Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión ecuatoriana Justicia
y Paz
carta No. 304 – 31 de agosto 2025
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¿NUESTRA
DEMOCRACIA NOS REPRESENTA?
“La democracia tiene inherente un gran e indudable valor: el de estar "juntos", el de que el ejercicio del gobierno tenga lugar en el contexto de una comunidad que se confronta libre y secularmente en el arte del bien común, que no es sino un nombre diferente de lo que llamamos política”. Papa Francisco, En el corazón de la democracia.
La democracia representativa es un sistema de gobierno en el que
el poder reside en el pueblo, pero se ejerce a través de representantes electos
en elecciones libres y periódicas. Se sustenta en cuatro pilares fundamentales:
la independencia de las funciones del Estado, el respeto pleno a los derechos
humanos, la escucha de la voz del pueblo y la vigencia del Estado de derecho.
En teoría, en el Ecuador vivimos en una democracia representativa.
Las características de este modelo son claras: voto popular
mediante el cual los ciudadanos eligen a sus representantes; autoridades
electas —ejecutivo y legislativo— que toman decisiones en favor del bien común;
participación electoral en comicios libres y competitivos; elecciones
periódicas en los plazos establecidos; igualdad de todos los electores; y la
garantía de derechos y libertades como la expresión, la asociación y el acceso
a la información. Todo esto debería cumplirse en nuestra democracia. La pregunta
es: ¿ocurre realmente en la práctica?
El primer pilar, la independencia de las funciones del Estado,
debería permitir un contrapeso de poderes. Sin embargo, el carácter
hiperpresidencialista de nuestra Constitución otorga atribuciones excesivas al
Ejecutivo en detrimento de las demás funciones. Los sucesivos gobiernos han
aprovechado esta concentración de poder para ejercer control total. La paradoja
es evidente: quienes critican esta práctica desde la oposición, al llegar al
poder la repiten y profundizan.
El segundo pilar es el respeto a los derechos humanos,
comenzando por el derecho a la vida. En nombre de la “guerra interna” contra
las bandas criminales y el narcotráfico, el Gobierno impulsa una estrategia de
choque que busca canjear libertad por seguridad. Al mismo tiempo, el derecho a
la salud se ve desmantelado: el presupuesto se redujo en 1.200 millones de
dólares y apenas se ejecutó el 20%, con el resultado de hospitales
deteriorados, falta de medicinas y corrupción que persiste. El derecho al trabajo
se erosiona con despidos masivos y propuestas de precarización.
El tercer pilar es escuchar la voz del pueblo. Sin embargo, el
Gobierno ha ignorado los resultados de consultas populares como la del Yasuní,
la defensa del agua en Cuenca o la protección del Chocó Andino. Del mismo modo,
incumple mandatos judiciales como la eliminación de los mecheros de gas en la
Amazonía. La participación ciudadana y el derecho a la resistencia se perciben
como amenazas, y el Consejo de Participación Ciudadana —espacio de
representación directa— ha sido convertido en botín político, con intentos
actuales de eliminarlo para regresar a mecanismos controlados por los gobiernos
de turno.
El cuarto pilar es la vigencia del Estado de derecho. En lugar
de ello, prevalece la imposición de la voluntad del Ejecutivo, ignorando leyes
y tratados. Si se requiere cambiar la Constitución, existen mecanismos
establecidos para hacerlo. Sin embargo, la tendencia apunta hacia un Estado
policial y autoritario, donde la verdad jurídica se sustituye por hechos
consumados y discrecionalidad, otorgando carta blanca a los aparatos
represivos.
Frente a este escenario, cabe preguntarse: ¿cómo romper el
círculo vicioso de regímenes que hablan de democracia, pero consolidan modelos
autoritarios? La respuesta está en los pueblos y comunidades que, pese a las
amenazas, la inseguridad y la violencia, continúan organizándose para defender
la vida y la Pacha Mama. Todavía es posible una democracia basada en el
principio de “mandar obedeciendo”: “quien quiera ser primero, que sea el último
y el servidor de todos” (Mc 9,15). ¿Será una utopía irrealizable? #ComuniquemosEsperanza
Con los ojos fijos en El, en la realidad y la
fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz,
resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar,
reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.
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