Imágenes


Mostrando entradas con la etiqueta #servicio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #servicio. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de abril de 2026

carta No. 337: El AMOR siempre da VIDA

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 337 –19 de abril de 2026
---------------------------------------------

El AMOR siempre da VIDA

“El amor siempre da vida. Por eso, el amor conyugal «no se agota dentro de la pareja […] Los cónyuges, a la vez que se dan entre sí, dan más allá de sí mismos la realidad del hijo, reflejo viviente de su amor, signo permanente de la unidad conyugal y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre” Amoris laetitia, papa Francisco n. 165.


“Nuestro amor ha resistido el tiempo porque está hecho de paciencia, ternura y fe.

No tiene final, porque no termina nunca, y te volvería a escoger en cada vida, en cada historia, en cada amanecer. A tu lado aprendí que el amor no es perfecto, pero puede ser eterno”. Marianita y Enrique en 50 años de Matrimonio.


En estos días, en Justicia y Paz Ecuador, vivimos un acontecimiento muy profundo: una celebración muy triste, pero a la vez llena de fe, esperanza y amor. Dos de nuestros miembros, Enrique y Marianita, celebraban sus bodas de oro matrimoniales, cincuenta años de amor en familia, pero con la sombra de un final muy doloroso: ella se encontraba en la última fase de una cruel enfermedad terminal, que concluyó dos días después.

Resulta paradójico hablar de celebración con criterios exclusivamente humanos. Daban gracias al Señor por los cincuenta años de convivencia amorosa, a la vez que sentían la pena por la inminente separación y pérdida. La eucaristía de acción de gracias fue seguida, dos días después, por las celebraciones del encuentro de Marianita con el Señor, manifestaciones llenas de sentimientos encontrados y de una profunda fe y esperanza.

En estos hechos palpamos la revelación del amor de Dios en Marianita y Enrique, no como una mera coincidencia, sino como una acción de la providencia divina que, de alguna manera, nos habla también a nosotros.

Reflexionemos sobre el matrimonio desde la realidad actual y el mensaje del papa Francisco en Amoris laetitia. No se trata de desconocer ni de polemizar sobre la dura realidad de muchas parejas que se rompen, se separan o se divorcian, ni sobre las nuevas formas de unión reconocidas por distintas legislaciones. Son normas que buscan regular la convivencia sin exclusión ni marginación, y la Iglesia, por su parte, ha abierto las puertas a las personas divorciadas que se han vuelto a casar y no condena, sin más, las relaciones homosexuales.

Podemos comprender estas realidades, pero no aceptar aquellas que se basan en la cosificación y explotación sexual de las personas, en el abuso, la pedofilia o la pederastia, signos de una sociedad marcada por el consumo de cuerpos, la pornografía y el egoísmo que persigue un placer vacío e ilimitado. A través de los siglos y en distintas culturas han existido ritos y prácticas para las uniones y los divorcios. Para el Estado, el matrimonio es ante todo un contrato que puede disolverse según la ley; pero, para el Señor, aunque Moisés permitió el repudio “por la dureza de vuestro corazón” (Mt 19,8), desde el principio el hombre y la mujer están llamados a unirse y ser “una sola carne” (Mt 19,5-6; Gen 2,24).

Para nosotros, el matrimonio es un sacramento y liga a la pareja con los hijos en la familia, que es imagen de Dios, Comunidad de Amor. Un amor donde la mujer y el hombre crean una comunidad, en unidad, con libertad, iguales derechos y deberes, proyectándose hacia los hijos y el resto de la sociedad; que disfruta de su unión y atracción mutua, vive las alegrías y supera los problemas y las angustias de la existencia. Siembra y cultiva principios y valores morales y éticos.

La partida de Marianita nos deja un profundo vacío, pero su ejemplo, marcado por la alegría, el servicio, la generosidad y el optimismo, iluminará el caminar de muchos matrimonios que viven el amor de Dios. En los espacios de reflexión que compartió, forjó una fe comprometida con la justicia social, la equidad y la dignidad humana, inspirada en el Evangelio. Su vida estuvo marcada por acciones concretas de solidaridad con los más necesitados, acompañando a enfermos, presos y comunidades campesinas. Su fe, su amor y sus convicciones se reflejaban en lo cotidiano, un testimonio vivo evidenciado en el compromiso de transformar la fe en justicia, esperanza y dignidad.

Nuestros amigos Marianita y Enrique, en su 50 aniversario, nos dejaron este mensaje que ahora les compartimos: “A tu lado, cada día ha valido la pena. El amor verdadero existe y, cuando se comparte la vida junto a la persona amada, la felicidad es mucho mayor. Y este tipo de amor no se encuentra, se construye día a día, porque no es suerte, es amor trabajando con el corazón”. Son un ejemplo para nosotros. Durante 50 años caminaron juntos con amor, y eso nos conforta. #ComuniquemosEsperanza

 

domingo, 1 de marzo de 2026

carta No. 330: Entregar la Vida por la Vida

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 330 –1 de marzo de 2026
---------------------------------------------

Entregar la Vida por la Vida

“Sueño con una Amazonía que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad promovida. Sueño con una Amazonia que preserve esa riqueza cultural que la destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana. Sueño con una Amazonia que custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que la engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas”. Papa Francisco, exhortación apostólica Querida Amazonía, n° 7.

Este año, en que celebramos los 800 años del paso de san Francisco a la casa del Padre, en Ecuador debemos recordar a Alejandro e Inés, dignos seguidores del santo de Asís.

El 22 de mayo de 2025, el papa León XIV declaró “venerables” a Mons. Alejandro Labaka y a la Hna. Inés Arango, quienes el 21 de julio de 1987 dieron su vida para proteger a los Tagaeri, un pueblo en aislamiento, amenazado por el avance de la extracción petrolera. Asumieron el peligro por su defensa y por el Evangelio. La frase de Alejandro: “Si no vamos nosotros, los matan a ellos”, y la de Inés: “Si muero, me voy feliz. Que nadie sepa nada de mí”, los retratan de cuerpo entero. Ser declarados venerables reconoce que vivieron las virtudes cristianas (fe, esperanza y caridad) en grado heroico. Es el paso previo para una posible beatificación.

“Todo lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo original en cada lugar del mundo, de manera que la esposa de Cristo adquiera multiformes rostros que manifiesten mejor la inagotable riqueza de la gracia: la predicación debe encarnarse, la espiritualidad debe encarnarse, las estructuras de la Iglesia deben encarnarse” (Querida Amazonía, 6). Ellos emprendieron y ejecutaron esta tarea; colocándose en manos del Señor, se “encarnaron” en una cultura diferente.

Sus figuras crecen con los años. Su muerte, en medio de la selva, sigue siendo un grito por la defensa de los derechos de los pueblos, de la vida y de la casa común, y debe trascender como ejemplo para todo el Ecuador. Vivieron en la Amazonía, la amaron con pasión y sufrieron por ella.

Alejandro fue misionero en China antes de llegar al Ecuador (Aguarico) en 1954. En 1965 fue nombrado Prefecto Apostólico y participó en el Concilio Vaticano II, que marcó su pastoral, al escribir al papa san Pablo VI: “He sentido muy fuerte en mi interior el mandato de Cristo de predicar a todas las gentes, especialmente a los Aucas”. En 1970 renunció al cargo y fue un misionero más.

Trabajó en beneficio de los colonos y ayudó a crear y estructurar nuevos poblados. Su principal trabajo fue la defensa de los pueblos indígenas, especialmente los minoritarios: las nacionalidades Siona, Secoya y Waorani. Su relación e inculturación con este pueblo marcó su pastoral, su vida y su entrega final. Se integró con uno de los clanes waorani que había permanecido aislado, escribiendo: “En las visitas examinaron las pertenencias de este capuchino que se precia de profesar la pobreza franciscana y vieron que tengo demasiadas cosas y se las llevaron con todo derecho… Me arrodillé ante Inihua y puso su mano sobre mi cabeza, otro tanto ante Pahua llamándole buto bara (mi madre) que también puso sus manos sobre mi cabeza, estaba desnudo, luego besé las manos de mis padres y hermanos waorani… Comprendí que debía despojarme del hombre viejo y revestirme más y más de Cristo… Juzgué un deber el manifestarme y comportarme con toda naturalidad, igual que ellos, aceptando todo, excepto el pecado” (extractos de la Crónica Huaorani de Mons. Labaka).

En 1984 fue nombrado primer obispo del Vicariato Apostólico de Aguarico; en su consagración, los indígenas fueron protagonistas. Siguió defendiéndolos y defendiendo sus territorios ancestrales junto a la Hna. Inés, hasta la entrega final de sus vidas.

Pocos indígenas y mestizos comprenden quizá el significado de “venerables”, pero los recuerdan y los sienten como santos propios.

Alejandro fue un puente entre culturas, promotor y generador de diálogo entre los diferentes actores sociales, políticos y económicos de la Amazonía de ese entonces, buscando siempre el bien común.

“Dejaron en la selva, con su sangre, la semilla de Dios; dejaron en la comunidad episcopal el más grande incentivo del real compromiso con los más pobres e incomprendidos; y dejaron en la misión de Aguarico la fuerza de un espíritu que no se intimida ante nadie ni ante nada” (Mons. Luna Tobar). Entregaron su vida por la VIDA.  #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

sábado, 2 de agosto de 2025

carta No. 300: “El BIEN, hay que hacerlo BIEN”

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 300 – 3 de agosto 2025
---------------------------------------------

“El BIEN, hay que hacerlo BIEN”

“El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre… no aceptamos la separación de la economía de lo humano, el desarrollo de las civilizaciones en que está inscrito. Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera»”  Papa San Paulo VI, Encíclica Populorum Progressio, 1967.


La pequeña semilla sembrada en 1970 por Mons. Cándido Rada, el Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio (FEPP), se ha convertido en un árbol frondoso, del que han brotado muchas ramas: equipos que siguen dando lindos y buenos frutos, como resultado de un trabajo hecho con inteligencia, sudor y amor.

La motivación es la inspiración cristiana: fe en Dios y en los hermanos de nuestro Ecuador; esperanza en la posibilidad de crecer como seres humanos, en camino hacia el Reino de Dios, para que llegue un día, gracias al Padre, a su plenitud; y caridad, es decir, amor hecho práctica en el servicio a los más pobres.

Cinco son las raíces que han sostenido al FEPP en estos 55 años: el servicio; la propuesta de desarrollo integral, sostenible y liberador; la opción preferencial por los pobres; la honradez en la vida personal, familiar y laboral; y la gratuidad.

Actualmente, el FEPP cuenta con 18 equipos y 10 oficinas regionales articuladas con la Oficina Central. Ha entregado más de 1.700 millones de dólares en créditos a organizaciones y sectores populares, destinados a la producción agropecuaria, compra de tierras, fortalecimiento de microempresas, protección ambiental, construcción de viviendas y promoción del comercio justo.

Ha apoyado más de 500 estructuras financieras locales fortalecidas y 14 redes provinciales. Más de 40.000 jóvenes y adultos (51 % mujeres) se han profesionalizado en ramas como administración de empresas, producción agropecuaria, manejo de recursos naturales, artesanías, construcción, desarrollo local, y también a través de ocho promociones de bachilleres del Colegio Virtual Solidaridad. Ha acompañado a más de 2.700 organizaciones de base y 230 de segundo grado; ha fortalecido las capacidades de más de 6.000 líderes y dirigentes; ha favorecido el acceso a la tierra con la adquisición y titulación de más de un millón de hectáreas; y ha creado o fortalecido más de 25.000 fincas integrales, promoviendo la seguridad y soberanía alimentaria. Además, ha impulsado más de 3.000 empresas comunitarias y asociativas que agregan valor a la producción primaria.

El FEPP ha producido y sembrado más de 24 millones de árboles, promovido viveros y sistemas agroforestales. Ha construido 600 sistemas comunitarios de agua potable, administrados por las propias comunidades, que benefician a unas 38.000 familias.

Ha edificado 5.600 viviendas para familias campesinas, 127 escuelas, 78 puestos de salud, casas comunales, 746 infraestructuras de servicios, más de 546 km de carreteras, 12 puentes para poblaciones marginadas y 11.000 infraestructuras productivas para organizaciones y familias. CAMARI ha apoyado la comercialización de productos campesinos por más de 80 millones de dólares, posicionando el comercio justo en Ecuador y América Latina junto a pequeños productores.

Actualmente, más de 580 personas integran el FEPP. Juntos demuestran la riqueza de la vida ofreciendo productos y servicios a unas 140.000 familias campesinas, indígenas, afroecuatorianas, mestizas, montubias y urbano-marginales, integrantes de más de 2.000 organizaciones de base y 110 de segundo grado, en 185 parroquias marginadas, de 84 cantones y 23 provincias del Ecuador.

A pesar de las dificultades, sienten la alegría de servir, de renovarse, de salir de la rutina con nuevas propuestas y retos: ser mejores, más creativos, más comprometidos, más efectivos. Como decía siempre Mons. Rada: “El Bien, hay que hacerlo bien”.

Ahora que el Gobierno se propone controlar a las organizaciones sociales y a las ONG, es justo reconocer el trabajo relevante que muchas de ellas realizan. Sin duda, el FEPP es una de ellas. ¡Gracias a Dios por estos 55 años del FEPP! #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 20 de julio de 2025

carta No. 298: Santidad con rostros Amazónicos

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 298 – 20 de julio 2025
---------------------------------------------

Santidad con rostros Amazónicos

“Así podrán nacer testimonios de santidad con rostro amazónico, que no sean copias de modelos de otros lugares, santidad hecha de encuentro y de entrega, de contemplación y de servicio, de soledad receptiva y de vida común, de alegre sobriedad y de lucha por la justicia. Imaginemos una santidad con rasgos amazónicos, llamada a interpelar a la Iglesia universal.”.  Papa Francisco, Querida Amazonía No. 77.

Cada año, en torno al aniversario del martirio de monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango, el Vicariato Apostólico de Aguarico convoca caminatas que parten desde distintas provincias del Ecuador hasta la tumba de ambos misioneros en El Coca, Orellana. Bajo el lema “Con Alejandro e Inés somos peregrinos de esperanza en la Amazonía”, cientos de personas se suman para recordar su opción misionera: anunciar el Evangelio defendiendo la vida de los pueblos amazónicos. Estas caminatas también se replican en otros países como Colombia, Bolivia, Chile, España e Italia.

Son expresión viva de una “Iglesia en salida”, una Iglesia sinodal que camina al encuentro de los más pobres, que defiende la vida, los derechos de los pueblos, sus culturas, y se compromete con la ecología integral y el cuidado de la casa común.

Apenas iniciado su pontificado, el papa León XIV trajo una buena noticia para nuestra Amazonía: declaró venerables a los mártires Alejandro e Inés y anunció la próxima canonización de la beata María Troncatti, misionera salesiana entre el pueblo Shuar, en el Vicariato de Méndez. Tres rostros de santidad con sello amazónico, propuestos como ejemplo y testimonio para la Iglesia universal.

Sin embargo, estas manifestaciones de fe, esperanza y defensa del territorio no suelen ser noticia en los medios de comunicación. Lamentablemente, los reportajes sobre la Amazonía se enfocan casi exclusivamente en los desastres: derrames petroleros, minería ilegal, incendios, violencia y conflictos sociales. Pocas veces se visibilizan las luchas comunitarias, las resistencias populares o las acciones solidarias que brotan del corazón del pueblo.

Las caminatas son un memorial viviente. Nos recuerdan que aquel 21 de julio de 1987, un rincón remoto de la selva se iluminó con el testimonio martirial de Alejandro e Inés. Murieron en silencio, pero con la certeza de que su entrega tenía pleno sentido: defender a los pueblos indígenas en aislamiento. Lo habían dicho con firmeza: “Si no vamos nosotros, los matan a ellos”. Esa convicción sigue inspirando a muchos jóvenes y familias a caminar con alegría y compromiso, desde la fe y el amor solidario.

Para muchos, la selva es vista como un infierno verde o una fuente de riqueza para ser explotada sin piedad. Pero para quienes han dado su vida por ella, la selva es madre, misión y destino sagrado. Como canta Juan Morales:

“La selva es tu gran mansión, por ella viaja tu corazón… el río es una canción, el testigo de tu opción… por la igualdad, la libertad, tu vida das hasta morir… La dignidad de los sin voz es la obsesión de tu misión… Gracias, Señor, por tu amor, por Alejandro y por Inés, fueron la luz que iluminó a estos pueblos con la verdad”.

El ejemplo de Alejandro, Inés y María Troncatti —y el de tantos agentes de pastoral amazónica— debe ser conocido, compartido y celebrado. No solo en la Iglesia, sino en toda la sociedad ecuatoriana, hoy marcada por el miedo, la indiferencia y la pérdida de horizonte ante tanta violencia y destrucción.

Su entrega total nos interpela. Nos recuerda que la misión sigue vigente y que todos estamos llamados a responder con audacia al mandato de Jesús:

“Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,15). #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 30 de junio de 2024

carta No. 243: Dieron su vida por la vida

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 243 – 30 de junio 2024
---------------------------------------------

Dieron su vida por la vida

“Este es mí mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo les he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Juan, 15, 12-13.

“Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará” Lucas, 8, 22-24.

El papa Francisco ha insistido en muchas ocasiones que la Iglesia necesita pastores con olor a oveja, que vivan en medio del rebaño, capaces de salir a las periferias, que acompañen a las personas que sufren, que son desechadas y marginadas. Mons. Alejandro Labaka, obispo del Vicariato Apostólico de Aguarico, nacido el 19 de abril de 1920 en Beizama, España; y la hermana Inés Arango, terciaria capuchina, nacida el 6 de abril de 1937 en Medellín Colombia, siguieron al Señor hasta dar sus vidas. El 21 de julio de 1987 la entregaron en un recóndito rincón de la selva ecuatoriana yendo al encuentro de los Tagaeri, uno de los pueblos aislados del Ecuador.

Ellos sabían del peligro y no vacilaron en arriesgar la vida por el Evangelio. La hermana Inés escribió en su testamento: “Si muero, me voy feliz, ojalá nadie sepa nada de mí, no busco fama ni nombre, Dios lo sabe, siempre con todos, Inés”. Mons. Alejandro manifestó “Si no vamos nosotros, los matan a ellos”. Eran tiempos revueltos y la expansión petrolera amenazaba con acciones violentas y riesgo de muerte contra esos pueblos aislados.

No fue un hecho fortuito ni improvisado, fue consecuencia de su compromiso a favor de los más pobres y olvidados. Los pueblos indígenas, Kichwa, Shuar, Siona, Siekopai, Waorani y en aislamiento voluntario eran ya minoritarios en Orellana y se encontraban amenazados en sus derechos por la explotación petrolera y una colonización agresiva. Alejandro tomó esta realidad como una opción pastoral desde su llegada a Orellana: defendiendo sus territorios y derechos como se muestra en las insistentes cartas y propuestas enviadas a las autoridades nacionales. Tiempo después, la Hna. Inés se unió con todas sus fuerzas a esta misma causa, compartida por toda la iglesia local.

Ambos dieron ejemplo de una pastoral inclusiva, inculturada. Buscaban el respeto mutuo y la convivencia en paz entre los pueblos y nacionalidades indígenas, los campesinos llegados con la colonización, las personas del campo y de las ciudades para construir una sociedad más justa y fraterna. Tanto Alejando como Inés dieron su vida por la vida, con su ejemplo y desde la casa del Padre acompañan la lucha de las personas de la provincia de Orellana por el cuidado de la Casa Común, la justicia y la paz.

Cada año por Alejandro e Inés se realiza una caminata entre el 9 y el 21 de julio, que sale de Quito, diversas localidades y comunidades de la Amazonía para concluir en el Coca en un ambiente festivo, de reflexión y oración. El lema 2024 es: “Con Alejandro e Inés caminamos en fraternidad para sanar la Amazonía”.

Desde el Vicariato de Aguarico y las comunidades de Orellana se siguen las huellas de Alejando e Inés, su legado es actual y un reto para todos, sus martirios van más allá del recuerdo o conmemoración, nos compromete y nos llama a luchar y defender la Amazonia, a movilizarnos en defensa de los derechos ambientales, territoriales y de los pueblos y a caminar desde el servicio, la esperanza y el amor para construir, pese a todos los peros, un Ecuador diferente: fraterno, justo, solidario.

Ahora que en nuestro país pasamos por horas oscuras, debemos comprender que hay un poder más fuerte que la violencia y las ambiciones particulares de los poderes económicos o políticos, esa fortaleza reside en la entrega y la solidaridad. Una fuerza que nace desde la fe y la esperanza, que trabaja y crece la mayor parte del tiempo en silencio, como el grano de mostaza que es semilla del Reino de Dios. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

sábado, 21 de octubre de 2023

carta No. 207: Pastor con Olor a Oveja

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 207 – 22 octubre 2023
---------------------------------------------

 

Pastor con Olor a Oveja

“El buen pastor cuida de las ovejas, las conoce, las llama por su nombre, las defiende, está dispuesto a dar la vida por ellas” cfr Sn Juan 10, 1-16.

 

“Los pastores tienen que oler a oveja, a campo, a caminata junto al rebaño”. Papa Francisco, 2013.

Es el primero de diez hijos del hogar formado por Miguel Herrera Quintana y Carmen Heredia Olivo, nace hace 90 años, el 23 de octubre de 1933 en Pujilí.  Un niño alegre, recibe abundante cariño familiar, en las tareas del campo aprende a trabajar con sus padres.

Antes de los seis años, ingresa a la escuela en Pujilí, luego ingresa al Seminario Menor en Quito, sigue en el Mayor, donde ratificó su vocación para el sacerdocio.  A los 24 años se ordena sacerdote, 66 años después, mantiene viva la misma ilusión y entrega al Señor.

En varias parroquias desempeña su ministerio, luego viaja a Roma a estudiar en la Universidad Gregoriana.  A su regreso al Ecuador es Vicario General de la diócesis de Latacunga, Rector del Seminario de Quito, profesor de la Universidad Católica, perito del CELAM y secretario adjunto de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana - CEE.  El 12 de enero de 1982 san Juan Pablo II lo nombra Obispo de Machala.

"Escogido de entre los hombres para servir a los hombres" reza su Escudo Episcopal y lo vive todos los días con un servicio a plenitud.  A sus ojos todas las personas son iguales, no cuenta la clase social, el dinero o la casa en donde viven.  Son sus amigos pobres y ricos, negros y blancos, pequeños y grandes y a todos los trata por igual, se sienta en sus mesas y comparte su comida.  Es el mismo cuando viste su sotana, lleva su camisa guayabera o camina por el lodo del suburbio y los campos.

Hace amigos a cada paso, no se olvida de ninguno, recuerda a sus compañeros de escuela con mucha claridad: aquellos catequistas que trabajaron con él cuando tenía 25 años, de los amigos que están cerca y los distantes, de su familia, de los vecinos y amigos de Pujilí.

Su entrega a la Diócesis de El Oro fue total, la recorrió por todos los rincones, la sirvió con todas sus fuerzas para hacer de la provincia una auténtica comunidad de fe y de amor.  Su despacho estaba donde requerían de su presencia, con la Palabra hecha carne, trataba de cubrir las necesidades de la gente más sencilla.  Todas las ciudades y recintos eran su ruta frecuente, dominaba sus caminos y todos eran sus amigos.

Para fortalecer la evangelización y el desarrollo de los sectores más desprotegidos, constituyó Radio Católica de Machala, una red de dispensarios médicos, laboratorios y boticas comunitarias y con el apoyo de Probana construyó el Hospital Esperanza.  Apoyó la perforación de pozos para agua potable.  Reconstruyó la catedral de Machala y una hospedería.  Muchas fueron las obras por las que trabajó sin descanso.

Fue presidente del departamento de Catequesis, delegado a los sínodos episcopales para la formación sacerdotal y la Iglesia en América, delegado de la CEE al CELAM.  El 5 de abril del 2005, fue elegido presidente de la CEE hasta el 2008, labor que realizó con esmero y responsabilidad, favoreciendo siempre los intereses de los sin voz, con énfasis en la defensa de los derechos humanos.

El 1 de mayo del 2010 dejó Machala por límite de edad.  Sigue activo, trabajando incansablemente por la iglesia y la sociedad en la práctica de su Ministerio, como delegado de la Conferencia Episcopal a la Comisión ecuatoriana de Justicia y Paz, como presidente del Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio y como director del Movimiento Juan XXIII.

Ha contribuido a la reflexión teológico-pastoral sobre la Iglesia, las personas y la comunidad, con la publicación de los libros: “El Ministerio Eclesiástico, como servicio en la Teología Postconciliar”, “Ministerio y Ministros en la Iglesia”.  Colaboró en la preparación de “Opciones Pastorales”, documento del episcopado para la aplicación en Ecuador de la Tercera Conferencia del CELAM realizada en Puebla.

Su vida es un referente de trabajo, honestidad, responsabilidad y entrega al Evangelio y a la sociedad.  Es Néstor Rafael Herrera Heredia.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas..

viernes, 5 de agosto de 2022

carta No.143: Vamos a arriesgar la Vida

 

 Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 143– 31 de julio 2022

------------------------------------------------

Vamos a arriesgar la Vida

En verdad les digo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. (Juan 12,24).

Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos. (Juan 15, 13).


El martes 21 de julio de 1987, la Hna. Inés Arango y Mons. Alejandro Labaka entregaron su vida al intentar contactar con los Tagaeri.  Eran tiempos difíciles en los que se valoraba más, como hoy, el beneficio económico sobre la vida de los pobres y marginados.  Una compañía petrolera se acercaba peligrosamente a esa comunidad y había amenaza de violencia.  Sabían de los riesgos, días antes al encuentro con los Tagaeri, Mons. Alejandro dijo que “si no vamos nosotros, los matan a ellos”.

La espiritualidad de estos grandes misioneros se nota en que “Dios quiere que entremos hasta espiritualmente desnudos.  Nuestra tarea fundamental y prioritaria es descubrir las ‘semillas del Verbo’ en las costumbres, cultura y acción del pueblo Huaorani”, escribió Mons. Alejandro; “Si muero me voy feliz y ojalá nadie sepa nada de mí.  No busco nombre… ni fama.  Dios lo sabe” escribió en su Testamento la Hna. Inés.  Juan Pablo II, en 1997, reconoció a Inés y Alejandro como "testigos de la fe".  Actualmente se sigue la causa para su beatificación.

En la selva eran caminantes de mochila y botas, y navegantes en los caudalosos ríos de Orellana. Como buenos pastores, dieron la vida por su rebaño, ejemplo de una Iglesia en salida, en busca de marginados y descartados, como pide el Papa Francisco.

Han pasado 35 años y su ejemplo sigue vivo e inspira a muchas personas. Cada año se realizan caminatas hasta el Coca para celebrar su martirio, partiendo desde Orellana, Sucumbíos y Quito.  Caminan en un ambiente de alegría y de hermandad, también con botas y mochila. Son días de reflexión sobre Inés y Alejando, de oración a Dios y de defensa y celebración de la vida. Auténticas peregrinaciones en las que se establecen compromisos para continuar con la lucha en defensa de los derechos humanos, de las nacionalidades y pueblos, de las familias mestizas y de la naturaleza.

Los tiempos han cambiado y algunas amenazas siguen presentes: el extractivismo descontrolado aún es una opción inevitable para asegurar el sostenimiento de la economía nacional, por eso se priorizan los intereses de las multinacionales antes que el derecho de nuestra casa común.

Los ejemplos de vida de Inés y Alejandro han cambiado conciencias. Hoy sigue retando y dando frutos: los pueblos y nacionalidades indígenas hacen oír su propia voz y junto con las comunidades mestizas defienden sus derechos, el pueblo se moviliza para lograr una mayor justicia y equidad, las mujeres y jóvenes reclaman igualdad y la Iglesia de Aguarico es referente para esta esperanza. Las compañías ya no tienen carta blanca para hacer lo que quieran sin rendir cuentas a nadie. Con los años, se ha configurado una espiritualidad muy particular y fuerte alrededor del legado dejado por Alejando e Inés.  Niños, jóvenes y adultos conocen de cerca y siguen los pasos de estos dos grandes misioneros.

Muchas instituciones siguen a Inés y Alejandro, algunas de inspiración cristiana, otras desde los derechos humanos, de los pueblos y el cuidado y preservación de la naturaleza.  Hay organizaciones indígenas y populares creadas con el apoyo de la Iglesia, y que, poco a poco, van conquistando sus propias reivindicaciones.

Nos hacemos eco del himno de la caminata:“Hoy nuestro camino no tiene fronteras, ni de tiempo ni lugar.  Somos caminantes, somos misioneros, mensajeros de Jesús. ¡Vamos a arriesgar la vida por el Evangelio, sin reservas ni temor, Con Cristo! hoy es nuestro reto: construir un mundo de justicia e igualdad, es nuestro destino: la misión.  Somos de esa gente que no tiene miedo a la muerte y al dolor.  Somos los profetas de los nuevos tiempos, mensajeros de la paz. Somos muy conscientes de lo que implica ser testigos de Jesús.  No queremos nunca ser indiferentes al dolor de los demás”.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

Descarga esta carta en Pdf 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 1 de mayo de 2022

Carta No. 130: 150 años con los pobres y vulnerables

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 130– 1 de mayo 2022

------------------------------------------------

150 años con los pobres y vulnerables

“Un corazón ocupado por la furia de poseer es un corazón vacío de Dios.  Por eso Jesús ha advertido varias veces a los ricos, porque en ellos es fuerte el riesgo de colocar la propia seguridad en los bienes de este mundo.  En un corazón poseído por las riquezas, no hay más espacio para la fe.  Si en cambio se deja a Dios el lugar que le espera, o sea el primer lugar, entonces su amor conduce a compartir también las riquezas, a ponerlas al servicio de proyectos de solidaridad y de desarrollo, como demuestran tantos ejemplos, también recientes, en la historia de la Iglesia” (Papa Francisco, 2014).


Ocho Hermanas de la Providencia, llegaron a Ecuador en enero de 1872. El terremoto que asoló Ibarra unos años antes, en 1868, dejó muchas niñas en la orfandad y, para responder a esta situación de vulnerabilidad, Monseñor Checa y Barba y el presidente García Moreno, invitaron a las Hermanas de la Providencia de Bélgica, para que las acojan, protejan y les den los conocimientos apropiados de la época.

La Congregación de las Hermanas de la Providencia fue fundada por el Padre Juan Martin Moye, quien, conmovido por la pobreza de los campesinos, en 1789, en Francia, invitó a Margarita Lecomte a visitar la humilde aldea Béfey, a convivir con los más pobres y hacer suya la situación de los aldeanos, enseñando, especialmente a las mujeres jóvenes, para que tengan una vida con menos carencias, según el designio de la Providencia. Luego se le unieron otras jóvenes más. El Carisma es la atención privilegiada a los más pobres, desde las obras de misericordia.

Desde aquel 1872, cientos de hermanas han continuado y continúan esta misión de evangelización y humanización, especialmente de las jóvenes. En Ecuador están presentes en casi todas las provincias, en comunidades pobres y alejadas, colegios y en un hospital; y dese aquí se organizaron y realizaron dos fundaciones: Colombia y Haití.

El fundador de las Hermanas de la Providencia, el Beato Juan Martin, vivió el Carisma de Providencia en la radicalidad, exigía audacia y entrega en la misión, siempre atento a las necesidades de su tiempo. Viajó a China, en donde fue misionero y se identificó con ese pueblo, no solo aprendió esa lengua sino también su cultura.  Ver la realidad de su tiempo, le llevó a dar respuestas decisivas al seguimiento de Jesús, en función de la Construcción del Reino. Hoy es para la Familia Providencia, el referente de Espiritualidad y de Misión.

En los sectores pobres y alejados y en el trabajo misionero de los colegios, las hermans de la Providencia, privilegian el acompañamiento a las comunidades de fe y el apoyo a las organizaciones populares, promoviendo el surgimiento de catequistas, animadores de fe y líderes, que sean gestores de su propio caminar, tanto en el seguimiento de Jesús como en el compromiso sociopolítico, para que comunitariamente busquen dar respuestas a las necesidades y proyectos de su barrio o pueblo, y así construyan el Reino. Los desafíos son cada día más complejos y difíciles de enfrentar: droga, trata de personas, avance del extractivismo, etc.; un gran reto, especialmente, para la educación y para promover la vigencia de los valores humanos y cristianos.

Desde 1971, en Ecuador, abrieron la posibilidad para misioneros laicos, jóvenes bachilleres que querían hacer labor social y pastoral en los lugares más empobrecidos, y a quienes se les ofrece la posibilidad de prepararse para realizar esta misión y fortalecer su compromiso en sus respectivos lugares. Muchos de ellos se han convertido en verdaderos líderes locales y en sus lugares de trabajo.

Esta apertura impulsó la creación de las ramas de los Hermanos y de los Sacerdotes de la Providencia. Con base en los jóvenes que tuvieron la experiencia como misioneros, se organizaron los Misioneros Providencia en el Mundo.

A lo largo de estos 150 años en Ecuador, las hermanas de la Providencia han trabajado incansablemente en los sectores más pobres y vulnerables, allí han compartido la Palabra y el pan, allí han dejado y dejan, con su testimonio y trabajo, la presencia de la Providencia de Dios.  ·  #ComuniquemosEsperanza

 

Descarga esta carta en Pdf

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.