Con los
ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 342 –24 de mayo de 2026
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El Espíritu Santo
transforma vidas
“El Espíritu nos invita a no perder nunca la confianza. El
Espíritu es concreto, no es idealista y quiere que nos concentremos en el aquí
y ahora, porque el sitio donde estamos y el tiempo en que vivimos son los
lugares de la gracia… Entremos en la
escuela del Espíritu Santo, para que nos enseñe todo. Invoquémoslo cada día,
para que nos recuerde que debemos partir siempre de la mirada de Dios sobre
nosotros, tomar decisiones escuchando su voz, y caminar juntos, dóciles a Él y
abiertos al mundo". Papa Francisco.
A
esos discípulos asustados, que se escondieron, que salieron despavoridos, que
no sabían qué pasaba, que estaban confundidos, que sentían miedo y angustia,
que estaban decepcionados, porque, al fin y al cabo, su “Maestro” fue
crucificado, y ellos se quedaron “como gallina sin cabeza”.
Estaban refugiados en algún lugar
secreto para que ninguna autoridad los encontrara. Amedrentados, acobardados,
sin saber qué hacer con su vida… hasta que supieron que Jesús resucitó y
sintieron y vivieron Pentecostés. El Espíritu Santo marcó la vida de los
apóstoles y la cambió radicalmente. Vencieron el miedo y la angustia, salieron
a las calles y plazas a anunciar al Resucitado. Nada ni nadie los detenía. El
Espíritu les hizo ver, pensar, comprender y actuar en el mundo con los ojos,
con el pensamiento, con la comprensión y con las acciones del Señor.
Aquí y ahora, los cristianos estamos
llamados a preguntarnos cómo actuamos frente a la realidad y si de verdad
vivimos como testigos fieles del Señor y constructores de su Reino, o si más
bien acomodamos la fe a nuestra conveniencia, creyendo cumplir la voluntad de
Dios mientras hacemos solo lo que nos resulta más fácil o favorable.
Si permitimos que el Espíritu Santo
irrumpa en nuestras vidas, sentiremos que es “una fuerza que no nos pertenece,
pero que nos habita, se hace cargo de nuestra vida y se encarga de ella
bastante mejor de lo que lo haríamos nosotros mismos si nos empeñáramos”. Nos
ayuda a discernir, a ser humildes y a salir de la ceguera espiritual, del
amodorramiento, del egoísmo, de la explotación, de la exclusión, de las
guerras, del hambre, de la violencia, de la corrupción y de todas las
manifestaciones de pecado y de muerte que hoy abundan en nuestro mundo.
Bajo ningún punto de vista se trata de
un acto de magia, ni es cuestión de buena voluntad, de discursos conciliadores
o de decir hipócritamente que somos hermanos, manteniendo privilegios y
olvidando a los más necesitados… El Espíritu Santo es fuego, es viento que
estremece. Tenemos que nacer del Espíritu (Juan 3, 8) para seguir labrando el
mismo terreno, sembrando la misma semilla y esperando que crezcan frutos
derivados de su acción en cada creyente, y que ese testimonio se proyecte en la
familia, en el trabajo, en la sociedad, en la ciudad, en el país y en el mundo.
Las pequeñas comunidades cristianas son tierra fértil para que la acción del
Espíritu empiece a manifestarse y a obrar.
“La voz de un silencio tenue” (1 Re
19,12) puede convertirse en el grito del silencio, ya que, al revisar y
rastrear nuestras vidas, podemos darnos cuenta de las huellas que ha dejado el
Espíritu en nosotros. Sin darnos cuenta, “el Espíritu viene en auxilio de
nuestra debilidad” (Rom 8, 26); en los momentos más difíciles y vulnerables,
está ahí, jamás nos deja ni nos abandona. Sigue siempre a nuestra disposición.
“Pentecostés nos incendia para sentir
el mundo como lo sentía Jesús, sin permitir que la ausencia prolongada del
Señor y el sufrir de tanta gente nos abrumen hasta el punto de apagar nuestra
esperanza. Porque en medio de tantas cosas en contra, allí está también el
Espíritu a favor nuestro, amigo fiel a nuestro lado para sostener en nosotros
ese deseo que nos hace seguir clamando tercamente: ‘¡Ven, Señor Jesús!’ (Ap 21,17)” (Antonio Pagola).
El Espíritu nos permite navegar por el
mar de la vida, abre ventanas, ilumina pensamientos, potencia sabidurías,
fortalece las debilidades, consuela aflicciones, nos da paz en medio de la
tormenta.
Solo necesitamos “desplegar nuestras
velas” y dejar que el Espíritu nos conduzca hacia Dios, Padre y Madre, amor,
donación, abundancia, generosidad y solidaridad que se nos ha revelado en
Jesús. El Espíritu Santo transforma vidas. #ComuniquemosEsperanza
Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es
una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de
reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar
y proponer alternativas, a través de estas cartas.
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