaridad que rompen el egoísmo y sacan lo mejor de cada persona, en esa lucha inclaudicable por la verdad; en miles y miles de padres y madres de familia que entregan todo su amor y ternura y dan ejemplo a sus hijos para que sean honrados ciudadanos y buenos cristianos.  Personas que con hechos y palabras promueven actos de honestidad que encaren y enfrenten a la corrupción e impunidad; que induzcan al perdón que acerca corazones y construye cercanías, en la humildad y sencillez de corazón que tiende puentes entre diferentes; y con su trabajo tesonero y que sin esperar nada a cambio, construyen un mundo nuevo.

En la Pascua, la tumba se queda vacía, la muerte y sus manifestaciones son vencidas, la vida entra en plena vigencia, la alegría desborda por doquier, el bien fluye a raudales, ya no hay espacio para la diatriba.  La Pascua de Resurrección es el 'Paso' en nuestra vida que nos configura con Cristo, para que todos y todas, cada uno en nuestra propia tarea y responsabilidad nos convirtamos en constructores de dialogo, perdón, entendimiento, equidad, paz, confianza…  ¡Esperanza!  Felices Pascuas de Resurrección para cada uno.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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lunes, 11 de abril de 2022

Carta No. 127: Rehacer la vida desde la Fe, la Esperanza y el Amor

 

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 127– 10 de abril 2022

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Rehacer la vida desde

la Fe, la Esperanza y el Amor

La parábola del buen samaritano (Lc. 10, 30-37), nos muestra con qué iniciativas se puede rehacer una comunidad a partir de hombres y mujeres que hacen propia la fragilidad de los demás, que no dejan que se erija una sociedad de exclusión, sino que se hacen prójimos, levantan y rehabilitan al caído, para que el bien sea común (Fratelli Tutti, 67). Papa Francisco, octubre 2020.


Nos hemos acostumbrado a recibir, a través de los medios de comunicación, noticias que nos llenan de inquietud, angustia, miedo y desesperanza. Desde las terribles imágenes de guerras criminales y absurdas, como la que sufre Ucrania, hasta las que vemos en el día a día en nuestro querido Ecuador: violencia y crímenes en las cárceles y en las calles, corrupción, impunidad, pugnas politiqueras que obedecen a intereses particulares, angustia por no tener medios de vida (falta de trabajo o salario insuficiente), desesperación por no acceder a una adecuada atención de salud, etc.

En muchos aspectos, el sistema tiene un rostro inhumano, analistas de diferente signo y orientación ideológica nos proponen diagnósticos sesudos e incluso propuestas de superación de los problemas, lo que nos falta es poner en práctica esas alternativas de solución. Entonces, ¿debemos resignarnos?  ¡Ciertamente no!  Porque hay muchas experiencias de mujeres y hombres, que desde la fe y/o desde sus convicciones de humanidad, se esfuerzan cotidianamente por construir un mundo de justicia y de paz, con la única arma de todo creyente, el amor.

Destacamos el trabajo de tantos laicas, laicos, religiosas, religiosos y sacerdotes que traducen su fe en obras, tal como el buen samaritano, que acoge al hermano caído y descartado, lo levanta, lo cuida, lo acompaña, restaura su dignidad y fortalece la esperanza… o el de tantas organizaciones sociales y ONG de inspiración cristiana cuya vocación es el servicio a los pobres y vulnerables.

Así mismo, frente al actual caos político y la pérdida de institucionalidad que envuelve las altas esferas políticas; en muchas comunidades de nuestro país se siguen promoviendo, espacios de participación ciudadana, con personas empoderadas y organizaciones que buscan por todos los medios posibles el bien común y que los gobiernos descentralizados sean auténticos servidores.

En el campo de la salud, por ejemplo, las instituciones públicas declaraban la falta de recursos económicos y la escasez de suministros, sin embargo, encontramos personas sensibles, sacrificadas, entregadas a su labor en lo peor de la pandemia del covid 19; que trabajaron con el espíritu de auténtica vocación, al cuidado de la vida.

Una experiencia concreta ha sido la de un grupo de 22 instituciones de la zona 1, que han unido esfuerzos con el Ministerio de Salud Pública (MSP) y con las instancias de Naciones Unidas, Unión Europea y ONG nacionales e internacionales, para movilizar recursos, contar con promotores de salud comunitaria, promover y facilitar la vacunación, concretamente en las comunidades indígenas y afrodescendientes más alejadas y marginadas. En particular, el FEPP apoyó al MSP, en una acción conjunta, para vacunar a todas las personas de las comunidades de la nacionalidad Waorani de la provincia de Orellana y el norte de Pastaza.

Cómo este, hay cientos de ejemplos, dedicados a romper las brechas de inequidad, en los campos de la salud, educación, economía solidaria, protección de derechos, el cuidado de la casa común etc., compartir estas experiencias nos anima a ser prójimo de todos y todas.  Estos testimonios son expresiones del Espíritu que guía y rehace el caminar de la Iglesia en la historia y que nos llama hoy a ser testigos del amor de Dios, en clave de fraternidad universal; “Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante”.  Este es el sueño: “una única humanidad… hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos” (FT 8).  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

lunes, 4 de abril de 2022

Carta No. 126: La Política: una de las formas más preciosas de la caridad

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 126– 3 de abril 2022

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La Política: una de las formas
más preciosas de la
caridad

Es caridad acompañar a una persona que sufre, y también es caridad todo lo que se realiza, aun sin tener contacto directo con esa persona, para modificar las condiciones sociales que provocan su sufrimiento.  Si alguien ayuda a un anciano a cruzar un río, y eso es exquisita caridad, el político le construye un puente, y eso también es caridad.  Si alguien ayuda a otro con comida, el político le crea una fuente de trabajo, y ejercita un modo altísimo de la caridad que ennoblece su acción política (Fratelli Tutti, 186).  Papa Francisco, octubre 2020.


Suena raro un titular que hable bien de la Política.  La Política está muy desprestigiada y es rechazada por la colectividad, por todo lo que hemos visto, oído y palpado.  Sin duda alguna, la politiquería se ha apropiado de la Política.

De entrada y sin tapujos, la Política es vocación al servicio del pueblo, como ciencia y como acción humana, busca, ante todo, el bien común, se mueve en el ámbito de lo público y privado. Es cotidiana.  Trabaja incansablemente por articular y construir una sociedad justa, solidaria, sin descartados ni marginados, sin privilegiados ni olvidados. La politiquería, por su parte, abunda por doquier.  En lugar de servir, busca y consigue servirse del país, engañando y sacando provecho de cualquier oportunidad.  Es común encontrar politiqueros que viven de una forma en público y de otra en privado.

Ante esa politiquería que destruye y carcome la Patria, hace falta rehabilitar la Política, sacarla de ese escenario degradado, vilipendiado, desvergonzado, alejarla de la corrupción, impunidad, ineficiencia, compadrazgo, componenda, diatriba… Urge restablecer la Política como una altísima vocación de servicio y entrega al bienestar del ser humano, mejorarla para que esté al servicio del bien común.

Está claro que el mundo y nuestro país para funcionar necesitan de la Política y no de la politiquería.  Para alcanzar la justicia social, la equidad, la paz social, vencer la pobreza, desterrar la violencia, extirpar la guerra. Para convivir en armonía, respetar las leyes, construir ciudadanía, dotar de servicios básicos a toda la población… debemos sembrar, cuidar y cultivar una Política integral, sistémica, participativa, sin agendas ocultas, orientada a conseguir y alcanzar el bien común.

Como pueblo, debemos ejercer nuestra ciudadanía y participar activa y responsablemente en Política, dejar de creer que sólo eligiendo ya cumplimos con nuestro deber político. Debemos ir más allá.  Sumergirnos en la tarea permanente de construir una nueva sociedad desde nuestro quehacer político en las tareas que cumplimos diariamente. Es, por tanto, una obligación ética y moral que nos involucra y exige participación activa en todos los ambientes en los que se dice y hace política.

Necesitamos una Política libre de corrupción e impunidad, honesta, sincera, consecuente y condescendiente, que no se someta indiscriminadamente a la economía y a la tecnocracia, que busque el bien común al corto, mediano y largo plazo, que lidere los cambios convocando a los otros, a todos.

La politiquería suele utilizar mecanismos para exasperar, exacerbar y polarizar a la sociedad, sin posibilidades de puntos de encuentro que permitan dilucidar caminos e implementar estrategias para enfrentar la compleja, complicada y angustiante realidad socioeconómica en la que viven millones de personas. La realidad popular reclama y grita acciones que le permitan superar su dolorosa realidad.  La politiquería se encierra en su gueto espurio, sacrifica al pueblo que le elige y da rienda suelta a sus intereses personales o de grupo.

El Papa Francisco advierte que en la Política existe lugar para amar con ternura: en medio de la actividad política, los más pequeños, los más débiles, los más pobres deben enternecernos, tienen "derecho" de llenarnos el alma y el corazón (cf. Fratelli Tutti 194). El amor político se expresa en la apertura a todos, sin distinción. Por lo tanto, estamos llamados a escuchar el punto de vista del otro facilitando que todos tengan un lugar, “es un intercambio de ofrendas en favor del bien común” (Fratelli Tutti 190).  · #ComuniquemosEsperanza


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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.