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domingo, 18 de enero de 2026

carta No. 324: Sin probidad notoria no hay justicia

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 324 –18 de enero de 2026
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Sin probidad notoria

no hay justicia

“La justicia no es solo un sistema, sino una virtud que pone a los operadores al servicio de las personas, el pueblo y el Estado, siempre buscando la verdad y la sabiduría, buscando dignificar a cada persona y no dejar a nadie atrás, especialmente a los pobres y vulnerables”. Papa León XIV


La justicia ecuatoriana atraviesa una de sus horas más turbias. Las recientes denuncias, renuncias, disputas internas y cuestionamientos públicos al Consejo de la Judicatura y, en especial, a su presidente, no son hechos aislados ni simples escándalos administrativos: son, más bien, la manifestación visible y palpable de una crisis estructural e histórica que, desde hace años, ha minado la confianza ciudadana. Casi nadie confía en esa justicia. Esta crisis no solo compromete la institucionalidad del Estado, sino que golpea directamente a los sectores más vulnerables del país.

Las denuncias cruzadas, las presiones políticas y las persistentes sospechas de corrupción, incluido el posible influjo de la delincuencia organizada o del narcotráfico, han dejado al descubierto un problema profundo: la justicia se ha transformado en un campo de disputa de poder, cuando debería ser un espacio de garantía de derechos. Cuando el órgano encargado de administrar, evaluar y disciplinar a jueces y juezas pierde legitimidad, todo el sistema se resiente, y quienes pagan el precio más alto no son los poderosos, sino las víctimas anónimas que esperan justicia durante años.

La crisis no se explica solo por fallas individuales o coyunturales: su raíz está en la politización de la justicia, ya peligrosamente normalizada. Designaciones, evaluaciones y decisiones disciplinarias han sido atravesadas por intereses ajenos a la verdad, debilitando gravemente la independencia judicial. Esta crisis tiene efectos concretos y dolorosos: en zonas rurales y urbano-populares, la justicia se vive como lejana, lenta y muchas veces corrupta o inaccesible. Para comunidades empobrecidas, mujeres víctimas de violencia y pueblos indígenas, esto se traduce en impunidad y en la falta real de reparación, protección y dignidad.

Frente a este escenario, agravado por la inseguridad, la respuesta institucional ha sido errática y, en ocasiones, autocomplaciente. Las renuncias y los cambios de autoridades, lejos de abrir un proceso serio de reforma y autocrítica, han generado vacíos de poder y mayor incertidumbre.

Desde una perspectiva ética y cristiana, la justicia no puede reducirse a procedimientos formales ni a disputas entre poderes; debe estar al servicio de la vida, de la verdad y de los derechos humanos. Esta es, en esencia, la vocación de los abogados. Cuando el sistema judicial pierde su orientación ética, se convierte en un instrumento que reproduce desigualdades y legitima abusos. Por eso, esta crisis es también moral.

Durante años, el debate sobre la justicia en Ecuador ha quedado encerrado entre élites políticas y técnicas, sin escuchar a quienes padecen sus fallas. Por eso es imprescindible que la designación de nuevas autoridades del Consejo de la Judicatura sea un proceso transparente, participativo y verdaderamente independiente, sin arreglos bajo la mesa ni reparto de cuotas. La justicia no puede ser un botín político: sin independencia real y probidad notoria no habrá justicia y, sin justicia, no habrá paz.

Hacemos un llamado a la sociedad ecuatoriana a no caer en la resignación. La crisis de la justicia no es un destino inevitable: es el resultado de decisiones humanas y, por tanto, puede y debe ser transformada. Desde la Comisión Justicia y Paz reafirmamos nuestro compromiso de seguir trabajando para que se rompa ese “círculo perverso” que ha sumido a la justicia ecuatoriana en una barbarie única, asfixiando la institucionalidad nacional y sometiendo a la ciudadanía.

“De hecho, si no se respeta la justicia, se generan conflictos. Sin justicia, se consagra la ley del fuerte sobre el débil...” (Papa Francisco). Sin probidad notoria no hay justicia. #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

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