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lunes, 13 de julio de 2020

Carta No. 36: Indignados por la injusta y horrenda desgracia

Con los ojos fijos en El
en la realidad y la fe


Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 36 – 12 de julio 2020
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¿Cómo hemos llegado hasta este extremo?

La corrupción se expande por los circuitos de la degradación ética y de la impunidad; nace del abuso del poder, crece con la complicidad de los poderosos y da frutos de muerte para los pobres y de enriquecimiento ilícito para los corruptos.

El combate a la corrupción es posible desde la ética de honradez y solidaridad, sin concesiones de ninguna clase, ni contubernios de ningún estilo.

Indignados por la injusta y horrenda desgracia

La doble escena contrastada, la risa cínica de asambleístas, jueces, alcaldes, abogados y empresarios corruptos apoderándose de carnés de discapacidad para importar carros de lujo o para obtener exoneraciones o rebajas en el pago de impuestos, y, al frente, el llanto angustiado de la madre, de personas con discapacidad, privadas del carné y de los beneficios establecidos por la Ley.  Esta situación ha exacerbado la conciencia popular y ha colmado de indignación a la ciudadanía.


La corrupción ha evolucionado y perfeccionado sus métodos de pillería. Ahora estamos frente a un nuevo tipo de corrupción.  Una corrupción integral que contamina y colma todas las funciones del Estado, intoxica todo tipo negocios, funciona como redes organizadas o alianzas público-privadas.  Es estructural, esta por todos lados y en todas partes.  Se asienta en una racionalidad cínica, en la detestable viveza criolla, en la ruptura entre el conocimiento y la voluntad, entre la verdad y la mentira, entre el bien y el mal.  Los corruptos actúan con conocimiento de causa, planifican al detalle sus fechorías, y, cuando son descubiertos, niegan la participación, se hacen los inocentes, se victimizan, pierden la memoria, persiguen y acusan a los denunciantes.
En el gobierno actual y como herencia del que lo precedió, se ha llegado a formas extremas e impensadas de negociados, en medio de la pandemia, con los fondos de la salud, la seguridad social, la atención prioritaria a los necesitados, a los que tienen discapacidad…  Quienes se llevaron, sin remordimiento, los escasos fondos para mejorar la salud y salvar la vida de la gente.

En esta perspectiva, como Comisión Justicia y Paz:

Respaldamos la voz firme de Mons. Bertram Wick, Obispo de Santo Domingo de los Tsáchilas, por su indignación y vergüenza por la destrucción de la patria y patrocinamos su exigencia: Asambleístas, jueces, funcionarios que se han apropiado dolosamente de los carnés de discapacidad, ¡renuncien!, no nos representan.  Se juntan las voces de diez obispos ecuatorianos que, en carta abierta al presidente Moreno, le dicen: “pedimos que se solicite la renuncia a todos los funcionarios que han demostrado ser corruptos e ineficaces, así como a su responsable, esto es, al señor Ministro, titular de la cartera de salud”.

Rechazamos este mal que destruye brutalmente el tejido de la sociedad y la moral de la República.

Expresamos nuestra desconfianza en los organismos de control y en la justicia, pues, hasta el momento, han sido incapaces de cumplir el deber de castigar ejemplarmente a los corruptos y de recuperar los dineros públicos. 

Nos comprometemos a convertir la indignación en vigilancia ciudadana.


Llamamos a que, en las elecciones próximas, no entreguemos un solo voto a los candidatos corruptos, así no tengan sentencia en firme, pues esa es la trampa para seguir en el manejo del poder.   ·  #ComuniquemosEsperanza



Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.


lunes, 6 de julio de 2020

Carta No. 35: “Dolor y cercanía para con nuestro pueblo”


Con los ojos fijos en El
en la realidad y la fe


Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 35 – 5 de julio 2020
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Ante la realidad lacerante, la Conferencia Episcopal ha puesto el dedo en la llaga. 

Ese mensaje está dirigido al pueblo y es necesario escucharlo detenidamente para procesarlo y visualizar la responsabilidad ética y cristiana, de todos, para enfrentar y desterrar la corrupción de nuestra vida y entorno.  Todos somos responsables, todos debemos atender la llamada de atención de nuestra Iglesia que nos recuerda que “Desde el punto de vista religioso, la corrupción, por los males que promueve, es un gravísimo pecado, un desorden moral incompatible con la fe cristiana”.

“Dolor y cercanía para con nuestro pueblo”

Históricamente vivimos un momento de los más duros de nuestra vida republicana.  Todas las calamidades, una más fuerte que otra, han caído sobre Ecuador.  Todas a la vez.

La pandemia del coronavirus, la baja violenta de los precios del petróleo, el derramamiento del crudo en importantes ríos de la Amazonía, la erupción del Sangay; la disminución de las exportaciones y del ingreso de divisas por la crisis económica mundial, casi 200 mil despidos y tantas otras cosas que nos afectan, todo ello agravado por una corrupción agravada, cuyos niveles causan escándalo, tanto por los involucrados, por las asombrosas cantidades robadas, como por las víctimas directas de esos atracos: los más pobres, vulnerables y necesitados de la sociedad.

En medio de este oscuro y doloroso panorama es necesario levantar la voz con firmeza, claridad y valentía para decir basta, basta de tanto oprobio que humilla y martiriza a nuestro país.

Ante esta realidad lacerante, la Conferencia Episcopal, en carta (bit.ly/38uAuvJ) al pueblo de Ecuador ha puesto el dedo en la llaga.  Con valentía evangélica se pronuncia y dice “El derecho a la vida, don de Dios, y la obligación de preservarla, se ha convertido en un miserable negocio.  La salud, igualmente, es un derecho humano irrenunciable, del cual todos somos corresponsables.  ¡Cuántas cosas buenas se podrían hacer con el dinero de la corrupción!  El dinero que se va y que nunca vuelve… el dinero con el que los pillos financian sus lujos, mientras el pueblo empobrecido pasa necesidad”.

Palabras duras, ásperas, severas, pero ciertas.  Palabras que enjuician y que reclaman, que desnudan una verdad incuestionable cuando ante la desgracia nacional los corruptos y corruptores roban descaradamente, impidiendo que se hagan obras vitales: que se construyan e implementes hospitales; que se los dote de medicinas, que se entreguen ayudas alimentarias a los más empobrecidos, que se impulsen empresas, desde las artesanales y familiares hasta las más grandes, para crear fuentes de trabajo que aseguren ingresos.

Pero no, se han robado los recursos y eso ha enardecido a nuestros obispos para que con razón denuncien y reclamen afirmando que “Éticamente, la corrupción es un crimen que condena a muerte a muchas personas necesitadas, hoy más que nunca, de vida, trabajo y oportunidades; pues promueve el “descarte” de los más vulnerables y la falta de sensibilidad por los necesitados, además de fomentar la injusticia, la impunidad y el irrespeto a la ley”.

Los obispos nos recuerdan que “Desde el punto de vista religioso, la corrupción, por los males que promueve, es un gravísimo pecado, un desorden moral incompatible con la fe cristiana”.  Si somos cristianos y católicos, bajo ningún punto de vista podemos ser corruptos.

La Comisión ecuatoriana Justicia y Paz comparte y apoya plenamente el contenido del mensaje.  Como creyentes sabemos que debemos rendir cuentas de nuestras acciones y nuestras omisiones ante el Señor, ante la humanidad, ante la sociedad, ante las leyes.  ·  #ComuniquemosEsperanza



Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de los Observatorios de Política y Eclesial, que reúnen periódicamente a los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.


domingo, 28 de junio de 2020

Carta No. 34: Nuestra querida Amazonia: entre el esplendor y su destrucción


Con los ojos fijos en El
en la realidad y la fe


Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 34 – 28 de junio 2020
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“Sueño con una Amazonia que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida.
Sueño con una Amazonia que preserve esa riqueza cultural que la destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana.

Sueño con comunidades cristianas capaces de entregarse y de encarnarse en la Amazonia, hasta el punto de regalar a la Iglesia nuevos rostros con rasgos amazónicos”.  (Querida Amazonía, 7).

Nuestra querida Amazonia:
entre el esplendor y su destrucción

“La querida Amazonia se muestra ante el mundo con todo su esplendor,
su drama, su misterio”
Papa Francisco 'Querida Amazonia'

Esplendor en su maravillosa naturaleza, abundancia de agua, riqueza cultural de sus pueblos originarios...  Drama de pobreza y múltiples carencias evidenciados con fuerza en esta pandemia del coronavirus.  En los nueve países amazónicos, al 26 de junio se registraron 413.403 casos confirmados y 13.409 fallecidos (bit.ly/31n4wzT).  En nuestra Amazonia, a la misma fecha, se constataron 3.274 confirmados y 110 fallecidos (MSP Ec).  Realidad que se agrava con servicios sanitarios precarios e insuficientes.

Las comunidades de las riberas de los afluentes del Napo y Coca en Sucumbíos y Orellana fueron gravemente afectadas por el derrame petrolero del 7 de abril.  En Morona Santiago la erupción del Sangay, el desbordamiento del Río Upano y el riesgo de deslaves en carreteras dificulta acciones para paliar los efectos de la pandemia.  El contagio avanza y se extiende en Napo , Zamora y Pastaza.  En Orellana, hay ausencia de atención adecuada a los Waorani, prácticamente su estado es de vulnerabilidad y desamparo.

La población amazónica, principalmente indígenas y colonos migrantes, desde hace tiempo, está amenazada de muerte y algunos pueblos en peligro de extinción por la depredación de sus territorios, la deforestación, la ampliación de la frontera agrícola, la contaminación ambiental.  Son terroríficos los relatos de intromisiones violentas de compañías madereras, de narcotraficantes y otros que no solo amenazan sino secuestran, hieren y hasta matan.  Hay adolescentes ecuatorianos que son obligados a militar en fuerzas ilegales.  La sociedad ecuatoriana y particularmente sus mandatarios, estamos obligados a custodiar y defender su existencia, sus derechos fundamentales y su identidad, y la única manera es reconociendo y respetando sus derechos, entre otros los de salud, trabajo, educación, seguridad, territorio… Los discursos tienen que pasar de la retórica vacía y electorera a la práctica y compromiso patriótico real.

Ante esta situación desde la Comisión de Justicia y Paz proponemos asumir como nuestro el sueño de Dios en la Amazonia, trabajar para que se haga realidad y unirnos “por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida” (Querida Amazonia, 7).

En este contexto de angustia y dolor, hay signos y gritos proféticos que nos dan esperanza...  tenemos laicos, religiosos, sacerdotes y obispos que dan su vida por todos ellos, basta citar como ejemplos los nombres del Obispo Alejandro Labaka y de la Hermana Inés Arango.

¡Indignarnos por las pandemias que amenazan la vida y seguir denunciando el sistema de muerte! nos permitirá colaborar para que el sueño de Dios, de Alejandro e Inés y del papa Francisco se cristalicen en nuestra querida Amazonia.  ·  #ComuniquemosEsperanza



Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de los Observatorios de Política y Eclesial, que reúnen periódicamente a los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

lunes, 22 de junio de 2020

Carta No. 33: Somos como la paja del páramo...


Con los ojos fijos en El
en la realidad y la fe


Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 33 – 21 de junio 2020
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La resistencia individual y colectiva firme tiene la capacidad, actitud y decisión de mantenerse inquebrantable en sus principios y valores, rechaza todo tipo de descomposición que fulmina, deteriora y aniquila personas y sociedades.  Algunos seres humanos tienen precio, se venden en el mercado de la corrupción como cualquier objeto, en ese submundo intercambian su dignidad, principios y valores por “un plato de lentejas”.

Somos como la paja del páramo…

“Somos como la paja del páramo que se arranca y vuelve a crecer y
 de paja de páramo sembraremos el mundo”
Dolores Cacuango

Volveremos a empezar, saldremos de esta pandemia sanitaria y de esta degradación ética y moral.  Nos levantaremos como esa paja de páramo que por más que se pise, se arranque, se seque, porfiadamente vuelve a crecer.

Ante la avalancha de corrupción e impunidad en la que está sumergida la sociedad, es pertinente, urgente y necesario activar la resistencia a esa estructura que carcome el tejido social en su naturaleza, esencia y fundamento.  Estamos acostumbrados a escuchar noticias de actos de corrupción de todo nivel; vemos que los corruptos y corruptores casi siempre salen bien librados.  Nos escandalizamos, criticamos, censuramos y nos quedamos quietos ante esta realidad que se ha vuelto familiar, frecuente y normal.

Debemos salir del aletargamiento social para construir una opción colectiva sólida, compacta, constante que combata esta pandemia, esta es una obligación, responsabilidad y compromiso de todos y especialmente de los cristianos.

¿Cómo hacerlo, es la pregunta capital?  Podremos desmantelarla o al menos combatirla con fehaciente intrepidez, a sabiendas que son poderes enquistados en las instancias gubernamentales, empresariales e incluso familiares, sin duda una tarea faraónica que encierra peligros, ataques hasta con amenazas contra la propia vida.  La corrupción y la impunidad tienen vida propia, se autogobiernan, regulan y actúan, están bien organizadas y gozan de abundante salud financiera.

En ese medio debemos, como sociedad, resistir a todo tipo de ofensiva, embate y ataque.  Sin amilanarnos ni achicarnos frente a un “monstruo grande que pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”.  En este caso resistir demanda organizarnos, formarnos e informarnos, estructurar estrategias de investigación y denuncia, diseñar metodologías que promuevan la honestidad, la honradez y el servicio ético y moral a la sociedad en general y en especial a los más pobres y vulnerables.

~  Resistir es la consigna vigente y permanente.
~  Resistir es nuestra tarea y compromiso principal e ineludible.
~  Resistir a romper nuestros principios y valores éticos y morales.
~  Resistir a involucrarnos en redes de corrupción.
~  Resistir a promover la impunidad.
~  Resistir a vendernos como mercancía para obtener de manera fácil e ilícita un beneficio personal perjudicando a la sociedad.
~  Resistir a ser parte de una estructura organizada que busca estrategias para robar y delinquir desde el poder...
 ~  Resistir y seguir adelante es la consigna, tenemos la fe que nos da el Señor, la esperanza que nos anima y la fortaleza espiritual.  
~  Resistir como la paja del páramo, para contar con una sociedad equitativa, justa, solidaria, libre de corrupción e impunidad.  ·  #ComuniquemosEsperanza



Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de los Observatorios de Política y Eclesial, que reúnen periódicamente a los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

lunes, 15 de junio de 2020

Carta No. 32: Coherencia ética para ser mejores


Con los ojos fijos en El
en la realidad y la fe


Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 32 – 14 de junio 2020
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Aún tenemos la esperanza de que algo cambiará, que la nueva normalidad, impregnará la recuperación de los valores que nos definen como cristianos: restaurar el concepto de comunidad, vivir y practicar el Amor -con mayúscula-, la fraternidad, la solidaridad, la responsabilidad, la entrega, la honestidad, la humildad, la sencillez, la condescendencia, la honradez, la confianza, la gratitud, la coherencia...  Una sociedad nueva en ciernes, que cuide a los demás mientras se cuida a sí misma.
Coherencia ética para ser mejores

Conforme cambia el color del semáforo, la gente sale a las calles y trata de retomar la convivencia diaria... y de repente, aparece el 'hombre viejo', el aprovechado y aprovechador, que irrespeta el distanciamiento social en las necesarias y molestosas filas.  Se aglomera en las ventas callejeras, en buses, en el ingreso a locales.  Nuevamente comprar sin planificar, endeudarse sin respaldo, pues hay que aparentar y 'quedar bien', eso en lo pequeño, en nuestro medio, con nuestros vecinos, con los ciudadanos de a pie.
¿Qué decir de aquellos que tienen poder e influencias políticas, sociales, económicas y hasta religiosas?, siguen con el 'negocio' ilícito, con el dar y recibir coimas, con la especulación, con el vender y comprar con sobreprecios, sin importar ni la salud ni la vida de los afectados por la pandemia o por la pobreza.
La falta de coherencia como sociedad vuelve a tomarse la cotidianidad.  Por un lado, la esperanza de un mundo mejor!, por otro -en la práctica-, lo más negativo del ser humano y la sociedad relativista, pragmática, utilitarista, inmediatista y con un grosero materialismo, donde 'al final, la vida sigue igual'.
Algo similar pasa con el medio ambiente: los cielos límpidos, azules, brillantes... de nuevo contaminados, los ríos recibiendo los desechos de las industrias, los campos absorbiendo químicos para intensificar la producción...
Si no hay formación de las conciencias desde niños y por el resto de la vida, más una constante actitud crítica para una reconstitución ética permanente... no habrán personas con principios, valores ni una práctica coherente con lo que dicen.  Entonces, la sociedad se pervierte e incluso inconscientemente se convierte en 'escuela de corrupción, impunidad, mentira y muerte'.
'La ética es la medida universal del auténtico bien humano', por lo que los individuos en uso de su libertad, somos responsables de nuestras acciones y de las consecuencias que generen.  El ser humano, por naturaleza, origen y definición es un ser en sociedad, al actuar en forma libre, sin presiones o coacciones que tuerzan sus objetivos, hábitos, costumbres e ideologías, debe responder por todo aquello que hace o que ha dejado de hacer y su impacto, en mayor o menor grado en su entorno, comunidad, en su relación con los demás.
“Necesitamos interrogarnos profundamente sobre el destino final de la vida, capaz de restaurar dignidad y significado al misterio de sus afectos más profundos y sagrados.  La vida del hombre, hermosa de maravillar y frágil de morir, va más allá de sí misma: somos infinitamente más de lo que podemos hacer por nosotros mismos” (Papa Francisco, 2018).
Justicia y Paz llama la atención de todos y especialmente de los cristianos y solicita, pide, ruega, coherencia en la actitud de los ciudadanos.  Coherencia para ser mejores, para lograr una sociedad más humana, justa, solidaria, distinta de aquella que con la pandemia, se supone, debió quedar en el pasado.
Que la esperanza nos motive y anime cada día a superar nuestras debilidades, para recuperar nuestros valores éticos y vivir en el futuro inmediato, días mejores para todos.  ·  #ComuniquemosEsperanza

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de los Observatorios de Política y Eclesial, que reúnen periódicamente a los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.