Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión
ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 329 –22 de febrero de 2026
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Epstein:
la degradación y deshumanización
No
es menos preocupante la miseria moral que consiste en convertirse en esclavos
del vicio y del pecado… Esta forma de miseria moral que también es causa de
ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea
cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Papa Francisco, reflexiones
sobre la cuaresma.
La Cuaresma es un
período de reflexión y conversión. Un tiempo para mirar nuestro presente y
buscar caminos de purificación, abiertos a la Buena Noticia. El Evangelio del
Primer Domingo de Cuaresma (Lc 4,1-13) relata las tres tentaciones de Jesús en
el desierto: 1) convertir piedras en pan (hambre y materialismo), 2) lanzarse
del templo (probar a Dios y soberbia), y 3) adorar a Satanás a cambio de reinos
(poder e idolatría), antes de empezar su misión pública.
Vivimos un tiempo de
cambios profundos, no solo en lo económico y lo político, sino también en la
moral y la ética, en la forma en que se redefine el bien y el mal. En nuestro
tiempo, la clave parece estar en la tercera tentación: la idolatría del poder,
que termina por suplantar el bien, normalizar el mal y, a veces, incluso
glorificarlo. Hay acontecimientos que reflejan este viraje, como el caso
Jeffrey Epstein a nivel mundial, o el caso del “Marino” en Ecuador, que
muestran un ciclo renovado de deshumanización.
Epstein empezó con una
red de empresas de asesoría fiscal y financiera dirigida a multimillonarios,
vinculada desde el inicio con prácticas especulativas y hechos ilegales.
Paralelamente, se denunció la existencia de redes de violencia y explotación
contra mujeres y menores, sostenidas por un territorio bajo control propio y
por vínculos con círculos económicos y políticos. También se ha señalado su
cercanía con estructuras de inteligencia, utilizadas como mecanismos de presión
y control. La cadena se completa así: poder económico, mercado de explotación y
control político. De esta manera se habrían tejido pactos, lealtades forzadas y
una red de participación, impunidad y chantaje, al servicio de negocios y
poder.
El caso Epstein puede
leerse como desenlace de un largo proceso de reajuste cultural, acentuado en el
período neoliberal, que coloca en el centro el hedonismo, la ética
individualista y el consumismo. El obstáculo pasa a ser el bien y la virtud,
mientras se exalta la conquista del éxito y la acumulación por encima de normas
y límites. Con ello se abre la puerta a una transición cultural, ética y moral.
El dominio patriarcal
sobre el cuerpo de las mujeres, y la explotación sexual, sobre todo de niñas,
fue una puerta decisiva para este paso. Se combinaron diversas formas de
violencia estructural, física y sexual, junto con el chantaje, el temor y la
manipulación simbólica, envueltas en la promesa de acceso a los círculos del
poder y al brillo del jet set.
Es, en cierto sentido,
un catálogo del poder occidental: allí desfilaron gobernantes, nobles,
magnates, publicistas, militares, artistas y escritores. Una red de hombres
poderosos, marcada por la lógica del dominio.
En el “mundo Epstein” no
había espacio para el otro, para el prójimo. El otro aparece como amenaza o
como objeto: el migrante, el negro, el indio, el gay, la mujer. Se anula así la
posibilidad del amor, en sus diversas formas, desde el amor familiar hasta el
amor erótico, que solo existen cuando se reconoce la presencia y la dignidad
del otro.
Un esquema similar se
percibe en el caso del “Marino” en Ecuador y en las mujeres incorporadas a
redes de mafias. Denominarlas “muñecas de la mafia” revictimiza a las mujeres y
oculta la raíz del problema: una cultura patriarcal atravesada por consumismo,
placer inmediato y narcocultura, que mercantiliza el cuerpo femenino.
Este ciclo de
deshumanización, hoy con proyección universal, se convierte en punto de partida
para redes de complicidad e impunidad económica y política. Otra vez parece
difícil encontrar, entre las élites, a los diez justos de los que hablaba
Abraham. Vivimos una época caótica y violenta, un tiempo que muchos sienten
como apocalíptico, pero que también puede ser anuncio de nuevos tiempos.
La Cuaresma es tiempo de
reflexión para abrir los ojos y mirar de frente la realidad del mal. Conviene
preguntarnos: ¿todavía el mensaje de amor de Jesús tiene fuerza para construir
el Reino? Desafiémonos a mirar la realidad desde la esperanza y desde el
misterio de la resurrección, para vencer a la muerte. #ComuniquemosEsperanza
Con los ojos fijos en El, en la realidad y la
fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz,
resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar,
reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.
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