Con los
ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión
ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 346 –22 de junio, 2026
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Fútbol: entre
la razón y la pasión
“El fútbol nos recuerda algo que no debemos
olvidar: la vida no es una carrera para lucirnos por nuestra cuenta, sino un
camino que aprendemos a recorrer juntos… Quien no sabe pasar el balón, aunque
tenga talento, aún no ha entendido el juego; quien no sabe vivir con y para los
demás, aún no ha entendido la vida”. Mensaje del Papa León XIV antes del
mundial 2026.
Pocas manifestaciones
culturales movilizan tantas emociones, generan identidades colectivas y
producen pertenencia como el fútbol. Más que un deporte, es un fenómeno social
global que atraviesa fronteras, culturas, idiomas y clases. Millones de
personas se reúnen en un estadio, frente a una pantalla o un teléfono, para
compartir una pasión capaz de suspender, aunque sea por un momento, las
divisiones cotidianas. Pero también encierra profundas contradicciones.
El fútbol es un poderoso
espacio de integración social que une a las personas mediante emociones,
símbolos e identidades compartidas. Los clubes representan comunidades y
territorios, mientras la pasión futbolística se transmite entre generaciones,
fortaleciendo vínculos y sentido de pertenencia.
El fútbol también alimenta
sueños. Para millones de niños y jóvenes de sectores populares, la figura del
futbolista exitoso simboliza la posibilidad de superar la pobreza, alcanzar
reconocimiento y transformar el destino de sus familias. En los barrios humildes,
una cancha improvisada es un espacio de esperanza y de proyectos de vida.
Sin embargo, junto a estas
virtudes aparecen sombras. El fútbol contemporáneo es una industria global en
la que los intereses económicos ocupan un lugar central. Los clubes son marcas,
los jugadores se convierten en activos financieros y los aficionados, en
consumidores.
Los grandes torneos
movilizan miles de millones en publicidad, derechos televisivos, patrocinios y
apuestas. Las camisetas cambian cada temporada para estimular las compras, los
estadios se transforman en centros de consumo y las figuras deportivas promueven
productos de todo tipo. La pasión colectiva se convierte así en una
extraordinaria fuente de rentabilidad.
Esta mercantilización
genera desigualdad. Mientras algunos empresarios y futbolistas acumulan
fortunas, miles de jóvenes quedan fuera del sistema profesional, sin
oportunidades reales. Los clubes millonarios concentran recursos y talento,
ampliando las brechas con los más modestos.
Existe, además, una
dimensión política. A lo largo de la historia, algunos gobiernos han utilizado
los éxitos deportivos para fortalecer su legitimidad o distraer la atención de
problemas estructurales. El entusiasmo de una victoria puede relegar los debates
sobre pobreza, desempleo, corrupción, violencia o exclusión. El espectáculo
opera como una válvula de escape emocional que permite olvidar las tensiones de
la realidad.
El fútbol contemporáneo
funciona como una especie de religión, con estadios, símbolos, rituales y
héroes que despiertan fe y esperanza. Sin embargo, esta “religión futbolística”
gira principalmente alrededor del espectáculo, la competencia y el consumo.
El fútbol es un espacio de
encuentro, integración e identidad colectiva. Inspira disciplina, trabajo en
equipo, esfuerzo y solidaridad, pero también puede convertirse en un
instrumento de manipulación comercial, desigualdad o evasión frente a los
problemas sociales.
Para que esta Copa del
Mundo no se reduzca a un simple circo mercantilista, hay que orientarla hacia
el bien y la bondad: “El éxito de un equipo es, efectivamente, el resultado de
una serie de virtudes humanas: la armonía, la lealtad, la capacidad de amistad
y de diálogo, la solidaridad. Se trata de valores espirituales que se
convierten en valores deportivos. Ejercitando estas cualidades morales, podéis
lograr que resalte todavía más la verdadera finalidad del mundo del deporte,
marcado algunas veces por fenómenos negativos… ¡Sed campeones del deporte, pero
sobre todo de la vida!” (papa Francisco, 25 de mayo de 2016). #ComuniquemosEsperanza
Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es
una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de
reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar
y proponer alternativas, a través de estas cartas.
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