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domingo, 15 de marzo de 2026

carta No. 332: LA GUERRA: locura que ofende a Dios

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 332 –15 de marzo de 2026
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LA GUERRA: locura que ofende a Dios

La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas recíprocas ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte. Oremos juntos para que cese el estruendo de las bombas, que callen las armas y se abra un espacio de diálogo en el que se pueda escuchar la voz de los pueblos. Papa León XIV.

La República Islámica de Irán es teocrática, establecida en 1979. El poder supremo reside en un líder religioso, el Ayatola, que supervisa las instituciones electas y no electas. Tiene una población de 90 millones de habitantes, una extensión de 1.648.195 km², su idioma oficial es el persa (farsi), con otras minorías étnicas, y su religión mayoritaria es el islam chiita. Tiene casi 4000 años de historia y una cosmovisión totalmente diferente a la occidental.

El 28 de febrero, los Estados Unidos e Israel atacaron y asesinaron al Ayatola Alí Jameneí durante el mes sagrado del Ramadán; el 4 de marzo bombardearon la escuela primaria Shajareh Tayebeh, en Minab, asesinando a 168 niños. Estos ataques, en vez de amedrentar a Irán, generaron una reacción inesperada para Estados Unidos e Israel. Esta “guerra”, que según Trump duraría apenas unos pocos días, escaló y se extendió a toda la región por un tiempo indeterminado. Es más, cada día el conflicto se vuelve más complejo y de difícil solución. Esta guerra pasó de ser un conflicto regional a uno global.

Todo está conectado a nivel mundial y las guerras marcan la ruta. Parece que está terminándose un orden hegemónico unilateral, dominado por Estados Unidos y Occidente, y dando paso a una multi-tripolaridad por la incidencia de Rusia y China.

La guerra promovida por Israel busca cumplir su proyecto del Gran Israel. Irán es el único obstáculo en Medio Oriente; los otros regímenes del Golfo Pérsico están alineados con Estados Unidos.

El cálculo inicial de Trump y Netanyahu era una intervención rápida: eliminar al líder, como lo hicieron en Venezuela, y precipitar el cambio hacia un régimen favorable a Estados Unidos. El discurso es evitar una bomba atómica iraní, que no podía existir por la prohibición religiosa del Ayatola; sin embargo, esta prohibición puede terminar con el nuevo Ayatola, Mojtaba Jameneí, elegido líder después del asesinato de su padre.

Se esperaba que el régimen cayera por protestas internas, pero el pueblo se cohesionó en torno a sus líderes religiosos. La respuesta militar iraní sorprendió por su capacidad de resistencia, su tecnología y sus apoyos externos, mientras el cierre del estrecho de Ormuz disparó el precio del petróleo y agravó el impacto global de la guerra.

Los ataques aéreos destruyen infraestructuras y población, pero no debilitan al régimen, que ha nombrado sucesor de Alí Jameneí a su hijo, Mojtaba Jameneí. La estrategia norteamericana-israelí no ha causado, hasta ahora, los efectos esperados.

Se sabe cómo empezar una guerra, pero no cómo terminarla. La ofensiva muestra desgaste, Irán mantiene su resistencia y ataca intereses estratégicos de Estados Unidos, mientras Trump busca una salida presentándose como vencedor, aunque Irán sostiene que no será él quien decida el final del conflicto.

Como Justicia y Paz no tomamos partido en este conflicto; exponemos algunos criterios que se ocultan en los medios y señalamos lo absurdo del mismo: “La guerra es siempre una derrota, siempre. Dondequiera que se haga, las poblaciones están agotadas, están cansadas de la guerra, que como siempre es inútil e inconclusa, y solo traerá muerte, solo destrucción y nunca aportará una solución al problema” (Papa Francisco).

La paz en Medio Oriente es posible si vamos a las raíces y si se eliminan los afanes de dominio. Debe empezar un diálogo respetuoso entre civilizaciones y cosmovisiones, reconociendo al otro como un interlocutor válido para llegar a acuerdos de desarme de las conciencias, escuchando la voz de los pueblos para proteger la vida de la población, empezando por los más vulnerables. “La guerra es una locura que ofende a Dios”#ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

  

domingo, 29 de junio de 2025

carta No. 295: Clamemos e invoquemos la paz

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 295 – 29 de junio 2025
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Clamemos e invoquemos la paz

“Hoy más que nunca, la humanidad clama e invoca la paz. Es un grito que exige responsabilidad y razón, y no debe ser sofocado por el estruendo de las armas ni por palabras retóricas que incitan al conflicto…

La guerra no resuelve los problemas, al contrario, los agrava y causa heridas profundas en la historia de los pueblos, que tardan generaciones en cicatrizar. Ninguna victoria armada podrá compensar el dolor de las madres, el miedo de los niños, el futuro robado.”  León XIV, 22/06/2025.

Se afirma que en la guerra la primera víctima es la verdad. Posiblemente sea así, pero también mueren la humanidad, la inteligencia y la razón. Algunos líderes mundiales parecen haber perdido el sentido común; han iniciado, mantenido y profundizado cruentas guerras con enormes bajas en la población civil, despreciando la diplomacia y la negociación. Sus mensajes son cada vez más virulentos y amenazadores, generando una creciente polarización internacional. Esto es sustentado por una propaganda que justifica cualquier hecho y declara victorias sin sentido. Incluso el fantasma nuclear vuelve a sobrevolar a toda la humanidad.

Vivimos días de intensa zozobra por la guerra entre Israel e Irán, que fue iniciada por una agresión injustificada del Estado sionista en contra del país persa, dominado por la teocracia de los ayatolás. El conflicto fue escalando hasta la intervención de los Estados Unidos y la posterior declaración de una tregua frágil, que puede ser solo una pausa temporal.

Ante esta confrontación, pasaron a segundo plano la guerra de Ucrania —donde cada semana mueren más de 10.000 personas de ambos bandos—, el constante genocidio de palestinos en Gaza, las interminables guerras en África. China se torna agresiva frente a Japón y Filipinas. La OTAN se posiciona en todos los conflictos y exige que sus 32 miembros destinen el 5 % de su producto interno bruto en armamento, a costa del gasto social. La Unión Europea declara que debe gastar hasta 800.000 millones de euros en armas ante la amenaza rusa. Así se quema incienso ante los nuevos ídolos de la industria armamentista, actualmente la más rentable del mundo.

Todo esto se justifica sobre bases falsas, instalando un clima de terror que trata de convencer a las personas de que las guerras son inevitables. Las reacciones de los pueblos ante tales despropósitos son tímidas y hasta ahora minoritarias, olvidando los principios básicos del derecho internacional.

En Latinoamérica, aunque no hay guerras entre países, persiste un clima de violencia generalizada. En Ecuador, el llamado “conflicto armado interno” ha dejado un saldo alarmante de asesinatos diarios, extorsiones y secuestros. La respuesta estatal ha sido endurecer leyes que vulneran derechos humanos, promoviendo impunidad y criminalizando a menores como adultos.

Somos un pueblo herido. Hemos interiorizado la violencia que se ha apoderado de nuestra alma. En los comportamientos diarios se han recrudecido las agresiones al interior de las familias, en los espacios comunitarios, en los trabajos, en la sociedad. El miedo y el temor hacen que muchas personas justifiquen, sin ningún espíritu crítico, los ajusticiamientos de los delincuentes. Se dice: “hay que acabar con ellos”. Nos deshumanizamos sin darnos cuenta.

En 1963, cuando la humanidad estuvo a punto del apocalipsis nuclear, el papa san Juan XXIII publicó su encíclica Pacem in Terris. Allí nos decía que los derechos y deberes de las personas eran la base para la paz, que había que establecer relaciones de justicia y solidaridad entre individuos, familias, grupos sociales y los Estados, y que era necesario promover la cooperación internacional para el desarme, la solución pacífica de conflictos y la ayuda al desarrollo de los países pobres.

San Pablo nos recuerda que todos formamos parte de un solo cuerpo, sin distinción de origen o clase: “Si sufre un miembro del cuerpo, todos los demás sufren con él; si es honrado, todos los demás se alegran” (1 Corintios 12,26). Debemos trabajar para construir la paz, desterrar la obsesión belicista y la violencia destructora de sociedades y familias. #ComuniquemosEsperanza

 


Con los ojos fijos en El,
 en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 16 de junio de 2024

carta No. 241: Exigimos PARAR el genocidio en GAZA

 

Con los ojos fijos en Él

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 241 – 16 de junio 2024
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Exigimos PARAR el genocidio en GAZA

“Aliento a la comunidad internacional a actuar urgentemente por todos los medios para ayudar a la población de Gaza, devastada por la guerra y a las negociaciones en curso entre las partes para alcanzar un alto el fuego en la guerra entre Israel y Hamás que dura ya desde hace ocho meses…Es posible estrechar la mano y para hacer la paz se necesita coraje, mucho más coraje que para hacer la guerra”. Papa Francisco, rezo del ángelus del 9 de junio/2024.

Desde el atentado terrorista de Hamás de 7 de octubre de 2023 han pasado más de 8 meses e Israel ha matado a más de 35.000 personas palestinas de la Franja de Gaza, el 70% de ellas mujeres, niños y niñas. El rescate de los rehenes es una disculpa, cada vez más cuestionada por los propios familiares de esas personas, para imponer una “solución final” bastante similar en sus efectos a la que en su día estableció la Alemania Nazi contra el Pueblo Judío.

Hemos visto crímenes injustificables: ataque a hospitales y centros de salud, destrucción de centros religiosos, de ayuda social, mezquitas e iglesias, de manzanas de casas enteras y ataques a campamentos de refugiados; todo esto acompañado de asesinatos a sangre fría de personas indefensas, de mujeres y niños, de personal de salud, de educación, de la ONU, de ayuda humanitaria, de periodistas, etc.

En declaraciones públicas autoridades de Israel han calificado a la población palestina como subhumanos, casi animales, sin ningún derecho ni consideración. Incluso han citado la Biblia: “Ve y ataca a Amalec, y destruye todo lo que tiene y no te apiades de él; mata a hombres y a mujeres, a niños y hasta a los de pecho…” (1 de Samuel 15,3). Ante cualquier crítica Israel acusa a los detractores de antisemitismo, pero los palestinos también son semitas.

Debemos tener claro que se trata de un genocidio. La Corte Internacional de Justicia (CIJ), de forma tibia habla de “crímenes de guerra y de lesa humanidad” que, de acuerdo a sus propias definiciones, son: “matanza deliberada, o causar grandes sufrimientos o graves daños al cuerpo o a la salud, tortura o trato inhumano” (crímenes de guerra); y “ataque general o sistemático contra civiles en tiempo de paz o de guerra, que incluyen tortura, desaparición forzada, homicidio, esclavización, deportación y actos de violencia sexual y de género, incluida la violación”. La misma CIJ  define al genocidio como: “el exterminio o eliminación sistemática y masiva de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, o nacionalidad”. Esto ocurre en Gaza.

Ante estos hechos asistimos a una enorme hipocresía de occidente, combinando frases como “Israel tiene derecho a defenderse” con el rechazo de algunos de sus hechos, mientras se sigue apoyando a Israel con la venta y entrega de armas para sus ataques. Se olvidan de que en Gaza hay una guerra asimétrica con una abismal diferencia cuantitativa y cualitativa entre las partes.

Esta situación ha convulsionado el panorama internacional. El llamado “Eje de la Resistencia” compuesto por Hezbollah en el Líbano, Irán, Irak, Siria y los Hutíes de Yemen intercambia ataques con Israel. Esta contienda internacional ha estado a punto de provocar una escalada de violencia mundial de imprevisibles consecuencias.

Israel desoye a la CIJ y la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU (10/06/24), que han dispuesto un alto el fuego permanente. También los intentos de negociación parecen condenados al fracaso.

Las víctimas, en su gran mayoría, son inocentes, no combatientes y sin posibilidad de defensa. Muchos rabinos judíos rechazan y condenan las acciones del estado sionista.

Muchos llamados a la conciencia mundial se han realizado en varios países mediante manifestaciones numerosas y multitudinarias, sobre todo de jóvenes universitarios en Estados Unidos, incluido nuestro Ecuador; muchas duramente reprimidas. Erróneamente pensamos que Ecuador está muy lejos de esta tragedia, estos crímenes son también contra nosotros y contra toda la humanidad. Nuestro gobierno debe exigir, con mayor fuerza, que acabe este genocidio y lograr la paz. Como cristianos y católicos, no podemos permanecer indiferentes, sino ser solidarios con los que sufren. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 12 de noviembre de 2023

carta No. 210: !Por amor a Dios… ¡Paren este Genocidio

 

Con los ojos fijos en Él

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 210 – 12 noviembre 2023
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!Por amor a Dios… ¡Paren este Genocidio

"Sigo pensando en la grave situación de Palestina e Israel, donde tantas personas han perdido la vida.  Por favor, en nombre de Dios, cesen el fuego.  Espero que se busquen todos los caminos posibles para que se evite absolutamente una ampliación del conflicto…  Que se pueda socorrer a los heridos y que la ayuda llegue a la población de Gaza, donde la situación humanitaria es desesperada", Papa Francisco, Ángelus, 5 nov. 2023.

Miramos atónitos la violencia entre Israel y el Pueblo Palestino.  El problema tiene más de 70 años.  En 1947 Naciones Unidas aprobó un plan que dividía Palestina en dos Estados, dando a árabes y a judíos una extensión similar de territorio.  En 1948 Israel declaró la independencia y desde entonces no ha habido paz.  Ha habido guerras abiertas en 1948, 1956, 1967, 1973, 1982 y otras intervenciones menores.

En 1993 los acuerdos de Oslo buscaron superar el conflicto mediante la creación de dos Estados independientes, Israel y Palestina. Sin embargo, no llegó la paz, Israel ha continuado arrebatando a los palestinos nuevos territorios, con la entrada de nuevos colonos que los expulsan de sus tierras con violencia.  A estas acciones han respondido las guerrillas palestinas con las intifadas (1987, 2000 y 2017) y otros atentados.

El pasado 7 de octubre el grupo terrorista Hamás atacó en Israel a personas que asistían a un concierto en territorio ocupado por Israel y otros grupos, matando a 1200 personas y secuestrando a 250: un acto terrorista.  En respuesta, Israel declaró una guerra total, con bombardeos masivos e indiscriminados y una invasión militar a Gaza que ha dejado más de 11 mil palestinos muertos, entre ellos 4500 niños y 3000 mujeres. Hubo ataques a personas que escapaban de la violencia, a convoyes de heridos y bloqueos a la ayuda humanitaria.  Además, han suprimido los servicios básicos de agua, alimentos y electricidad.  Estos son actos que claramente violan los derechos humanos y las normas de la guerra.  Israel se muestra en este caso como un “estado terrorista”.

¿Se puede mantener neutralidad entre ambos actores? Ciertamente, no.  De un grupo terrorista se pueden esperar actos como el del 7 de octubre, pero un Estado tiene que regirse por leyes del derecho internacional.  El terrorismo de estado es moralmente más grave y condenable. Netanyahu ha negado un alto el fuego y a lo más puede conceder cortas treguas humanitarias. Se habla de exterminar a los palestinos, de quedarse con su territorio, de tratarlos como animales: esto muestra que estamos ante un auténtico planteamiento genocida.

No se puede confundir al grupo Hamás con el Pueblo Palestino, sin duda hay gente que lo apoya, pero muchos otros son víctimas de sus acciones; tampoco se puede confundir a judíos con los sionistas que proclaman las propuestas de exterminio. En los dos bandos hay fundamentalistas que hacen de su fe un arma de muerte.  El riesgo de una ampliación del conflicto es evidente. Los países se han pronunciado, en su mayoría a favor de Palestina, mientras que Israel cuenta con apoyo irrestricto de Estados Unidos y otros países, como se ha visto en las reuniones de la Organización de las Naciones Unidas - ONU.

¿Tiene solución la crisis? Urge levantar un clamor mundial que obligue a un alto al fuego, a detener la guerra y a la devolución de los rehenes.  A mediano o largo plazo, es importante que desde todo el mundo se reconozca la existencia independiente de dos Estados, como la solución señalada por la ONU desde 1947.

Esta es una propuesta de muy difícil ejecución, porque implica negociar fronteras que acepten ambas partes, acordar un régimen de convivencia para Jerusalén, ciudad santa para las tres religiones: judía, musulmana y cristiana; y establecer al menos durante un tiempo mecanismos con control internacional que garanticen un alto el fuego efectivo.  Sin embargo, sólo así podrá alcanzarse una paz con justicia y respeto de los derechos humanos.

El conflicto palestino no puede resolverse por medios militares, pues traerá más violencia y perpetuará la resistencia, como lo demuestran varios enfrentamientos urbanos similares.  La paz solo puede alcanzarse superando posiciones extremas de ambos lados y creando dos Estados independientes, con apoyo internacional.  Solo de esta forma se evitará la ampliación del conflicto y se alcanzará una paz duradera, con respeto a los derechos humanos y la justicia con los oprimidos.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 13 de marzo de 2022

Carta No. 123: Los rostros desfigurados por la guerra

 

Con los ojos fijos en Él

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 123– 13 de marzo 2022

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Los rostros desfigurados por la guerra

“Vemos a Jesús en los rostros de los niños sirios marcados aún por la guerra”, “en los niños de Irak, que todavía sigue herido y dividido por las hostilidades que lo han golpeado en los últimos quince años”; “en los niños de Yemen, donde existe un conflicto olvidado”; en los niños de África, “especialmente en los que sufren en Sudán del Sur, en Somalia, en Burundi, en la República Democrática del Congo, en la República Centroafricana y en Nigeria”.  (Papa Francisco, 2017).


 

Las guerras desfiguran el rostro de la humanidad. Ancianos, hombres, mujeres, niños y bebés, que, además de vivir en la pobreza y alejados de cualquier privilegio, son golpeados sin clemencia por la barbarie de la guerra. Esos rostros inocentes solo sufren la cruenta violencia que frustra y mutila sus vidas, fractura su cotidianidad, despoja de su dignidad, anula el presente y confisca el futuro. La guerra les deja sin posibilidad de vivir su vida y desarrollarse como personas.

Rostros desfigurados por el miedo a morir bajo un bombardeo inmisericorde, una incursión a mansalva, el estallido de un misil de racimo, la explosión de una mina o simplemente por estar en el lugar y en el momento equivocados.

Rostros desfigurados por la urgencia de abandonar su casa y ciudad, de renunciar a su pasado, perder su presente y futuro. Dejar atrás amigos, conocidos y allegados, su cultura, su historia, sus costumbres, su entorno… para salir despavoridos con una mochila o maleta llenada al apuro, solo huyendo de una "tormenta bélica", sin rumbo ni lugar a donde ir o llegar. Solo se sabe que hay que tomar a los niños al resto de la familia y salir, huir, partir a toda prisa… para paliar esa cruenta guerra que llegó impuesta por un sinfín de intereses de poderes mundiales. Pasan a vivir una vida a riesgo de caer en trata de personas -en especial mujeres y niños-, de la vulneración sistemática de los derechos humanos, de xenofobia...

Rostros desfigurados por la muerte, las heridas, las mutilaciones, las masacres, las fracturas, las balas perdidas… que golpean sin tregua a millones de familias en países, ciudades, pueblos, caminos y senderos. Para evitar ser alcanzados por esa "hoguera bárbara" caminan desorientados, corren sin sentido, deambulan por doquier y se pierden lejos de su hogar, simplemente huyen de todo aquello que huele a muerte, con el único fin de salvar su vida y la de sus familias.

Rostros desfigurados por la pena y el dolor de perder a sus seres queridos, dejar a los abuelos, salir sin tener tiempo para abrazarse y despedirse. Rostros desfigurados por la incertidumbre y la duda de no saber que hay más allá de ese momento. Desconocen su presente inmediato y están dispuestos a lo que venga. Salen sin ninguna seguridad, esperando encontrar un lugar seguro y algo de tranquilidad que acalle el ruido de su alterada realidad y aplaque sus emociones alborotadas. La migración forzada les enfrenta a la ¡horrible y terrible! miseria, pobreza… y otras tantas catástrofes y abusos.

Esos rostros, desfigurados por la guerra, golpean con fuerza y en silencio la conciencia de la humanidad, para que nadie quedemos indiferentes ni miremos hacia otro lado. Están allí en medio de esa realidad macabra de escombros y explosiones, mirando a los fabricantes de guerra, productores y vendedores de armas, a los gobiernos y políticos y militares que deciden y hacen las guerras… a los que se olvidan de amar y solo buscan enriquecerse matando las vidas y la esperanza de la casa común.

¡Basta de guerras, basta de desfigurarnos los rostros sin piedad, sin misericordia! Reconozcámonos, aunque parezca difícil, que somos hermanos. Busquemos caminos de diálogo para construir la paz desde la justicia social, equidad, inclusión, venciendo la pobreza, desterrando la violencia, eliminado las armas. Con fraternidad y cooperación, trabajo y solidaridad lograremos vías de sensibilización de la humanidad para encontrar la paz, porque de acuerdo con el plan de Dios todos estamos hechos para la vida y no para la muerte.  ·  #ComuniquemosEsperanza

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lunes, 28 de febrero de 2022

Carta No. 121: Guerra: Fracaso de la humanidad

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 121– 27 de febrero 2022

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Guerra: Fracaso de la humanidad

"Toda guerra deja al mundo peor que como lo había encontrado. La guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal." (261, Encíclica Fratelli Tutti, Papa Francisco).


Hay viento y huracanes de guerra" por doquier. Hay guerra declarada, Rusia invade Ucrania.  Bombardeos, muerte, desolación, gente en pánico huyendo despavorida…Esta realidad nos asusta, preocupa, angustia, nos genera desasosiego y no sabemos qué pensar ni qué hacer.  Estamos en alto riesgo. La guerra, que tiene orígenes multicausales, es inconcebible, inadmisible, inhumana. Es el extremo del absurdo del poder del despilfarro en armas de muerte, de imposición de intereses económicos, políticos... cuánto inocente masacrado por la barbarie.

Entendiendo a la guerra como la lucha armada entre naciones, pueblos, grupos y hasta personas, cabe preguntar ¿por qué llegamos a esos extremos? ¿por qué hay guerras en nombre de Dios, de la paz, de la democracia, de la justicia…? ¿por qué producen millones de armas? ¿por qué matan y mienten y se olvidan de amar?...

Una posible respuesta: queremos más poder local, nacional, regional, mundial. Por un falso orgullo 'patriótico', 'étnico', 'económico', 'histórico', identificamos al otro como 'enemigo', hay que vencerlo, dominarlo y someterlo o eliminarlo para que no estorbe. Los más fuertes se imponen, son locos seducidos por la muerte que han convertido al mundo en un inmenso manicomio. El caso de Ucrania–Rusia es un ejemplo de la imposición de la fuerza y la defunción de la razón y el diálogo.

El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri, por su sigla en inglés) revela que el gasto militar mundial aumentó a casi dos billones (millones de millones) de dólares en 2020, lo que supone un incremento de 2,6 %, en términos reales, con respecto a 2019. La pandemia de covid-19, que paralizó el mundo en marzo de 2020 y lo mantiene aún semiparalizado, no ha tenido, aparentemente, ningún impacto en el gasto militar, que ha gozado de muy buena salud. El Secretario General de las NNUU, Ban Ki-moon, (2007-2016), dio en la diana al afirmar que "el mundo está sobrearmado y la paz está infrafinanciada".

En nuestro país, según el Observatorio de Gasto Público, en 2019 el gasto corriente y de capital en materia de seguridad nacional fue del 4% del Presupuesto General del Estado. Para el 2020 se codificaron USD 1.192 millones para el Ministerio de Defensa y USD 1.192 millones para la Policía Nacional. Se estima actualmente un total de 40 mil miembros activos en las Fuerzas Armadas y otro 170 mil en reserva, y más de 50 mil policías.  Desde el 2000, el gasto militar ecuatoriano creció a un ritmo anual del 13.3%, siendo el más alto de la región. Al 2018 alcanzó la cifra de USD 2.549 millones.

Algunos intelectuales, políticos, activistas, así como Papas, obispos y religiosos han denunciado la carrera armamentista de los países. ¡Cuántos problemas se solucionarían, especialmente de pobreza y hambre, si en lugar de gastar en guerras se destinaran esos fondos para el desarrollo humano! El egoísmo, la prepotencia de la sinrazón, la esquizofrenia… de los líderes, desestabiliza y llena de horror la convivencia de los pueblos y las naciones, pisoteando las leyes internacionales, los acuerdos y los principios de convivencia. La guerra armada es el extremo mortal de otras tantas guerras que vivimos cotidianamente. Guerras tecnológicas, sicológicas, económicas, políticas, informacionales, etc. que están en la agenda diaria mundial.

"¡Qué triste es, cuando personas y pueblos que se enorgullecen de ser cristianos ven a los demás como enemigos y piensan en hacer guerra!" señaló el Papa Francisco, en el Ángelus del pasado domingo 20 de febrero, y pocos días después, el viernes 25, consternado visitó la embajada de Rusia en el Vaticano para expresar su preocupación por la guerra en Ucrania ante la evolución de los hechos y para abogar por la paz.  Paz, paz, paz / el mundo pide paz / y quiere paz.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

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