Con los ojos fijos en
Él
en
la realidad y la fe
Comisión
ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 109 – 5 de diciembre 2021
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Movilización Ética
en contra de toda pobreza
“Los
tiempos nos hablan de mucha pobreza en el mundo, y esto es un escándalo. La
pobreza del mundo es un escándalo. En un mundo donde hay tantas, tantas
riquezas, tantos recursos para dar de comer a todos, no se puede entender cómo
hay tantos niños hambrientos, que haya tantos niños sin educación, ¡tantos
pobres! La pobreza, hoy, es un grito”. (Papa Francisco, 2013)
Tres de cada 10 ecuatorianos
(5,7 millones de personas) viven en situación de pobreza, con menos de US $84
mensuales. Y en extrema pobreza, uno de cada 10 sobreviven con menos de US $
47.37 al mes. De estos, la mayor concentración en pobreza y extrema pobreza está
en el área rural: alrededor del 77%; y en el sector urbano: el 33% (INEC
jun/2021).
En gran parte estas
pobrezas se deben a la escasez de empleo. En Ecuador de los 8,39 millones la
Población Económicamente Activa – PEA, apenas un tercio (2,68 millones) posee
empleo adecuado. En las zonas rurales de los 2,8 millones, solo 446 mil
personas (15,7%) cuentan con un empleo adecuado. El 25,9% está en el subempleo,
es decir, gana menos de un salario básico, el 32,7% tiene cualquier otro tipo
de empleo para sobrevivir, el 23,2% tiene un trabajo no remunerado y el resto
está en el desempleo, según el INEC.
Esta pobreza
estructural es parte del "paisaje nacional" y es aceptada como normal
por la sociedad. Pocos se preguntan por las causas de esta realidad lacerante
que carcome el tejido social. Simplemente está ahí presente. Para muchos pasa
desapercibida y solo es mencionada en períodos electorales por candidatos que
buscan votos, o en ocasiones especiales como Navidad.
La cruda
realidad de la pobreza material no cambia porque hay una pobreza integral,
sistémica, holística, que va más allá de la ausencia de recursos económicos y
que abarca la integridad del cuerpo social. Como país estamos sumidos en una
miseria ética que ha gangrenado todo el circuito cotidiano, que se manifiesta
en la galopante corrupción, descarada impunidad, manipulación fraudulenta de la
justicia, palanqueos, abusos de poder, primacía de intereses personales y de
grupo, degradación de la palabra, irresponsabilidad, indisciplina y engaño,
entre otras.
Además de
económica… vivimos una pobreza ética, espiritual, social y política. Lamentablemente
para este tipo de pobrezas no hay estadísticas ni definiciones, sin embargo y
sin temor a equivocación, esta pobreza mantiene a la sociedad sumida en una "desnutrición
ética extrema y crónica" que impide el desarrollo del país.
Vivimos en medio
de una combinación perversa de pobreza material y ética que afecta a todo e impide
cualquier posibilidad de equidad, ecuanimidad, justicia, paz, desarrollo, buen
vivir… para toda la población. Es una pandemia que deambula por todas partes y se
ha posicionado fuertemente. Está ahí, sin políticas ni planes estatales que
puedan enfrentarla. Mientras tanto, la degradación ética sigue haciendo de las
suyas y creciendo en las diferentes instancias.
La pobreza
tiene, por un lado, unos rostros que evidencian hambre, falta de empleo, de
servicios básicos, de medios para subsistir diariamente y, por otro, unos
rostros encandelillados por el poder, la demagogia, el oportunismo, el
individualismo, el lujo y la abundancia alcanzada por la voraz ambición que ha
fracturado el valor humano.
Es necesaria una movilización ética
nacional, que vaya más allá de credo u opiniones políticas, que desafíe todas
las formas de injusticia, de corrupción, de impunidad, que incida sobre las
causas estructurales de la pobreza y el hambre, que cree y garantice un trabajo
decente y útil para todos, especialmente para los más pobres, y que se oponga a
la economía de la exclusión, consumista y egoísta, y a la cultura del descarte.
· #ComuniquemosEsperanza
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