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sábado, 7 de marzo de 2026

carta No. 331: La dignidad de la Mujer: un desafío permanente

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 331 –8 de marzo de 2026
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La dignidad de la Mujer: un desafío permanente

“Oremos para que la dignidad y la riqueza de las mujeres sean reconocidas en todas las culturas, y para que cese la discriminación que sufren en diversas partes del mundo". Papa Francisco, abril 2024.

SER MUJER sigue siendo un desafío, y no puede comprenderse únicamente desde indicadores económicos o políticos; requiere una lectura más profunda, que trascienda y se adentre en las raíces que han configurado un orden social todavía marcado por profundas asimetrías y por un machismo claro o solapado. En las últimas décadas ha habido avances significativos, pero aún falta mucho para alcanzar una verdadera equidad entre hombres y mujeres.

En el Ecuador venimos de un sistema patriarcal, consolidado durante la Colonia y reforzado por legislaciones republicanas que excluyeron a la mujer del espacio público. Aunque el siglo XX trajo el reconocimiento del sufragio femenino y mayores oportunidades educativas, la mentalidad colectiva no se transforma con la misma rapidez. Las estructuras cambian en el papel; los imaginarios tardan generaciones en renovarse.

El machismo cotidiano, a veces abierto y otras disimulado, sigue moldeando roles y expectativas. El problema no está en ciertas formas de complementariedad, sino en imponerlas como destino obligatorio y jerarquizado. Aunque muchas mujeres hoy trabajan y sostienen económicamente a sus hogares, este modelo persiste, legitimado incluso por expresiones de violencia como: “aunque pegue, aunque mate, marido es”.

Los micromachismos son formas sutiles de control, desvalorización e invisibilización que parecen inofensivas, pero sostienen a diario la discriminación y la desigualdad, por ejemplo cuando se interrumpe a las mujeres, se cuestiona más su autoridad o se valora más su apariencia que su capacidad.

La presencia femenina sigue siendo limitada en los espacios más altos de decisión política, económica e incluso eclesial, donde por mucho tiempo se ha reducido a la mujer a la obediencia y la maternidad, a pesar de su profundo liderazgo espiritual y social. En Ecuador, mujeres como Dolores Cacuango, Tránsito Amaguaña, Matilde Hidalgo, Nela Martínez y Manuela Sáenz han desafiado esa exclusión, luchando contra la violencia patriarcal, el racismo y la desigualdad, y abriendo caminos decisivos en derechos, educación, trabajo e independencia.

En el Evangelio, Jesús rompe con los esquemas culturales de su tiempo mediante gestos profundamente transformadores. En un contexto en el que la mujer rara vez era reconocida como discípula, Jesús la integra en su comunidad, reconociendo su dignidad y su capacidad de colaboración activa en la misión.

En el relato de la resurrección, son las mujeres las primeras testigos del sepulcro vacío. Aunque su testimonio fue inicialmente desestimado, el Evangelio las coloca en el centro del acontecimiento fundante de la fe cristiana. Este detalle revela que, para Jesús y para la primera comunidad, la mujer no es periferia, sino protagonista de la historia de la salvación. Resulta evidente la tensión entre el mensaje evangélico y las prácticas históricas que han perpetuado desigualdades. La tradición cristiana posee en su fuente una semilla de profunda igualdad: si la dignidad es el criterio del Reino, no puede haber jerarquías basadas en el género.

La transformación cultural no será fruto exclusivo de reformas legales. Requiere, primero, una conversión del corazón y, luego, de las estructuras. Implica revisar prácticas cotidianas, redistribuir responsabilidades, abrir espacios de liderazgo y reconocer la autoridad femenina sin sospecha ni condescendencia. La equidad de género no niega la riqueza de las diferencias; las purifica de toda lógica de dominación. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 1 de marzo de 2026

carta No. 330: Entregar la Vida por la Vida

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 330 –1 de marzo de 2026
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Entregar la Vida por la Vida

“Sueño con una Amazonía que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad promovida. Sueño con una Amazonia que preserve esa riqueza cultural que la destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana. Sueño con una Amazonia que custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que la engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas”. Papa Francisco, exhortación apostólica Querida Amazonía, n° 7.

Este año, en que celebramos los 800 años del paso de san Francisco a la casa del Padre, en Ecuador debemos recordar a Alejandro e Inés, dignos seguidores del santo de Asís.

El 22 de mayo de 2025, el papa León XIV declaró “venerables” a Mons. Alejandro Labaka y a la Hna. Inés Arango, quienes el 21 de julio de 1987 dieron su vida para proteger a los Tagaeri, un pueblo en aislamiento, amenazado por el avance de la extracción petrolera. Asumieron el peligro por su defensa y por el Evangelio. La frase de Alejandro: “Si no vamos nosotros, los matan a ellos”, y la de Inés: “Si muero, me voy feliz. Que nadie sepa nada de mí”, los retratan de cuerpo entero. Ser declarados venerables reconoce que vivieron las virtudes cristianas (fe, esperanza y caridad) en grado heroico. Es el paso previo para una posible beatificación.

“Todo lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo original en cada lugar del mundo, de manera que la esposa de Cristo adquiera multiformes rostros que manifiesten mejor la inagotable riqueza de la gracia: la predicación debe encarnarse, la espiritualidad debe encarnarse, las estructuras de la Iglesia deben encarnarse” (Querida Amazonía, 6). Ellos emprendieron y ejecutaron esta tarea; colocándose en manos del Señor, se “encarnaron” en una cultura diferente.

Sus figuras crecen con los años. Su muerte, en medio de la selva, sigue siendo un grito por la defensa de los derechos de los pueblos, de la vida y de la casa común, y debe trascender como ejemplo para todo el Ecuador. Vivieron en la Amazonía, la amaron con pasión y sufrieron por ella.

Alejandro fue misionero en China antes de llegar al Ecuador (Aguarico) en 1954. En 1965 fue nombrado Prefecto Apostólico y participó en el Concilio Vaticano II, que marcó su pastoral, al escribir al papa san Pablo VI: “He sentido muy fuerte en mi interior el mandato de Cristo de predicar a todas las gentes, especialmente a los Aucas”. En 1970 renunció al cargo y fue un misionero más.

Trabajó en beneficio de los colonos y ayudó a crear y estructurar nuevos poblados. Su principal trabajo fue la defensa de los pueblos indígenas, especialmente los minoritarios: las nacionalidades Siona, Secoya y Waorani. Su relación e inculturación con este pueblo marcó su pastoral, su vida y su entrega final. Se integró con uno de los clanes waorani que había permanecido aislado, escribiendo: “En las visitas examinaron las pertenencias de este capuchino que se precia de profesar la pobreza franciscana y vieron que tengo demasiadas cosas y se las llevaron con todo derecho… Me arrodillé ante Inihua y puso su mano sobre mi cabeza, otro tanto ante Pahua llamándole buto bara (mi madre) que también puso sus manos sobre mi cabeza, estaba desnudo, luego besé las manos de mis padres y hermanos waorani… Comprendí que debía despojarme del hombre viejo y revestirme más y más de Cristo… Juzgué un deber el manifestarme y comportarme con toda naturalidad, igual que ellos, aceptando todo, excepto el pecado” (extractos de la Crónica Huaorani de Mons. Labaka).

En 1984 fue nombrado primer obispo del Vicariato Apostólico de Aguarico; en su consagración, los indígenas fueron protagonistas. Siguió defendiéndolos y defendiendo sus territorios ancestrales junto a la Hna. Inés, hasta la entrega final de sus vidas.

Pocos indígenas y mestizos comprenden quizá el significado de “venerables”, pero los recuerdan y los sienten como santos propios.

Alejandro fue un puente entre culturas, promotor y generador de diálogo entre los diferentes actores sociales, políticos y económicos de la Amazonía de ese entonces, buscando siempre el bien común.

“Dejaron en la selva, con su sangre, la semilla de Dios; dejaron en la comunidad episcopal el más grande incentivo del real compromiso con los más pobres e incomprendidos; y dejaron en la misión de Aguarico la fuerza de un espíritu que no se intimida ante nadie ni ante nada” (Mons. Luna Tobar). Entregaron su vida por la VIDA.  #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

sábado, 21 de febrero de 2026

carta No. 329: Epstein: la degradación y deshumanización

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 329 –22 de febrero de 2026
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Epstein: la degradación y deshumanización

No es menos preocupante la miseria moral que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado… Esta forma de miseria moral que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Papa Francisco, reflexiones sobre la cuaresma.

La Cuaresma es un período de reflexión y conversión. Un tiempo para mirar nuestro presente y buscar caminos de purificación, abiertos a la Buena Noticia. El Evangelio del Primer Domingo de Cuaresma (Lc 4,1-13) relata las tres tentaciones de Jesús en el desierto: 1) convertir piedras en pan (hambre y materialismo), 2) lanzarse del templo (probar a Dios y soberbia), y 3) adorar a Satanás a cambio de reinos (poder e idolatría), antes de empezar su misión pública.

Vivimos un tiempo de cambios profundos, no solo en lo económico y lo político, sino también en la moral y la ética, en la forma en que se redefine el bien y el mal. En nuestro tiempo, la clave parece estar en la tercera tentación: la idolatría del poder, que termina por suplantar el bien, normalizar el mal y, a veces, incluso glorificarlo. Hay acontecimientos que reflejan este viraje, como el caso Jeffrey Epstein a nivel mundial, o el caso del “Marino” en Ecuador, que muestran un ciclo renovado de deshumanización.

Epstein empezó con una red de empresas de asesoría fiscal y financiera dirigida a multimillonarios, vinculada desde el inicio con prácticas especulativas y hechos ilegales. Paralelamente, se denunció la existencia de redes de violencia y explotación contra mujeres y menores, sostenidas por un territorio bajo control propio y por vínculos con círculos económicos y políticos. También se ha señalado su cercanía con estructuras de inteligencia, utilizadas como mecanismos de presión y control. La cadena se completa así: poder económico, mercado de explotación y control político. De esta manera se habrían tejido pactos, lealtades forzadas y una red de participación, impunidad y chantaje, al servicio de negocios y poder.

El caso Epstein puede leerse como desenlace de un largo proceso de reajuste cultural, acentuado en el período neoliberal, que coloca en el centro el hedonismo, la ética individualista y el consumismo. El obstáculo pasa a ser el bien y la virtud, mientras se exalta la conquista del éxito y la acumulación por encima de normas y límites. Con ello se abre la puerta a una transición cultural, ética y moral.

El dominio patriarcal sobre el cuerpo de las mujeres, y la explotación sexual, sobre todo de niñas, fue una puerta decisiva para este paso. Se combinaron diversas formas de violencia estructural, física y sexual, junto con el chantaje, el temor y la manipulación simbólica, envueltas en la promesa de acceso a los círculos del poder y al brillo del jet set.

Es, en cierto sentido, un catálogo del poder occidental: allí desfilaron gobernantes, nobles, magnates, publicistas, militares, artistas y escritores. Una red de hombres poderosos, marcada por la lógica del dominio.

En el “mundo Epstein” no había espacio para el otro, para el prójimo. El otro aparece como amenaza o como objeto: el migrante, el negro, el indio, el gay, la mujer. Se anula así la posibilidad del amor, en sus diversas formas, desde el amor familiar hasta el amor erótico, que solo existen cuando se reconoce la presencia y la dignidad del otro.

Un esquema similar se percibe en el caso del “Marino” en Ecuador y en las mujeres incorporadas a redes de mafias. Denominarlas “muñecas de la mafia” revictimiza a las mujeres y oculta la raíz del problema: una cultura patriarcal atravesada por consumismo, placer inmediato y narcocultura, que mercantiliza el cuerpo femenino.

Este ciclo de deshumanización, hoy con proyección universal, se convierte en punto de partida para redes de complicidad e impunidad económica y política. Otra vez parece difícil encontrar, entre las élites, a los diez justos de los que hablaba Abraham. Vivimos una época caótica y violenta, un tiempo que muchos sienten como apocalíptico, pero que también puede ser anuncio de nuevos tiempos.

La Cuaresma es tiempo de reflexión para abrir los ojos y mirar de frente la realidad del mal. Conviene preguntarnos: ¿todavía el mensaje de amor de Jesús tiene fuerza para construir el Reino? Desafiémonos a mirar la realidad desde la esperanza y desde el misterio de la resurrección, para vencer a la muerte. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

sábado, 14 de febrero de 2026

carta No. 328: ¡Nuestra querida Amazonía!

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 328 –15 de febrero de 2026
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¡Nuestra querida Amazonía!

La escucha del clamor de la tierra y el grito de los pobres y de los pueblos de la Amazonía con los que caminamos, nos llama a una verdadera conversión integral, con una vida simple y sobria, todo ello alimentado por una espiritualidad mística al estilo de San Francisco de Asís, ejemplo de conversión integral vivida con alegría y gozo cristiano. Sínodo Especial para la Región Amazónica n. 17, octubre 2019.

A nivel nacional e internacional se repiten con frecuencia expresiones como: la Amazonía es el pulmón del planeta, la región con mayor biodiversidad, poseedora de las mayores reservas de agua dulce y de recursos naturales aún sin explorar. En ocasiones también se reconoce que es el hogar de múltiples pueblos y nacionalidades originarias con culturas y saberes ancestrales. Pero muchas veces estos reconocimientos se quedan solo en enunciados, son escasos los análisis profundos, y más aún acciones concretas frente a la realidad y las amenazas que se ciernen sobre sus habitantes, su modo de vida y la sostenibilidad ecológica de la querida Amazonía.

Históricamente, la Amazonía ecuatoriana ha sido un territorio en permanente disputa, especialmente con la vecina República del Perú, hasta la firma de la paz en 1998.

Durante siglos, los pueblos y nacionalidades indígenas amazónicos fueron los únicos habitantes de una selva con la que convivían en armonía. Con la llegada de la Colonia y posteriormente de la República, se abrió paso la presencia de misioneros y la evangelización, así como de encomenderos que impusieron sistemas de explotación. También llegaron viajeros interesados en el conocimiento y en la extracción de sus riquezas. Las comunidades indígenas resistieron y lograron preservar sus lenguas y culturas. Sin embargo, enfrentaron graves consecuencias: pandemias de enfermedades desconocidas para ellos y la violencia de hacendados y caucheros, que incluso provocaron el exterminio de pueblos enteros.

En el siglo XX la obsesión del Estado por crear “fronteras vivas” delegó en las misiones gran parte del desarrollo de la Amazonía. Fueron ellas las que crearon escuelas y centros de salud, abrieron vías de comunicación y establecieron o fortalecieron poblaciones y ciudades. En la práctica, la acción cívica y social en la región quedó casi totalmente en sus manos.

En la década de 1970 se inició la explotación petrolera, con la apertura de campos y pozos, así como la construcción de nuevas carreteras. Este proceso estuvo acompañado por una agresiva colonización en la Amazonía Norte. Tanto la actividad petrolera como la colonización se realizaron sin reconocer los derechos de los pueblos indígenas, legítimos dueños de las tierras y la selva. Las leyes de Reforma Agraria y Colonización (1964 y 1974) fortalecieron la colonización como un paliativo ante las luchas por la tierra en la Sierra y la Costa.

Actualmente, las actividades extractivas en la Amazonía continúan y se intensifican. La expansión petrolera, la minería —legal e ilegal— y la tala indiscriminada destruyen la selva y contaminan ríos, suelos y aire. Estas dinámicas, sumadas a la presencia del crimen organizado, han incrementado la violencia en la región.

Aunque de la Amazonía ha salido gran riqueza petrolera, la región ha sido marginada. Sus pueblos y territorios han recibido escasos beneficios, lo que ha impedido articular un proceso de desarrollo sostenible, sustentable e integral.

Después del Concilio Vaticano II y de las conferencias del episcopado latinoamericano, los vicariatos amazónicos del Ecuador renovaron su orientación pastoral, asumiendo un compromiso más profundo con los pueblos de la región. Sin abandonar la asistencia social tradicional, impulsaron la organización campesina e indígena y defendieron sus derechos a la tierra y a los territorios ancestrales, a la educación bilingüe, a la salud y a la preservación de sus culturas. Esta misión se fortaleció con las encíclicas Laudato si’ y Fratelli Tutti, así como con las orientaciones del Sínodo Amazónico de 2019.

Vale recordar figuras como Alejandro Labaka y la Hna. Inés Arango, nombrados venerables por el papa León XIV; Santa María Troncatti, canonizada el 18 de octubre de 2025; Mons. Gonzalo López Marañón; Mons. Pedro Gabrieli, recientemente fallecido; los padres Juan Botasso y José Miguel Goldáraz; así como tantos laicos, religiosas y religiosos que han luchado y continúan entregando su vida por la justicia y la paz en esta Amazonía herida. Su testimonio nos invita a mirar con nuevos ojos hacia esta tierra, con miradas de comprensión y amor para cuidarla y protegerla: “Nuestra conversión debe ser también cultural, hacernos al otro, aprender del otro. En la gente de la Amazonía encontramos enseñanzas para la vida” (Sínodo para la Amazonía n. 41 y 43). #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

domingo, 8 de febrero de 2026

carta No. 327: La trata de personas rompe la Paz

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 3278 de febrero de 2026
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La trata de personas rompe la Paz

“La inestabilidad geopolítica y los conflictos armados crean un terreno fértil para que los traficantes exploten a los más vulnerables, especialmente a las personas desplazadas, a los migrantes y a los refugiados…Estas formas de violencia no son incidentes aislados, sino síntomas de una cultura que ha olvidado cómo amar como Cristo ama...” Papa León XIV, 6 de febrero de 2025.

La trata de personas es un delito muy complejo que implica la captación, el transporte y el sometimiento de personas, dentro o fuera de su país, con el propósito de explotarlas en diversas formas. Los tratantes recurren a la fuerza, el engaño, la coacción, el abuso de poder o incluso la seducción para controlar a sus víctimas, quienes terminan privadas de sus derechos fundamentales. Los fines de esta explotación incluyen el trabajo forzoso, la explotación sexual, la extracción de órganos, el reclutamiento en conflictos armados o actividades delictivas, la mendicidad, el matrimonio servil y la adopción ilegal.

Se considera la nueva esclavitud del siglo XXI porque las víctimas son aisladas de su entorno familiar y social, sometidas a dominación y control, y reducidas a objetos de explotación. Este fenómeno refleja una profunda herida en la humanidad, pues se aprovecha de la vulnerabilidad de las personas y perpetúa un sistema de sometimiento y abuso que degrada la dignidad humana.

La trata de personas se alimenta del silencio, la indiferencia y la normalización de la violencia. No es normal que una niña sea explotada sexualmente; no es normal que la pobreza empuje a tantas personas al trabajo forzoso, a la mendicidad forzada u otras formas de esclavitud; no es normal que adolescentes sean captados por el crimen organizado, que se aprovecha de la exclusión, la falta de oportunidades y el abandono para destruir sus sueños y su futuro. Allí donde esto ocurre, la paz se rompe y la humanidad se desfigura.

Cada 8 de febrero la Iglesia recuerda a santa Josefina Bakhita, mujer africana que sufrió la trata de personas desde su infancia y cuya vida fue transformada por el encuentro con Dios. Su historia, marcada por la esclavitud, pero iluminada por la gracia, nos enseña que la dignidad humana nunca puede ser arrebatada y que ninguna herida es más fuerte que el amor divino. Hoy, Bakhita es símbolo de esperanza para las víctimas de la esclavitud moderna y un llamado a no acostumbrarnos al sufrimiento ajeno.

El papa Francisco convocó en 2015 a la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas. En su XII edición, el tema es: “La paz comienza con la dignidad: una llamada mundial para poner fin a la trata de personas”. No puede haber paz verdadera allí donde la dignidad de las personas es negada, comerciada o destruida. La paz que viene de Dios no se edifica sobre el dolor de los más vulnerables, sino sobre el reconocimiento de cada vida como sagrada.

Esta Jornada invita a unir oración y acción: orar por las víctimas de la trata, por su sanación, y por quienes las previenen y acompañan, a menudo en medio de riesgos y carencias. Pero esa oración debe traducirse en compromiso concreto: combatir la pobreza, generar empleo, asegurar educación, salud y servicios básicos, defender derechos laborales y promover migración segura. También exige acompañar a las familias, reconstruir el tejido comunitario y exigir políticas públicas que protejan a los más vulnerables, para que la violencia y el reclutamiento criminal no se normalicen como destino de la niñez y la juventud.

Estamos llamados a caminar juntos, a tejer redes de cuidado y a escuchar el clamor de quienes no tienen voz. Solo el trabajo articulado entre comunidades eclesiales, organizaciones sociales, instituciones del Estado y ciudadanía permitirá romper las cadenas de la trata.

Que la memoria de las víctimas nos sacuda y nos mueva a la conversión. Y que, convencidos de que la paz comienza con la dignidad, sigamos construyendo una sociedad que promueva y proteja la vida de todas las personas. #ComuniquemosEsperanza

 

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