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domingo, 19 de abril de 2026

carta No. 337: El AMOR siempre da VIDA

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 337 –19 de abril de 2026
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El AMOR siempre da VIDA

“El amor siempre da vida. Por eso, el amor conyugal «no se agota dentro de la pareja […] Los cónyuges, a la vez que se dan entre sí, dan más allá de sí mismos la realidad del hijo, reflejo viviente de su amor, signo permanente de la unidad conyugal y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre” Amoris laetitia, papa Francisco n. 165.


“Nuestro amor ha resistido el tiempo porque está hecho de paciencia, ternura y fe.

No tiene final, porque no termina nunca, y te volvería a escoger en cada vida, en cada historia, en cada amanecer. A tu lado aprendí que el amor no es perfecto, pero puede ser eterno”. Marianita y Enrique en 50 años de Matrimonio.


En estos días, en Justicia y Paz Ecuador, vivimos un acontecimiento muy profundo: una celebración muy triste, pero a la vez llena de fe, esperanza y amor. Dos de nuestros miembros, Enrique y Marianita, celebraban sus bodas de oro matrimoniales, cincuenta años de amor en familia, pero con la sombra de un final muy doloroso: ella se encontraba en la última fase de una cruel enfermedad terminal, que concluyó dos días después.

Resulta paradójico hablar de celebración con criterios exclusivamente humanos. Daban gracias al Señor por los cincuenta años de convivencia amorosa, a la vez que sentían la pena por la inminente separación y pérdida. La eucaristía de acción de gracias fue seguida, dos días después, por las celebraciones del encuentro de Marianita con el Señor, manifestaciones llenas de sentimientos encontrados y de una profunda fe y esperanza.

En estos hechos palpamos la revelación del amor de Dios en Marianita y Enrique, no como una mera coincidencia, sino como una acción de la providencia divina que, de alguna manera, nos habla también a nosotros.

Reflexionemos sobre el matrimonio desde la realidad actual y el mensaje del papa Francisco en Amoris laetitia. No se trata de desconocer ni de polemizar sobre la dura realidad de muchas parejas que se rompen, se separan o se divorcian, ni sobre las nuevas formas de unión reconocidas por distintas legislaciones. Son normas que buscan regular la convivencia sin exclusión ni marginación, y la Iglesia, por su parte, ha abierto las puertas a las personas divorciadas que se han vuelto a casar y no condena, sin más, las relaciones homosexuales.

Podemos comprender estas realidades, pero no aceptar aquellas que se basan en la cosificación y explotación sexual de las personas, en el abuso, la pedofilia o la pederastia, signos de una sociedad marcada por el consumo de cuerpos, la pornografía y el egoísmo que persigue un placer vacío e ilimitado. A través de los siglos y en distintas culturas han existido ritos y prácticas para las uniones y los divorcios. Para el Estado, el matrimonio es ante todo un contrato que puede disolverse según la ley; pero, para el Señor, aunque Moisés permitió el repudio “por la dureza de vuestro corazón” (Mt 19,8), desde el principio el hombre y la mujer están llamados a unirse y ser “una sola carne” (Mt 19,5-6; Gen 2,24).

Para nosotros, el matrimonio es un sacramento y liga a la pareja con los hijos en la familia, que es imagen de Dios, Comunidad de Amor. Un amor donde la mujer y el hombre crean una comunidad, en unidad, con libertad, iguales derechos y deberes, proyectándose hacia los hijos y el resto de la sociedad; que disfruta de su unión y atracción mutua, vive las alegrías y supera los problemas y las angustias de la existencia. Siembra y cultiva principios y valores morales y éticos.

La partida de Marianita nos deja un profundo vacío, pero su ejemplo, marcado por la alegría, el servicio, la generosidad y el optimismo, iluminará el caminar de muchos matrimonios que viven el amor de Dios. En los espacios de reflexión que compartió, forjó una fe comprometida con la justicia social, la equidad y la dignidad humana, inspirada en el Evangelio. Su vida estuvo marcada por acciones concretas de solidaridad con los más necesitados, acompañando a enfermos, presos y comunidades campesinas. Su fe, su amor y sus convicciones se reflejaban en lo cotidiano, un testimonio vivo evidenciado en el compromiso de transformar la fe en justicia, esperanza y dignidad.

Nuestros amigos Marianita y Enrique, en su 50 aniversario, nos dejaron este mensaje que ahora les compartimos: “A tu lado, cada día ha valido la pena. El amor verdadero existe y, cuando se comparte la vida junto a la persona amada, la felicidad es mucho mayor. Y este tipo de amor no se encuentra, se construye día a día, porque no es suerte, es amor trabajando con el corazón”. Son un ejemplo para nosotros. Durante 50 años caminaron juntos con amor, y eso nos conforta. #ComuniquemosEsperanza

 

miércoles, 15 de abril de 2026

Marianita Rosero (+), descansa en paz

 

Marianita Rosero (+)

Querido Enrique:

 Sentimos profundamente la partida de nuestra querida Marianita (1950-2026).

Te acompañamos en esta hora de dolor. Confiamos en la bondad de nuestro Dios, Padre y Madre, para que les dé mucha fortaleza a tus hijos, a tus nietos, a tu familia y a ti, para que acepten con fe que Marianita está gozando de la presencia del Solo Amor y que está junto a María, nuestra Madre.

Nos queda y honramos la memoria de Marianita, su alegría, valentía y compromiso en el camino compartido en la Comisión de Justicia y Paz. Contamos con la protección de Marianita en nuestra misión.

Setenta y seis años de vida ejemplar. Sus semillas fructificarán en sus hijos y nietos, y también en nosotros que compartimos su fe y su compromiso.

Que el Señor de la Vida acoja a Marianita y te colme de su amor y María te cobije con su manto en estos momentos.


Quito, 13 de abril de 2026

 

domingo, 12 de abril de 2026

carta No. 336: Desarmar la comunicación

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 336 –12 de abril de 2026
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Desarmar la comunicación

Hoy en día, con mucha frecuencia la comunicación no genera esperanza, sino miedo y desesperación, prejuicio y rencor, fanatismo e incluso odio. Muchas veces se simplifica la realidad para suscitar reacciones instintivas; se usa la palabra como un puñal; se utiliza incluso informaciones falsas o deformadas hábilmente para lanzar mensajes destinados a incitar los ánimos, a provocar, a herir. Todos vemos cómo - desde los programas de entrevistas hasta las guerras verbales en las redes sociales- amenaza con prevalecer el paradigma de la competencia, de la contraposición, de la voluntad de dominio y posesión, de manipulación de la opinión pública. Papa Francisco.


Actualmente, la comunicación, sobre todo en los medios masivos y en las redes sociales, busca atraer, seducir, confundir y enajenar a toda la sociedad. Es una comunicación “armada hasta los dientes”, que influye sobre una población desprevenida, llevándola a aceptar como verdad lo que recibe, sin cuestionarlo, analizarlo ni verificarlo, y promoviendo un pensamiento uniforme, sin discernimiento ni actitud crítica.

Estamos en una era en la que, según Byung-Chul Han, “el poder no reprime, sino que seduce a través de narrativas, datos y algoritmos, transformando la sociedad disciplinaria en una ‘infocracia’”. “La tecnología de la información digital hace de la comunicación un medio de vigilancia”; a mayor cantidad de datos generados, más intensa y eficaz es esa vigilancia. La vigilancia es voluntaria, la información sustituye a la verdad y el individuo se autoexplota bajo la falsa ilusión de libertad.

De alguna manera somos sociedades “empachadas” de consumir medios que “comunican” cualquier cosa, y nosotros les creemos sin decir ni chus ni mus. Somos unas “blancas palomitas” que aceptamos lo que dicen sin dudar. Vivimos en cárceles de propaganda, bajo una vigilancia digital voluntaria. La democracia degenera en infocracia, donde los algoritmos y la información tratan de moldear nuestro comportamiento.

No pensamos con autonomía; nos hemos convertido en “autoesclavos”. El poder ahora es psicopolítico y digital; no sentimos la vigilancia, nos exponemos voluntariamente para ser vistos. La información prolifera sin verdad, reemplazando los hechos por narrativas vacías y emociones. La cantidad abrumadora de información oscurece la comprensión del mundo. Hay tanta información, verdadera o falsa, que pulula por doquier y que se pone a nuestra disposición sin ninguna clase de filtro.

En medio de esta realidad que nos somete sin darnos cuenta, es impostergable, como dice el papa Francisco, “desarmar la comunicación”, puesto que “con mucha frecuencia la comunicación no genera esperanza, sino miedo y desesperación, prejuicio y rencor, fanatismo e incluso odio”. La mayoría de las veces, sin darnos cuenta, simplemente estamos allí y somos parte de esa “realidad”. El Papa denunciaba que “se usa la palabra como un puñal; se utilizan incluso informaciones falsas o deformadas hábilmente para lanzar mensajes destinados a incitar los ánimos, a provocar, a herir”.

“Desarmar la comunicación”, según el papa Francisco, implica eliminar la agresividad, la polarización y la violencia verbal de las narrativas actuales, transformando las palabras, de armas destructivas, en instrumentos de paz y esperanza. Hay que pasar de la confrontación a la escucha, purificando el lenguaje de prejuicios y del chismorreo.

Como cristianos, debemos combatir la tendencia a usar la palabra para herir, atacar o sembrar miedo y odio.

Necesitamos superar los pecados de la comunicación: la desinformación, que informa de forma incompleta y sesgada; la calumnia, que inventa falsedades; la difamación, que difunde mensajes pensados para destruir al otro; y la coprofilia, entendida como el amor por el escándalo y el sensacionalismo.

Debemos evitar la polarización y la confrontación, rechazando los paradigmas de demonización y los intentos de destrucción de los adversarios, así como la manipulación en las redes sociales y en los medios, buscando tender puentes y abrir cauces para un diálogo auténtico. La verdad nos hará libres (Jn 8,32), y para ello la comunicación debe ser un acto de amor, no una simple técnica de marketing, enfocada en la escucha y en la aceptación del otro. En un mundo lleno de narrativas de desesperación, la comunicación debe generar esperanza, buscando el bien común y la reconciliación. #ComuniquemosEsperanza

 

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 

domingo, 5 de abril de 2026

carta No. 335: Resucitar esperanza para un mundo herido

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 335 –5 de abril de 2026
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Resucitar esperanza para un mundo herido

“Toda autoridad deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercitar el poder recibido: el poder de juzgar, pero también el poder de comenzar una guerra o de terminarla; el poder de educar a la violencia o a la paz; el poder de alimentar el deseo de venganza o el de reconciliación; el poder de usar la economía para oprimir los pueblos o para liberarlos de la miseria; el poder de pisotear la dignidad humana o de tutelarla; el de promover y defender la vida o de rechazarla y suprimirla. También cada uno de nosotros está llamado a responder por el poder que ejerce en la vida de todos los días. Tú, Jesús, le dices: haz buen uso del poder que te ha sido dado y no olvides que cualquier cosa que hagas a un ser humano, especialmente si es pequeño y frágil, me lo haces a mí; y es a mí a quien deberás responder por ello un día”. Papa León XIV, Vía Crucis 2026.

La palabra “cruz” produce en nosotros una reacción de rechazo, más que de deseo. Es más fácil que surja en nosotros la tentación de huir de ella antes que el anhelo de abrazarla. Cada año, en Semana Santa, recordamos el viacrucis que vivió Jesús como un camino que no termina con su muerte en la cruz, sino en su Resurrección gloriosa. Pero su muerte nos lleva a cuestionarnos: ¿queremos que viva Cristo o no nos importa que siga crucificado y sufriendo hasta morir?

Hoy Jesús sigue siendo torturado, condenado y obligado a cargar una pesada cruz. Es un viacrucis intenso y doloroso a causa de guerras fratricidas que continúan matando a tantos seres humanos. Guerras como la de Gaza, donde vemos a niños huérfanos que deambulan con hambre, angustia y terror; la de los soldados en la guerra de Ucrania, que siguen muriendo sin sentido, rebasando ya los 200.000 muertos en cada lado, sin contar a los civiles inocentes; la de los muertos en Irán por la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel y el peligroso conflicto iniciado en estos meses, un atentado contra la paz mundial; la de millones de niños menores de cinco años que mueren en África por desnutrición y hambre ante la despreocupación infame de sus autoridades; la de miles de migrantes que sufren y hasta mueren cruzando el Mediterráneo para llegar a Europa como alternativa desesperada a su extrema pobreza; la de tantos “inmigrantes indocumentados” en Estados Unidos que sufren persecución, agresión y deportación violenta. En Ecuador, el de los más de 9.000 muertos de 2025, fruto de la violencia ligada a grupos de delincuencia organizada y narcotráfico; el de los cientos de miles de niños desnutridos; el de las personas que mueren paulatinamente por la falta de medicinas, alimentos y trabajo…

Frente a esos viacrucis y crucifixiones diarias, cabe preguntarnos qué postura asumimos como creyentes: si la de quienes condenan al pueblo y a los pobres, la de gobernantes que anteponen su riqueza y comodidad, la de soldados que actúan con brutalidad, la de Pedro que traiciona, la de Judas que se vende, o la de los apóstoles que, por miedo, se esconden ante la represión y el poder.

El papa León ha condenado “la actuación oculta de las autoridades poderosas, dispuestas a matar sin escrúpulos”, e inició la Semana Santa diciendo que Dios rechaza las oraciones de quienes inician guerras y tienen “las manos manchadas de sangre”. En su meditación del Viacrucis manifestó que: “También cada uno de nosotros está llamado a responder por el poder que ejerce en la vida de todos los días. Tú, Jesús, le dices: haz buen uso del poder que te ha sido dado y no olvides que cualquier cosa que hagas a un ser humano, especialmente si es pequeño y frágil, me lo haces a mí; y es a mí a quien deberás responder por ello un día”.

Entonces, ¿qué postura tomamos quienes nos decimos cristianos? Aprendamos de María, Juan y María Magdalena, que no se rindieron y acompañaron a Jesús hasta el final. Pongamos nuestra mirada, nuestra mente, nuestro corazón, nuestros principios, nuestros valores y nuestra fuerza en el Resucitado, vencedor de esa muerte infringida por la maldad que destruye la belleza de la creación y del amor fraterno. Contemplemos a Cristo, que ha dado su vida, que nos acompaña y vive en nuestras luchas, que sigue resucitando a lo largo de la historia para defender a los inocentes de la explotación, la mentira y la esclavitud.

¡Sembremos esperanza y trabajemos para que nuestra fe no sea una utopía, sino una realidad que promueva la dignidad y la vida!  

¡Cristo ha resucitado!  #ComuniquemosEsperanza

 


Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 


domingo, 29 de marzo de 2026

carta No. 334: Bancarrota hídrica mundial

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 334 –29 de marzo de 2026
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Bancarrota hídrica mundial

Esto se debe a que las vergonzosas cifras de la sed no se pueden considerar como una fatalidad sin solución, en cuanto ya disponemos de los conocimientos de ingeniería y de gestión para el suministro de agua, también en las zonas más remotas, e incluso en alta mar. Y también porque la gestión del agua no puede depender de «un criterio utilitarista de eficiencia y productividad para el beneficio individual. Papa Francisco, 2019.

Esto se debe a que las vergonzosas cifras de la sed no pueden considerarse una fatalidad sin solución, pues ya disponemos de conocimientos de ingeniería y de gestión para el suministro de agua, incluso en las zonas más remotas y en alta mar. Además, la gestión del agua no puede depender de «un criterio utilitarista de eficiencia y productividad para el beneficio individual» (Papa Francisco, 2019).

El Día del Agua es un momento para reflexionar y fortalecer la defensa de esta fuente de vida ante las amenazas que la acechan. Preguntémonos: ¿por qué la ONU afirma que vivimos una bancarrota hídrica mundial?, ¿cómo podemos detenerla para garantizar agua en abundancia para todos y todas?

La ONU señala que «la cuenta corriente de la naturaleza está en números rojos» y que el mundo ha entrado en una era de “quiebra hídrica global”: un punto de no retorno en el que la demanda humana ha agotado irreversiblemente los acuíferos y ha secado los pozos del futuro, poniendo en riesgo todo el sistema hídrico del planeta. La humanidad no solo ha consumido el ingreso anual de agua proveniente de ríos y lluvias, sino que ha vaciado los ahorros milenarios almacenados en glaciares, humedales y acuíferos.

Esta tendencia se agrava por el uso intensivo del agua en actividades extractivas tradicionales como la minería y la explotación petrolera, así como en nuevos sectores tecnológicos como la inteligencia artificial, la minería de bitcoins y la explotación de tierras raras necesarias para productos tecnológicos y bélicos.

La crisis hídrica se agrava por el enorme consumo de agua en actividades extractivas y tecnológicas. La minería del oro requiere más de mil litros por cada gramo extraído; la red Bitcoin ha consumido a nivel mundial miles de gigalitros, y una sola transacción puede gastar alrededor de 16.000 litros; a su vez, los sistemas de inteligencia artificial usan cada año volúmenes de agua comparables o superiores a los de toda la industria mundial del agua embotellada.

Ante esta realidad, el llamado de Laudato Si’ se vuelve urgente: existe una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, privándolos de un derecho ligado directamente a la vida y a su dignidad. El agua es un derecho humano básico y universal, indispensable para la supervivencia y para el ejercicio de los demás derechos, y además posee un profundo valor espiritual como regalo del Creador, fuente de vida y signo de purificación.

Bajo ningún punto de vista debe ser tratada como mercancía. El agua no puede someterse a las leyes del mercado ni a la especulación; es un bien común que debe ser protegido, cuidado y compartido.

Este día es también una oportunidad para recordar y aprender de las luchas en defensa de la vida y del agua. Podemos aprender de la experiencia del “Quinto Río” en Cuenca; de los esfuerzos por recuperar el río San Pedro y el río Machángara; y de la larga lucha de organizaciones sociales, comunidades campesinas e indígenas, acompañadas por la Iglesia, en defensa de la vida.

Es tiempo de unir todas estas luchas para defender la fuente de vida. Es tiempo de sentir, junto a Dios, que todo estaba bien y que aún podemos continuar la obra del Creador:

“Entonces Dios dijo: «Que el agua que está debajo del cielo se junte en un solo lugar, para que aparezca lo seco.» Y así fue. A la parte seca Dios la llamó «tierra», y al agua que se había juntado la llamó «mar». Al ver Dios que todo estaba bien, dijo: «Que produzca la tierra toda clase de plantas: hierbas que den semilla y árboles que den fruto.» Y así fue.” (Génesis 1,9-11). Para salir de esta bancarrota hídrica mundial debemos trabajar juntos y emprender acciones concretas que nos permitan cuidar, proteger y utilizar el agua con responsabilidad. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.