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domingo, 14 de diciembre de 2025

carta No. 319: El dolor de los niños: un grito que asciende al cielo

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 319 –14 de diciembre de 2025
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   El dolor de los niños: un grito que asciende al cielo

“El abuso de menores, sea de la naturaleza que sea, es un acto despreciable, es un acto atroz. No es simplemente una plaga de la sociedad, no, ¡es un crimen! Incluso un solo caso ya es demasiado”. “Cuando vemos estas vidas perdidas, con demasiada frecuencia miramos hacia otro lado”. Papa Francisco, Audiencia, 15 de enero de 2025.

El 8 de diciembre de 2024, en Las Malvinas (Guayaquil), Ismael Arroyo, Josué Arroyo, Nehemías Arboleda y Steven Medina regresaban de jugar fútbol, entre risas y sueños como tantos chicos que ven en el deporte una esperanza. Esa noche fueron interceptados por una patrulla de las Fuerzas Armadas y no volvieron a sus hogares.

Ese fue el inicio de una pesadilla colectiva. Detenidos de manera arbitraria y subidos a vehículos oficiales, desaparecieron. Sus familias los buscaron con angustia, sin respuestas claras. Días después, fueron hallados sin vida cerca de la base militar de Taura y la prueba de ADN confirmó su identidad. Los informes forenses revelaron signos de violencia extrema. Lo ocurrido nos coloca frente a un dolor que no admite indiferencia.

Ante este horror, el país reaccionó con un clamor por justicia y dignidad que sigue presente en marchas y vigilias. La Asamblea Nacional concluyó que no se trató de un hecho aislado, sino de un patrón de graves violaciones de derechos humanos en un contexto de militarización de la seguridad que, con frecuencia, termina generando miedo, persecución y abusos, especialmente contra jóvenes pobres.

Esta muerte nos interpela como sociedad: ¿qué tan profunda y normalizada está la violencia contra los más vulnerables? Como comunidad de fe, no podemos quedarnos callados. El Evangelio nos enseña: “Todo lo que hicieron por uno solo de mis hermanos más pequeños, lo hicieron por mí” (Mt 25,40). La sangre de estos cuatro niños y adolescentes, inocentes, vulnerables, con sueños, clama desde la tierra por justicia y por memoria.

Recordar sus nombres es un acto de amor. Llorar su pérdida es un acto de humanidad. Exigir verdad y reparación es un acto de dignidad. Debemos convertir el luto en compromiso: compromiso de sanar una nación herida por la inequidad; compromiso de defender a los más débiles; niños y adolescentes que viven en barrios olvidados, marcados por la pobreza, el racismo y la exclusión.

Hoy, dieciséis militares enfrentan procesos penales por desaparición forzada, tortura y homicidio, con posibles condenas de 24 a 34 años de cárcel. La responsabilidad no puede reducirse únicamente a quienes ejecutaron los hechos: también interpela al Estado y a las autoridades responsables de garantizar derechos, prevenir abusos y evitar la impunidad. A ello se suma el caso de Roberto, el joven fallecido en Guayaquil el 11 de diciembre, en un contexto que ha sido denunciado públicamente y que refuerza la preocupación social por los excesos, la violencia y la criminalización de jóvenes y dirigentes.

Se requiere una transformación profunda que garantice protección real para la infancia y la juventud, con políticas integrales, respeto a los derechos humanos y cambios estructurales que eviten nuevas tragedias. La memoria de Ismael, Josué, Nehemías y Steven sigue clamando por dignidad, justicia y amor, y debe despertar conciencia y compromiso social.

La injusticia contra los inocentes hiere a toda la comunidad, a toda la nación. Como creyentes, no podemos abandonar ese clamor al olvido. Debemos convertir nuestro luto en acción, nuestra tristeza en defensa, nuestro dolor en solidaridad. Estamos llamados a ser sal y luz en medio de una sociedad que, a veces, prefiere mirar hacia otro lado. Estamos llamados a acompañar a las víctimas, a defender la memoria, a exigir justicia y a construir puentes de esperanza, dignidad y reparación.

Que la memoria de los cuatro niños de Las Malvinas, y la de Roberto, ilumine un camino hacia un Ecuador donde cada niño y cada adolescente tenga derecho a vivir, crecer, soñar y retornar a casa. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 7 de diciembre de 2025

carta No. 318: Solo con Justicia habrá Paz

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 318 –7 de diciembre de 2025
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   Solo con Justicia habrá Paz

“Todos comprendemos que la justicia es fundamental para la convivencia pacífica en la sociedad: un mundo sin leyes que respeten los derechos sería un mundo en el que es imposible vivir, se parecería a una jungla. Sin justicia no hay paz. De hecho, si no se respeta la justicia, se generan conflictos. Sin justicia, se ratifica la ley del fuerte sobre los débiles, y eso no es justo”. Papa Francisco, abril de 2024).

Ha pasado un año del caso de “Los Cuatro Niños de las Malvinas” que fueron brutalmente asesinados en la costa ecuatoriana, presuntamente a manos de fuerzas militares. Sus familiares aún reclaman justicia. Como éste, otros casos como el magnicidio de Fernando Villavicencio, o la desaparición de diversas personas, siguen sin que se esclarezca la verdad procesal.

En un sistema democrático, la administración de justicia es la encargada de tutelar y aplicar las leyes para resolver conflictos, garantizar derechos y velar por la seguridad ciudadana. Siendo el pilar que asegura la independencia y complementariedad de los poderes y la construcción del bien común, este sistema debe ser accesible, gratuito, imparcial, eficiente, eficaz, organizado jerárquicamente y requiere jueces y tribunales especializados que respeten y hagan respetar los derechos, con aplicación directa e inmediata de la ley, garantizando la atención prioritaria para los grupos vulnerables.

En Ecuador, la administración de justicia es un sistema de pluralismo jurídico que incluye la justicia ordinaria, militar e indígena. Está conformado por más de 13.000 funcionarios en todo el país, con más de 1850 jueces y un supuesto déficit de 300. Como instancias, la Constitución establece: la  Corte Constitucional, máximo organismo de control e interpretación constitucional; el Consejo de la Judicatura, órgano de gobierno, administración, vigilancia y disciplina; la Corte Nacional de Justicia, máximo órgano jurisdiccional, encargado de conocer recursos de casación y revisión; la Función Judicial  que administra la justicia ordinaria, incluyendo las cortes provinciales, los tribunales y los juzgados de paz; la Fiscalía General del Estado, responsable de la investigación procesal penal y  que ejerce la acción penal y la acción pública; y la Defensoría Pública para la asistencia legal gratuita, garantizando el derecho a la defensa. Asimismo, se reconoce la Justicia Indígena, los jueces de paz y mecanismos alternativos como la mediación.

Sin embargo, este andamiaje institucional, que debería ser garante de imparcialidad y probidad, está prácticamente destruido. A lo largo de los años hemos sido testigos de corrupción, impunidad, desconfianza y mientras desde el poder ejecutivo ha intentado someter y manipular al sistema de justicia y plegarlo a sus intereses y objetivos políticos, muchas veces en contra de sus opositores (lawfare político). Algunos casos avanzan con rapidez inusual, mientras otros se estancan o son simplemente desechados; asistimos a componendas, trapicheos, casos de testigos manipulados o protegidos con la famosa “colaboración eficaz” y reducción de penas. Ni la Corte Constitucional se ha librado de presiones y amenazas. 

La Fiscalía, por su parte, se ha convertido en la instancia judicial más poderosa. Durante muchos años ha sido un actor político que se ha prestado para politizar la justicia, apoyada por los   medios de comunicación mayoritarios, que actúan como cajas de resonancia para señalar culpables y asegurar condenas polémicas.

Todo esto ha generado un sistema de justicia desinstitucionalizado, plagado de casos de corrupción. Pese a ello, gran parte de la población observa esta realidad con indiferencia. Existen procesos que no avanzan y otros, vinculados a sectores de poder, se diluyen entre contradicciones, dudas y sombras. En contraste, se abren investigaciones y se dictan condenas contra defensores de los derechos humanos, de la naturaleza y contra líderes de organizaciones populares que participan en protestas.

¿Es posible recuperar la justicia en nuestro país? Debemos superar el quemeimportismo, y recuperar el valor ético y moral que nace de la justicia cuya fuente viene de Dios, exigiéndola como una parte sustancial de nuestros derechos y con una orientación preferencial hacia los pobres y marginados y no al servicio del abuso de los poderosos. Como nos pide el texto de Mateo 6,33: “Buscad el Reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura”. “Sin justicia, se ratifica la ley del fuerte sobre los débiles, y eso no es justo”, porque sin auténtica justicia nunca habrá paz. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

miércoles, 14 de marzo de 2018

carta No. 9 - La Ética ciudadana en la Pos-Consulta



Con los ojos fijos en El 
en la realidad y la fe

carta No.9
marzo 2018
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La Ética ciudadana en la Pos-Consulta

El Ecuador ha protagonizado como ciudadanía un hecho histórico: La consulta popular del 4 de febrero.  Ahora, como ciudadanía nos toca, en consecuencia, aceptar nuestra responsabilidad ética y política y actuar en consecuencia.

El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Transitorio ha comenzado actuar y sus primeras acciones han sido recibidas con beneplácito; a futuro inmediato deberá realizar una evaluación de todas las autoridades de control para analizar su desempeño y en caso de ameritar, sustituirlas con otras personas.  La Asamblea Nacional ha iniciado un proceso organizativo que le permita ejecutar lo resuelto en la consulta, aunque también hemos presenciado bloqueos y enfrentamientos entre bandos de asambleístas.  También se han hecho graves denuncias cruzadas entre protagonistas del anterior gobierno, e incluso, por una de ellas, se ha destituido al Presidente de la Asamblea.  En medio de este panorama es necesario asumir la demanda de la ética y sus consecuencias.

La Ética ciudadana, nos exige generar como espacio de acción un ambiente sano y agradable, lejos de intereses personales y de grupo, buscando el bien común, donde todos seamos un equipo trabajando conjuntamente para alcanzar objetivos comunes, utilizando cada uno sus talentos y capacidades y aprendiendo unos de otros, sin egoísmos, en paz y armonía, utilizando los valores y aportes positivos de cada quien, solo así la Patria podrá crecer y enfrentar los graves desafíos que nos afectan a todos

Después de la Consulta bajo ningún punto de vista debemos ni podemos quedarnos inmovilizados por la indiferencia confiando que solamente las autoridades implementen nuestro pronunciamiento.  Los ecuatorianos por décadas hemos sido observadores lejanos a la administración de los bienes comunes, nos hemos desatendido de lo que es responsabilidad de todos, como si las autoridades, fueran las propietarias del presente y futuro de todos.  Hemos preferido olvidarnos que en una democracia los mandatarios son los ejecutores de la voluntad de los mandantes.  Y en muchos casos y en varias ocasiones los resultados han sido trágicos.  Es cuando, ante el mal producido, no nos queda otra cosa que lamentarnos y en el mejor de los casos, aunque tardíamente, revelarnos y protestar ante el desgobierno

Es que la corrupción, el abuso del poder para provecho personal o de grupo se ha dado por la apatía ciudadana que ha dejado toda la responsabilidad a los gobernantes de turno.  Si bien ha existido siempre la corrupción, en la actualidad, al parecer, es más generalizada, parece que lo importante es llegar a ser rico, aun a costo del robo y la falsedad, despojando a todos los que honradamente buscan con su trabajo, el pan de cada día.  Tenemos que reconocer, sin embargo, que no se roba exclusivamente desde el gobierno, hay también otras muchas formas de perjuicio y sinvergüencería, con un agravante, que, al parecer, estos otros tipos de robo nos parecen hasta comunes y normales.

Como ha dicho el Papa Francisco la corrupción es a los pueblos como una terrible peste que no solo empobrece y produce miseria y dolor, sino que mata.  Denunciar y luchar contra la corrupción es una obligación moral de toda persona.  Todos tenemos la obligación de cuidar de todos y todas, y una de las peores amenazas es la corrupción.

La corrupción la superaríamos cambiando las formas ciudadanas de actuar, recuperando los valores humanos y la responsabilidad social.  Responsabilidad social de los actos individuales y colectivos, todos hombres y mujeres comunes, tanto como las autoridades, debemos responder por nuestras acciones y decisiones conforme a los principios fundamentales de la ética política.

Las instituciones del Estado están obligadas a implementar y operativizar las decisiones ciudadanas expresadas en las urnas el 4 de febrero, pero también la ciudadanía debe asumir la responsabilidad que le corresponde, cumpliendo su tarea de participación y control social, solo así los gobernantes de turno no se olvidarán que la voluntad popular delegada a través del voto no es un cheque en blanco, sino una delegación de confianza y está enmarcada dentro de objetivos claros y precisos que deben ser cumplidos a raja tabla, sin desviarse de la orientación dada por el pueblo en las urnas.,

Para que esto sea realidad es necesario que la ciudadanía actúe y participe organizadamente, sin desmayar, con el fin de controlar a través de veedurías que exijan el cumplimiento de esas delegaciones confiadas tal cual como fueron concebidas.

Esta participación activa, en donde la ética ciudadana se convierte en el motor de la participación ciudadana:
  1. Da a las personas deberes, derechos y participación social.
  2. Permite cultivar y vivir virtudes como la lealtad, libertad, tolerancia y responsabilidad.
  3. La participación ciudadana organizada permite pertenecer a una comunidad y tener vida social, además se posee conciencia ciudadana.
  4. La conciencia ciudadana proyecta a la ciudadanía a otro estadio de comportamiento que implica cumplir responsabilidades y reclamar derechos.

Si nos enrumbamos en la lógica de la participación como una manifestación de nuestra ética ciudadana, los mandatarios tendrán que cumplir a raja tabla las decisiones expresadas por los mandantes en las urnas el pasado 4 de febrero, si sucede lo contrario, simplemente, pasará el fervor del momento y volveremos a lo mismo de siempre.

Coordinación: Andrés León
Observatorio Político

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de los Observatorios de Política y Eclesial, que reúnen periódicamente a los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.