Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 338 –26 de abril de 2026
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“No me callaré” (Papa León XIV)
“Más bien me gustaría alentar la
continuación del diálogo por la paz, que las partes intenten poner todos los
esfuerzos para promover la paz, alejar la amenaza de la guerra y que se respete
el derecho internacional. Es muy importante que se proteja a los inocentes,
como no ha ocurrido en varios lugares”. Papa León XIV.
La visita
apostólica del papa León XIV a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial,
del 13 al 23 de abril, constituye un signo claro y valiente en favor de la paz.
Ningún pastor auténtico puede bendecir la guerra. Desde África, tierra herida y
esperanzada, reafirmó la fe como un principio de convergencia, capaz de
sostener la justicia, la solidaridad y la paz.
El Papa levantó su voz,
orientadora y firme. Hay momentos difíciles en los que callar “sería cómplice”
de la injusticia. Su palabra no esquivó los temas incómodos. Alzó la voz por
los migrantes: “Ningún muro ni arancel detendrá la dignidad de quien huye del
hambre o la guerra. Callar ante eso sería cómplice de una nueva esclavitud”.
Denunció con claridad el
genocidio en Gaza y las lógicas de la militarización: “Quien amenaza con
‘tomar’ Gaza o militarizar fronteras olvida que la verdadera seguridad nace de
la justicia, no del miedo”. Y recordó con firmeza: “Podemos aprender a respetarnos,
a vivir en armonía y a construir un mundo de paz”.
Ante el ataque de Trump,
que le reprochó actuar como político, León XIV respondió que no busca hacer
política exterior, sino anunciar el mensaje evangélico de los pacificadores. En
África reafirmó que, si defender la vida de los inocentes y pedir justicia para
los pobres es hacer política, entonces el Evangelio también lo es, y por eso
seguirá hablando, apostando no por una comunicación agresiva, sino por una que
escuche y recoja la voz de los más débiles.
El mensaje central del
Papa promueve la paz frente a las estrategias de guerra. “África conoce bien el
precio de la guerra. Desde esta tierra que ha sufrido tanto, digo a los
poderosos del mundo: no conviertan el siglo XXI en el cementerio de las civilizaciones.
La paz no es una debilidad, es la máxima expresión del coraje”. Y recalcó: “No
podemos llamar ‘paz’ a una situación donde el 1% posee más que el 99% restante.
El Evangelio nos exige indignarnos ante la indiferencia”.
En el Congo, país en
conflicto por el extractivismo minero, dijo: “Vuestro cobalto y coltán no
pueden seguir financiando guerras y teléfonos en el Norte mientras aquí
entierran niños. No me callaré ante este saqueo”. Y en Kenia reafirmó: “No me
callaré ante un sistema que ahoga a África para salvar a Wall Street”.
Estos mensajes resultan
incómodos no solo para los poderosos, sino también para nosotros, los
cristianos, cuando silenciamos la fuerza liberadora del Evangelio y reducimos
la fe a prácticas vacías. Las palabras de León XIV nos remiten a Jesús
denunciando con firmeza la hipocresía de los fariseos y la corrupción de
quienes convierten la casa de Dios en “cueva de ladrones”.
León XIV asume el
compromiso del “pacificador” en medio del poder de la muerte y de las guerras.
Escuchar la voz del Papa es asumir también nuestro compromiso como
“pacificadores”, e “indignarnos ante la indiferencia”.
León XIV no se queda en la
denuncia, nos convoca a la acción concreta. “Invito a los ciudadanos de todos
los países involucrados a contactar a las autoridades... para pedirles que
trabajen por la paz”. Nos llama a cumplir nuestra misión: “Se necesitan cristianos
que tomen en sus manos el destino de sus países. Por eso quiero animarles: ¡No
tengan miedo de anunciar y dar testimonio del Evangelio! ¡Sean ustedes los
constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación!”. No
callar es hoy un acto de fe. No callar es un acto de justicia. No callar es el
comienzo de la paz. #ComuniquemosEsperanza
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