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domingo, 26 de julio de 2026

carta No. 351: El FEPP y el desarrollo integral

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 351 26 de julio, 2026
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         El FEPP y el desarrollo       integral

“…El verdadero desarrollo, es el paso, para cada uno y para todos de condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas” (No. 20, Encíclica Populorum Progressio, Papa San Paulo VI).

 

El Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio (FEPP) es fruto de la renovación eclesial impulsada por el Concilio Vaticano II (1962-1965), la encíclica Populorum progressio del papa san Pablo VI (1967) y la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Medellín (1968). Estos acontecimientos marcaron un cambio en la comprensión del papel de la Iglesia, más cercana a los pobres y comprometida con la justicia social y el desarrollo humano integral.

Mons. Cándido Rada se inspiró en el llamado del papa san Paulo VI en la Populorum progressio (el desarrollo de los pueblos) para constituir un fondo mundial que limitara los recursos destinados a la guerra y promoviera el desarrollo de todos los pueblos con dignidad y fraternidad. En 1970, Mons. Rada creó en Ecuador el FEPP, un fondo para el desarrollo integral, asumiendo que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz".

Primer obispo de Guaranda y responsable de Cáritas, Mons. Rada comprendió, desde su experiencia pastoral, que la caridad tradicional era insuficiente para responder a las profundas desigualdades sociales. Recién llegado a Guaranda promovió la distribución de tierras entre familias campesinas y emprendió programas de vivienda popular, educación, alfabetización y organización comunitaria. 

El FEPP nació en el seno de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana con el aporte de sacerdotes, laicos y profesionales comprometidos con el desarrollo del país. Juntos participaron en el diseño de la nueva institución, coincidieron en la necesidad de crear un fondo de crédito dirigido a los sectores populares para apoyar iniciativas productivas con criterios de justicia y solidaridad, alejándose tanto del asistencialismo como de la lógica exclusivamente financiera.

El 22 de julio de 1970 obtuvo su personería jurídica como fundación sin fines de lucro, inspirada en la Doctrina Social de la Iglesia, con una clara opción preferencial por los pobres y espíritu ecuménico. Su patrimonio inicial fue una donación de Mons. Rada, proveniente del obsequio recibido con ocasión de sus veinticinco años de ordenación episcopal. Ese mismo año concedió el primer crédito a una organización campesina del Carchi, iniciando una trayectoria que ha transformado la vida de cientos de miles de familias ecuatorianas.

Desde sus inicios, el FEPP entendió que el desarrollo debía ser integral. Además del financiamiento, impulsó la formación de organizaciones populares, la capacitación, la asistencia técnica, la producción sostenible, la comercialización, el acceso a la tierra, la economía solidaria, la construcción de viviendas dignas, los sistemas de agua potable y riego, así como el cuidado del medio ambiente. Son formas efectivas de luchar contra la pobreza. Esta visión le ha permitido evolucionar y adaptarse a los cambios sociales, económicos y ambientales del país, sin perder su identidad fundacional.

Actualmente se define como Grupo Social FEPP con oficinas regionales, empresas sociales, un banco que apoya las finanzas populares, una fundación educativa y una empresa de construcciones sociales.

Desde su fundación, el FEPP ha acompañado cada año a más de 150.000 personas, alrededor de 2.000 organizaciones campesinas, indígenas, afroecuatorianas. montubias y urbano-populares y 200 de segundo grado. Su trabajo trasciende la ejecución de proyectos para convertirse en una propuesta de desarrollo territorial basada en la participación, la solidaridad y el protagonismo de las propias comunidades.

Continúa fiel a la intuición de su fundador: la lucha contra la pobreza exige generar oportunidades, fortalecer capacidades y reconocer la dignidad de cada persona. Su historia demuestra que el desarrollo supera el crecimiento económico e implica construir comunidades más justas, inclusivas y solidarias. Inspirado por el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, el FEPP es un referente nacional para el desarrollo humano integral, recordando que la verdadera transformación comienza cuando las personas más excluidas se convierten en protagonistas de su propio futuro.  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 19 de julio de 2026

carta No. 350: Con claridad Dios nos habla hoy

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 350 19 de julio, 2026
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         Con claridad Dios nos habla hoy

“El Señor te da su Palabra, para que puedas aceptarla como la carta de amor que escribió para ti, para hacerte sentir que está a tu lado. Su Palabra nos consuela y nos anima. Al mismo tiempo, provoca la conversión, nos sacude, nos libera de la parálisis del egoísmo. Porque su Palabra tiene este poder: cambia la vida, hace pasar de la oscuridad a la luz”. Papa Francisco.

¿Cómo, cuándo y dónde nos habla Dios hoy? En medio del ajetreo cotidiano, su voz puede pasar desapercibida, como un eco que suena sin que sepamos escucharlo.

Su voz puede estar sonando fuerte y, sin embargo, pasamos sin darnos cuenta, por la prisa que llevamos para cumplir con nuestras tareas. Ocupados en nuestros pensamientos, lo tenemos olvidado, ignorado, descartado, excluido, negado. Pero Dios es “porfiado, necio, insistente”: pese a nuestra sordera, indiferencia o ceguera monumental, sigue hablando y sigue manifestándose abundantemente.

Basta detenernos, escuchar y ver: donde hay amistad y amor, ahí está el Señor; donde hay solidaridad e inclusión, ahí está el Señor; donde hay paz y justicia, ahí está el Señor. Hoy, para hablarnos, el Señor no utiliza necesariamente una voz física; se comunica a través de mediaciones concretas, cotidianas, espirituales, culturales y comunitarias. Dios sigue hablando activa y fuertemente a través de varios canales:

1.      La Sagrada Escritura -La Biblia—: es Palabra viva, activa y efectiva. Si la leemos con el corazón abierto y reflexionamos profundamente, el Espíritu Santo actualiza el mensaje para dar respuestas concretas a los problemas actuales.

2.      Los acontecimientos de la vida cotidiana: Dios habla a través de la realidad.

3.      El silencio y la oración de discernimiento: Dios se manifiesta en el silencio interior. Allí nos habla fuerte y claro. No se trata de la ausencia de sonido, sino del espacio donde se acallan los ruidos externos para sentir la guía del Espíritu.

4.      Los más necesitados y los pobres: el Evangelio y el magisterio social enfatizan que Dios “grita” a través del sufrimiento de los oprimidos, los descartados, los excluidos, los enfermos y los vulnerables. Su realidad interpela la conciencia del creyente.

5.      La creación y la naturaleza: el orden, la belleza y la inmensidad del universo actúan como un lenguaje no verbal que revela el carácter, el cuidado y la grandeza de Dios.

Dios nos habla de muchas maneras y por medio de múltiples mensajeros; por eso debemos aprender a escucharlo en la Palabra, en la realidad y en los más vulnerables. A lo largo de la historia, muchos testigos del Evangelio escucharon a Jesús, se dejaron transformar por su Palabra e hicieron vida las Bienaventuranzas, anunciando el Reino de Dios y comprometiéndose con los pobres.

En tiempos actuales, en Ecuador, tenemos ejemplos de testimonios de vida de pastores que evidencian la escucha y la presencia viva y elocuente de Jesús, como Mons. Leonidas Proaño, Mons. Cándido Rada, Mons. Alejandro Labaka, Hna. Inés Arango, Mons. Luis Alberto Luna, Mons. Gonzalo López Marañón, P. José Carollo, P. Lauren Fernández, Santa María Troncatti y Mons. Néstor Herrera. En Latinoamérica también destacan Fray Bartolomé de las Casas, San Alberto Hurtado, San Óscar Arnulfo Romero, Santa Laura Montoya, Dom Hélder Câmara, P. Ignacio Ellacuría, Mons. Pedro Casaldáliga, Mons. Samuel Ruiz, Mons. Sergio Méndez, el papa Francisco, entre otros.

Estas personas se entregaron por completo a la causa del Reino. Escucharon a Jesús en los más humildes, se dejaron inquietar y convertir por su Palabra, y con sus vidas sembraron semillas de paz, justicia, liberación, solidaridad e inclusión, anunciando el Reino de Dios con alegría y sencillez.

Dios nos habla hoy claramente a través de la realidad y de su Palabra. Es la realidad la que nos acerca a Dios, y es su Palabra la que nos ilumina, nos guía y orienta a los creyentes para seguir tras las huellas de Jesús.  #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 4 de enero de 2026

carta No. 322: Una economía con alma

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
Carta semanal No. 3224 de enero, 2026
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Una economía con alma

“La economía de Dios no mata, no descarta, no aplasta; es humilde, fiel a la tierra. Hoy existen economías inhumanas, porque lo que hemos construido es un mundo de cálculos y algoritmos, de lógica fría e interés implacable”. Papa Francisco.

Cuando empieza un nuevo año, aún latentes las oscuridades que deja el año que termina, quisiéramos ver la luz que todavía no llega. Queremos prever qué puede suceder y lo expresamos en los saludos: el deseo de un feliz año, la salud, las bendiciones, la prosperidad. Deseamos la realización de los planes y de los sueños inconclusos. Pensando en el futuro, ponemos la mirada en la luz que vamos construyendo a partir de las oscuridades pasadas y presentes.

Vemos los juegos de poder y los flujos de la economía a nivel nacional y mundial. Vemos un mundo en disputa, entre un Occidente en decadencia y el ascenso de los BRICS, con el paso hacia un orden tripolar. Vemos un país que se mueve en un círculo vicioso, porque el año que termina empezó con las mismas ofertas de solución desde el poder.

La “guerra interna” se presentó como la fórmula para frenar al crimen organizado, pero al final de 2025 Ecuador sigue entre los países más violentos, con cerca de nueve mil muertes. Con instituciones de seguridad y justicia afectadas, la violencia cuesta alrededor de 14.000 millones al año y la paz se percibe cada vez más lejana.

Las noticias oficiales dicen que todo está bien: que el PIB ha crecido 3,8%, que la inflación está por debajo del 1%, que el riesgo país está en 499, que han subido las reservas internacionales, que la banca ha obtenido utilidades del 41% y que las exportaciones han crecido 8%. El FMI nos da una buena calificación y ofrece nuevos créditos. Se repite la oferta de que nos salvarán los convenios firmados en los viajes presidenciales.

Para la mayoría de la gente, la realidad es distinta. Según el INEC, el 67% de los jóvenes no tiene empleo adecuado; más del 60% de los hogares no cubre el costo de la Canasta Básica Familiar; la mediana del ingreso es de 391 dólares; hay mayor pobreza; no hay medicinas y muchos no pueden acceder a la educación. No hay inversión pública ni privada. El esfuerzo de los migrantes sostiene la economía: 7 mil millones de dólares en remesas en el año, aunque la mayor parte se va en consumo.

En 2025 hubo una subejecución del Presupuesto General del Estado del 49%: de 41.317 millones de dólares, se ejecutaron apenas 26.365 millones, afectando sobre todo a salud, educación, bienestar social, vivienda e infraestructura pública. Para 2026, el presupuesto es de USD 46.255 millones. Se han asignado 12.800 millones al pago del servicio de la deuda, mientras cae el presupuesto para salud y educación. La deuda pública suma 89.500 millones. La reducción de la inversión pública y del presupuesto social se ha convertido en la fórmula del ajuste del modelo.

Por eso el año estuvo marcado por la protesta social: la Marcha del Quinto Río en Cuenca, el Paro Nacional y el triunfo del NO en la Consulta expresaron una resistencia desde abajo que busca un camino distinto y un acuerdo nacional para enfrentar los problemas de fondo y defender la democracia. Para 2026, miramos la palabra del Papa Francisco: la economía no puede someterse a los intereses del poder, sino orientarse al bienestar de la gente, poniendo en el centro a los más vulnerables y al ser humano como prioridad.

La salida no pasa por el libre mercado. La economía debe estar fundamentada en la ética, la inclusión, la fraternidad y la solidaridad. No podemos confiar en un cambio solo desde arriba: los grupos de poder suelen colocar sus intereses por encima de la colectividad. El cambio en el nuevo año empieza por las semillas de solidaridad y justicia desde abajo, como una luz que construimos en una minga solidaria.

Un 2026 con dignidad, salud, educación y seguridad para el pueblo ecuatoriano. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 21 de diciembre de 2025

carta No. 320: ¿Dónde nacería Jesús hoy?

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 320 –21 de diciembre de 2025
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¿Dónde nacería Jesús hoy?

“Viene en cada campesino, en cada niño que nace, en cada obrero que lucha, en cada hermano que sufre. Viene en el pueblo que gime, bajo el peso de la angustia y en la voz que se levanta, en demanda de justicia. Viene en las madres que lloran hijos desaparecidos. VIENE!... y si los recibimos nos salva y nos da poder de ser los hijos de Dios. Mons. Leonidas Proaño, Navidad de 1979.

Jesús nació en condiciones físicas muy modestas y austeras. La migración de María y José marcó su nacimiento. En Belén no encontraron un lugar adecuado: solo una cueva o un establo sencillo, improvisado para el alumbramiento. Allí, en Belén, en un entorno humilde y extremadamente precario, sin comodidades, con poquísima higiene, rodeados de animales y con la tenue luz de lámparas de aceite, María y el Niño quedaron expuestos a una alta inseguridad. Les tocó vivir la realidad más dura de su época: los riesgos sanitarios del parto, el descarte y la pobreza. Estas condiciones reflejan la humildad, el recato y la sencillez con que Dios quiso manifestarse al mundo, haciéndose accesible a toda la humanidad, especialmente a los más vulnerables, necesitados y olvidados.

Si Jesús viniera hoy al mundo, ¿dónde nacería? Con toda seguridad nacería en circunstancias similares a las de Belén, hace más de dos mil años. No nacería en medio de abundancia y comodidades. Nacería en condiciones de humildad, sencillez, pobreza y desplazamiento, muchas veces ignorado e invisibilizado.

Su llegada sería en la periferia: en un campamento de refugiados, un hospital desbordado, un centro de salud sin medicinas o un asentamiento informal sin servicios básicos. Podría nacer en una choza andina, un bohío amazónico, una cabaña montubia o en un barrio periférico, incluso en un contexto de conflicto. Sería un nacimiento marcado por el desplazamiento y el exilio, en una familia migrante o refugiada que huye de la pobreza o la persecución, como eco de la huida a Egipto.

No sería noticia de primera plana ni aparecería en las páginas del jet set internacional. Nacería lejos de los círculos de poder económico y social. Y, aunque muchos hablan de Dios y dicen ser sus discípulos, Él sigue revelándose en los millones de niños y niñas que nacen en condiciones de riesgo inminente, marcadas por una pobreza integral que avanza sin freno.

Dios eligió y elige lo humilde para revelarse. Desde esa fragilidad y vulnerabilidad envía un mensaje potente de amor y solidaridad con los más sencillos y marginados. Aunque cambien los escenarios, el no tener un lugar en un albergue, la ausencia de una sala de hospital, la falta de recursos y de cuidado siguen presentes a lo largo y ancho del mundo. Esta encarnación de Dios en el aquí y ahora continúa cuestionando el sistema establecido y reivindica la tarea urgente de atender y proteger a los más vulnerables.

¿En qué condiciones nacería hoy? En pobreza extrema: sin lujos, envuelto en mantas sencillas, no en pañales finos, sino en lo que se tenga a mano, como lo fue el pesebre. Con falta de atención médica básica: como ayer, podría carecer de los cuidados que exige un parto, subrayando la fragilidad de la vida humana. Acompañado por los humildes: los pastores de hoy, trabajadores manuales, gente sencilla, desempleados, serían los primeros en reconocerlo y adorarlo.

Su nacimiento, hoy como ayer, es anuncio de amor, esperanza y salvación. Ha cambiado el escenario, del establo de Belén a un albergue moderno, pero la esencia permanece: humildad, desplazamiento y la compañía de los desfavorecidos, como reflejo de su misión de nacer y estar con los más pobres.

“Dios desea tanto abrazar nuestra existencia que, infinito, por nosotros se hace finito; grande, se hace pequeño. He aquí la maravilla de la Navidad: la inaudita ternura de Dios que salva el mundo encarnándose” (Papa Francisco). Una Navidad llena del amor de Dios, Uno y Trino.  #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 14 de diciembre de 2025

carta No. 319: El dolor de los niños: un grito que asciende al cielo

 

Con los ojos fijos en Él

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 319 –14 de diciembre de 2025
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   El dolor de los niños: un grito que asciende al cielo

“El abuso de menores, sea de la naturaleza que sea, es un acto despreciable, es un acto atroz. No es simplemente una plaga de la sociedad, no, ¡es un crimen! Incluso un solo caso ya es demasiado”. “Cuando vemos estas vidas perdidas, con demasiada frecuencia miramos hacia otro lado”. Papa Francisco, Audiencia, 15 de enero de 2025.

El 8 de diciembre de 2024, en Las Malvinas (Guayaquil), Ismael Arroyo, Josué Arroyo, Nehemías Arboleda y Steven Medina regresaban de jugar fútbol, entre risas y sueños como tantos chicos que ven en el deporte una esperanza. Esa noche fueron interceptados por una patrulla de las Fuerzas Armadas y no volvieron a sus hogares.

Ese fue el inicio de una pesadilla colectiva. Detenidos de manera arbitraria y subidos a vehículos oficiales, desaparecieron. Sus familias los buscaron con angustia, sin respuestas claras. Días después, fueron hallados sin vida cerca de la base militar de Taura y la prueba de ADN confirmó su identidad. Los informes forenses revelaron signos de violencia extrema. Lo ocurrido nos coloca frente a un dolor que no admite indiferencia.

Ante este horror, el país reaccionó con un clamor por justicia y dignidad que sigue presente en marchas y vigilias. La Asamblea Nacional concluyó que no se trató de un hecho aislado, sino de un patrón de graves violaciones de derechos humanos en un contexto de militarización de la seguridad que, con frecuencia, termina generando miedo, persecución y abusos, especialmente contra jóvenes pobres.

Esta muerte nos interpela como sociedad: ¿qué tan profunda y normalizada está la violencia contra los más vulnerables? Como comunidad de fe, no podemos quedarnos callados. El Evangelio nos enseña: “Todo lo que hicieron por uno solo de mis hermanos más pequeños, lo hicieron por mí” (Mt 25,40). La sangre de estos cuatro niños y adolescentes, inocentes, vulnerables, con sueños, clama desde la tierra por justicia y por memoria.

Recordar sus nombres es un acto de amor. Llorar su pérdida es un acto de humanidad. Exigir verdad y reparación es un acto de dignidad. Debemos convertir el luto en compromiso: compromiso de sanar una nación herida por la inequidad; compromiso de defender a los más débiles; niños y adolescentes que viven en barrios olvidados, marcados por la pobreza, el racismo y la exclusión.

Hoy, dieciséis militares enfrentan procesos penales por desaparición forzada, tortura y homicidio, con posibles condenas de 24 a 34 años de cárcel. La responsabilidad no puede reducirse únicamente a quienes ejecutaron los hechos: también interpela al Estado y a las autoridades responsables de garantizar derechos, prevenir abusos y evitar la impunidad. A ello se suma el caso de Roberto, el joven fallecido en Guayaquil el 11 de diciembre, en un contexto que ha sido denunciado públicamente y que refuerza la preocupación social por los excesos, la violencia y la criminalización de jóvenes y dirigentes.

Se requiere una transformación profunda que garantice protección real para la infancia y la juventud, con políticas integrales, respeto a los derechos humanos y cambios estructurales que eviten nuevas tragedias. La memoria de Ismael, Josué, Nehemías y Steven sigue clamando por dignidad, justicia y amor, y debe despertar conciencia y compromiso social.

La injusticia contra los inocentes hiere a toda la comunidad, a toda la nación. Como creyentes, no podemos abandonar ese clamor al olvido. Debemos convertir nuestro luto en acción, nuestra tristeza en defensa, nuestro dolor en solidaridad. Estamos llamados a ser sal y luz en medio de una sociedad que, a veces, prefiere mirar hacia otro lado. Estamos llamados a acompañar a las víctimas, a defender la memoria, a exigir justicia y a construir puentes de esperanza, dignidad y reparación.

Que la memoria de los cuatro niños de Las Malvinas, y la de Roberto, ilumine un camino hacia un Ecuador donde cada niño y cada adolescente tenga derecho a vivir, crecer, soñar y retornar a casa. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 7 de diciembre de 2025

carta No. 318: Solo con Justicia habrá Paz

 

Con los ojos fijos en Él

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 318 –7 de diciembre de 2025
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   Solo con Justicia habrá Paz

“Todos comprendemos que la justicia es fundamental para la convivencia pacífica en la sociedad: un mundo sin leyes que respeten los derechos sería un mundo en el que es imposible vivir, se parecería a una jungla. Sin justicia no hay paz. De hecho, si no se respeta la justicia, se generan conflictos. Sin justicia, se ratifica la ley del fuerte sobre los débiles, y eso no es justo”. Papa Francisco, abril de 2024).

Ha pasado un año del caso de “Los Cuatro Niños de las Malvinas” que fueron brutalmente asesinados en la costa ecuatoriana, presuntamente a manos de fuerzas militares. Sus familiares aún reclaman justicia. Como éste, otros casos como el magnicidio de Fernando Villavicencio, o la desaparición de diversas personas, siguen sin que se esclarezca la verdad procesal.

En un sistema democrático, la administración de justicia es la encargada de tutelar y aplicar las leyes para resolver conflictos, garantizar derechos y velar por la seguridad ciudadana. Siendo el pilar que asegura la independencia y complementariedad de los poderes y la construcción del bien común, este sistema debe ser accesible, gratuito, imparcial, eficiente, eficaz, organizado jerárquicamente y requiere jueces y tribunales especializados que respeten y hagan respetar los derechos, con aplicación directa e inmediata de la ley, garantizando la atención prioritaria para los grupos vulnerables.

En Ecuador, la administración de justicia es un sistema de pluralismo jurídico que incluye la justicia ordinaria, militar e indígena. Está conformado por más de 13.000 funcionarios en todo el país, con más de 1850 jueces y un supuesto déficit de 300. Como instancias, la Constitución establece: la  Corte Constitucional, máximo organismo de control e interpretación constitucional; el Consejo de la Judicatura, órgano de gobierno, administración, vigilancia y disciplina; la Corte Nacional de Justicia, máximo órgano jurisdiccional, encargado de conocer recursos de casación y revisión; la Función Judicial  que administra la justicia ordinaria, incluyendo las cortes provinciales, los tribunales y los juzgados de paz; la Fiscalía General del Estado, responsable de la investigación procesal penal y  que ejerce la acción penal y la acción pública; y la Defensoría Pública para la asistencia legal gratuita, garantizando el derecho a la defensa. Asimismo, se reconoce la Justicia Indígena, los jueces de paz y mecanismos alternativos como la mediación.

Sin embargo, este andamiaje institucional, que debería ser garante de imparcialidad y probidad, está prácticamente destruido. A lo largo de los años hemos sido testigos de corrupción, impunidad, desconfianza y mientras desde el poder ejecutivo ha intentado someter y manipular al sistema de justicia y plegarlo a sus intereses y objetivos políticos, muchas veces en contra de sus opositores (lawfare político). Algunos casos avanzan con rapidez inusual, mientras otros se estancan o son simplemente desechados; asistimos a componendas, trapicheos, casos de testigos manipulados o protegidos con la famosa “colaboración eficaz” y reducción de penas. Ni la Corte Constitucional se ha librado de presiones y amenazas. 

La Fiscalía, por su parte, se ha convertido en la instancia judicial más poderosa. Durante muchos años ha sido un actor político que se ha prestado para politizar la justicia, apoyada por los   medios de comunicación mayoritarios, que actúan como cajas de resonancia para señalar culpables y asegurar condenas polémicas.

Todo esto ha generado un sistema de justicia desinstitucionalizado, plagado de casos de corrupción. Pese a ello, gran parte de la población observa esta realidad con indiferencia. Existen procesos que no avanzan y otros, vinculados a sectores de poder, se diluyen entre contradicciones, dudas y sombras. En contraste, se abren investigaciones y se dictan condenas contra defensores de los derechos humanos, de la naturaleza y contra líderes de organizaciones populares que participan en protestas.

¿Es posible recuperar la justicia en nuestro país? Debemos superar el quemeimportismo, y recuperar el valor ético y moral que nace de la justicia cuya fuente viene de Dios, exigiéndola como una parte sustancial de nuestros derechos y con una orientación preferencial hacia los pobres y marginados y no al servicio del abuso de los poderosos. Como nos pide el texto de Mateo 6,33: “Buscad el Reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura”. “Sin justicia, se ratifica la ley del fuerte sobre los débiles, y eso no es justo”, porque sin auténtica justicia nunca habrá paz. #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 30 de noviembre de 2025

carta No. 317: Un poder que sirva a los pobres

 

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carta No. 317 –30 de noviembre de 2025
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   Un poder que sirva a los pobres

"¡No a una economía de la exclusión! ¡Esa economía mata!".

"La opción preferencial por los pobres [...] nos da el impulso a pensar y a diseñar una economía donde las personas, y sobre todo los más pobres, estén en el centro". "No a la inequidad que genera violencia". Papa Francisco.

“Un poder que sirva a los pobres” es un modelo de Estado que se configura junto a los más vulnerables, necesitados y marginados, abrazando la pobreza como un estilo de gobierno. Es una forma de ejercer el poder que contrasta directamente con aquel que utiliza y manipula a los pobres, enfatizando en cambio la solidaridad, la austeridad y el compromiso directo con los desposeídos.

Se compromete con los más vulnerables y los hace su prioridad. No solo planifica y ejecuta proyectos u obras que les permitan salir de la pobreza, sino que se vincula directamente con su realidad y su cultura, recorriendo territorio para conocer sus múltiples necesidades y buscar, juntos, soluciones.

El poder de la pobreza no es un poder acumulado o absoluto, sino la renuncia a él, lo que permite servir mejor a los más necesitados y mantenerse cercano a la gente. Rompe con los privilegios, las canonjías y las prebendas. En ese modelo, las autoridades se convierten en facilitadoras, no en intermediarias que se aprovechan de la confianza ciudadana.

Es también una opción de vida que implica austeridad tanto para los miembros del Gobierno como para el Estado. Se alinea con la misión de servir y trabajar por el bien común, para que impere la justicia social, la equidad y la inclusión. Sirve a los pobres con generosidad y mesura, sin aprovecharse del cargo, sin despilfarrar fondos, sin prestarse a la corrupción ni buscar impunidad.

Este poder sigue el modelo del Buen Samaritano: un gobierno que se inclina a ayudar, cooperar, curar y atender a quienes están sufriendo, a los más necesitados, sin pasar de largo ni hacerse el desentendido.

Este poder en servicio a los pobres contrasta directamente con el “poder que usa a los pobres” para conseguir beneficios personales o de grupo, instrumentalizándolos para obtener y mantener el poder. Ese poder no une ni fortalece, sino que disgrega, polariza y desintegra a la sociedad, mientras los problemas no resueltos se agravan con el tiempo.

El poder pobre se sustenta en una ética social centrada en la justicia, la inclusión y la equidad, buscando transformar estructuras injustas y promover el bien común. Se basa en la dignidad humana y en la fraternidad, extendiéndose también a la protección de la casa común y a la denuncia de las desigualdades e injusticias sociales, tanto económicas como tecnológicas. Su enfoque moral integra el diálogo y la acción para crear una sociedad más justa, siempre priorizando el cuidado del más vulnerable.

Los principios clave de esta ética social, según el papa Francisco, surgen de la misericordia y la caridad como expresiones del amor de Dios que orientan las acciones hacia la vida en común y la integración de los más frágiles; de la justicia social, que exige enfrentar las estructuras que generan pobreza y desigualdad; de la opción preferencial por los pobres, que invita a una Iglesia pobre con y para los pobres; de la dignidad humana y la fraternidad como fuentes de comunión; del cuidado de la creación mediante una ecología integral que protege al ser humano y a la naturaleza reconociendo su interconexión; y del uso de la tecnología al servicio de todos, procurando que no profundice la brecha entre ricos y pobres.

La ética social del papa Francisco no es abstracta: nace de la realidad afectiva y efectiva de los desafíos concretos del mundo, priorizando siempre a las personas sobre la economía, promoviendo la solidaridad y la justicia social.

En este Adviento —tiempo de espera— que hoy comienza, preguntémonos: ¿Qué poder quisiéramos tener? #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.