Con los
ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión
ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 345 –14 de junio, 2026
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Poder y civilización del Amor
“En un
mundo cada vez más interdependiente, la paz no es un tema entre otros, sino una
condición del bien común universal y una prueba para la madurez moral de los
pueblos, y especialmente de quienes son llamados a puestos de responsabilidad
en el gobierno “. Papa León XIV,
Magnifica humanitas, n° 182.
El capítulo 5 de la
encíclica Magnifica humanitas presenta la dicotomía entre la cultura del poder
y la civilización del amor, dos caminos radicalmente distintos para el futuro
de la humanidad.
En la cultura del poder,
dominar a cualquier costo dicta los criterios de decisión, relegando el bien
común a un segundo plano y reduciendo el drama concreto de los pueblos en
guerra a algo secundario ante los intereses estratégicos (N.° 188). Los últimos
sesenta años han estado marcados por conflictos feroces, que han afectado a los
civiles, víctimas inocentes, y han provocado miles de refugiados,
desestabilización social y heridas de larga duración (N.° 189).
Se pierde la memoria
histórica; sin ella, los horrores de la guerra se convierten en decisiones
políticas basadas en cálculos de fuerza (N.° 191). La guerra se libra a través
de narrativas de amigo-enemigo, desinformación y miedo (N.° 192). Las industrias
armamentísticas y los países que las suministran tienen un mercado que prospera
gracias a los conflictos (N.° 193); por eso las guerras se alargan y es más
fácil iniciarlas que detenerlas. La IA no libera al conflicto de su
inhumanidad: solo lo hace más rápido e impersonal (N.° 198).
La crisis del sistema
multilateral ha debilitado las instituciones internacionales. La globalización
ha sido incapaz de garantizar el diálogo, la unidad y la paz; más bien, ha
suscitado reacciones fundamentalistas, identitarias y nacionalistas (N.° 201).
La fuerza del derecho internacional es sustituida por el “derecho del más
fuerte” (N.° 202). Vivimos en una ceguera espiritual y cultural que normaliza
errores gravísimos: los extremismos religiosos y los fanatismos, junto con un
economicismo irracional, son terreno fértil para nuevas guerras, tal vez aún
más peligrosas que las anteriores, incluso nucleares, pues se pierde todo
límite ético (N.° 206-207).
Frente a esto hay que
construir la civilización del amor, que no se agota en la denuncia del mal,
sino que mira la historia desde Cristo, muerto y resucitado, que nos recuerda
que conocemos la luz, que podemos vencer a las tinieblas y dar a la historia horizonte
y dirección (N.° 210-211). Para hacerlo, tenemos que dar nuestro aporte y
seguir adelante, sin desmayar, para que los problemas los superemos juntos.
Hay cinco vías de
responsabilidad: desarmar las palabras, decir no a la guerra y a la violencia,
y construir la paz desde la justicia, porque la verdadera paz solo nace de ella
(N.° 215). También debemos asumir la mirada de las víctimas y “tocar la carne”
de quienes sufren (N.° 216), recuperar un sano realismo que evite tanto el
idealismo como el cinismo (N.° 218), y fortalecer el diálogo entre personas,
pueblos y religiones, porque nadie puede usar a Dios para justificar el
terrorismo, la violencia o la guerra (N.° 219-223). Finalmente, es urgente
recuperar la diplomacia y el multilateralismo, orando por la paz y
comprometiéndonos a hacerla realidad en nuestras relaciones y en la sociedad
(N.° 229).
Como conclusión, la
encíclica nos señala que, en la construcción de la civilización del amor,
tenemos que asumir que todos somos parte de un solo cuerpo (1 Co 12,27),
llamados a asumir un papel activo, sin refugiarnos en espiritualismos o en
nuestros pequeños mundos. Debemos ser fieles a la verdad, invertir en
educación, cuidar las relaciones y amar la justicia y la paz (N.° 236). El
mensaje del Magnificat nos hace mirar el mundo desde abajo, desde los débiles,
y no con la óptica de los poderosos (N.° 244). El Señor sigue haciendo nuevas
todas las cosas y mantiene abierta, para cada época, la posibilidad de
convertirse en historia de salvación (N.° 245). #ComuniquemosEsperanza
Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es
una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de
reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar
y proponer alternativas, a través de estas cartas.
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