Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión
ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 330 –1 de marzo de 2026
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Entregar
la Vida por la Vida
“Sueño
con una Amazonía que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos
originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad
promovida. Sueño con una Amazonia que preserve esa riqueza cultural que la
destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana. Sueño con una
Amazonia que custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que la
engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas”. Papa Francisco,
exhortación apostólica Querida Amazonía, n° 7.
Este año, en que celebramos los 800 años del paso de san
Francisco a la casa del Padre, en Ecuador debemos recordar a Alejandro e Inés,
dignos seguidores del santo de Asís.
El 22 de mayo de 2025, el papa León XIV declaró “venerables” a Mons. Alejandro Labaka y a la Hna. Inés Arango, quienes el 21 de julio de 1987 dieron su vida para proteger a los Tagaeri, un pueblo en aislamiento, amenazado por el avance de la extracción petrolera. Asumieron el peligro por su defensa y por el Evangelio. La frase de Alejandro: “Si no vamos nosotros, los matan a ellos”, y la de Inés: “Si muero, me voy feliz. Que nadie sepa nada de mí”, los retratan de cuerpo entero. Ser declarados venerables reconoce que vivieron las virtudes cristianas (fe, esperanza y caridad) en grado heroico. Es el paso previo para una posible beatificación.
“Todo lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo
original en cada lugar del mundo, de manera que la esposa de Cristo adquiera
multiformes rostros que manifiesten mejor la inagotable riqueza de la gracia:
la predicación debe encarnarse, la espiritualidad debe encarnarse, las
estructuras de la Iglesia deben encarnarse” (Querida Amazonía, 6). Ellos
emprendieron y ejecutaron esta tarea; colocándose en manos del Señor, se
“encarnaron” en una cultura diferente.
Sus figuras crecen con los años. Su muerte, en medio de la
selva, sigue siendo un grito por la defensa de los derechos de los pueblos, de
la vida y de la casa común, y debe trascender como ejemplo para todo el
Ecuador. Vivieron en la Amazonía, la amaron con pasión y sufrieron por ella.
Alejandro fue misionero en China antes de llegar al Ecuador
(Aguarico) en 1954. En 1965 fue nombrado Prefecto Apostólico y participó en el
Concilio Vaticano II, que marcó su pastoral, al escribir al papa san Pablo VI:
“He sentido muy fuerte en mi interior el mandato de Cristo de predicar a todas
las gentes, especialmente a los Aucas”. En 1970 renunció al cargo y fue un
misionero más.
Trabajó en beneficio de los colonos y ayudó a crear y
estructurar nuevos poblados. Su principal trabajo fue la defensa de los pueblos
indígenas, especialmente los minoritarios: las nacionalidades Siona, Secoya y
Waorani. Su relación e inculturación con este pueblo marcó su pastoral, su vida
y su entrega final. Se integró con uno de los clanes waorani que había
permanecido aislado, escribiendo: “En las visitas examinaron las
pertenencias de este capuchino que se precia de profesar la pobreza franciscana
y vieron que tengo demasiadas cosas y se las llevaron con todo derecho… Me
arrodillé ante Inihua y puso su mano sobre mi cabeza, otro tanto ante Pahua
llamándole buto bara (mi madre) que también puso sus manos sobre mi cabeza,
estaba desnudo, luego besé las manos de mis padres y hermanos waorani…
Comprendí que debía despojarme del hombre viejo y revestirme más y más de
Cristo… Juzgué un deber el manifestarme y comportarme con toda naturalidad,
igual que ellos, aceptando todo, excepto el pecado” (extractos de la
Crónica Huaorani de Mons. Labaka).
En 1984 fue nombrado primer obispo del Vicariato Apostólico
de Aguarico; en su consagración, los indígenas fueron protagonistas. Siguió
defendiéndolos y defendiendo sus territorios ancestrales junto a la Hna. Inés,
hasta la entrega final de sus vidas.
Pocos indígenas y mestizos comprenden quizá el significado de
“venerables”, pero los recuerdan y los sienten como santos propios.
Alejandro fue un puente entre culturas, promotor y generador
de diálogo entre los diferentes actores sociales, políticos y económicos de la
Amazonía de ese entonces, buscando siempre el bien común.
“Dejaron en la selva, con su sangre, la semilla de Dios;
dejaron en la comunidad episcopal el más grande incentivo del real compromiso
con los más pobres e incomprendidos; y dejaron en la misión de Aguarico la
fuerza de un espíritu que no se intimida ante nadie ni ante nada” (Mons. Luna
Tobar). Entregaron su vida por la VIDA. #ComuniquemosEsperanza
Con los ojos fijos en El, en la realidad y la
fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz,
resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar,
reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.