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domingo, 6 de septiembre de 2026

carta No. 357: ¿Corrupción: enfermedad incurable?

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 357 6 de septiembre, 2026
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¿Corrupción: enfermedad incurable?

“Se observa, lamentablemente, cuán difundida está en nuestros días una injusticia social que brota de la corrupción arrogante, tan deplorable como discriminatoria, la cual sitúa a unas personas por encima de otras bajo lógicas de dominio… Son necesarias sanciones contra las cúpulas políticas que engordan con la corrupción y la impunidad”. Papa León XIV.

La corrupción, entendida como la acción de dañar, romper y pervertir, se ha vuelto una enfermedad casi incurable. El papa Francisco la define como un “cáncer” y un “proceso de muerte” que destruye la dignidad, y sostiene que se diferencia del pecado común porque el corrupto endurece su corazón, se cree autosuficiente y no siente la necesidad de pedir perdón.

¿Dónde está la corrupción? Está en todas partes. Se manifiesta de una y mil maneras, tanto en lo público como en lo privado. A veces se presenta de forma oscura e informal y, lastimosamente, también como algo formal o normal.

La corrupción informal pulula en la cotidianidad: está en la tienda del barrio que, en vez de vender la libra de arroz de 16 onzas, entrega 14; en la frutería que ofrece productos a punto de fenecer; en el busero que corretea y se pasa el semáforo en rojo; en el taxista que altera el taxímetro para cobrar más; en quien copia en un examen; en el avivato que se aprovecha de cualquier oportunidad para sacar provecho; y en la apropiación de los espacios públicos. Está en la llamada “viveza criolla”. Se ha vuelto parte del “paisaje ciudadano” que peligrosamente aceptamos y legitimamos.

La corrupción formal se genera y desarrolla en instituciones públicas y privadas. Es la corrupción de “cuello blanco”, aquella que se desliza por los hilos del poder y utiliza diversos mecanismos para disimular su presencia y actuación. Parece normal y hasta “legal”, dentro de los procedimientos establecidos. Se ha estructurado mediante redes de corruptos que buscan y obtienen réditos y “ganancias” onerosas en detrimento de la calidad, eficacia y eficiencia de los contratos y las obras públicas. Allí aparecen los sobreprecios, los porcentajes, el tráfico de influencias, los favoritismos y los “amarres” politiqueros.

La corrupción se ha convertido en una “forma de vida”, en una “metodología de trabajo fácil” que produce dinero o beneficios y en una “estrategia” para conseguir poder. Allí han fenecido la verdad, la transparencia, el bien común, el amor al prójimo y el servicio a los más vulnerables. Por ambiciones desmedidas, la posibilidad de mejorar los servicios básicos de barrios y poblaciones enteras se transforma en una oportunidad de enriquecimiento ilícito para unos pocos, en detrimento de la vida de las personas y de la calidad de las obras.

Pero no todo está perdido. Hay muchas personas e instituciones alrededor del mundo que ponen el dedo en la llaga de la corrupción y se esfuerzan por posicionar la honestidad, la transparencia, el servicio y el amor al prójimo como respuesta a este mal. «A la obsesión de quienes acumulan riquezas solo para sí se opone la obstinación de Dios que, en el testimonio de personas de carne y hueso, abre el corazón y acoge en su amor» (papa León XIV).

Atacar la corrupción implica desafíos individuales, familiares, sociales, regionales, nacionales e internacionales. Para el papa Francisco, las alternativas para enfrentarla y salir de ella radican en romper el silencio, denunciar, hablar sin miedo, promover la justicia social y fomentar una cultura de austeridad y transparencia.

Las sociedades deben visibilizar y denunciar la corrupción para dejar de normalizarla. Frente a ella, es necesario promover la justicia, la legalidad, la educación en valores, la transparencia y el bien común, entendiendo el poder como un servicio honrado, especialmente hacia los más vulnerables. También hay que combatir el afán desmedido de poder y dinero, así como el nepotismo. Los gobernantes deben dejar de lado los beneficios a sus parientes y priorizar el deber de servir a todas las personas. Frente a los sistemas que obligan a pagar sobornos o facilitan las “ganancias rápidas”, es necesaria una resistencia ciudadana o, como propone el papa Francisco, aplicar la “astucia evangélica”: ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas, manteniendo la coherencia ética y rechazando cualquier complicidad con estructuras deshonestas, aun a costa de perder privilegios inmediatos. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 9 de agosto de 2026

carta No. 353: La longevidad es memoria viva

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 353 9 de agosto, 2026
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La longevidad es memoria viva

“Dios nunca abandona a sus hijos. Ni cuando la edad avanza y las fuerzas flaquean, cuando aparecen las canas y el estatus social decae, cuando la vida se vuelve menos productiva y corre el peligro de parecernos inútil…No dejemos de mostrar nuestra ternura a los abuelos y a los mayores de nuestras familias, visitemos a los que están desanimados o que ya no esperan que un futuro distinto sea posible. A la actitud egoísta que lleva al descarte y a la soledad contrapongamos el corazón abierto y el rostro alegre de quien tiene la valentía de decir “¡no te abandonaré!” y de emprender un camino diferente” Papa Francisco, 25 de abril, 2024.


Los adultos mayores son parte vital de la memoria viva de nuestros pueblos. Ellos conocen historias que no están en los libros, recuerdan acontecimientos que las nuevas generaciones desconocen, conservan la cultura y las tradiciones, transmiten valores y custodian experiencias que nos permiten comprender quiénes somos. Como sociedad y como familia tenemos ante nosotros varias disyuntivas: ¿somos capaces de respetar y valorar lo que aportaron y aportan los ancianos o preferimos seguir dándoles la espalda?, ¿somos conscientes de lo que perdemos si los descartamos? Ellos son muy importantes en el tejido social. También mantienen y transmiten nuestra fe, y representan la esperanza y el amor de Dios.

La longevidad es la etapa más larga de la vida, que llega después de un extenso camino de trabajo, rutinas, luchas e historias llenas de recuerdos alegres, acumulados con la experiencia y la sabiduría de los años; o, al contrario, con el dolor de frustraciones y fracasos sufridos, que con mucho valor superaron en su debido tiempo. Por su aporte y por el sendero recorrido, merecen una longevidad digna, que supere el edadismo, el olvido y la ingratitud. Respeto, consideración, buen trato, compañía, cercanía, cariño, afecto y amor les deben las familias, la sociedad y el Estado.

Es una edad a la que se puede llegar sin aspavientos, con el acompañamiento, el cariño y la cercanía de las personas amadas; pero que, en muchas ocasiones, está poblada de ausencias: amigos cercanos que ya partieron a la eternidad, otros que simplemente se alejaron y familiares que los abandonaron.

Al final del camino de la vida, antes de que caiga definitivamente el telón de la existencia, puede llegar el deterioro físico asociado con la dependencia, la vulnerabilidad y la fragilidad, generadas por una enfermedad más o menos complicada, compleja y larga, hasta llegar a la inevitable extinción terrenal.

Las familias que acompañan a sus mayores en los últimos años fortalecen vínculos de gratitud, cuidado y amor. Sin embargo, para muchos adultos mayores la realidad es muy distinta: la vejez puede significar soledad, abandono, pobreza, enfermedad y falta de apoyo. Esta situación afecta tanto a comunidades rurales, marcadas por la migración de los familiares, como a las ciudades, donde también persisten formas dolorosas de abandono.

Es responsabilidad del Estado, de la sociedad y de las familias cuidar y atender a los adultos mayores, definidos como un grupo de atención preferencial por la Constitución de la República en los artículos 36 y 37. Sin embargo, esos derechos se incumplen. Vivimos en una sociedad donde el individualismo y la pérdida de valores promueven y aceleran su descarte.

Ese descarte lo viven muchos ancianos invisibilizados por la sociedad, que carecen de acceso a servicios de salud, medicación, cuidado y compañía. Un sinnúmero de ellos, incluso, han sido abandonados por sus propios familiares.

La Biblia nos ofrece, en el libro de Rut, una historia de fidelidad y cuidado. Noemí, que era viuda, perdió a sus dos hijos en Moab y dio libertad a sus dos nueras para que cada una pudiera rehacer su vida. Sin embargo, Rut se quedó con ella y regresaron juntas a Belén. Sus palabras siguen siendo profundamente conmovedoras: “No insistas en que me vaya y te abandone. Iré adonde tú vayas, viviré donde tú vivas; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios” (Rut 1,16).

¡Muchos adultos mayores necesitan escuchar de nosotros: “No te abandonaré”! #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

 


domingo, 12 de abril de 2026

carta No. 336: Desarmar la comunicación

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 336 –12 de abril de 2026
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Desarmar la comunicación

Hoy en día, con mucha frecuencia la comunicación no genera esperanza, sino miedo y desesperación, prejuicio y rencor, fanatismo e incluso odio. Muchas veces se simplifica la realidad para suscitar reacciones instintivas; se usa la palabra como un puñal; se utiliza incluso informaciones falsas o deformadas hábilmente para lanzar mensajes destinados a incitar los ánimos, a provocar, a herir. Todos vemos cómo - desde los programas de entrevistas hasta las guerras verbales en las redes sociales- amenaza con prevalecer el paradigma de la competencia, de la contraposición, de la voluntad de dominio y posesión, de manipulación de la opinión pública. Papa Francisco.


Actualmente, la comunicación, sobre todo en los medios masivos y en las redes sociales, busca atraer, seducir, confundir y enajenar a toda la sociedad. Es una comunicación “armada hasta los dientes”, que influye sobre una población desprevenida, llevándola a aceptar como verdad lo que recibe, sin cuestionarlo, analizarlo ni verificarlo, y promoviendo un pensamiento uniforme, sin discernimiento ni actitud crítica.

Estamos en una era en la que, según Byung-Chul Han, “el poder no reprime, sino que seduce a través de narrativas, datos y algoritmos, transformando la sociedad disciplinaria en una ‘infocracia’”. “La tecnología de la información digital hace de la comunicación un medio de vigilancia”; a mayor cantidad de datos generados, más intensa y eficaz es esa vigilancia. La vigilancia es voluntaria, la información sustituye a la verdad y el individuo se autoexplota bajo la falsa ilusión de libertad.

De alguna manera somos sociedades “empachadas” de consumir medios que “comunican” cualquier cosa, y nosotros les creemos sin decir ni chus ni mus. Somos unas “blancas palomitas” que aceptamos lo que dicen sin dudar. Vivimos en cárceles de propaganda, bajo una vigilancia digital voluntaria. La democracia degenera en infocracia, donde los algoritmos y la información tratan de moldear nuestro comportamiento.

No pensamos con autonomía; nos hemos convertido en “autoesclavos”. El poder ahora es psicopolítico y digital; no sentimos la vigilancia, nos exponemos voluntariamente para ser vistos. La información prolifera sin verdad, reemplazando los hechos por narrativas vacías y emociones. La cantidad abrumadora de información oscurece la comprensión del mundo. Hay tanta información, verdadera o falsa, que pulula por doquier y que se pone a nuestra disposición sin ninguna clase de filtro.

En medio de esta realidad que nos somete sin darnos cuenta, es impostergable, como dice el papa Francisco, “desarmar la comunicación”, puesto que “con mucha frecuencia la comunicación no genera esperanza, sino miedo y desesperación, prejuicio y rencor, fanatismo e incluso odio”. La mayoría de las veces, sin darnos cuenta, simplemente estamos allí y somos parte de esa “realidad”. El Papa denunciaba que “se usa la palabra como un puñal; se utilizan incluso informaciones falsas o deformadas hábilmente para lanzar mensajes destinados a incitar los ánimos, a provocar, a herir”.

“Desarmar la comunicación”, según el papa Francisco, implica eliminar la agresividad, la polarización y la violencia verbal de las narrativas actuales, transformando las palabras, de armas destructivas, en instrumentos de paz y esperanza. Hay que pasar de la confrontación a la escucha, purificando el lenguaje de prejuicios y del chismorreo.

Como cristianos, debemos combatir la tendencia a usar la palabra para herir, atacar o sembrar miedo y odio.

Necesitamos superar los pecados de la comunicación: la desinformación, que informa de forma incompleta y sesgada; la calumnia, que inventa falsedades; la difamación, que difunde mensajes pensados para destruir al otro; y la coprofilia, entendida como el amor por el escándalo y el sensacionalismo.

Debemos evitar la polarización y la confrontación, rechazando los paradigmas de demonización y los intentos de destrucción de los adversarios, así como la manipulación en las redes sociales y en los medios, buscando tender puentes y abrir cauces para un diálogo auténtico. La verdad nos hará libres (Jn 8,32), y para ello la comunicación debe ser un acto de amor, no una simple técnica de marketing, enfocada en la escucha y en la aceptación del otro. En un mundo lleno de narrativas de desesperación, la comunicación debe generar esperanza, buscando el bien común y la reconciliación. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 14 de diciembre de 2025

carta No. 319: El dolor de los niños: un grito que asciende al cielo

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 319 –14 de diciembre de 2025
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   El dolor de los niños: un grito que asciende al cielo

“El abuso de menores, sea de la naturaleza que sea, es un acto despreciable, es un acto atroz. No es simplemente una plaga de la sociedad, no, ¡es un crimen! Incluso un solo caso ya es demasiado”. “Cuando vemos estas vidas perdidas, con demasiada frecuencia miramos hacia otro lado”. Papa Francisco, Audiencia, 15 de enero de 2025.

El 8 de diciembre de 2024, en Las Malvinas (Guayaquil), Ismael Arroyo, Josué Arroyo, Nehemías Arboleda y Steven Medina regresaban de jugar fútbol, entre risas y sueños como tantos chicos que ven en el deporte una esperanza. Esa noche fueron interceptados por una patrulla de las Fuerzas Armadas y no volvieron a sus hogares.

Ese fue el inicio de una pesadilla colectiva. Detenidos de manera arbitraria y subidos a vehículos oficiales, desaparecieron. Sus familias los buscaron con angustia, sin respuestas claras. Días después, fueron hallados sin vida cerca de la base militar de Taura y la prueba de ADN confirmó su identidad. Los informes forenses revelaron signos de violencia extrema. Lo ocurrido nos coloca frente a un dolor que no admite indiferencia.

Ante este horror, el país reaccionó con un clamor por justicia y dignidad que sigue presente en marchas y vigilias. La Asamblea Nacional concluyó que no se trató de un hecho aislado, sino de un patrón de graves violaciones de derechos humanos en un contexto de militarización de la seguridad que, con frecuencia, termina generando miedo, persecución y abusos, especialmente contra jóvenes pobres.

Esta muerte nos interpela como sociedad: ¿qué tan profunda y normalizada está la violencia contra los más vulnerables? Como comunidad de fe, no podemos quedarnos callados. El Evangelio nos enseña: “Todo lo que hicieron por uno solo de mis hermanos más pequeños, lo hicieron por mí” (Mt 25,40). La sangre de estos cuatro niños y adolescentes, inocentes, vulnerables, con sueños, clama desde la tierra por justicia y por memoria.

Recordar sus nombres es un acto de amor. Llorar su pérdida es un acto de humanidad. Exigir verdad y reparación es un acto de dignidad. Debemos convertir el luto en compromiso: compromiso de sanar una nación herida por la inequidad; compromiso de defender a los más débiles; niños y adolescentes que viven en barrios olvidados, marcados por la pobreza, el racismo y la exclusión.

Hoy, dieciséis militares enfrentan procesos penales por desaparición forzada, tortura y homicidio, con posibles condenas de 24 a 34 años de cárcel. La responsabilidad no puede reducirse únicamente a quienes ejecutaron los hechos: también interpela al Estado y a las autoridades responsables de garantizar derechos, prevenir abusos y evitar la impunidad. A ello se suma el caso de Roberto, el joven fallecido en Guayaquil el 11 de diciembre, en un contexto que ha sido denunciado públicamente y que refuerza la preocupación social por los excesos, la violencia y la criminalización de jóvenes y dirigentes.

Se requiere una transformación profunda que garantice protección real para la infancia y la juventud, con políticas integrales, respeto a los derechos humanos y cambios estructurales que eviten nuevas tragedias. La memoria de Ismael, Josué, Nehemías y Steven sigue clamando por dignidad, justicia y amor, y debe despertar conciencia y compromiso social.

La injusticia contra los inocentes hiere a toda la comunidad, a toda la nación. Como creyentes, no podemos abandonar ese clamor al olvido. Debemos convertir nuestro luto en acción, nuestra tristeza en defensa, nuestro dolor en solidaridad. Estamos llamados a ser sal y luz en medio de una sociedad que, a veces, prefiere mirar hacia otro lado. Estamos llamados a acompañar a las víctimas, a defender la memoria, a exigir justicia y a construir puentes de esperanza, dignidad y reparación.

Que la memoria de los cuatro niños de Las Malvinas, y la de Roberto, ilumine un camino hacia un Ecuador donde cada niño y cada adolescente tenga derecho a vivir, crecer, soñar y retornar a casa. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 7 de diciembre de 2025

carta No. 318: Solo con Justicia habrá Paz

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 318 –7 de diciembre de 2025
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   Solo con Justicia habrá Paz

“Todos comprendemos que la justicia es fundamental para la convivencia pacífica en la sociedad: un mundo sin leyes que respeten los derechos sería un mundo en el que es imposible vivir, se parecería a una jungla. Sin justicia no hay paz. De hecho, si no se respeta la justicia, se generan conflictos. Sin justicia, se ratifica la ley del fuerte sobre los débiles, y eso no es justo”. Papa Francisco, abril de 2024).

Ha pasado un año del caso de “Los Cuatro Niños de las Malvinas” que fueron brutalmente asesinados en la costa ecuatoriana, presuntamente a manos de fuerzas militares. Sus familiares aún reclaman justicia. Como éste, otros casos como el magnicidio de Fernando Villavicencio, o la desaparición de diversas personas, siguen sin que se esclarezca la verdad procesal.

En un sistema democrático, la administración de justicia es la encargada de tutelar y aplicar las leyes para resolver conflictos, garantizar derechos y velar por la seguridad ciudadana. Siendo el pilar que asegura la independencia y complementariedad de los poderes y la construcción del bien común, este sistema debe ser accesible, gratuito, imparcial, eficiente, eficaz, organizado jerárquicamente y requiere jueces y tribunales especializados que respeten y hagan respetar los derechos, con aplicación directa e inmediata de la ley, garantizando la atención prioritaria para los grupos vulnerables.

En Ecuador, la administración de justicia es un sistema de pluralismo jurídico que incluye la justicia ordinaria, militar e indígena. Está conformado por más de 13.000 funcionarios en todo el país, con más de 1850 jueces y un supuesto déficit de 300. Como instancias, la Constitución establece: la  Corte Constitucional, máximo organismo de control e interpretación constitucional; el Consejo de la Judicatura, órgano de gobierno, administración, vigilancia y disciplina; la Corte Nacional de Justicia, máximo órgano jurisdiccional, encargado de conocer recursos de casación y revisión; la Función Judicial  que administra la justicia ordinaria, incluyendo las cortes provinciales, los tribunales y los juzgados de paz; la Fiscalía General del Estado, responsable de la investigación procesal penal y  que ejerce la acción penal y la acción pública; y la Defensoría Pública para la asistencia legal gratuita, garantizando el derecho a la defensa. Asimismo, se reconoce la Justicia Indígena, los jueces de paz y mecanismos alternativos como la mediación.

Sin embargo, este andamiaje institucional, que debería ser garante de imparcialidad y probidad, está prácticamente destruido. A lo largo de los años hemos sido testigos de corrupción, impunidad, desconfianza y mientras desde el poder ejecutivo ha intentado someter y manipular al sistema de justicia y plegarlo a sus intereses y objetivos políticos, muchas veces en contra de sus opositores (lawfare político). Algunos casos avanzan con rapidez inusual, mientras otros se estancan o son simplemente desechados; asistimos a componendas, trapicheos, casos de testigos manipulados o protegidos con la famosa “colaboración eficaz” y reducción de penas. Ni la Corte Constitucional se ha librado de presiones y amenazas. 

La Fiscalía, por su parte, se ha convertido en la instancia judicial más poderosa. Durante muchos años ha sido un actor político que se ha prestado para politizar la justicia, apoyada por los   medios de comunicación mayoritarios, que actúan como cajas de resonancia para señalar culpables y asegurar condenas polémicas.

Todo esto ha generado un sistema de justicia desinstitucionalizado, plagado de casos de corrupción. Pese a ello, gran parte de la población observa esta realidad con indiferencia. Existen procesos que no avanzan y otros, vinculados a sectores de poder, se diluyen entre contradicciones, dudas y sombras. En contraste, se abren investigaciones y se dictan condenas contra defensores de los derechos humanos, de la naturaleza y contra líderes de organizaciones populares que participan en protestas.

¿Es posible recuperar la justicia en nuestro país? Debemos superar el quemeimportismo, y recuperar el valor ético y moral que nace de la justicia cuya fuente viene de Dios, exigiéndola como una parte sustancial de nuestros derechos y con una orientación preferencial hacia los pobres y marginados y no al servicio del abuso de los poderosos. Como nos pide el texto de Mateo 6,33: “Buscad el Reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura”. “Sin justicia, se ratifica la ley del fuerte sobre los débiles, y eso no es justo”, porque sin auténtica justicia nunca habrá paz. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 9 de noviembre de 2025

carta No. 314: La unidad es superior al conflicto

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 314 –9 noviembre de 2025
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La unidad es superior al conflicto

“El desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas, que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos. En ambos casos se advierte la dificultad para pensar un mundo abierto que tenga lugar para todos, que incorpore a los más débiles y que respete las diversas culturas”  Fratelli Tutti 155.

La Constitución es la ley más importante de un país, porque norma los derechos fundamentales, define los principios que rigen a la sociedad y determina la naturaleza y funciones del Estado. Si anhelamos un Estado democrático y participativo, respetuoso de la pluralidad de opiniones y culturas, y en armonía con la naturaleza, la igualdad, los derechos civiles y sociales, y los derechos de la naturaleza deben constar en la Constitución. Su eliminación significaría un retroceso histórico.

La Constitución vigente ha sido considerada un ejemplo mundial por su reconocimiento a los derechos humanos y de la naturaleza, así como por sus normas orientadas a conducir al Estado hacia políticas sociales que promueven la educación, la salud y la satisfacción de las necesidades humanas básicas. No obstante, ha sido criticada por concentrar demasiado poder en el Ejecutivo y por crear instituciones que no han cumplido su función; estos errores deben corregirse mediante los mecanismos constitucionales existentes, sin necesidad de reemplazarla. Mientras la mayoría de democracias del mundo ha tenido una sola Constitución, en Ecuador hemos tenido veinte, sin que ninguna haya perdurado ni que las siguientes hayan superado las carencias de las anteriores. Nuestras constituciones han sido frágiles, coyunturales y, con frecuencia, hechas a la medida del poder de turno.

Entonces, ¿por qué el Presidente busca una nueva Constitución en lugar de mejorar la actual? Argumenta, sin fundamento, que la Carta vigente no le permite combatir el narcotráfico y los GDO, y que por ello necesita otro marco constitucional. Desde su posesión, hace dos años, Noboa ha enfrentado una violencia sin precedentes vinculada al narcotráfico. En enero de 2024 declaró el “estado de guerra interna” para combatir la delincuencia organizada. Este año ha decretado repetidos estados de excepción y promulgado varias leyes de emergencia. La Corte Constitucional declaró inconstitucionales algunas de ellas y revocó parcialmente otras, argumentando, entre otros motivos, restricciones injustificadas a derechos humanos. Previamente, organizaciones de derechos humanos habían solicitado su intervención. La Marcha de Cuenca por el Agua y la Vida, y el Paro Nacional convocado por la CONAIE, también cuestionaron el proyecto presidencial.

Ante este conflicto social y jurídico, el Presidente decidió convocar a una consulta popular el 16 de noviembre, para que el país apruebe o rechace la elaboración de una nueva Constitución, de la cual ha dicho muy poco. Se sabe que tendría 180 artículos, que el IESS dejaría de prestar servicios de salud para convertirse únicamente en una caja de pensiones y que, según la Ministra de Trabajo, se eliminarían el décimo tercer y décimo cuarto sueldo. Al parecer, también busca suprimir ciertas garantías de derechos humanos que, según él, han obstaculizado su gestión frente al conflicto interno.

La gran pregunta es si el país se encamina hacia un modelo autoritario que desconozca los derechos civiles y sociales. Está en juego la defensa de la democracia, la separación de poderes y los derechos individuales, colectivos y de la naturaleza, frente al riesgo de concentrar el poder y debilitar las libertades fundamentales.

La superación de la pobreza, la inequidad y la creciente violencia en Ecuador no se logrará creando condiciones que desconozcan los derechos humanos y de la naturaleza. Por el contrario, como lo ha señalado el papa Francisco, solo mediante el diálogo y el respeto mutuo podemos promover la justicia, único camino hacia una paz duradera.

“La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. (…) Un principio indispensable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto.” (Fratelli Tutti, 55)  #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 2 de noviembre de 2025

carta No. 313: Moralidad (Moeurs)

 

Con los ojos fijos en Él

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 313 –2  noviembre de 2025
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Moralidad (Moeurs)

“Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. De ahí que la política sea un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, si bien cuando quienes los que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción” Papa Francisco, diciembre 2018

La democracia necesita más que meros procedimientos formales, como las elecciones o las instituciones. Se fundamenta en lo que en francés se llama moeurs, es decir, la moral y las virtudes de los ciudadanos: el civismo, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto. No hay lazo social más fuerte que el respeto. Sin moeurs, la democracia se vacía de contenido y se reduce a mero aparato. Incluso las elecciones degeneran en un ritual vacío cuando faltan estas virtudes. Entonces, la política se convierte en lucha por el poder, los parlamentos en escenarios de autopromoción, y el neoliberalismo en una maquinaria que ha producido una gran cantidad de perdedores. La brecha social entre ricos y pobres se agranda cada vez más, y el miedo a caer socialmente afecta incluso a la clase media. “Precisamente estos temores son los que lanzan a la gente hacia los brazos de autócratas y populistas” (Byung-Chul Han).

A lo largo de la historia, reyes y gobernantes han actuado sin apego a la moral para perseguir sus intereses. Maquiavelo estableció el famoso principio: “el fin justifica los medios”. Hoy ese axioma parece invertido: los medios justifican los fines y se han convertido en el objetivo último de la acción política, para alcanzar el poder a cualquier precio y sin consideración moral alguna.

Las estrategias básicas de este estilo político son dos: primero, se crea uno o varios enemigos, a quienes se denigra como “terroristas” o “desechables”; al enemigo no basta con vencerlo, hay que eliminarlo. Segundo, se ofrecen dádivas clientelares, bonos o soluciones mágicas basadas en promesas cautivadoras, pero pasajeras e irrealizables. Son las dos caras de un mismo fenómeno: un populismo autoritario.

Se utiliza un sistema de propaganda que aparenta libertad, apoyado en medios y plataformas digitales que a menudo crean un mundo ficticio. Aunque pueden fomentar empatía y conexión, con frecuencia se transforman en instrumentos de odio y manipulación, volviéndonos esclavos de nuestras propias pasiones en lugar de más humanos y respetuosos. El papa Francisco ha reconocido las enormes posibilidades de la inteligencia artificial, pero también ha advertido sobre los graves riesgos que puede entrañar para la humanidad.

La moralidad y las buenas costumbres se basan en la ética y en las virtudes de los ciudadanos: el civismo, el respeto a las leyes, la confianza, la responsabilidad, el respeto mutuo y la convivencia pacífica. Esto es mucho más que cumplir con el ritual de depositar un voto en las urnas cada cierto tiempo. La auténtica democracia implica una participación ciudadana activa, con formación permanente para ejercer un control social efectivo sobre los mandatarios, tanto a nivel local como nacional.

En Ecuador acudiremos nuevamente a las urnas el 16 de noviembre, para un nuevo referéndum y consulta popular. Allí debemos aplicar nuestras virtudes cívicas y superar la apatía y la anomia que derivan en la degradación de las normas sociales y en la falta de reflexión crítica. Nuestra voz es condición para una democracia fuerte y para frenar los afanes autoritarios del poder. No podemos quedarnos en las ofertas vacías de cambio constitucional que enarbola el poder para asegurar sus propios intereses. “Sed mansos como palomas y astutos como serpientes” (Mt 10,16).

Consolidar nuestra conciencia cívica como ciudadanos es un desafío, sobre todo en tiempos electorales. Aún mejor si lo hacemos en grupo o en comunidad, promoviendo estos valores en las familias y en los espacios educativos. La moral social y política es compromiso de todos; implica servicio, corresponsabilidad con el bien común, la justicia y la paz.  #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.