Con los
ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 336 –12 de abril de 2026
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Desarmar la comunicación
Hoy en día, con mucha
frecuencia la comunicación no genera esperanza, sino miedo y desesperación,
prejuicio y rencor, fanatismo e incluso odio. Muchas veces se simplifica la
realidad para suscitar reacciones instintivas; se usa la palabra como un puñal;
se utiliza incluso informaciones falsas o deformadas hábilmente para lanzar
mensajes destinados a incitar los ánimos, a provocar, a herir. Todos vemos cómo
- desde los programas de entrevistas hasta las guerras verbales en las redes
sociales- amenaza con prevalecer el paradigma de la competencia, de la
contraposición, de la voluntad de dominio y posesión, de manipulación de la
opinión pública. Papa Francisco.
Actualmente, la
comunicación, sobre todo en los medios masivos y en las redes sociales, busca
atraer, seducir, confundir y enajenar a toda la sociedad. Es una comunicación
“armada hasta los dientes”, que influye sobre una población desprevenida,
llevándola a aceptar como verdad lo que recibe, sin cuestionarlo, analizarlo ni
verificarlo, y promoviendo un pensamiento uniforme, sin discernimiento ni
actitud crítica.
Estamos en una era en la
que, según Byung-Chul Han, “el poder no reprime, sino que seduce a través de
narrativas, datos y algoritmos, transformando la sociedad disciplinaria en una
‘infocracia’”. “La tecnología de la información digital hace de la comunicación
un medio de vigilancia”; a mayor cantidad de datos generados, más intensa y
eficaz es esa vigilancia. La vigilancia es voluntaria, la información sustituye
a la verdad y el individuo se autoexplota bajo la falsa ilusión de libertad.
De alguna manera somos
sociedades “empachadas” de consumir medios que “comunican” cualquier cosa, y
nosotros les creemos sin decir ni chus ni mus. Somos unas “blancas palomitas”
que aceptamos lo que dicen sin dudar. Vivimos en cárceles de propaganda, bajo
una vigilancia digital voluntaria. La democracia degenera en infocracia, donde
los algoritmos y la información tratan de moldear nuestro comportamiento.
No pensamos con autonomía;
nos hemos convertido en “autoesclavos”. El poder ahora es psicopolítico y
digital; no sentimos la vigilancia, nos exponemos voluntariamente para ser
vistos. La información prolifera sin verdad, reemplazando los hechos por narrativas
vacías y emociones. La cantidad abrumadora de información oscurece la
comprensión del mundo. Hay tanta información, verdadera o falsa, que pulula por
doquier y que se pone a nuestra disposición sin ninguna clase de filtro.
En medio de esta realidad
que nos somete sin darnos cuenta, es impostergable, como dice el papa
Francisco, “desarmar la comunicación”, puesto que “con mucha frecuencia la
comunicación no genera esperanza, sino miedo y desesperación, prejuicio y
rencor, fanatismo e incluso odio”. La mayoría de las veces, sin darnos cuenta,
simplemente estamos allí y somos parte de esa “realidad”. El Papa denunciaba
que “se usa la palabra como un puñal; se utilizan incluso informaciones falsas
o deformadas hábilmente para lanzar mensajes destinados a incitar los ánimos, a
provocar, a herir”.
“Desarmar la
comunicación”, según el papa Francisco, implica eliminar la agresividad, la
polarización y la violencia verbal de las narrativas actuales, transformando
las palabras, de armas destructivas, en instrumentos de paz y esperanza. Hay
que pasar de la confrontación a la escucha, purificando el lenguaje de
prejuicios y del chismorreo.
Como cristianos, debemos
combatir la tendencia a usar la palabra para herir, atacar o sembrar miedo y
odio.
Necesitamos superar los
pecados de la comunicación: la desinformación, que informa de forma incompleta
y sesgada; la calumnia, que inventa falsedades; la difamación, que difunde
mensajes pensados para destruir al otro; y la coprofilia, entendida como el amor
por el escándalo y el sensacionalismo.
Debemos evitar la
polarización y la confrontación, rechazando los paradigmas de demonización y
los intentos de destrucción de los adversarios, así como la manipulación en las
redes sociales y en los medios, buscando tender puentes y abrir cauces para un diálogo
auténtico. La verdad nos hará libres (Jn 8,32), y para ello la comunicación
debe ser un acto de amor, no una simple técnica de marketing, enfocada en la
escucha y en la aceptación del otro. En un mundo lleno de narrativas de
desesperación, la comunicación debe generar esperanza, buscando el bien común y
la reconciliación. #ComuniquemosEsperanza
Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es
una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de
reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar
y proponer alternativas, a través de estas cartas.
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