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domingo, 12 de abril de 2026

carta No. 336: Desarmar la comunicación

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 336 –12 de abril de 2026
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Desarmar la comunicación

Hoy en día, con mucha frecuencia la comunicación no genera esperanza, sino miedo y desesperación, prejuicio y rencor, fanatismo e incluso odio. Muchas veces se simplifica la realidad para suscitar reacciones instintivas; se usa la palabra como un puñal; se utiliza incluso informaciones falsas o deformadas hábilmente para lanzar mensajes destinados a incitar los ánimos, a provocar, a herir. Todos vemos cómo - desde los programas de entrevistas hasta las guerras verbales en las redes sociales- amenaza con prevalecer el paradigma de la competencia, de la contraposición, de la voluntad de dominio y posesión, de manipulación de la opinión pública. Papa Francisco.


Actualmente, la comunicación, sobre todo en los medios masivos y en las redes sociales, busca atraer, seducir, confundir y enajenar a toda la sociedad. Es una comunicación “armada hasta los dientes”, que influye sobre una población desprevenida, llevándola a aceptar como verdad lo que recibe, sin cuestionarlo, analizarlo ni verificarlo, y promoviendo un pensamiento uniforme, sin discernimiento ni actitud crítica.

Estamos en una era en la que, según Byung-Chul Han, “el poder no reprime, sino que seduce a través de narrativas, datos y algoritmos, transformando la sociedad disciplinaria en una ‘infocracia’”. “La tecnología de la información digital hace de la comunicación un medio de vigilancia”; a mayor cantidad de datos generados, más intensa y eficaz es esa vigilancia. La vigilancia es voluntaria, la información sustituye a la verdad y el individuo se autoexplota bajo la falsa ilusión de libertad.

De alguna manera somos sociedades “empachadas” de consumir medios que “comunican” cualquier cosa, y nosotros les creemos sin decir ni chus ni mus. Somos unas “blancas palomitas” que aceptamos lo que dicen sin dudar. Vivimos en cárceles de propaganda, bajo una vigilancia digital voluntaria. La democracia degenera en infocracia, donde los algoritmos y la información tratan de moldear nuestro comportamiento.

No pensamos con autonomía; nos hemos convertido en “autoesclavos”. El poder ahora es psicopolítico y digital; no sentimos la vigilancia, nos exponemos voluntariamente para ser vistos. La información prolifera sin verdad, reemplazando los hechos por narrativas vacías y emociones. La cantidad abrumadora de información oscurece la comprensión del mundo. Hay tanta información, verdadera o falsa, que pulula por doquier y que se pone a nuestra disposición sin ninguna clase de filtro.

En medio de esta realidad que nos somete sin darnos cuenta, es impostergable, como dice el papa Francisco, “desarmar la comunicación”, puesto que “con mucha frecuencia la comunicación no genera esperanza, sino miedo y desesperación, prejuicio y rencor, fanatismo e incluso odio”. La mayoría de las veces, sin darnos cuenta, simplemente estamos allí y somos parte de esa “realidad”. El Papa denunciaba que “se usa la palabra como un puñal; se utilizan incluso informaciones falsas o deformadas hábilmente para lanzar mensajes destinados a incitar los ánimos, a provocar, a herir”.

“Desarmar la comunicación”, según el papa Francisco, implica eliminar la agresividad, la polarización y la violencia verbal de las narrativas actuales, transformando las palabras, de armas destructivas, en instrumentos de paz y esperanza. Hay que pasar de la confrontación a la escucha, purificando el lenguaje de prejuicios y del chismorreo.

Como cristianos, debemos combatir la tendencia a usar la palabra para herir, atacar o sembrar miedo y odio.

Necesitamos superar los pecados de la comunicación: la desinformación, que informa de forma incompleta y sesgada; la calumnia, que inventa falsedades; la difamación, que difunde mensajes pensados para destruir al otro; y la coprofilia, entendida como el amor por el escándalo y el sensacionalismo.

Debemos evitar la polarización y la confrontación, rechazando los paradigmas de demonización y los intentos de destrucción de los adversarios, así como la manipulación en las redes sociales y en los medios, buscando tender puentes y abrir cauces para un diálogo auténtico. La verdad nos hará libres (Jn 8,32), y para ello la comunicación debe ser un acto de amor, no una simple técnica de marketing, enfocada en la escucha y en la aceptación del otro. En un mundo lleno de narrativas de desesperación, la comunicación debe generar esperanza, buscando el bien común y la reconciliación. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 14 de diciembre de 2025

carta No. 319: El dolor de los niños: un grito que asciende al cielo

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 319 –14 de diciembre de 2025
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   El dolor de los niños: un grito que asciende al cielo

“El abuso de menores, sea de la naturaleza que sea, es un acto despreciable, es un acto atroz. No es simplemente una plaga de la sociedad, no, ¡es un crimen! Incluso un solo caso ya es demasiado”. “Cuando vemos estas vidas perdidas, con demasiada frecuencia miramos hacia otro lado”. Papa Francisco, Audiencia, 15 de enero de 2025.

El 8 de diciembre de 2024, en Las Malvinas (Guayaquil), Ismael Arroyo, Josué Arroyo, Nehemías Arboleda y Steven Medina regresaban de jugar fútbol, entre risas y sueños como tantos chicos que ven en el deporte una esperanza. Esa noche fueron interceptados por una patrulla de las Fuerzas Armadas y no volvieron a sus hogares.

Ese fue el inicio de una pesadilla colectiva. Detenidos de manera arbitraria y subidos a vehículos oficiales, desaparecieron. Sus familias los buscaron con angustia, sin respuestas claras. Días después, fueron hallados sin vida cerca de la base militar de Taura y la prueba de ADN confirmó su identidad. Los informes forenses revelaron signos de violencia extrema. Lo ocurrido nos coloca frente a un dolor que no admite indiferencia.

Ante este horror, el país reaccionó con un clamor por justicia y dignidad que sigue presente en marchas y vigilias. La Asamblea Nacional concluyó que no se trató de un hecho aislado, sino de un patrón de graves violaciones de derechos humanos en un contexto de militarización de la seguridad que, con frecuencia, termina generando miedo, persecución y abusos, especialmente contra jóvenes pobres.

Esta muerte nos interpela como sociedad: ¿qué tan profunda y normalizada está la violencia contra los más vulnerables? Como comunidad de fe, no podemos quedarnos callados. El Evangelio nos enseña: “Todo lo que hicieron por uno solo de mis hermanos más pequeños, lo hicieron por mí” (Mt 25,40). La sangre de estos cuatro niños y adolescentes, inocentes, vulnerables, con sueños, clama desde la tierra por justicia y por memoria.

Recordar sus nombres es un acto de amor. Llorar su pérdida es un acto de humanidad. Exigir verdad y reparación es un acto de dignidad. Debemos convertir el luto en compromiso: compromiso de sanar una nación herida por la inequidad; compromiso de defender a los más débiles; niños y adolescentes que viven en barrios olvidados, marcados por la pobreza, el racismo y la exclusión.

Hoy, dieciséis militares enfrentan procesos penales por desaparición forzada, tortura y homicidio, con posibles condenas de 24 a 34 años de cárcel. La responsabilidad no puede reducirse únicamente a quienes ejecutaron los hechos: también interpela al Estado y a las autoridades responsables de garantizar derechos, prevenir abusos y evitar la impunidad. A ello se suma el caso de Roberto, el joven fallecido en Guayaquil el 11 de diciembre, en un contexto que ha sido denunciado públicamente y que refuerza la preocupación social por los excesos, la violencia y la criminalización de jóvenes y dirigentes.

Se requiere una transformación profunda que garantice protección real para la infancia y la juventud, con políticas integrales, respeto a los derechos humanos y cambios estructurales que eviten nuevas tragedias. La memoria de Ismael, Josué, Nehemías y Steven sigue clamando por dignidad, justicia y amor, y debe despertar conciencia y compromiso social.

La injusticia contra los inocentes hiere a toda la comunidad, a toda la nación. Como creyentes, no podemos abandonar ese clamor al olvido. Debemos convertir nuestro luto en acción, nuestra tristeza en defensa, nuestro dolor en solidaridad. Estamos llamados a ser sal y luz en medio de una sociedad que, a veces, prefiere mirar hacia otro lado. Estamos llamados a acompañar a las víctimas, a defender la memoria, a exigir justicia y a construir puentes de esperanza, dignidad y reparación.

Que la memoria de los cuatro niños de Las Malvinas, y la de Roberto, ilumine un camino hacia un Ecuador donde cada niño y cada adolescente tenga derecho a vivir, crecer, soñar y retornar a casa. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 7 de diciembre de 2025

carta No. 318: Solo con Justicia habrá Paz

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 318 –7 de diciembre de 2025
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   Solo con Justicia habrá Paz

“Todos comprendemos que la justicia es fundamental para la convivencia pacífica en la sociedad: un mundo sin leyes que respeten los derechos sería un mundo en el que es imposible vivir, se parecería a una jungla. Sin justicia no hay paz. De hecho, si no se respeta la justicia, se generan conflictos. Sin justicia, se ratifica la ley del fuerte sobre los débiles, y eso no es justo”. Papa Francisco, abril de 2024).

Ha pasado un año del caso de “Los Cuatro Niños de las Malvinas” que fueron brutalmente asesinados en la costa ecuatoriana, presuntamente a manos de fuerzas militares. Sus familiares aún reclaman justicia. Como éste, otros casos como el magnicidio de Fernando Villavicencio, o la desaparición de diversas personas, siguen sin que se esclarezca la verdad procesal.

En un sistema democrático, la administración de justicia es la encargada de tutelar y aplicar las leyes para resolver conflictos, garantizar derechos y velar por la seguridad ciudadana. Siendo el pilar que asegura la independencia y complementariedad de los poderes y la construcción del bien común, este sistema debe ser accesible, gratuito, imparcial, eficiente, eficaz, organizado jerárquicamente y requiere jueces y tribunales especializados que respeten y hagan respetar los derechos, con aplicación directa e inmediata de la ley, garantizando la atención prioritaria para los grupos vulnerables.

En Ecuador, la administración de justicia es un sistema de pluralismo jurídico que incluye la justicia ordinaria, militar e indígena. Está conformado por más de 13.000 funcionarios en todo el país, con más de 1850 jueces y un supuesto déficit de 300. Como instancias, la Constitución establece: la  Corte Constitucional, máximo organismo de control e interpretación constitucional; el Consejo de la Judicatura, órgano de gobierno, administración, vigilancia y disciplina; la Corte Nacional de Justicia, máximo órgano jurisdiccional, encargado de conocer recursos de casación y revisión; la Función Judicial  que administra la justicia ordinaria, incluyendo las cortes provinciales, los tribunales y los juzgados de paz; la Fiscalía General del Estado, responsable de la investigación procesal penal y  que ejerce la acción penal y la acción pública; y la Defensoría Pública para la asistencia legal gratuita, garantizando el derecho a la defensa. Asimismo, se reconoce la Justicia Indígena, los jueces de paz y mecanismos alternativos como la mediación.

Sin embargo, este andamiaje institucional, que debería ser garante de imparcialidad y probidad, está prácticamente destruido. A lo largo de los años hemos sido testigos de corrupción, impunidad, desconfianza y mientras desde el poder ejecutivo ha intentado someter y manipular al sistema de justicia y plegarlo a sus intereses y objetivos políticos, muchas veces en contra de sus opositores (lawfare político). Algunos casos avanzan con rapidez inusual, mientras otros se estancan o son simplemente desechados; asistimos a componendas, trapicheos, casos de testigos manipulados o protegidos con la famosa “colaboración eficaz” y reducción de penas. Ni la Corte Constitucional se ha librado de presiones y amenazas. 

La Fiscalía, por su parte, se ha convertido en la instancia judicial más poderosa. Durante muchos años ha sido un actor político que se ha prestado para politizar la justicia, apoyada por los   medios de comunicación mayoritarios, que actúan como cajas de resonancia para señalar culpables y asegurar condenas polémicas.

Todo esto ha generado un sistema de justicia desinstitucionalizado, plagado de casos de corrupción. Pese a ello, gran parte de la población observa esta realidad con indiferencia. Existen procesos que no avanzan y otros, vinculados a sectores de poder, se diluyen entre contradicciones, dudas y sombras. En contraste, se abren investigaciones y se dictan condenas contra defensores de los derechos humanos, de la naturaleza y contra líderes de organizaciones populares que participan en protestas.

¿Es posible recuperar la justicia en nuestro país? Debemos superar el quemeimportismo, y recuperar el valor ético y moral que nace de la justicia cuya fuente viene de Dios, exigiéndola como una parte sustancial de nuestros derechos y con una orientación preferencial hacia los pobres y marginados y no al servicio del abuso de los poderosos. Como nos pide el texto de Mateo 6,33: “Buscad el Reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura”. “Sin justicia, se ratifica la ley del fuerte sobre los débiles, y eso no es justo”, porque sin auténtica justicia nunca habrá paz. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 9 de noviembre de 2025

carta No. 314: La unidad es superior al conflicto

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 314 –9 noviembre de 2025
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La unidad es superior al conflicto

“El desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas, que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos. En ambos casos se advierte la dificultad para pensar un mundo abierto que tenga lugar para todos, que incorpore a los más débiles y que respete las diversas culturas”  Fratelli Tutti 155.

La Constitución es la ley más importante de un país, porque norma los derechos fundamentales, define los principios que rigen a la sociedad y determina la naturaleza y funciones del Estado. Si anhelamos un Estado democrático y participativo, respetuoso de la pluralidad de opiniones y culturas, y en armonía con la naturaleza, la igualdad, los derechos civiles y sociales, y los derechos de la naturaleza deben constar en la Constitución. Su eliminación significaría un retroceso histórico.

La Constitución vigente ha sido considerada un ejemplo mundial por su reconocimiento a los derechos humanos y de la naturaleza, así como por sus normas orientadas a conducir al Estado hacia políticas sociales que promueven la educación, la salud y la satisfacción de las necesidades humanas básicas. No obstante, ha sido criticada por concentrar demasiado poder en el Ejecutivo y por crear instituciones que no han cumplido su función; estos errores deben corregirse mediante los mecanismos constitucionales existentes, sin necesidad de reemplazarla. Mientras la mayoría de democracias del mundo ha tenido una sola Constitución, en Ecuador hemos tenido veinte, sin que ninguna haya perdurado ni que las siguientes hayan superado las carencias de las anteriores. Nuestras constituciones han sido frágiles, coyunturales y, con frecuencia, hechas a la medida del poder de turno.

Entonces, ¿por qué el Presidente busca una nueva Constitución en lugar de mejorar la actual? Argumenta, sin fundamento, que la Carta vigente no le permite combatir el narcotráfico y los GDO, y que por ello necesita otro marco constitucional. Desde su posesión, hace dos años, Noboa ha enfrentado una violencia sin precedentes vinculada al narcotráfico. En enero de 2024 declaró el “estado de guerra interna” para combatir la delincuencia organizada. Este año ha decretado repetidos estados de excepción y promulgado varias leyes de emergencia. La Corte Constitucional declaró inconstitucionales algunas de ellas y revocó parcialmente otras, argumentando, entre otros motivos, restricciones injustificadas a derechos humanos. Previamente, organizaciones de derechos humanos habían solicitado su intervención. La Marcha de Cuenca por el Agua y la Vida, y el Paro Nacional convocado por la CONAIE, también cuestionaron el proyecto presidencial.

Ante este conflicto social y jurídico, el Presidente decidió convocar a una consulta popular el 16 de noviembre, para que el país apruebe o rechace la elaboración de una nueva Constitución, de la cual ha dicho muy poco. Se sabe que tendría 180 artículos, que el IESS dejaría de prestar servicios de salud para convertirse únicamente en una caja de pensiones y que, según la Ministra de Trabajo, se eliminarían el décimo tercer y décimo cuarto sueldo. Al parecer, también busca suprimir ciertas garantías de derechos humanos que, según él, han obstaculizado su gestión frente al conflicto interno.

La gran pregunta es si el país se encamina hacia un modelo autoritario que desconozca los derechos civiles y sociales. Está en juego la defensa de la democracia, la separación de poderes y los derechos individuales, colectivos y de la naturaleza, frente al riesgo de concentrar el poder y debilitar las libertades fundamentales.

La superación de la pobreza, la inequidad y la creciente violencia en Ecuador no se logrará creando condiciones que desconozcan los derechos humanos y de la naturaleza. Por el contrario, como lo ha señalado el papa Francisco, solo mediante el diálogo y el respeto mutuo podemos promover la justicia, único camino hacia una paz duradera.

“La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. (…) Un principio indispensable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto.” (Fratelli Tutti, 55)  #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 2 de noviembre de 2025

carta No. 313: Moralidad (Moeurs)

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 313 –2  noviembre de 2025
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Moralidad (Moeurs)

“Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. De ahí que la política sea un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, si bien cuando quienes los que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción” Papa Francisco, diciembre 2018

La democracia necesita más que meros procedimientos formales, como las elecciones o las instituciones. Se fundamenta en lo que en francés se llama moeurs, es decir, la moral y las virtudes de los ciudadanos: el civismo, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto. No hay lazo social más fuerte que el respeto. Sin moeurs, la democracia se vacía de contenido y se reduce a mero aparato. Incluso las elecciones degeneran en un ritual vacío cuando faltan estas virtudes. Entonces, la política se convierte en lucha por el poder, los parlamentos en escenarios de autopromoción, y el neoliberalismo en una maquinaria que ha producido una gran cantidad de perdedores. La brecha social entre ricos y pobres se agranda cada vez más, y el miedo a caer socialmente afecta incluso a la clase media. “Precisamente estos temores son los que lanzan a la gente hacia los brazos de autócratas y populistas” (Byung-Chul Han).

A lo largo de la historia, reyes y gobernantes han actuado sin apego a la moral para perseguir sus intereses. Maquiavelo estableció el famoso principio: “el fin justifica los medios”. Hoy ese axioma parece invertido: los medios justifican los fines y se han convertido en el objetivo último de la acción política, para alcanzar el poder a cualquier precio y sin consideración moral alguna.

Las estrategias básicas de este estilo político son dos: primero, se crea uno o varios enemigos, a quienes se denigra como “terroristas” o “desechables”; al enemigo no basta con vencerlo, hay que eliminarlo. Segundo, se ofrecen dádivas clientelares, bonos o soluciones mágicas basadas en promesas cautivadoras, pero pasajeras e irrealizables. Son las dos caras de un mismo fenómeno: un populismo autoritario.

Se utiliza un sistema de propaganda que aparenta libertad, apoyado en medios y plataformas digitales que a menudo crean un mundo ficticio. Aunque pueden fomentar empatía y conexión, con frecuencia se transforman en instrumentos de odio y manipulación, volviéndonos esclavos de nuestras propias pasiones en lugar de más humanos y respetuosos. El papa Francisco ha reconocido las enormes posibilidades de la inteligencia artificial, pero también ha advertido sobre los graves riesgos que puede entrañar para la humanidad.

La moralidad y las buenas costumbres se basan en la ética y en las virtudes de los ciudadanos: el civismo, el respeto a las leyes, la confianza, la responsabilidad, el respeto mutuo y la convivencia pacífica. Esto es mucho más que cumplir con el ritual de depositar un voto en las urnas cada cierto tiempo. La auténtica democracia implica una participación ciudadana activa, con formación permanente para ejercer un control social efectivo sobre los mandatarios, tanto a nivel local como nacional.

En Ecuador acudiremos nuevamente a las urnas el 16 de noviembre, para un nuevo referéndum y consulta popular. Allí debemos aplicar nuestras virtudes cívicas y superar la apatía y la anomia que derivan en la degradación de las normas sociales y en la falta de reflexión crítica. Nuestra voz es condición para una democracia fuerte y para frenar los afanes autoritarios del poder. No podemos quedarnos en las ofertas vacías de cambio constitucional que enarbola el poder para asegurar sus propios intereses. “Sed mansos como palomas y astutos como serpientes” (Mt 10,16).

Consolidar nuestra conciencia cívica como ciudadanos es un desafío, sobre todo en tiempos electorales. Aún mejor si lo hacemos en grupo o en comunidad, promoviendo estos valores en las familias y en los espacios educativos. La moral social y política es compromiso de todos; implica servicio, corresponsabilidad con el bien común, la justicia y la paz.  #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

sábado, 25 de octubre de 2025

carta No. 312: “¡ Denles ustedes de comer ¡” (Mc 6,37).

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 312 – 26 de octubre de 2025
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“¡ Denles ustedes de comer ¡” (Mc 6,37).

“El corazón del Papa, que no se pertenece a sí mismo sino a la Iglesia y, en cierto modo, a toda la humanidad, mantiene viva la confianza de que, si se derrota el hambre, la paz será el terreno fértil del que nazca el bien común de todas las naciones…Quiero llamar la atención de este foro internacional sobre las multitudes que carecen d acceso a agua potable, alimentos, atención médica esencial, vivienda digna, educación básica o trabajo digno, para que podamos compartir el dolor de quienes se alimentan solo de desesperación, lágrimas y miseria. Papa León XIV, Discurso ante la FAO).

“El corazón del Papa, que no se pertenece a sí mismo sino a la Iglesia y, en cierto modo, a toda la humanidad, mantiene viva la confianza de que, si se derrota el hambre, la paz será el terreno fértil del que nazca el bien común de todas las naciones… Quiero llamar la atención de este foro internacional sobre las multitudes que carecen de acceso a agua potable, alimentos, atención médica esencial, vivienda digna, educación básica o trabajo digno, para que podamos compartir el dolor de quienes se alimentan solo de desesperación, lágrimas y miseria.” (Papa León XIV, Discurso ante la FAO)

Con ocasión del 80 aniversario de la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, y del Día Mundial de la Alimentación (16 de octubre de 2025), el Papa León XIV pronunció en Roma, sede de la FAO, un discurso histórico que marcó un punto de inflexión moral en la lucha global contra el hambre, la lacra que afecta a la humanidad.

El Papa León XIV señaló que el hambre es un imperativo moral universal y una vergüenza colectiva causada por un sistema económico que prioriza el lucro sobre la dignidad humana. Denunció la paradoja de un mundo que produce alimentos suficientes, pero permite el desperdicio, mientras millones, especialmente niños, sufren malnutrición y hambre.

En Ecuador, más del 20% de los niños sufren desnutrición crónica infantil y más del 39% en los sectores indígenas y campesinos. Las causas principales no se limitan a la falta de alimentos, sino también a la carencia de acceso a agua segura, servicios de salud deficientes para madres gestantes y la falta de vacunación y controles oportunos durante los primeros años de vida. El Papa denuncia el uso de los alimentos como arma de guerra y la negación intencional de su acceso a pueblos enteros. En Ecuador, la crisis social y económica, agravada por la violencia y la represión, ha incrementado el hambre: el país es el tercero de Sudamérica con mayor inseguridad alimentaria, y más del 60% de los ecuatorianos no puede cubrir la canasta básica.

El Papa León XIV destacó el papel indispensable de la mujer en la lucha contra el hambre y en el fomento de un desarrollo integral: “Las mujeres son las primeras en velar por el pan que falta, en sembrar esperanza en los surcos de la tierra, en amasar el futuro con las manos encallecidas por el esfuerzo. En cada rincón del mundo, la mujer es silenciosa arquitecta de la supervivencia, custodia metódica de la creación”. Esto es evidente en nuestro país.

“No podemos aspirar a una vida social más justa si no estamos dispuestos a deshacernos de la apatía que justifica el hambre como si fuera música de fondo a la que nos hemos acostumbrado, un problema sin solución o, simplemente, responsabilidad de otros.”

El Papa concluye señalando: “Toda persona humana tiene hambre no solo de pan, sino también de todo lo que le permita madurar y crecer hacia la felicidad para la que todos hemos sido creados. Hay un hambre de fe, esperanza y amor que debe canalizarse hacia la respuesta integral que estamos llamados a dar juntos. Lo que Jesús dijo a sus discípulos ante una multitud hambrienta sigue siendo un desafío clave y apremiante para todos: ‘Denles ustedes de comer’ (Mc 6,37).”

Esta llamada del Papa es un reto y un compromiso para todos los creyentes. Nos exige dejar de lado la apatía y la indiferencia ante el dolor y el hambre de tantos hermanos nuestros, y comenzar a compartir más en comunidad, siendo solidarios, para que entre todos los ecuatorianos erradiquemos el hambre en nuestro país, luchando por la justicia y la paz. #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 19 de octubre de 2025

carta No. 311: “El grito de los pobres”

 

Con los ojos fijos en Él

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 311 – 19 de octubre de 2025
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 “El grito de los pobres”

El amor de Cristo que se hace carne en el amor a los pobres, entendido como: el cuidado de los enfermos; la lucha contra la esclavitud, la defensa de las mujeres que sufren exclusión y violencia; el derecho a la educación; el acompañamiento a los migrantes, en la limosna que “es justicia restaurada, no un gesto de paternalismo” Exhortación apostólica «Dilexi te» - León XIV.

“Cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”

(Mateo 25,40).

En el Ecuador, los pueblos indígenas son los más pobres y excluidos de la sociedad. Entre ellos, la pobreza alcanza el 70%, duplicando la media nacional. Las cifras sobre educación, analfabetismo, desnutrición infantil y empleo confirman un cuadro lacerante heredado desde la Colonia, sin que ningún gobierno haya logrado superar esta lacra social. “El afecto por el Señor se une al afecto por los pobres”. El Señor escucha con claridad el grito de los pobres, contempla su realidad con dolor y angustia, y los acompaña diariamente en su peregrinar.

La Palabra de Dios lo confirma: Él siempre ha estado junto a su pueblo. En la revelación a Moisés junto a la zarza ardiente, declara con firmeza: “He visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor provocados por sus capataces. […] Por eso he bajado a librarlo” (Éx 3,7-8.10). Dios siempre ha estado atento a la vida del pueblo, solícito ante la necesidad de los pobres: “Clamaron al Señor, y él hizo surgir un salvador” (Jc 3,15).

Como cristianos, debemos no solo escuchar el grito fuerte de los pobres, sino identificarnos con él, vivirlo con la misma ternura, compasión y compromiso con que Dios vive y siente esas necesidades. Nunca podemos permanecer indiferentes ni mirar hacia otro lado. Si somos apáticos, si despreciamos o invisibilizamos a los pobres, estamos negando nuestra humanidad y alejándonos del amor de Dios.

El grito de los pobres interpela constantemente a la sociedad, las instituciones y la Iglesia. Aunque muchos lo ignoren, revela la falta de oportunidades y la exclusión que padecen, reflejando en sus rostros heridos el mismo sufrimiento de Cristo.

Los pobres tienen muchos rostros. No se trata de un solo fenómeno, sino de una realidad compleja con múltiples formas y manifestaciones: “aquella de los que no tienen medios de sustento material, la pobreza del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad” (Dilexi te, 9). Allí están, aunque nos empeñemos en ignorarlos. Ellos son los descartados. El desafecto por los pobres es también desafecto por el Señor.

Los pobres no son parte del “paisaje social”, tampoco son pobres porque sean vagos o no trabajen; la pobreza es consecuencia de causas estructurales, fraguadas a través de la historia, por un sistema que ha cultivado la inequidad, la injusticia, la desigualdad y la exclusión, negándoles educación, salud y oportunidades. Cuando los pobres están callados, sin incomodar al sistema ni cuestionar al poder, se les llama “gentecita” tranquila, humilde, sencilla. Pero cuando sacan a la calle su pobreza y la exponen ante la sociedad, cuando reclaman justicia, incomodan a unos y resultan indiferentes a otros, porque “no es su problema”. Entonces, a los ojos del poder, dejan de ser humildes y se vuelven “problemáticos”, “delincuentes”, “terroristas”. Sin embargo, ellos no buscan acumular riqueza ni dominar a nadie: lo que reclaman es dignidad. Su lucha es por extinguir la marginación, la exclusión, el hambre y la pobreza; por alcanzar trabajo, salud, educación y buen trato. Por eso, no podemos bajar la guardia frente a la pobreza. Está allí, viva, interpelándonos y exigiendo atención y soluciones urgentes.

La protesta indígena clama por respuestas que superen siglos de injusticia y exclusión. La represión es ciega y agrava los conflictos; las dádivas limitadas son apenas una gota de agua en el desierto. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

sábado, 11 de octubre de 2025

carta No. 310: Racismo y xenofobia: antítesis del Amor

                                                                                                                                 Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 310 – 12 de octubre de 2025
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 Racismo y xenofobia: antítesis del Amor

"La comunidad internacional considera injustificable y rechaza como inadmisible la tendencia a mantener o introducir leyes o comportamientos inspirados sistemáticamente en prejuicios racistas…Todos deben tener igual acceso a la vida económica, cultural, cívica y social y beneficiarse de la distribución equitativa de la riqueza de la nación, mientras son tratados por igual ante la ley… El racismo conduce a "una mentalidad xenófoba", ya que las personas se encierran en sí mismas por miedo al otro”. Papa León XIV.


Ecuador se encuentra en la tercera semana del paro iniciado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), tras la eliminación del subsidio al diésel. Como mencionó el cardenal Luis Cabrera: “el alza del combustible no es más que un detonante de toda una realidad llamada pobreza”. A pesar del pedido de la Iglesia y de tantos actores sociales para resolver esta crisis por medio del diálogo —que no ha tenido acogida—, no se anticipa una solución pronta.

La polarización entre posturas contrapuestas se ha exacerbado y ha puesto en vigencia una lacra social que creíamos superada: el racismo. El levantamiento indígena ha provocado campañas de desprestigio, acusaciones e insultos recurrentes desde sectores de poder político, económico e ideológico, llamándolos “indios vagos”, “delincuentes”, “terroristas”, “cómplices del narcotráfico”. Estos improperios se difunden en redes sociales y medios de comunicación masivos. Similares acusaciones y actos de marginación sufren afrodescendientes, montubios y mestizos de algunos sectores populares.

Las actitudes de racismo y xenofobia reflejan miedo, inseguridad y falta de empatía hacia el diferente, mientras la pobreza refuerza la exclusión y la deshumanización. Un indígena o migrante con recursos enfrenta menos discriminación, evidenciando la aporofobia como raíz del rechazo social. Pretender una falsa superioridad por raza, religión o condición económica perpetúa privilegios injustos; por ello, el racismo, la xenofobia y la aporofobia son pecados sociales intolerables desde la fe cristiana.

Lamentablemente, el racismo tiene siglos de historia. La explotación y marginación de los pueblos indígenas y afrodescendientes se ha basado en mecanismos de opresión que históricamente les negaron equidad y acceso a oportunidades mínimas. Sin embargo, esta situación es insostenible, porque las personas vulneradas han tomado conciencia de sus derechos y de las condiciones injustas que aún soportan en muchas de sus comunidades y territorios.

Las nacionalidades y pueblos poseen una fuerza esencial en su espíritu comunitario, que les permite unirse para defender sus derechos. Aunque esto genera temor en una sociedad individualista que busca dividirlos y desprestigiarlos, sus valores colectivos resisten y permanecen firmes.

Paradójicamente, a pesar de que miles de ecuatorianos han emigrado al mundo, el país tampoco está exento de actitudes xenofóbicas. Estas se inscriben en una corriente internacional donde las políticas de algunos países buscan limitar, rechazar o expulsar a los migrantes, aunque dependan de ellos como mano de obra barata para sostener su nivel de vida. Es fundamental valorar la riqueza que aportan a nuestra patria las diferentes nacionalidades y pueblos ecuatorianos, así como los hermanos migrantes, que con su trabajo y su cultura nos hacen crecer en humanidad y solidaridad.

Desde la fe cristiana sabemos que los seres humanos y la naturaleza poseen una dignidad que proviene de Dios y no puede ser atropellada. En el Antiguo Testamento se insiste en el respeto al extranjero: “El Señor protege al extranjero, sostiene al huérfano y a la viuda” (Salmo 146, 9). Y en Lucas 10, 25-37, Jesús pone al samaritano —una persona despreciada y víctima de racismo por parte de los judíos puros— como ejemplo de amor al prójimo.

Si no logramos comprender esto, quizá debamos replantearnos, una vez más, la naturaleza de nuestra fe.  #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas ca