Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión
ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 332 –15 de marzo de 2026
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LA
GUERRA: locura que ofende a Dios
La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas
recíprocas ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte. Oremos juntos
para que cese el estruendo de las bombas, que callen las armas y se abra un
espacio de diálogo en el que se pueda escuchar la voz de los pueblos. Papa León
XIV.
La República Islámica de
Irán es teocrática, establecida en 1979. El poder supremo reside en un líder
religioso, el Ayatola, que supervisa las instituciones electas y no electas.
Tiene una población de 90 millones de habitantes, una extensión de 1.648.195
km², su idioma oficial es el persa (farsi), con otras minorías étnicas, y su
religión mayoritaria es el islam chiita. Tiene casi 4000 años de historia y una
cosmovisión totalmente diferente a la occidental.
El 28 de febrero, los
Estados Unidos e Israel atacaron y asesinaron al Ayatola Alí Jameneí durante el
mes sagrado del Ramadán; el 4 de marzo bombardearon la escuela primaria
Shajareh Tayebeh, en Minab, asesinando a 168 niños. Estos ataques, en vez de
amedrentar a Irán, generaron una reacción inesperada para Estados Unidos e
Israel. Esta “guerra”, que según Trump duraría apenas unos pocos días, escaló y
se extendió a toda la región por un tiempo indeterminado. Es más, cada día el
conflicto se vuelve más complejo y de difícil solución. Esta guerra pasó de ser
un conflicto regional a uno global.
Todo está conectado a
nivel mundial y las guerras marcan la ruta. Parece que está terminándose un
orden hegemónico unilateral, dominado por Estados Unidos y Occidente, y dando
paso a una multi-tripolaridad por la incidencia de Rusia y China.
La guerra promovida por
Israel busca cumplir su proyecto del Gran Israel. Irán es el único obstáculo en
Medio Oriente; los otros regímenes del Golfo Pérsico están alineados con
Estados Unidos.
El cálculo inicial de
Trump y Netanyahu era una intervención rápida: eliminar al líder, como lo
hicieron en Venezuela, y precipitar el cambio hacia un régimen favorable a
Estados Unidos. El discurso es evitar una bomba atómica iraní, que no podía
existir por la prohibición religiosa del Ayatola; sin embargo, esta prohibición
puede terminar con el nuevo Ayatola, Mojtaba Jameneí, elegido líder después del
asesinato de su padre.
Se esperaba que el
régimen cayera por protestas internas, pero el pueblo se cohesionó en torno a
sus líderes religiosos. La respuesta militar iraní sorprendió por su capacidad
de resistencia, su tecnología y sus apoyos externos, mientras el cierre del estrecho
de Ormuz disparó el precio del petróleo y agravó el impacto global de la
guerra.
Los ataques aéreos
destruyen infraestructuras y población, pero no debilitan al régimen, que ha
nombrado sucesor de Alí Jameneí a su hijo, Mojtaba Jameneí. La estrategia
norteamericana-israelí no ha causado, hasta ahora, los efectos esperados.
Se sabe cómo empezar una
guerra, pero no cómo terminarla. La ofensiva muestra desgaste, Irán mantiene su
resistencia y ataca intereses estratégicos de Estados Unidos, mientras Trump
busca una salida presentándose como vencedor, aunque Irán sostiene que no será
él quien decida el final del conflicto.
Como Justicia y Paz no
tomamos partido en este conflicto; exponemos algunos criterios que se ocultan
en los medios y señalamos lo absurdo del mismo: “La guerra es siempre una
derrota, siempre. Dondequiera que se haga, las poblaciones están agotadas, están
cansadas de la guerra, que como siempre es inútil e inconclusa, y solo traerá
muerte, solo destrucción y nunca aportará una solución al problema” (Papa
Francisco).
La paz en Medio Oriente
es posible si vamos a las raíces y si se eliminan los afanes de dominio. Debe
empezar un diálogo respetuoso entre civilizaciones y cosmovisiones,
reconociendo al otro como un interlocutor válido para llegar a acuerdos de
desarme de las conciencias, escuchando la voz de los pueblos para proteger la
vida de la población, empezando por los más vulnerables. “La guerra es una
locura que ofende a Dios”. #ComuniquemosEsperanza
Con los ojos fijos en El, en la realidad y la
fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz,
resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar,
reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.
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