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domingo, 25 de octubre de 2026

carta No. 364: Pensar y hablar con el corazón

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 364 – 25 de octubre, 2026
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   Pensar y hablar con el corazón 

El corazón humano resulta ser el lugar donde se llevan a cabo las más duras batallas y donde se revela nuestra condición caída. No es sólo la sede de las emociones, sino el centro de la persona —donde convergen la razón, los deseos, la voluntad, y la conciencia—. Es aquí donde luchamos con nuestros deseos contradictorios entre el amor y la indiferencia, la verdad y la ilusión, la justicia y la injusticia. Papa León XIV, 1 septiembre, 2026, Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación).

¿Qué relación hay entre emociones y razón? Para el papa Francisco, la relación entre las emociones y la razón, entendidas también como inteligencia y pensamiento crítico, no es de oposición, sino de integración y equilibrio armonioso.

El conocimiento auténtico requiere del encuentro personal, el diálogo, la oración y la experiencia vivida. El Papa rescata el valor de las emociones, como la compasión, el llanto ante el dolor ajeno o la ternura, no como debilidades o elementos decorativos, sino como una forma encarnada de amor y una clave para comprender la realidad humana y el actuar de Dios.

El papa Francisco advierte que los sentimientos deben estar unidos a la verdad y al bien. La fe y la razón caminan juntas, pues una espiritualidad auténtica integra corazón e inteligencia y permite comprender la realidad de manera más profunda y trascendente.

Sin embargo, es muy frecuente en la cultura occidental establecer una dicotomía entre la razón y el sentimiento, entre la capacidad de pensar y las emociones. Muchas veces incluso se las presenta como capacidades enfrentadas entre sí al interior de cada persona. Es usual decir que en el corazón se ubican los sentimientos y emociones, mientras que en la cabeza se sitúa la capacidad de pensar y razonar.

Esta separación no existe en la Biblia, pues, según la Palabra de Dios, el corazón es el centro de la persona. Allí convergen la mente, el pensamiento y el razonamiento, la voluntad y, por supuesto, las emociones y los sentimientos. Así puede entenderse la frase que el papa Francisco utilizó en diversas ocasiones: “Dios nos habla al corazón”, reconociendo que ante el Señor somos una unidad.

En muchos casos, las personas y buena parte de las sociedades se mueven y actúan más por las emociones que por los razonamientos lógicos y el espíritu crítico.

Las emociones pueden clasificarse en positivas y negativas. Las emociones positivas generan bienestar y satisfacción, como la alegría, la gratitud, el afecto, la serenidad y la esperanza. Ayudan a disminuir el estrés, fortalecen nuestras defensas, facilitan la resolución de problemas y mejoran nuestras relaciones con los demás.

En cambio, las emociones negativas producen experiencias de malestar y desagrado. Entre ellas están el miedo y el terror, la tristeza y la angustia, la ira y la envidia, el asco, la culpa y la ansiedad. A veces pueden ayudarnos a protegernos, pero, si no se manejan adecuadamente, pueden ser altamente destructivas. En este punto debemos preguntarnos: ¿por qué muchos medios de comunicación y redes sociales promueven activamente tanta negatividad? Esta tendencia puede convertirse en un mecanismo de manipulación y control, debilitando paulatinamente el pensamiento crítico, como advierte el papa León XIV en su encíclica Magnifica humanitas.

Si las emociones negativas se contagian a través de los medios masivos e infectan a toda la sociedad, en nuestras familias y comunidades debemos fortalecer las emociones positivas. Relacionando las emociones con la razón, podemos construirnos como personas y como pueblo ecuatoriano para trabajar por la justicia, la paz, la libertad, la solidaridad y el bien común.

Las palabras del Señor, sus parábolas y milagros, despiertan emociones que se articulan con pensamientos y razones que nos conducen hacia la construcción del Reino de Dios. El mensaje de las Bienaventuranzas no es un consuelo vacío, sino una orientación profunda sobre el sentido que debe tener nuestra vida para cumplir los mandamientos fundamentales: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22,37 39). Hablar y pensar con el corazón es el desafío. #ComuniquemosEsperanza


 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 


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