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sábado, 14 de febrero de 2026

carta No. 328: ¡Nuestra querida Amazonía!

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 328 –15 de febrero de 2026
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¡Nuestra querida Amazonía!

La escucha del clamor de la tierra y el grito de los pobres y de los pueblos de la Amazonía con los que caminamos, nos llama a una verdadera conversión integral, con una vida simple y sobria, todo ello alimentado por una espiritualidad mística al estilo de San Francisco de Asís, ejemplo de conversión integral vivida con alegría y gozo cristiano. Sínodo Especial para la Región Amazónica n. 17, octubre 2019.

A nivel nacional e internacional se repiten con frecuencia expresiones como: la Amazonía es el pulmón del planeta, la región con mayor biodiversidad, poseedora de las mayores reservas de agua dulce y de recursos naturales aún sin explorar. En ocasiones también se reconoce que es el hogar de múltiples pueblos y nacionalidades originarias con culturas y saberes ancestrales. Pero muchas veces estos reconocimientos se quedan solo en enunciados, son escasos los análisis profundos, y más aún acciones concretas frente a la realidad y las amenazas que se ciernen sobre sus habitantes, su modo de vida y la sostenibilidad ecológica de la querida Amazonía.

Históricamente, la Amazonía ecuatoriana ha sido un territorio en permanente disputa, especialmente con la vecina República del Perú, hasta la firma de la paz en 1998.

Durante siglos, los pueblos y nacionalidades indígenas amazónicos fueron los únicos habitantes de una selva con la que convivían en armonía. Con la llegada de la Colonia y posteriormente de la República, se abrió paso la presencia de misioneros y la evangelización, así como de encomenderos que impusieron sistemas de explotación. También llegaron viajeros interesados en el conocimiento y en la extracción de sus riquezas. Las comunidades indígenas resistieron y lograron preservar sus lenguas y culturas. Sin embargo, enfrentaron graves consecuencias: pandemias de enfermedades desconocidas para ellos y la violencia de hacendados y caucheros, que incluso provocaron el exterminio de pueblos enteros.

En el siglo XX la obsesión del Estado por crear “fronteras vivas” delegó en las misiones gran parte del desarrollo de la Amazonía. Fueron ellas las que crearon escuelas y centros de salud, abrieron vías de comunicación y establecieron o fortalecieron poblaciones y ciudades. En la práctica, la acción cívica y social en la región quedó casi totalmente en sus manos.

En la década de 1970 se inició la explotación petrolera, con la apertura de campos y pozos, así como la construcción de nuevas carreteras. Este proceso estuvo acompañado por una agresiva colonización en la Amazonía Norte. Tanto la actividad petrolera como la colonización se realizaron sin reconocer los derechos de los pueblos indígenas, legítimos dueños de las tierras y la selva. Las leyes de Reforma Agraria y Colonización (1964 y 1974) fortalecieron la colonización como un paliativo ante las luchas por la tierra en la Sierra y la Costa.

Actualmente, las actividades extractivas en la Amazonía continúan y se intensifican. La expansión petrolera, la minería —legal e ilegal— y la tala indiscriminada destruyen la selva y contaminan ríos, suelos y aire. Estas dinámicas, sumadas a la presencia del crimen organizado, han incrementado la violencia en la región.

Aunque de la Amazonía ha salido gran riqueza petrolera, la región ha sido marginada. Sus pueblos y territorios han recibido escasos beneficios, lo que ha impedido articular un proceso de desarrollo sostenible, sustentable e integral.

Después del Concilio Vaticano II y de las conferencias del episcopado latinoamericano, los vicariatos amazónicos del Ecuador renovaron su orientación pastoral, asumiendo un compromiso más profundo con los pueblos de la región. Sin abandonar la asistencia social tradicional, impulsaron la organización campesina e indígena y defendieron sus derechos a la tierra y a los territorios ancestrales, a la educación bilingüe, a la salud y a la preservación de sus culturas. Esta misión se fortaleció con las encíclicas Laudato si’ y Fratelli Tutti, así como con las orientaciones del Sínodo Amazónico de 2019.

Vale recordar figuras como Alejandro Labaka y la Hna. Inés Arango, nombrados venerables por el papa León XIV; Santa María Troncatti, canonizada el 18 de octubre de 2025; Mons. Gonzalo López Marañón; Mons. Pedro Gabrieli, recientemente fallecido; los padres Juan Botasso y José Miguel Goldáraz; así como tantos laicos, religiosas y religiosos que han luchado y continúan entregando su vida por la justicia y la paz en esta Amazonía herida. Su testimonio nos invita a mirar con nuevos ojos hacia esta tierra, con miradas de comprensión y amor para cuidarla y protegerla: “Nuestra conversión debe ser también cultural, hacernos al otro, aprender del otro. En la gente de la Amazonía encontramos enseñanzas para la vida” (Sínodo para la Amazonía n. 41 y 43). #ComuniquemosEsperanza

 

Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

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