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domingo, 30 de noviembre de 2025

carta No. 317: Un poder que sirva a los pobres

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 317 –30 de noviembre de 2025
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   Un poder que sirva a los pobres

"¡No a una economía de la exclusión! ¡Esa economía mata!".

"La opción preferencial por los pobres [...] nos da el impulso a pensar y a diseñar una economía donde las personas, y sobre todo los más pobres, estén en el centro". "No a la inequidad que genera violencia". Papa Francisco.

“Un poder que sirva a los pobres” es un modelo de Estado que se configura junto a los más vulnerables, necesitados y marginados, abrazando la pobreza como un estilo de gobierno. Es una forma de ejercer el poder que contrasta directamente con aquel que utiliza y manipula a los pobres, enfatizando en cambio la solidaridad, la austeridad y el compromiso directo con los desposeídos.

Se compromete con los más vulnerables y los hace su prioridad. No solo planifica y ejecuta proyectos u obras que les permitan salir de la pobreza, sino que se vincula directamente con su realidad y su cultura, recorriendo territorio para conocer sus múltiples necesidades y buscar, juntos, soluciones.

El poder de la pobreza no es un poder acumulado o absoluto, sino la renuncia a él, lo que permite servir mejor a los más necesitados y mantenerse cercano a la gente. Rompe con los privilegios, las canonjías y las prebendas. En ese modelo, las autoridades se convierten en facilitadoras, no en intermediarias que se aprovechan de la confianza ciudadana.

Es también una opción de vida que implica austeridad tanto para los miembros del Gobierno como para el Estado. Se alinea con la misión de servir y trabajar por el bien común, para que impere la justicia social, la equidad y la inclusión. Sirve a los pobres con generosidad y mesura, sin aprovecharse del cargo, sin despilfarrar fondos, sin prestarse a la corrupción ni buscar impunidad.

Este poder sigue el modelo del Buen Samaritano: un gobierno que se inclina a ayudar, cooperar, curar y atender a quienes están sufriendo, a los más necesitados, sin pasar de largo ni hacerse el desentendido.

Este poder en servicio a los pobres contrasta directamente con el “poder que usa a los pobres” para conseguir beneficios personales o de grupo, instrumentalizándolos para obtener y mantener el poder. Ese poder no une ni fortalece, sino que disgrega, polariza y desintegra a la sociedad, mientras los problemas no resueltos se agravan con el tiempo.

El poder pobre se sustenta en una ética social centrada en la justicia, la inclusión y la equidad, buscando transformar estructuras injustas y promover el bien común. Se basa en la dignidad humana y en la fraternidad, extendiéndose también a la protección de la casa común y a la denuncia de las desigualdades e injusticias sociales, tanto económicas como tecnológicas. Su enfoque moral integra el diálogo y la acción para crear una sociedad más justa, siempre priorizando el cuidado del más vulnerable.

Los principios clave de esta ética social, según el papa Francisco, surgen de la misericordia y la caridad como expresiones del amor de Dios que orientan las acciones hacia la vida en común y la integración de los más frágiles; de la justicia social, que exige enfrentar las estructuras que generan pobreza y desigualdad; de la opción preferencial por los pobres, que invita a una Iglesia pobre con y para los pobres; de la dignidad humana y la fraternidad como fuentes de comunión; del cuidado de la creación mediante una ecología integral que protege al ser humano y a la naturaleza reconociendo su interconexión; y del uso de la tecnología al servicio de todos, procurando que no profundice la brecha entre ricos y pobres.

La ética social del papa Francisco no es abstracta: nace de la realidad afectiva y efectiva de los desafíos concretos del mundo, priorizando siempre a las personas sobre la economía, promoviendo la solidaridad y la justicia social.

En este Adviento —tiempo de espera— que hoy comienza, preguntémonos: ¿Qué poder quisiéramos tener? #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

sábado, 22 de noviembre de 2025

carta No. 316: Después de la consulta: a caminar juntos

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 316 –23 de noviembre de 2025
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    Después de la consulta: a caminar juntos

En una sociedad pluralista, el diálogo es el camino más adecuado para reconocer aquello que debe ser siempre afirmado y respetado, y que está más allá del consenso circunstancial. Hablamos de un diálogo que necesita ser enriquecido e iluminado por razones, argumentos racionales, variedad de perspectivas y aportes de diversos saberes y puntos de vista, sin excluir la convicción de que es posible llegar a algunas verdades elementales que deben —y deberán— ser siempre sostenidas.  Papa Francisco, Fratelli tutti, 211.

El 16 de noviembre de 2025 el Ecuador se expresó en el referéndum y consulta popular convocados por el Gobierno Nacional. El resultado fue claro y, hasta cierto punto, contundente. Las cuatro preguntas gubernamentales, sobre la presencia de bases extranjeras en el país, la supresión del financiamiento a los partidos y movimientos políticos, la reducción del número de asambleístas y, sobre todo, la creación de una nueva Asamblea Constituyente, fueron todas rechazadas por la voluntad popular.

Como suele ocurrir en estos casos, la victoria tiene numerosos padrinos que se atribuyen el éxito alcanzado, mientras que los derrotados se refugian en excusas y disculpas. El resultado es, en realidad, un evento coyuntural; lo importante es pensar en lo que viene ahora y qué rumbo debe tomar el país. ¿Es posible realizar, por parte del Estado, algunos cambios profundos, no solo cosméticos o de reciclaje en los ministerios? ¿Podremos superar la polarización y la división social que tantos daños han causado? ¿Podremos sentarnos como país en una sola mesa a dialogar sobre los problemas nacionales?

Para responder a estas cuestiones, las enseñanzas de la encíclica Fratelli Tutti, del papa Francisco, nos ofrecen algunas pistas. En ella el Papa reflexiona profundamente en torno a la parábola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37) para llevarnos al amor al prójimo. Nos pide ampliar nuestra comprensión del prójimo para incluir también a cualquier persona “fuera” de nuestro grupo, perspectiva o identidad. Debemos “acercarnos” a todos y practicar un amor “universal” que traspasa todos los prejuicios y todas las barreras históricas y culturales (FT 80-83).

El Papa señala que el amor social debe expresarse en acciones concretas de solidaridad que enfrenten los problemas más urgentes del país. Advierte que no basta con contener la pobreza, y que la verdadera preocupación política debe centrarse en combatir la exclusión social y económica. Recuerda que el hambre es criminal y la alimentación un derecho inalienable, mientras seguimos permitiendo que hermanos y hermanas mueran de hambre, sed o falta de atención básica.

Asimismo, señala que “el auténtico diálogo social supone la capacidad de respetar el punto de vista del otro, aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos. Desde su identidad, el otro tiene algo para aportar…” (FT 203). Si queremos impulsar auténticos cambios para los principales problemas del Ecuador, debemos promover “la caridad social, que nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, consideradas no solo individualmente, sino también en la dimensión social que las une” (FT 182).

El reto ahora es construir, establecer posibilidades de diálogo y de acuerdos. Los sectores sociales, los movimientos y partidos políticos tienen que buscar y establecer puntos de convergencia por encima de las disputas y conflictos coyunturales basados en personalismos e intereses particulares. También debe superarse cualquier tipo de populismo manipulador. Ese es el mandato dado por el pueblo con este resultado.

La caridad política se expresa también en la apertura a todos. Quienes gobiernan están llamados a renuncias que hagan posible el encuentro y a buscar acuerdos mínimos en algunos temas. En un verdadero espíritu de diálogo se alimenta la capacidad de comprender el sentido de lo que el otro dice y hace, aunque uno no pueda asumirlo como una convicción propia (FT 190 y 198). #ComuniquemosEsperanza

domingo, 15 de septiembre de 2024

carta No. 254: Política Fraterna

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 254– 15 septiembre 2024
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Política Fraterna

“Pienso en la parábola del Samaritano (cf. Lc 10,29-37), que se detiene con compasión ante el judío necesitado de ayuda. Sus culturas eran enemigas, sus historias diferentes, sus religiones hostiles entre sí, pero para aquel hombre la persona hallada en el camino y su necesidad estaban por encima de todo”. Papa Francisco

Entre 1789 y 1799 se dio la revolución francesa: los ideales que la guiaron fueron la libertad, la igualdad y la fraternidad. Desde entonces mucho se ha hablado y escrito sobre la libertad e igualdad, muy poco sobre la fraternidad.

Fraternidad es equivalente a hermandad. Ser hermanos no implica uniformidad, pero si la posibilidad de que pese a sus diferencias se puede vivir, compartir, cooperar, asistir al que lo necesita, estar juntos en momentos difíciles, dialogar y acordar.

A la fraternidad se la ha vinculado más a lo social y cultural, pero debería ser parte de todas las esferas vitales, especialmente la política. La “Política Fraterna” va más allá de la política, busca el bien común basado en la solidaridad, la empatía con todos, el respeto mutuo. Rompe con los intereses partidistas, corporativos e individuales, promueve la convivencia armónica y el bienestar común a través de valores humanos para una sociedad más inclusiva y comprensiva.

La Política Fraterna busca la justicia social para reducir las desigualdades y garantizar el acceso a oportunidades y recursos básicos para lograr un desarrollo equitativo; dialogar y consensuar para resolver cualquier tipo de conflictos y tomar decisiones en base a ello, sin imponer criterios y soluciones unilaterales. Es fundamental la participación ciudadana activa de todos los sectores en la toma de decisiones y en la vida pública, asegurando que se escuchen diversas voces y perspectivas. La política fraterna se basa en el respeto y la protección de los derechos fundamentales de todos: personas, sociedades y también de la Casa Común.

Para implementar una Política Fraterna, es esencial una educación que fomente la fraternidad y la solidaridad desde la infancia. La cultura debe crear una mentalidad colectiva que favorezca el bienestar común. Las políticas públicas deben impulsar la igualdad de oportunidades, el acceso a servicios básicos y la protección social, abarcando la reducción de la pobreza, mejoras en salud, educación y seguridad social. Es clave fortalecer las instituciones democráticas para incluir a los ciudadanos en la toma de decisiones y la supervisión pública. La cooperación entre gobierno, sector privado y sociedad civil es fundamental para abordar problemas y promover el bien común. A nivel político, se requieren partidos que adopten estos valores como principios y busquen consensos en torno a la fraternidad y la solidaridad. La formación de sus dirigentes y militantes debe centrarse en el diálogo, la negociación y la resolución de conflictos para fomentar una política basada en el entendimiento mutuo, siendo inclusivos y representativos de la diversidad social.

Un vehículo adecuado para que la Política Fraterna empiece a implementarse a nivel social es la convivencia, estrategia clave que enfatiza la armonía social y el respeto mutuo entre los individuos dentro de una comunidad. Es una forma de vida que valora y fomenta el entendimiento, la colaboración y la empatía, promoviendo la cohesión social, el diálogo y la comunicación abierta, la inclusión, la diversidad, la responsabilidad social y la solidaridad, la resolución pacífica de conflictos, la participación activa y equitativa y el bienestar comunitario.

Una política fraterna es posible, viable y puede ser implementada en nuestro país, siempre y cuando tenga y promueva un enfoque integral que incluya educación, legislación, participación ciudadana y cooperación entre sectores. Los partidos y movimientos políticos tienen un papel crucial en promover estos valores y prácticas, actuando como mediadores y facilitadores del cambio hacia una sociedad más solidaria y equitativa. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

  

domingo, 13 de marzo de 2022

Carta No. 123: Los rostros desfigurados por la guerra

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 123– 13 de marzo 2022

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Los rostros desfigurados por la guerra

“Vemos a Jesús en los rostros de los niños sirios marcados aún por la guerra”, “en los niños de Irak, que todavía sigue herido y dividido por las hostilidades que lo han golpeado en los últimos quince años”; “en los niños de Yemen, donde existe un conflicto olvidado”; en los niños de África, “especialmente en los que sufren en Sudán del Sur, en Somalia, en Burundi, en la República Democrática del Congo, en la República Centroafricana y en Nigeria”.  (Papa Francisco, 2017).


 

Las guerras desfiguran el rostro de la humanidad. Ancianos, hombres, mujeres, niños y bebés, que, además de vivir en la pobreza y alejados de cualquier privilegio, son golpeados sin clemencia por la barbarie de la guerra. Esos rostros inocentes solo sufren la cruenta violencia que frustra y mutila sus vidas, fractura su cotidianidad, despoja de su dignidad, anula el presente y confisca el futuro. La guerra les deja sin posibilidad de vivir su vida y desarrollarse como personas.

Rostros desfigurados por el miedo a morir bajo un bombardeo inmisericorde, una incursión a mansalva, el estallido de un misil de racimo, la explosión de una mina o simplemente por estar en el lugar y en el momento equivocados.

Rostros desfigurados por la urgencia de abandonar su casa y ciudad, de renunciar a su pasado, perder su presente y futuro. Dejar atrás amigos, conocidos y allegados, su cultura, su historia, sus costumbres, su entorno… para salir despavoridos con una mochila o maleta llenada al apuro, solo huyendo de una "tormenta bélica", sin rumbo ni lugar a donde ir o llegar. Solo se sabe que hay que tomar a los niños al resto de la familia y salir, huir, partir a toda prisa… para paliar esa cruenta guerra que llegó impuesta por un sinfín de intereses de poderes mundiales. Pasan a vivir una vida a riesgo de caer en trata de personas -en especial mujeres y niños-, de la vulneración sistemática de los derechos humanos, de xenofobia...

Rostros desfigurados por la muerte, las heridas, las mutilaciones, las masacres, las fracturas, las balas perdidas… que golpean sin tregua a millones de familias en países, ciudades, pueblos, caminos y senderos. Para evitar ser alcanzados por esa "hoguera bárbara" caminan desorientados, corren sin sentido, deambulan por doquier y se pierden lejos de su hogar, simplemente huyen de todo aquello que huele a muerte, con el único fin de salvar su vida y la de sus familias.

Rostros desfigurados por la pena y el dolor de perder a sus seres queridos, dejar a los abuelos, salir sin tener tiempo para abrazarse y despedirse. Rostros desfigurados por la incertidumbre y la duda de no saber que hay más allá de ese momento. Desconocen su presente inmediato y están dispuestos a lo que venga. Salen sin ninguna seguridad, esperando encontrar un lugar seguro y algo de tranquilidad que acalle el ruido de su alterada realidad y aplaque sus emociones alborotadas. La migración forzada les enfrenta a la ¡horrible y terrible! miseria, pobreza… y otras tantas catástrofes y abusos.

Esos rostros, desfigurados por la guerra, golpean con fuerza y en silencio la conciencia de la humanidad, para que nadie quedemos indiferentes ni miremos hacia otro lado. Están allí en medio de esa realidad macabra de escombros y explosiones, mirando a los fabricantes de guerra, productores y vendedores de armas, a los gobiernos y políticos y militares que deciden y hacen las guerras… a los que se olvidan de amar y solo buscan enriquecerse matando las vidas y la esperanza de la casa común.

¡Basta de guerras, basta de desfigurarnos los rostros sin piedad, sin misericordia! Reconozcámonos, aunque parezca difícil, que somos hermanos. Busquemos caminos de diálogo para construir la paz desde la justicia social, equidad, inclusión, venciendo la pobreza, desterrando la violencia, eliminado las armas. Con fraternidad y cooperación, trabajo y solidaridad lograremos vías de sensibilización de la humanidad para encontrar la paz, porque de acuerdo con el plan de Dios todos estamos hechos para la vida y no para la muerte.  ·  #ComuniquemosEsperanza

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domingo, 9 de enero de 2022

Carta No. 114: La Paz es diálogo

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 114– 9 de enero 2022

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La Paz es diálogo

“Los grandes retos sociales y los procesos de construcción de la paz no pueden prescindir del diálogo entre los depositarios de la memoria ―los mayores― y los continuadores de la historia ―los jóvenes―; tampoco pueden prescindir de la voluntad de cada uno de nosotros de dar cabida al otro, de no pretender ocupar todo el escenario persiguiendo los propios intereses inmediatos como si no hubiera pasado ni futuro.” (Papa Francisco - 55 Jornada Mundial de la Paz, enero 2022).


La pandemia ha desnudado nuestras posturas individualistas, cerradas, violentas.  La humanidad está desubicada y destartalada: todos opinan, cada uno tiene su criterio… hay demasiados problemas que esperan solución. Sin embargo, falta diálogo, cunde más el egoísmo que la generosidad y el desprendimiento.  Esto nos ha llevado a una situación de parálisis social, de un miedo generalizado, de soledades aterradoras, un quemeimportismo lacerante ante realidades de pueblos sumidos en la angustia y la enfermedad, en contraste con quienes confunden y generan protestas violentas, hechos que atentan contra la paz.

La paz se fundamenta en el diálogo, siempre que sea sincero, abierto, llano, veraz, genuino, verdadero, justo, honesto, formal, franco, inclusivo, sin tapujos… entre toda la humanidad, sin dejar a nadie fuera, sin menospreciar criterio alguno, para juntos conseguir acuerdos, acciones, proyectos, planes y programas encaminados a construir una sociedad más justa y solidaria, en donde haya preferencia por los más pobres y vulnerables.

La palabra es el vehículo del diálogo. La palabra tiene poder tanto para construir como para destruir. Cuando el diálogo es entre sordos y es mal encaminado o adolece de autenticidad, genera fracturas sociales que pueden ser irreconciliables, al extremo de desarticular el tejido social y dejar sin piso la posibilidad de una sociedad justa, solidaria, equitativa…

“Dialogar significa escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos. Fomentar todo esto entre las generaciones significa labrar la dura y estéril tierra del conflicto y la exclusión para cultivar allí las semillas de una paz duradera y compartida" (Papa Francisco).

El diálogo se desarrolla en medio de dificultades, limitaciones, negaciones, rencillas, objeciones, desacuerdos…  Para que el diálogo sea verdadero, exige colocar todas las cartas sobre la mesa, sin agendas ni intenciones solapadas, y una apertura total para acercarse entre distintos, provenientes de culturas diferentes, con intereses marcados, con sueños diferentes, con objetivos preestablecidos… Si hay diálogo hay disponibilidad para tender puentes, para renunciar a intereses de grupo, para abrirse a los demás, para establecer acuerdos, para buscar el bien común, para conseguir la paz.

En un diálogo auténtico no caben amenazas ni chantajes, los acuerdos no son hechos bajo miedos ni presiones, son resultado de compromisos de las partes en función de objetivos comunes, transparentes y evaluables.

Construir la paz basada en el diálogo es una tarea conjunta en la que estamos inmersos todos, con responsabilidades y derechos, con aciertos y errores, con limitaciones, con voz y con voto, con esfuerzo y trabajo, con tranquilidad y apremio, con acuerdos y desacuerdos.

En el día a día nos topamos con miles de situaciones y circunstancias, como la educación y el trabajo, la política y la economía, que nos invitan a construir juntos caminos hacia la paz, en donde el diálogo es una experiencia y una ciencia de vida que articula una serie de variables que nos permiten a personas de diferentes razas, culturas, nacionalidades… ponernos de acuerdo y establecer líneas de acción que establezcan tareas conjuntas encaminadas a alcanzar el objetivo común: la PAZ.  ·  #ComuniquemosEsperanza

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domingo, 19 de diciembre de 2021

Carta No. 111: La Esperanza está de pie

 

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 111– 19 de diciembre 2021

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La Esperanza está de pie

“La esperanza es una virtud que no se ve: trabaja desde abajo; nos hace ir y mirar desde abajo. No es fácil vivir en la esperanza, pero yo diría que debería ser el aire que respira un cristiano, el aire de la esperanza; de lo contrario, no podrá caminar, no podrá seguir adelante porque no sabe adónde ir. La esperanza –esto sí es verdad– nos da seguridad: la esperanza no defrauda. Jamás.  Si tú esperas, no te decepcionarás… (Papa Francisco, octubre. 2019).


 Frente a la cruel realidad de dolores, angustias, tristezas, problemas… desde nuestro compromiso cristiano debemos insistir en la esperanza. Vivirla, respirar su aire, saborear sus obras, disfrutar sus logros es una tarea diaria. La esperanza vive en acciones concretas de solidaridad y vence la adversidad.

Qué lindo y maravilloso es ver a mujeres de escasos recursos, jefas de hogar que no tienen apoyo o han sido abandonadas de su pareja, ayudándose entre sí para que a ninguna de ellas le falte el pan cotidiano; o aquellas familias que han decidido juntar ropa, víveres, juguetes y otros enseres para agasajar con villancicos, una buena comida y un regalito por Navidad a los niños del orfanato; a familias enteras que dan una cuota mensual para apoyar a ancianos abandonados; a niños que, privándose de su colación, compran con sus ahorros algo que hará feliz a un niño de otra escuela; o las abuelas que tejen, pintan, bordan o confeccionan unas prendas lindas para cada uno de sus hijos y nietos; o los jóvenes que visitan voluntariamente a los enfermos de un hospital para compartir su tiempo y alegría… Estas son algunas de las demostraciones de solidaridad concretas… hay muchas otras llenas de esperanza, que manifiestan que somos sensibles y generosos.

Pero hay también muestras más grandes: el aporte y trabajo en minga para construir la casa para un hombre con discapacidad y seis hijos, uno de ellos con discapacidad y una adolescente con una criatura de 2; la donación de pupitres para todo un grado de una escuelita rural; la construcción de un tanque reservorio de agua que sirve a toda una comunidad; la donación de aquella máquina que le faltaba a esa microempresa en la que trabajan varias familias, la creación de una panadería, de una quesera, de una fábrica de mermeladas... Igual que estas expresiones fehacientes de esperanza comunitaria en el trabajo, en el esfuerzo, en la justicia, en la paz, hay miles de manifestaciones de solidaridad a lo largo y ancho de nuestro país.

La esperanza y la solidaridad están siempre tocando nuestra vida, hay miles de posibilidades para ejercerlas, por doquier se abren ventanas que requieren de una actitud fraterna y una mano generosa. En este tiempo navideño, cuando nos identificamos plenamente con el amor y la ternura, la sensibilidad se enciende, la hermandad aflora, la mente y el corazón se abren para dar lo poco o mucho que tengamos y compartir la alegría de vivir y estar juntos.

Cómo quisiéramos que esas ganas que tenemos en Navidad de compartir para llevar esperanza y solidaridad a quienes más necesitan, se convierta en un hábito recurrente y permanente que nos permita ser personas generosas y honestas, para construir familias nuevas, sin necesidades de ninguna especie; barrios bien equipados; sociedades equitativas, inclusivas, sin descartados; pueblos y ciudades con gente más buena, en la que diariamente se siembre e implante la justicia y consecuentemente la paz.  La esperanza está de pie.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 10 de octubre de 2021

Carta No. 101: La violencia: una llaga de la sociedad

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 101 – 10 de octubre 2021

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La violencia: una llaga de la sociedad

"La no violencia activa es una manera de mostrar verdaderamente cómo, de verdad, la unidad es más importante y fecunda que el conflicto.  Todo en el mundo está íntimamente interconectado.  Puede suceder que las diferencias generen choques: afrontémoslos de forma constructiva y no violenta, de manera que «las tensiones y los opuestos [puedan] alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida», conservando «las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna»".  Papa Francisco, Mensaje Jornada Mundial de la Paz, 2017.


La difícil y cruda situación que vive la humanidad se evidencia en la violencia exacerbada que está presente por todos lados. Realidades que espantan y estremecen por la lamentable y escalofriante pérdida del respeto al valor de la vida humana y de la naturaleza. Fácilmente se agrede, viola, mata, desaparece…  a una mayoría de víctimas inocentes, en un ambiente en que para identificar y sancionar a quiénes son los responsables de estos hechos, hay mucho camino por recorrer.

En América Latina, Ecuador ocupa el puesto 18 en sobrepoblación de las cárceles con un 133%, mientras Haití ocupa el primer lugar con 454%, Guatemala llega al 367% y en Bolivia es del 270% (Instituto para la Investigación de Políticas de Crimen y Justicia – ICPR). Situación a la que se suma, según autoridades ecuatorianas, que más del 40% está preso sin sentencia. Porcentaje que, en promedio, se repite en la región.

Según algunos expertos, en las cárceles se generan negocios muy lucrativos, de millones de dólares, que son administrados por mafias bien organizadas; en penitenciarías donde hay secciones en las que las autoridades carcelarias no ejercen control. Y para completar, con una mayoría de los presos jóvenes, de los que muchos llegaron por delitos menores.

Las personas privadas de libertad están bajo la tutela y responsabilidad del Estado, quien está llamado a garantizar su seguridad y derechos, para lo que cuenta con leyes e instituciones que deben prevenir cualquier tipo de irregularidades, desmanes, amotinamientos, matanzas… sin embargo, lo que ha pasado en las cárceles ecuatorianas a lo largo de 2021 demuestra su total incapacidad e inoperancia. La espiral de violencia carcelaria ha crecido en proporciones alarmantes, generadas por el enfrentamiento de bandas y cárteles que han internacionalizado la crueldad desde países más experimentados en este tipo de gestas de horror y muerte…

El Estado ha perdido espacio y autoridad en ciudades y sectores, y no encuentra por dónde o cómo afrontar los distintos focos de violencia y desencuentro, que se prenden como luminarias nocturnas… una tras otra y cuando no, varias al mismo tiempo. Al Estado, al gobierno de turno y a la sociedad, nos corresponde enfrentar y resolver este problema antes que sobrepase cualquier límite.  Es un problema en el que todos estamos inmiscuidos.

La corrupción e impunidad se han infiltrado y enquistado en los diferentes niveles de poder, de tal manera que las autoridades y jefes de turno pasan sin mayor trascendencia. Esta podredumbre carcome todo intento por mejorar, cambiar o curar cualquier desafuero… y lo peor, ya se ha convertido en parte de la cotidianidad social. En los medios de comunicación, la crónica roja es infaltable y destacada, difunden novelas y series relacionadas con el narcotráfico y la violencia, sin ruborizarse. Programación con la que normalizan estas realidades… y no hablemos de las redes sociales y los juegos de video.

Ante este panorama tan desafiante, el papa Francisco propone, que son necesarias "menos armas y más comida, menos hipocresía y más transparencia, más vacunas distribuidas equitativamente y menos fusiles vendidos neciamente" (octubre 2021). Desde nuestra Comisión hacemos eco y un llamado al diálogo, a la justicia, a la equidad, a la inclusión, para respetar la vida y los derechos de todas las personas, sin excepción alguna.  ·  #ComuniquemosEsperanza

  

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domingo, 20 de junio de 2021

Carta No. 85: La justicia ha de ser justa

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 85 – 20 de junio 2021

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La justicia ha de ser justa

“Recuerden siempre que cuando una justicia es realmente justa, esa justicia hace feliz a los pueblos y dignos a sus habitantes. Ninguna sentencia puede ser justa, ni ninguna ley legítima si lo que producen es más desigualdad, si lo que producen es más pérdida de derechos, indignidad o violencia”.  (Papa Francisco, discurso a jueces, 2020).

En efecto, como nos dice el Papa, la administración de justicia tiene que ser justa, pero para ello es indispensable saber ¿qué es la justicia?, ¿cuál es su concepto? Para responder estas interrogantes encontramos que hay estudiosos que consideran que la justicia es un concepto ético y si bien para cada persona puede tener connotaciones distintas, estas pueden resumirse en una definición general que dice que, justicia es actuar con objetividad, verdad e igualdad otorgando lo que cada uno merece y que sus valores son la equidad, la libertad y la igualdad.

Para Séneca "nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía", por lo tanto, la justicia tiene que ser oportuna, eficaz, acertada, imparcial, sin favoritismos ni predilecciones, sin demora ni dilaciones, pues "justicia que tarda no es justicia".

En Ecuador, el artículo 167 de la Constitución dice: “La potestad de administrar justicia emana del pueblo y se ejerce por los órganos de la Función Judicial y por los demás órganos y funciones establecidos en la Constitución”.  Y el art. 168 determina que “la administración de justicia, en el cumplimiento de sus deberes y en el ejercicio de sus atribuciones, aplicará (entre otros) los siguientes principios: (1) Los órganos de la Función Judicial gozarán de independencia interna y externa. Toda violación a este principio conllevará responsabilidad administrativa, civil y penal de acuerdo con la ley.  (4) El acceso a la administración de justicia será gratuito. La ley establecerá el régimen de costas procesales".

La Constitución es clara, especifica condiciones y formas de la administración de justicia y del sistema procesal que se deben aplicar en su ejercicio, sin embargo, se puede comprobar que la administración de justicia con frecuencia no es justa. En el pasado inmediato no hubo independencia de Funciones, bien sea por la designación amañada de jueces o por una clara influencia extrajudicial en las sentencias.  Muchas veces no existió o no se aplicó el debido proceso.

Uno de los aspectos más importantes en la administración de justicia debe ser la gratuidad, pero en la práctica es una quimera, una fantasía, ya que más allá de los costos procesales, los costos reales, generalmente producto de la corrupción son inmensos; y no son solo financieros sino también sicológicos, de tiempo, energía y desperdicio de recursos.  ¡Cuántas lágrimas, dolor y sufrimiento para muchos infelices que cayeron en causas demandantes de justicia!

Las personas más vulnerables, muchas veces, por causas menores, reciben veredictos desproporcionados e injustos, más aún por ser pobres, suele ser un largo y triste calvario, mientras que para quienes poseen contactos y recursos económicos, son sentenciados a penas ínfimas y para colmo, generalmente obtienen dictámenes favorables a sus intereses. Estas y otras injusticias, más si son hechas en nombre de la justicia, acarrean renovadas y profundas violencias que muchas veces se manifiestan al interior de los centros de 'rehabilitación'.

Hay jueces justos, es preciso reconocerlo, pero es de imperiosa necesidad y urgencia el fortalecimiento del Sistema de Administración de Justicia, que destierren la corrupción y que cuenten suficientemente con todo tipo de recursos, sobre todo con ética, honestidad, transparencia, responsabilidad y sentido de servicio a la ciudadanía, como condición impostergable para generar justicia y paz en nuestro país.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 7 de marzo de 2021

Carta No. 70: Mujer: fortaleza, trabajo, ternura y esperanza

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 70 – 7 de marzo 2021

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Mujer: fortaleza, trabajo, ternura y esperanza


“Hoy, sigue habiendo mujeres que sufren violencia: psicológica, verbal, física, sexual.  Es impresionante el número de mujeres golpeadas, ofendidas, violadas.  Las distintas formas de malos tratos que sufren muchas mujeres son una cobardía y una degradación para toda la humanidad.  Para los hombres y para toda la humanidad.  Los testimonios de las víctimas que se atreven a romper su silencio son un grito de socorro que no podemos ignorar.  No podemos mirar para otro lado...”
(Papa Francisco, 2021).


Llega de un largo día de trabajo, deja el uniforme fuera de la casa por bioseguridad, toma un baño y se coloca el delantal para seguir con la jornada… ahora es mamá o esposa o hermana o hija, tal y cual, como la suya.  Y en el campo, la zona rural, la vida de la mujer es aún más complicada y compleja que en la ciudad.

Esta es la cotidianidad de muchas mujeres en todo el mundo, en especial de las que tienen trabajo remunerado.  Durante la pandemia del covid 19, muchas mujeres trabajadoras de la salud o sanitarias, de seguridad o vigilancia, cajeras o vendedoras… han visto complicada su realidad, han arriesgado su vida para llevar el pan a su casa.  También muchas mujeres están al frente de organizaciones locales, barriales, populares, empresas o países, son líderes ejemplares y eficaces por la forma en que han enfrentado la pandemia, con conocimiento, experiencia, habilidades y perspectivas diferentes, con resultados de más éxito ante el impacto sanitario y socioeconómico, según destaca OnuMujeres.

Esta organización de Naciones Unidas señala que se ha registrado un aumento en los índices de violencia contra la mujer al tiempo que se han incrementado: pobreza, desempleo, falta de atención a la salud, educación, pérdida de empleo por ser mujer, subempleo, trabajo no remunerado, migración.  Por cierto, la restricción de movimiento, el aislamiento social y la inseguridad económica contribuyeron a la vulnerabilidad y violencia en el ámbito privado, llegando al maltrato doméstico, abuso, violación y muerte…, las estadísticas señalan que cada día 137 mujeres son asesinadas por miembros de su propia familia; las mujeres adultas representan casi la mitad de las víctimas de la trata de seres humanos detectadas a nivel planetario; a escala mundial, una de cada tres mujeres ha sufrido alguna vez violencia física o sexual y 15 millones de niñas adolescentes de 15 a 19 años han experimentado relaciones sexuales forzadas en todo el mundo (OnuMujeres).

El 8 de marzo debe ir más allá del feliz día, del ramo de rosas.  Es un día de reivindicación, de lucha, de esperanza, de cambio y reconocimiento a su valía y trascendencia.  Ante la vulneración de sus derechos, ante su vida aún mancillada, su voz grita justicia, igualdad, equidad, oportunidad… y todos debemos sumarnos a ese grito, a ese reclamo de justicia.

En un mundo en el que hay que ajustarse y acomodarse a las 'nuevas dinámicas de vida', en el que las mujeres siguen cumpliendo su rol indispensable en la sociedad, en el que la familia es el espacio central que evidencia la inmensa gama de funciones que cumple, está pendiente vencer el machismo y desterrar muchos prejuicios y perjuicios que atentan contra su dignidad e integridad.

Es necesario e impostergable que como sociedad apoyemos su lucha diaria para que sus derechos sean reconocidos.  Ella seguirá aportando a toda la humanidad desde lo sencillo o lo importante, desde la pequeñez o la grandeza… desde la vida.

A la luz de María de Nazareth trabajemos para dar testimonio de amor, de entrega, de dedicación, de fortaleza, de ternura, de diálogo, de escucha y de esperanza… expresiones de vida plena, de alegría inmensa, de educación liberadora y organización infatigable; que supera todos los obstáculos que la sociedad sigue manteniendo.  ·  #ComuniquemosEsperanza

  

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.