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jueves, 9 de agosto de 2018

El pueblo organizado, protagonista de la nueva sociedad

Leonardo Boff*

El Papa Francisco además de ser un líder religioso emerge también como uno de los mayores líderes geopolíticos actuales. Él tiene posición. No reproduce un discurso equilibrado, propio de los pontífices pasados. Por el hecho de estar claramente de un lado, el de los pobres, el de las víctimas y el de la vida amenazada, anuncia y denuncia. Denuncia un sistema que idolatra el dinero y se hace asesino de los pobres y depredador de la naturaleza. Se entiende: es el sistema y la cultura del capital. Tenemos que oír sus palabras porque son las de alguien que tiene conciencia de los peligros que pesan sobre toda la humanidad y la naturaleza.
No se limita a la denuncia. Anuncia como se vio indudablemente el 9 de julio de 2015 con ocasión de su visita a Bolivia. Allí tuvo lugar el II Encuentro Mundial de los Movimientos Sociales en Santa Cruz de la Sierra. Llamó a los representantes de los movimientos, que sienten en la propia piel las heridas de la explotación, para discutir con ellos las causas de sus padecimientos. Ninguno de los papas anteriores tuvo esa audacia.
Muchos representantes brasileños acudieron allí. El discurso es un verdadero guión para las luchas encaminadas hacia un nuevo tipo de civilización, ya que la nuestra está en creciente erosión y no posee internamente los medios de solución a los problemas amenazadores que ella ha creado para sí y para nuestro futuro. El discurso tiene dos partes. En la primera establece las metas fundamentales que deben abarcar a todos. Son las famosas tres T: Tierra para vivir y trabajar en ella; Trabajo para garantizar el sustento de las personas; Techo para albergar a las personas porque no son animales dejados al relente.
La segunda parte es programática y supone un desafío. Habla a los representantes de los movimientos sociales. Resumiendo sus palabras afirma: no esperen nada de arriba, de los gestores del sistema vigente, pues siempre traen más de lo mismo que perpetúa y profundiza la miseria. Sean ustedes mismos los protagonistas de un nuevo estilo de sociedad, con una nueva forma de producción orgánica, sintonizada con la naturaleza; con una distribución justa de los beneficios y con un consumo sobrio; sean los profetas de lo nuevo fundado en la justicia social y la solidaridad. Y da tres consejos: hagan que la economía sirva a la vida y no al mercado; promuevan la justicia social, base para la paz duradera; y cuiden a la Madre Tierra sin la cual ningún proyecto es posible.
Estas orientaciones del Papa Francisco nos iluminan en medio de la tormenta de nuestra pluricrisis actual. El legado de esta crisis será seguramente otro tipo de sociedad brasileña, donde las decenas de movimientos sociales de hombres y de mujeres poseerán un protagonismo determinante.
Será un nuevo tipo de ciudadanía que regenerará Brasil. Sólo los ciudadanos activos pueden fundar una sociedad democrático-participativa, socioecológica, como sistema abierto y siempre perfectible. Por eso, el diálogo, la participación, la vivencia de la corrección ética y la búsqueda de transparencia constituyen sus virtudes mayores.
Fundamentalmente podemos decir: hay en Brasil dos proyectos antagónicos que se disputan la hegemonía: el proyecto de los adinerados, antiguos y nuevos, articulados con las corporaciones transnacionales que quieren un Brasil con una población menor de la que realmente es. Ese Brasil, así creen ellos, podría ser gestionado en su beneficio sin mayores preocupaciones. Los restantes millones que se aguanten pues siempre han tenido que acostumbrarse a vivir y a sobrevivir en necesidad.
El otro proyecto quiere construir un Brasil para todos, democrático, pujante, soberano, activo y altivo frente a las presiones de los poderosos externos e internos, que quieren recolonizar Brasil y hacerlo un mero exportador de commodities.
Los dos golpes que hemos conocido en la fase republicana, el de 1964 y el de 2016, fueron tramados y ejecutados en función de la voracidad de los adinerados que no poseen un proyecto de nación, sino sólo para sí, como una forma de garantizar sus privilegios.
Los que dieron el golpe en 2016 se embarcaron en ese proyecto contra el pueblo. Ellos en realidad no tienen nada que ofrecer a los millones de brasileños que están al margen del desarrollo humano, a no ser más empobrecimiento y discriminación.
Esta oligarquía de ricos, sin embargo, no es portadora de esperanza y, por eso, está condenada a vivir bajo el miedo permanente a que, un día, esta situación pueda revertirse y pierdan sus privilegios.
Esta es nuestra esperanza: que el futuro acabe perteneciendo a los humillados y ofendidos de nuestra historia que, un día ―y ese día llegará― heredarán las bondades que la Madre Tierra reservó para todos. Alegres, se sentarán juntos a la mesa, en la gran comensalidad de los libertos, gozando de los frutos de su resistencia, de su indignación y de su valor para cambiar. Entonces comenzará una nueva historia de Brasil, de la que hombres y mujeres habrán sido los principales protagonistas y de la cual nos podremos honrar.
*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.
Traducción de Mª José Gavito Milano

miércoles, 25 de julio de 2018

El desafío actual:contra el Estado pos-democrático rescatar la democracia

Leonardo Boff*

No son pocos los analistas sociales y juristas del más alto nivel que denuncian la actual situación política de Brasil como la instauración de un Estado de excepción. El golpe parlamentario, jurídico y mediático de 2016 permitió que los golpistas pasasen por encima de la Constitución, modificasen las leyes laborales a favor de los patrones, engañasen al país con un techo de gastos en salud y educación, impidiendo que se cree un Estado de Bienestar Social.
La justicia ha dejado de ser imparcial e, incluso en los niveles más altos, se muestra parcial contra el PT y la figura carismática de Lula. Lo que el juez federal de primera instancia Sergio Moro hace es la aplicación descarada del lawfare y no esconde el ánimo persecutorio contra el expresidente, condenándolo sin pruebas materiales irrefutables. Por eso es considerado un prisionero político.
Es importante observar que este tipo de política obedece a una amplia estrategia pensada a partir de los intereses del imperio con los aliados internos de nuestro país. Brasil es decisivo en términos de geopolítica y de bienes y servicios naturales abundantes, capaz de garantizar la base física y química que sustenta el sistema de vida y el sistema-Tierra, ya en alto grado de erosión.
El golpe fue dado bajo la égida del más riguroso neoliberalismo y de la voracidad del capital especulativo de cariz capitalista que domina la política en el mundo entero.
Es sabido que el orden capitalista, por su individualismo y la furia de acumulación nunca se ha llevado bien con la democracia. Si la democracia más que el derecho de votar, implica buscar la igualdad de todos los ciudadanos con referencia a las leyes, los derechos básicos, la justicia social y las garantías fundamentales, debemos decir que es más un señuelo que una realidad. La democracia moderna se construyó como representativa de toda la sociedad. En realidad, en general representó los intereses de los poderosos y subrepresentó los del pueblo trabajador o pobre.
Los datos de varias entidades serias nos indican que cerca de ocho mil multimillonarios controlan gran parte de la economía mundial, dejando a millones y millones de personas en la pobreza y el hambre. Como la lógica capitalista es la competencia y no la solidaridad, entra en una era de barbarie y de gran inhumanidad.
Este tipo de capitalismo necesita de democracias de bajísima intensidad, con un Estado sometido al mercado, con la menor participación popular posible. La estrategia de los países capitalistas apunta a recolonizar América Latina y Brasil, condenados a ser meros exportadores de commodities (alimentos, minerales y otros).
El golpe de 2016 se dio con ese propósito, en sí antipatriótico, antipopular y profundamente injusto, en beneficio de los ricos y herederos de la Casa Grande. Este golpe liquidó el Estado democrático de derecho. Guardó las apariencias y las instituciones, pero no funcionan como prevé la Constitución o funcionan sin imparcialidad.
Se inauguró el “pos-Estado democrático”, categoría usada por Rubens Casara, juez de derecho del Tribunal de Justicia de Río de Janeiro y profesor universitario, con notable capacidad teórica para pensar el desastre de la democracia brasileña y la ideología subyacente. En la actualidad rige, en efecto, un estado de excepción, a la moda del jurista alemán Carl Schmitt (1888-1985) que justificaba el régimen de Hitler, pues para él el criterio del político reside en la definición del enemigo a ser satanizado y destruido (cf. El concepto de lo político, Voces 1992, 51-53). Por encima de todas las leyes está el “Führer” o el “Duce”, que siempre tienen razón.
La consecuencia se lee en el sub-título del libro: “neo-oscurantismo y gestión de los indeseables”. Es decir, se mantiene la farsa democrática y se castiga a los más pobres, pues son indeseables al sistema de acumulación y de consumo.
El desafío actual consiste en rescatar la democracia mínima (no aquella “sin fin” de Boaventura de Souza Santos o como “valor universal” de Norberto Bobbio, ni la democracia “socio-ecológica” de Zaffaroni y mía) sino simplemente la pura y simple democracia, expresada en el Estado Democrático de Derecho. Debemos repudiar al Estado posdemocrático como excrecencia de la democracia y otro nombre para el régimen de excepción.
*Leonardo Boff escribió: Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.
Traducción de Mª José Gavito Milano

miércoles, 14 de marzo de 2018

carta No. 9 - La Ética ciudadana en la Pos-Consulta



Con los ojos fijos en El 
en la realidad y la fe

carta No.9
marzo 2018
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La Ética ciudadana en la Pos-Consulta

El Ecuador ha protagonizado como ciudadanía un hecho histórico: La consulta popular del 4 de febrero.  Ahora, como ciudadanía nos toca, en consecuencia, aceptar nuestra responsabilidad ética y política y actuar en consecuencia.

El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Transitorio ha comenzado actuar y sus primeras acciones han sido recibidas con beneplácito; a futuro inmediato deberá realizar una evaluación de todas las autoridades de control para analizar su desempeño y en caso de ameritar, sustituirlas con otras personas.  La Asamblea Nacional ha iniciado un proceso organizativo que le permita ejecutar lo resuelto en la consulta, aunque también hemos presenciado bloqueos y enfrentamientos entre bandos de asambleístas.  También se han hecho graves denuncias cruzadas entre protagonistas del anterior gobierno, e incluso, por una de ellas, se ha destituido al Presidente de la Asamblea.  En medio de este panorama es necesario asumir la demanda de la ética y sus consecuencias.

La Ética ciudadana, nos exige generar como espacio de acción un ambiente sano y agradable, lejos de intereses personales y de grupo, buscando el bien común, donde todos seamos un equipo trabajando conjuntamente para alcanzar objetivos comunes, utilizando cada uno sus talentos y capacidades y aprendiendo unos de otros, sin egoísmos, en paz y armonía, utilizando los valores y aportes positivos de cada quien, solo así la Patria podrá crecer y enfrentar los graves desafíos que nos afectan a todos

Después de la Consulta bajo ningún punto de vista debemos ni podemos quedarnos inmovilizados por la indiferencia confiando que solamente las autoridades implementen nuestro pronunciamiento.  Los ecuatorianos por décadas hemos sido observadores lejanos a la administración de los bienes comunes, nos hemos desatendido de lo que es responsabilidad de todos, como si las autoridades, fueran las propietarias del presente y futuro de todos.  Hemos preferido olvidarnos que en una democracia los mandatarios son los ejecutores de la voluntad de los mandantes.  Y en muchos casos y en varias ocasiones los resultados han sido trágicos.  Es cuando, ante el mal producido, no nos queda otra cosa que lamentarnos y en el mejor de los casos, aunque tardíamente, revelarnos y protestar ante el desgobierno

Es que la corrupción, el abuso del poder para provecho personal o de grupo se ha dado por la apatía ciudadana que ha dejado toda la responsabilidad a los gobernantes de turno.  Si bien ha existido siempre la corrupción, en la actualidad, al parecer, es más generalizada, parece que lo importante es llegar a ser rico, aun a costo del robo y la falsedad, despojando a todos los que honradamente buscan con su trabajo, el pan de cada día.  Tenemos que reconocer, sin embargo, que no se roba exclusivamente desde el gobierno, hay también otras muchas formas de perjuicio y sinvergüencería, con un agravante, que, al parecer, estos otros tipos de robo nos parecen hasta comunes y normales.

Como ha dicho el Papa Francisco la corrupción es a los pueblos como una terrible peste que no solo empobrece y produce miseria y dolor, sino que mata.  Denunciar y luchar contra la corrupción es una obligación moral de toda persona.  Todos tenemos la obligación de cuidar de todos y todas, y una de las peores amenazas es la corrupción.

La corrupción la superaríamos cambiando las formas ciudadanas de actuar, recuperando los valores humanos y la responsabilidad social.  Responsabilidad social de los actos individuales y colectivos, todos hombres y mujeres comunes, tanto como las autoridades, debemos responder por nuestras acciones y decisiones conforme a los principios fundamentales de la ética política.

Las instituciones del Estado están obligadas a implementar y operativizar las decisiones ciudadanas expresadas en las urnas el 4 de febrero, pero también la ciudadanía debe asumir la responsabilidad que le corresponde, cumpliendo su tarea de participación y control social, solo así los gobernantes de turno no se olvidarán que la voluntad popular delegada a través del voto no es un cheque en blanco, sino una delegación de confianza y está enmarcada dentro de objetivos claros y precisos que deben ser cumplidos a raja tabla, sin desviarse de la orientación dada por el pueblo en las urnas.,

Para que esto sea realidad es necesario que la ciudadanía actúe y participe organizadamente, sin desmayar, con el fin de controlar a través de veedurías que exijan el cumplimiento de esas delegaciones confiadas tal cual como fueron concebidas.

Esta participación activa, en donde la ética ciudadana se convierte en el motor de la participación ciudadana:
  1. Da a las personas deberes, derechos y participación social.
  2. Permite cultivar y vivir virtudes como la lealtad, libertad, tolerancia y responsabilidad.
  3. La participación ciudadana organizada permite pertenecer a una comunidad y tener vida social, además se posee conciencia ciudadana.
  4. La conciencia ciudadana proyecta a la ciudadanía a otro estadio de comportamiento que implica cumplir responsabilidades y reclamar derechos.

Si nos enrumbamos en la lógica de la participación como una manifestación de nuestra ética ciudadana, los mandatarios tendrán que cumplir a raja tabla las decisiones expresadas por los mandantes en las urnas el pasado 4 de febrero, si sucede lo contrario, simplemente, pasará el fervor del momento y volveremos a lo mismo de siempre.

Coordinación: Andrés León
Observatorio Político

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de los Observatorios de Política y Eclesial, que reúnen periódicamente a los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

lunes, 10 de abril de 2017

¿Es posible ser ético?

Frei Betto
¿Puede impedirse la corrupción creada por la relación promiscua entre el Estado y los intereses privados? Depende. No bastan las leyes. Es necesario crear mecanismos para su rigurosa aplicación. Y aunque existan, sus agentes, como los inspectores de Carne Fraca, pueden pasar por alto muchas cosas gracias a la corrupción.