Con los ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión
ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 328 –15 de febrero de 2026
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¡Nuestra
querida Amazonía!
La escucha del clamor de la tierra y el grito de los pobres y de los pueblos de la Amazonía con los que caminamos, nos llama a una verdadera conversión integral, con una vida simple y sobria, todo ello alimentado por una espiritualidad mística al estilo de San Francisco de Asís, ejemplo de conversión integral vivida con alegría y gozo cristiano. Sínodo Especial para la Región Amazónica n. 17, octubre 2019.
A nivel nacional e
internacional se repiten con frecuencia expresiones como: la Amazonía es el
pulmón del planeta, la región con mayor biodiversidad, poseedora de las mayores
reservas de agua dulce y de recursos naturales aún sin explorar. En ocasiones también
se reconoce que es el hogar de múltiples pueblos y nacionalidades originarias
con culturas y saberes ancestrales. Pero muchas veces estos reconocimientos se
quedan solo en enunciados, son escasos los análisis profundos, y más aún
acciones concretas frente a la realidad y las amenazas que se ciernen sobre sus
habitantes, su modo de vida y la sostenibilidad ecológica de la querida
Amazonía.
Históricamente, la
Amazonía ecuatoriana ha sido un territorio en permanente disputa, especialmente
con la vecina República del Perú, hasta la firma de la paz en 1998.
Durante siglos, los
pueblos y nacionalidades indígenas amazónicos fueron los únicos habitantes de
una selva con la que convivían en armonía. Con la llegada de la Colonia y
posteriormente de la República, se abrió paso la presencia de misioneros y la
evangelización, así como de encomenderos que impusieron sistemas de
explotación. También llegaron viajeros interesados en el conocimiento y en la
extracción de sus riquezas. Las comunidades indígenas resistieron y lograron
preservar sus lenguas y culturas. Sin embargo, enfrentaron graves
consecuencias: pandemias de enfermedades desconocidas para ellos y la violencia
de hacendados y caucheros, que incluso provocaron el exterminio de pueblos
enteros.
En el siglo XX la
obsesión del Estado por crear “fronteras vivas” delegó en las misiones gran
parte del desarrollo de la Amazonía. Fueron ellas las que crearon escuelas y
centros de salud, abrieron vías de comunicación y establecieron o fortalecieron
poblaciones y ciudades. En la práctica, la acción cívica y social en la región
quedó casi totalmente en sus manos.
En la década de 1970 se
inició la explotación petrolera, con la apertura de campos y pozos, así como la
construcción de nuevas carreteras. Este proceso estuvo acompañado por una
agresiva colonización en la Amazonía Norte. Tanto la actividad petrolera como
la colonización se realizaron sin reconocer los derechos de los pueblos
indígenas, legítimos dueños de las tierras y la selva. Las leyes de Reforma
Agraria y Colonización (1964 y 1974) fortalecieron la colonización como un
paliativo ante las luchas por la tierra en la Sierra y la Costa.
Actualmente, las
actividades extractivas en la Amazonía continúan y se intensifican. La
expansión petrolera, la minería —legal e ilegal— y la tala indiscriminada
destruyen la selva y contaminan ríos, suelos y aire. Estas dinámicas, sumadas a
la presencia del crimen organizado, han incrementado la violencia en la región.
Aunque de la Amazonía ha
salido gran riqueza petrolera, la región ha sido marginada. Sus pueblos y
territorios han recibido escasos beneficios, lo que ha impedido articular un
proceso de desarrollo sostenible, sustentable e integral.
Después del Concilio
Vaticano II y de las conferencias del episcopado latinoamericano, los
vicariatos amazónicos del Ecuador renovaron su orientación pastoral, asumiendo
un compromiso más profundo con los pueblos de la región. Sin abandonar la
asistencia social tradicional, impulsaron la organización campesina e indígena
y defendieron sus derechos a la tierra y a los territorios ancestrales, a la
educación bilingüe, a la salud y a la preservación de sus culturas. Esta misión
se fortaleció con las encíclicas Laudato si’ y Fratelli Tutti, así como con las
orientaciones del Sínodo Amazónico de 2019.
Vale recordar figuras
como Alejandro Labaka y la Hna. Inés Arango, nombrados venerables por el papa
León XIV; Santa María Troncatti, canonizada el 18 de octubre de 2025; Mons.
Gonzalo López Marañón; Mons. Pedro Gabrieli, recientemente fallecido; los padres
Juan Botasso y José Miguel Goldáraz; así como tantos laicos, religiosas y
religiosos que han luchado y continúan entregando su vida por la justicia y la
paz en esta Amazonía herida. Su testimonio nos invita a mirar con nuevos ojos
hacia esta tierra, con miradas de comprensión y amor para cuidarla y
protegerla: “Nuestra conversión debe ser también cultural, hacernos al otro,
aprender del otro. En la gente de la Amazonía encontramos enseñanzas para la
vida” (Sínodo para la Amazonía n. 41 y 43). #ComuniquemosEsperanza
Con los ojos fijos en El, en la realidad y la
fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz,
resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar,
reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.
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