Con los
ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 341 –17 de mayo de 2026
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Misionero hasta el
final
Os deseo que seáis “pastores con olor a oveja”, personas capaces de vivir, de reír y llorar con vuestra gente. Os invito a tener siempre grandes horizontes, a soñar, a soñar con una Iglesia totalmente al servicio, con un mundo más fraterno y solidario. Y para ello, como protagonistas, tenéis una contribución que ofrecer. No tengáis miedo de atreveros, de arriesgaros, de seguir adelante, porque todo lo podéis hacer con Cristo, que os conforta. Papa Francisco, mensaje a los sacerdotes.
Hace 10 años, en Luena (Angola), entregó su vida al Creador Mons. Gonzalo López Marañón, carmelita descalzo, obispo vicario apostólico emérito de Sucumbíos y misionero hasta el fin. Dio todo, vivió y murió en, por y para la misión.
En 1970 fue
nombrado Prefecto Apostólico de San Miguel de Sucumbíos (Ecuador), cargo que
ejerció hasta 1984, cuando fue consagrado obispo del vicariato del mismo
nombre. Trabajó en la Amazonía durante 40 años.
Llegó a
Sucumbíos en un tiempo de profundos cambios: avanzaban con fuerza la
exploración y explotación petrolera, crecía la colonización interna, los
pueblos indígenas sufrían la violación de sus derechos y la frontera con
Colombia vivía una violencia constante. Al mismo tiempo, la Iglesia atravesaba
una renovación marcada por el Vaticano II y por la opción por los pobres
asumida en Medellín y Puebla.
En su labor
pastoral lideró una Iglesia abierta, participativa y claramente comprometida
con los pobres y las comunidades, sin excluir a otros movimientos. Impulsó la
pastoral indígena y afroecuatoriana, promovió equipos pastorales insertos en la
realidad del pueblo y fomentó ministerios laicales y asambleas con un espíritu
que hoy llamaríamos sinodal. No era una Iglesia perfecta, pero sí una Iglesia
local viva: la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos, ISAMIS.
Su gestión
sociopolítica fue fundamental para estructurar la sociedad y contribuir a la
creación de la provincia de Sucumbíos (1989). Apoyó las organizaciones de las
nacionalidades indígenas Kichwa, Shuar y Kofán, así como las de los campesinos,
las mujeres, los padres de familia por la educación y los derechos humanos. De
hecho, casi todas las organizaciones populares que nacieron entonces y muchas
de las que siguen funcionando hoy tienen su origen en ISAMIS. Destacan también
las acciones sociales en los campos de la educación, la salud, el hogar de
acogida, la comercialización después del terremoto de 1987, los procesos de
capacitación y la Radio Sucumbíos.
Hubo luchas
muy duras: contra los abusos de las petroleras, especialmente la Texaco, origen
del Frente de Defensa de la Amazonía; la defensa de los 11 indígenas del
Putumayo, apresados y torturados injustamente por las fuerzas de seguridad,
acusados de “guerrilleros de finca” en 1993 y declarados inocentes en 1998; y
la atención a los desplazados y refugiados colombianos y ecuatorianos de la
frontera por la violencia generada durante el “Plan Colombia” del gobierno de
Uribe y de los Estados Unidos, a partir del año 2000. Por su prestigio, en
numerosas ocasiones fue elegido presidente de la Asamblea Provincial por los
sectores sociales, que lo preferían antes que a las autoridades locales.
Resumía su
vida y trabajo con estas palabras: “He tenido la oportunidad de ver nacer
una sociedad y una Iglesia desde los pobres. Un seguidor de Jesús empieza con
Jesús y termina con Él, y va a donde vaya Él. Y eso es lo que me ha mantenido
vivo”.
Como todo
buen discípulo, tuvo su propio calvario. Aunque había presentado su renuncia
varias veces y había cumplido ya los 75 años en 2008, en 2010 fue expulsado de
forma cruel del vicariato por una orden del Vaticano. ISAMIS fue entregada a
los Heraldos del Evangelio. Fue un cambio radical. La población y las
comunidades no lo aceptaron, y se generó una división que involucró incluso a
las autoridades del país. La sociedad ecuatoriana reconoció el trabajo de
Gonzalo, y él realizó un “Ayuno por la reconciliación en Sucumbíos” en un
parque de Quito. Al final, los Heraldos salieron del vicariato, Gonzalo se
retiró a España y luego se trasladó a la misión en Angola, donde falleció el 7
de mayo de 2016.
La semilla sembrada por Gonzalo sigue dando
frutos. Ahora la tierra de África cubre sus restos, pero su corazón y su alma
siguen vivos en Sucumbíos.
#ComuniquemosEsperanza
Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es
una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de
reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar
y proponer alternativas, a través de estas cartas.
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