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domingo, 17 de enero de 2021

Carta No. 63: Política fraterna: Respeta y valora al que piensa distinto

 

Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 63 – 17 de enero 2021

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Política fraterna: Respeta y valora al que piensa distinto

“Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar.  Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para ello se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos.  No se recoge su parte de verdad, sus valores, y de este modo la sociedad se empobrece y se reduce a la prepotencia del más fuerte.  La política ya no es así una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino sólo recetas inmediatistas de marketing que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz.”  (Papa Francisco, FT 2020).

Tras un año convulso y doloroso a nivel global, la escena política vuelve a situarse en el centro de la vida del país a causa de las próximas elecciones.  Sin embargo, en esta ocasión la llamada ‘fiesta de la democracia’ tiene connotaciones particulares, una de ellas, el progreso de las tecnologías de información y comunicación que han transformado el marketing político, fomentando el uso de las redes sociales, espacios virtuales que son utilizados también para evidenciar las posiciones electorales que, en la mayoría de las ocasiones, genera enfrentamientos entre opositores. Otro hecho que se evidencia en estas plataformas es el bombardeo de noticias falsas o fake news que distorsionan la realidad.

En el pasado, la humanidad ya fue víctima de ideologías degradadas a fanatismos -en ocasiones enfermizos- que cobijaron actos de barbarie contra la dignidad humana. A lo largo de la historia, las discrepancias políticas han generado división social e incluso enemistad. Haciendo caso omiso de la historia y las consecuencias de los discursos de odio vertidos por diversas líneas políticas alrededor del mundo, nos hemos convertido en pleno siglo XXI en testigos -y en ciertos casos protagonistas- de una contienda que fractura el diálogo respetuoso y saludable e impide la construcción de una verdadera democracia.

En la actualidad, hablar de política es sinónimo de discusión, pelea e imposición. Nos hemos convertido en seres intolerantes que, en lugar de escuchar al otro, buscar puntos de encuentro y generar puentes que acerquen a quienes piensan distinto, causamos fisuras en una sociedad que involuciona, tornándose casi primitiva y finalmente, autodestructiva. Urge implementar, desarrollar y practicar una cultura de diálogo para empezar a recuperar la política.

Es tiempo de exigir un signo de esperanza a la clase política, empezando por la forma de operar sus campañas. Quienes aspiran a una posición de SERVICIO al país son los primeros llamados a cambiar su lenguaje y la forma de relacionarse con sus contendores, dejando de lado los ataques personales y las calumnias, debatiendo sobre contenidos dentro de un marco ético, y manteniendo un intercambio de altura que demuestre que poseen la integridad moral suficiente para merecer nuestra confianza y voto para que nos representen como gobernantes.

Los ciudadanos que respetamos y fomentamos la democracia, creyentes o no, debemos recordar que en el encuentro y en el reconocimiento del otro, con voz y pensamiento propio, reconocemos también nuestras responsabilidades, derechos y libertades. Cuando nos descubrimos como miembros de una sociedad civilizada y fraterna que busca la solidaridad, la justicia, la paz, el progreso, el bien común…, estamos en capacidad de escuchar los pensamientos y las necesidades de los demás, sin forzarles a que asuman nuestra manera de pensar y actuar para satisfacer intereses individualistas o sectarios.

Dialoguemos con el poder, a través del voto, que queremos una política de respeto que considere y valore al que piensa distinto.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

viernes, 15 de mayo de 2020

Carta No. 28: La Corrupción: Flagelo que quema la vida del pueblo

Con los ojos fijos en El
en la realidad y la fe


Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 28 - 15 mayo 2020
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La corrupción es un pecado que va en contra de la voluntad de Dios porque atenta directamente a los derechos del prójimo y al bien común, echa a perder un país, destruye el orden social y desintegra la administración pública y las instituciones privadas y, lo que es peor, pervierte las conciencias de las personas, siendo los jóvenes y niños los más afectados.

La Corrupción: Flagelo que quema la vida del pueblo

El fraude, el soborno, el cohecho, los sobreprecios desangran y crucifican al pueblo, estos actos de corrupción que venimos experimentando no son esporádicos, sino, al parecer, son crímenes estructurados, organizados y sistemáticos que han sido planificados y se han ejecutado con ignominia, con el fin de alcanzar el beneficio propio y de unos cuantos sin que les importe perjudicar a otros, los más afectados son siempre los más débiles.
La corrupción para el Papa Francisco “es una de las heridas más lacerantes del tejido social, porque lo perjudica gravemente tanto desde un punto de vista ético como económico: con la ilusión de ganancias rápidas y fáciles… en realidad empobrece a todos, menoscabando la confianza, la transparencia y la fiabilidad de todo el sistema.  La corrupción degrada la dignidad de la persona y destruye los ideales buenos y hermosos.  La sociedad está llamada a comprometerse concretamente para combatir el cáncer de la corrupción que, con la ilusión de ganancias rápidas y fáciles, en realidad empobrece a todos”.  Por ello, Francisco invita “a la sociedad en su conjunto a comprometerse concretamente en combatir el cáncer de corrupción en sus diversas formas” (2019).
Es una tarea impostergable y una responsabilidad ineludible de todos los cristianos luchar, denunciar, combatir, rechazar este flagelo que “se ha vuelto natural, al punto de llegar a constituir un estado personal y social ligado a la costumbre, una práctica habitual en las transacciones comerciales y financieras, en las contrataciones públicas, en cada negociación que implica a agentes del Estado” (Papa Francisco, 2017).

En esta época de pandemia en que miles de personas han fallecido, millones carecen del alimento diario y salen a la calle desafiando a la muerte para buscar el pan del día, que haya personas en instituciones públicas que, con la complicidad de algún empresario y de grupos políticos, planifiquen y ejecuten acciones de corrupción es inaudito.  Son delitos que exigen investigaciones inmediatas y objetivas, enjuiciamiento y sanción ejemplar a los culpables.
La impunidad en todos los casos de corrupción pública, es un doble crimen social, porque se permite el cometimiento de un delito que afecta a todos, y además no se lo sanciona, dejando que, culturalmente, aparezca lo execrable como bueno y digno de imitarse.
Es nuestra obligación, como católicos, combatirla frontalmente, sin tregua; el callar es una forma de permitir y colaborar con el crimen, convirtiéndonos con nuestro silencio en cómplices.  No basta en sabernos honrados, el ser honestos en nuestra vida es condición para denunciar y señalar la corrupción y a los que la cometen, como el más grave atentado al bienestar de nuestro pueblo.
La corrupción jamás podrá contra la esperanza, por ello nuestra porfiada lucha contra esta pandemia que desarticula y corroe el tejido social debe ser permanente.  Sabemos que no podremos vencer este mal en nuestra Patria sino hay una conciencia y responsabilidad en enfrentarla, en todos, pero particularmente en los que nos decimos seguidores de Jesús, que dio su vida, para que todos “tengamos vida y vida en abundancia”.  (Jn 10,10). 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de los Observatorios de Política y Eclesial, que reúnen periódicamente a los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 10 de mayo de 2020

carta No.27: Mujer - Madre


Con los ojos fijos en El
en la realidad y la fe


Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 27 - 10 mayo 2020
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Justicia y Paz hace un homenaje especial a la mujer en su dimensión maternal, que en su rol de esposa, hija, compañera y amiga, sigue fortaleciendo con valentía los hogares, aún más en la actual crisis sanitaria que vive Ecuador y el mundo.

Mujer - Madre
Esta cuarentena y el “quedarse en casa”, han cambiado los hábitos y acciones dentro y fuera de los hogares.  Esta experiencia nos está dejando muchas lecciones, especialmente cuando recuperamos aquello que es compartir entre padres e hijos, ancianos y jóvenes, hombres y mujeres, dando sentido y valor a la familia.
Para el Papa Francisco «la familia es un tesoro precioso (que) hay que sostener y proteger siempre», que hay que cuidar y fortalecer desde el amor, a la luz y testimonio de Jesús, quien nos llama a querernos unos con otros, donde prime la comunicación, la paz, el respeto y el amor.
En varias ocasiones, el Papa, ha destacado que la fe es principalmente transmitida por las mujeres al calor del hogar, mujeres que con su testimonio siembran las raíces “a través de los gestos, miradas, caricias, como la de nuestras madres, abuelas; con el sabor a las cosas que aprendimos en el hogar, de manera simple y auténtica” (junio 2019).
En la actual crisis que vivimos se evidencia el papel que cumple la mujer: se proyecta, cada vez con más intensidad, al cumplimiento de diversas responsabilidades, en el ámbito profesional en diversas ramas.  Como protagonista de primer orden en la política y en la ciencia o como deportista, funcionaria o servidora de la comunidad.  De tal manera que cuando nos referimos a la mujer en la sociedad actual, debemos revalorizar a la mujer que, además de ser madre, esposa, hija, compañera, también desempeña un papel de gran trascendencia en el mundo exterior.
La permanencia en casa, durante la cuarentena, permite visibilizar el esfuerzo de tantas mujeres que deben conjugar en lo cotidiano sus labores profesionales con las tareas domésticas.  El sacrificio de aquellas que diariamente se despiden de su familia para ir a cumplir su trabajo en hospitales, centros de salud, albergues; o son parte de las fuerzas de seguridad, o atienden en un supermercado o recogen la basura...  o las mujeres del campo que luego de cultivar la tierra, para los alimentos lleguen a nuestra mesa, retornan a preparar la comida para los suyos, con cansancio, pero con responsabilidad y amor.
Por tanto, hoy ser mujer y madre implica una variada gama de roles, sentimientos y emociones, actividades y responsabilidades, reflejados desde el servicio y la entrega, al igual que lo hizo María con su hijo Jesús al amar y acompañar a la gente, la comunidad, el pueblo.
La madre es el pilar emocional de la familia, además de la administradora y educadora, por lo que es momento de reconocer y valorar la gran labor que realizan las mujeres en los hogares y en la sociedad en general.
La Comisión ecuatoriana Justicia y Paz expresa su respeto y admiración para la mujer-madre, que desempeña el incomparable papel de dadora de vida y lo hace con entrega, sacrificio y amor, como sólo la mujer es capaz de dar. ·  #ComuniquemosEsperanza.

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de los Observatorios de Política y Eclesial, que reúnen periódicamente a los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

miércoles, 29 de abril de 2020

carta No.26: ¿Qué hacer ante la Crisis?


Con los ojos fijos en El
en la realidad y la fe


Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 26 - 29 abril 2020
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La primera y más inmediata obligación del Estado es proteger la vida.  Para lograrlo deben fortalecerse el sistema de salud pública y su capacidad de gestión.  Es prioritario la provisión de tests y equipos protectores para el personal de salud y de vigilancia, el equipamiento de los hospitales, principalmente en cuidados intensivos y el apoyo a las fuerzas de seguridad para implementar el control de la movilidad.

¿Qué Hacer Ante la Crisis?

La pandemia del Covid-19 es la tragedia humana más dramática que ha enfrentado la humanidad en el siglo XXI y ha conllevado a una enorme crisis económica y social mundial.  Luego de cuatro meses de expansión, el mundo supera los 3 millones de casos, con más de 200 mil muertes confirmadas.  Las cifras reales son notablemente superiores, ya que muchos se enferman o fallecen sin llegar a los hospitales ni someterse a pruebas clínicas.
Para reducir la propagación del virus, aproximadamente un tercio de la población mundial debe permanecer en sus casas.  Como resultado, la economía mundial enfrenta la mayor depresión en muchas décadas: El producto mundial caerá en aproximadamente 3% en 2020, América Latina sufrirá un golpe mayor, con una pérdida del 5.2%, y Ecuador será afectado duramente, con una declinación del 6.3%.  Los efectos sociales de la crisis se proyectan devastadores: este año pueden caer en la pobreza 420 millones de personas, y 195 millones perderán su empleo.
Ecuador se ha convertido en uno de los países latinoamericanos más afectados por la pandemia, con miles de casos confirmados y de fallecidos, principalmente en Guayaquil.  El sistema de salud pública, tradicionalmente débil y afectado por décadas de políticas de ajuste y una deficiente gestión, ha sido rebasado en su capacidad de control y respuesta.  Muchos hogares han visto enfermar y morir a sus seres queridos sin obtener atención médica adecuada.
Los impactos del colapso del precio del petróleo, la ruptura de los oleoductos y la caída de los precios de otros productos de exportación, conducen al país a una situación extremadamente difícil, agravada por una deuda externa de 41 mil millones de dólares.  El Estado enfrenta la peor crisis, sin reservas, con mínimos recursos y con una economía rígida y dolarizada.
Nuestro deber como cristianos es proteger la vida y evitar, en lo posible, los efectos dramáticos de la crisis sobre lo más vulnerables, los más pobres y los sectores tradicionalmente excluidos de nuestra sociedad.
En Ecuador el 40% de los trabajadores laboran en condiciones de subempleo, sin seguridad social y con ingresos mínimos, sobreviven con al diario, y el confinamiento prolongado en sus hogares puede ser devastador.  El estado debe proteger la alimentación y adecuada nutrición de los hogares pobres en forma urgente y masiva.
La tercera prioridad es la protección del empleo.  Es indispensable canalizar recursos para los trabajadores autónomos y las micro, pequeñas y medianas empresas.
Otras políticas, como el rescate a las grandes empresas o el pago de la deuda externa, deben posponerse.  La situación no puede tomarse como una oportunidad para retornar a “lo normal”, porque la gran inequidad y exclusión, el debilitamiento de los servicios sociales, el endeudamiento abultado y depredación de la naturaleza han generado la crisis y la propagación excesiva de la pandemia.
Ante la ausencia de recursos, la vía más urgente es la renegociación de la deuda pública y de las ventas anticipadas de petróleo.  Se pueden promover canjes de deuda por conservación y canjes de deuda para inversión social.  Es indispensable el financiamiento internacional por organismos multilaterales sin condicionalidad.
Los sectores más pudientes de la sociedad tienen la obligación de aportar mayoritariamente recursos para superar la emergencia, porque solo con la unidad y la convergencia de toda la sociedad podremos superar la crisis. ·  #ComuniquemosEsperanza.

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de los Observatorios de Política y Eclesial, que reúnen periódicamente a los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 19 de abril de 2020

carta No. 25: Superar la crisis es responsabilidad de todos


Con los ojos fijos en El
en la realidad y la fe


Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 25 - 19 abril 2020
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“Las exigencias del bien común derivan de las condiciones sociales de cada época y están estrechamente vinculadas al respeto y a la promoción integral de la persona y de sus derechos fundamentales” (Catecismo de la Iglesia Católica)
Superar la crisis es Responsabilidad de Todos
“El bien común es responsabilidad de todos los miembros de la sociedad, ninguno está exento de colaborar según sus propias capacidades en su consecución y desarrollo”.
Encíclica Rerum Novarum, León XIII
Todos somos responsables de nuestras acciones, que necesariamente deben basarse en la ética y la moral y deben estar orientadas hacia el bien común.
La salud es un bien común, por lo tanto, es nuestra responsabilidad, sea cual sea el lugar que ocupemos en la sociedad, más aún en esta situación inédita y desafiante en que vive el mundo y en particular nuestro país.
Tenemos la obligación ineludible de aportar a la superación de esta crisis, ya sea como ciudadanos o como autoridades, como empresarios o como trabajadores; como líderes o militantes políticos; como educadores o educandos, como comunicadores.  El cuidado de la salud exige que las autoridades tomen las medidas oportunas, eficaces y efectivas.  Es corresponsabilidad de todos acatarlas y cumplirlas irrestrictamente.  Urge la unidad y el trabajo conjunto.
Corrupción significa faltar al compromiso que cada uno tiene en el sitio y responsabilidad que ejerce, los gobernantes en su función de liderar, dirigir y administrar los recursos, y los ciudadanos en general, en cumplir las disposiciones legales de la autoridad y en colaborar en toda tarea que esté a su alcance para superar estos momentos angustiantes de enfermedad y pobreza.
Decir la verdad es una obligación que no debe confundirse con el escándalo y la justificación de errores o falencias, por esa razón las autoridades y los medios comunicacionales deben decirla sin tapujos.  Ocultar parcial o totalmente datos de la tragedia, genera desconcierto e incrementa la desconfianza y el relajamiento de las actitudes ciudadanas.
Acatar las restricciones de movilidad y aislamiento social, es lo mínimo que debemos hacer, si queremos salir de la situación en que vivimos.  Las actitudes irresponsables de no usar mascarillas y más accesorios de protección, de salir con cualquier pretexto y usar prepotentemente los vehículos, y utilizar las redes sociales con fines protervos llenándolos de noticias falsas, entre otras, son manifestaciones de insensatez que debemos cortarlas de raíz, de lo contrario el coronavirus seguirá produciendo sufrimiento y muerte.
Justicia y Paz hace un llamado urgente a la responsabilidad de todos: a cumplir las disposiciones gubernamentales, a los partidos políticos a que guarden sus intereses electorales y populistas y apoyen, desde la Asamblea, la consecución de un plan económico viable y de responsabilidad social; a los empresarios y trabajadores que dejen de lado sus exclusivos intereses particulares o de grupo y lleguen a acuerdos que les permita subsistir mutuamente; a los medios de comunicación a comunicar la verdad.
Solamente si todos, gobernantes y gobernados, asumimos la responsabilidad propia, desde cada situación particular, haremos lo urgente y necesario para vencer esta pandemia.  La esperanza de salir de la crisis y superar las angustias del momento es tarea solidaria de todos.  #ComuniquemosEsperanza. 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de los Observatorios de Política y Eclesial, que reúnen periódicamente a los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 12 de abril de 2020

carta No.24: Vive Jesús en la Paz y la Justicia


Con los ojos fijos en El
en la realidad y la fe


Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 24 - 12 abril 2020
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La pandemia del coronavirus nos está cambiado de rumbo... del vértigo en el que convivíamos a diario, nos ha llevado a un “estate quieto”.  Para muchos, la emergencia ha sido una oportunidad para, como en las primeras comunidades, orar, leer la Palabra y poner los bienes en común…  Está llenándose el corazón de alegría, solidaridad y esperanza.  Compartir con los más necesitados es una tarea emprendida por muchas personas.

Vive Jesús en la Paz y la Justicia
(Mt 7, 12; Lc 10, 27 Hch 4:32-35)

En Semana Santa contemplamos a Jesús, nuestro amigo, crucificado, muerto y resucitado.  Sin embargo, hoy seguimos crucificándole en nuestra realidad global y ecuatoriana, le vemos en los empobrecidos y miserables, en los débiles y pequeños, en los enfermos y necesitados.  Él sigue siendo mortificado en las grandes y pequeñas ciudades, en el campo y en la selva, entre los pueblos y culturas amazónicas que son contaminados por constantes derrames petroleros...  La injusticia, la corrupción, la desigualdad, la mentira, la violencia, el odio… siguen asesinando a Jesús aquí y ahora.
El misterio de la cruz nos llama potentemente a la fraternidad, sentimos que Jesucristo camina con nosotros y vive en nuestra realidad.  Su presencia es evidente en nuestras familias y en el mundo.
En este contexto de cruz y resurrección, la emergencia sanitaria por el Covid 19 nos ha convocado a la solidaridad.  Hemos sido urgidos por el Resucitado a salir al encuentro del prójimo e ir a los lugares de dolor y muerte llevando la paz, el amor, la vida.  Con estas acciones proclamamos que Cristo vive, que el Justo triunfa sobre la muerte.  Esta es nuestra hora primera, este es el lugar para tender nuevos lazos de hermandad y unirnos con profunda esperanza a quienes buscan un nuevo mundo.
Cuando compartimos el pan y nuestro tiempo, caemos en cuenta de que es el Señor el que recibe, Él se ha hecho el encontradizo.  Los gozos y las esperanzas, las angustias y las tristezas de cada ser humano son también nuestros, ahí nos descubrimos hermanos.
El Resucitado, a través de esta experiencia inédita del coronavirus, nos invita a construir pronto y rápido un mundo diferente, con nuevas relaciones sociales, políticas, económicas, culturales, religiosas… entre hombres y pueblos, donde muera la injusticia, el hambre, el desempleo, la pobreza, la miseria, la corrupción… y viva plenamente la justicia, el empleo, la equidad, la igualdad, la honradez, la solidaridad, el encuentro, el diálogo…  Así nos liberamos del mal, presente en las relaciones y estructuras de pecado y construimos el Reino de Dios.  Esta es una responsabilidad compartida que nos exige ser justos en vez de explotadores, ser servidores en lugar de opresores.
Después del coronavirus el mundo será otro, entraremos en una ética-social incluyente en la que el ser humano debe ser el centro de toda actividad, por ello estamos obligados a generar procesos de creación, innovación y modificación de ordenamientos, leyes, reglas de mercado, tipos de relación entre las personas e instituciones… a nivel nacional e internacional.  El nuevo estilo de vida debe cuidar la creación e inaugurar, implementar y sostener nuevas redes y caminos de Justicia y Paz.  #ComuniquemosEsperanza.  •

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martes, 7 de abril de 2020

Carta No.23: Unidad y Tregua


Con los ojos fijos en El
en la realidad y la fe


Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 23 - 7 abril 2020
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Justicia y Paz, fiel a sus principios, demanda de la sociedad civil y política, una postura de apertura, diálogo, encuentro, unidad de todos, sin distingos ni exclusiones.  Este ha sido el llamado de hace pocos días de nuestros Obispos, llamado que a nuestro parecer no ha tenido la acogida que esperábamos.

demanda inmediata e impostergable...
Unidad y Tregua
La realidad y las estadísticas asustan, evidencian enfermedad y muerte en una población que desde antes, se debatía en una muy grave y peligrosa situación económica y social.  Basta leer los indicadores de desempleo y subempleo, insalubridad, desnutrición, morbi-mortalidad, etc., previo al aparecimiento de la pandemia del Covid 19 o Coronavirus.  Con la llegada de la pandemia el gobierno nacional se vio precisado a decretar una necesaria cuarentena que agudizó la crisis.  Ha crecido la marginación y la pobreza, y las actividades productivas se han paralizado sin un horizonte cierto de recuperación.
Comprobamos con dolor, que ante esta realidad, no hay, la lógica necesaria, urgente e impostergable de unidad, por el contrario, vemos que intereses particulares o de grupo, pretenden alcanzar, imponiendo sus criterios, sus propios intereses.  Constatamos con profundo dolor que la unidad es despreciada y hasta ignorada.  Ni la profunda emergencia sanitaria ni la angustia y desesperación del pueblo que clama atención urgente ha logrado la anhelada unidad.
Nuestra historia nos ha demostrado que unidos hemos logrado objetivos de interés común y que separados, sumergidos en peleas fratricidas, hemos ido irremediablemente al fracaso.  En 1941, divididos perdimos el conflicto armado y el país se mutiló.  En 1995 un país unido, triunfó y se fortaleció.  Es la diferencia entre enfrentar una crisis unidos o divididos.
Creemos que la unidad a la que ha llamado la Conferencia de Obispos es un imperativo impostergable, no como una cuestión de discursos y proclamas, sino de acciones y hechos concretos, superando rivalidades, cálculos y ambiciones y dejando aflorar todos, en conjunto, nuestras mejores cualidades de servicio y solidaridad.
Es el momento de apoyar al gobierno en sus esfuerzos de respuesta a la crisis, siendo propositivos, y sugiriendo soluciones oportunas, resaltando los logros, y puntualizando los errores con alternativas que los solucionen.  Evitando la generación y divulgación de noticias falsas, trabajando unidos como un puño bajo la guía y dirección oficial.  El camino, entonces, exige unidad y tregua inmediata en razón de los intereses superiores de todo el Ecuador.
Es hora de que el gobierno, los partidos y movimientos políticos propongan y acepten la tregua y aporten con sus mejores capacidades; es hora de que los potenciales candidatos guarden sus declaraciones y campañas para después.  Es hora de anular el regionalismo y asumir que todos somos un solo país.  Todos estamos llamados a colaborar con ideas, acciones y recursos, más allá de las diferencias lógicas y de las aspiraciones justas.  Esto no puede ni debe entenderse como complicidad, al contrario, si existen signos de corrupción hay que denunciarlos ante las autoridades competentes y esperar el correspondiente juicio.
Un llamado especial a los medios de comunicación para que informen sin escándalo.  Su misión, en estos momentos, es trascendente, de ellos depende informar la verdad y más allá del sensacionalismo informar desde una perspectiva estratégica.  Y qué decir de los medios tecnológicos, las recurridas redes sociales que no deben ser mal utilizados para el escándalo, la oposición barata, y la desinformación.  #ComuniquemosEsperanza.  ·

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de los Observatorios de Política y Eclesial, que reúnen periódicamente a los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.