Con los
ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión
ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 348 –5 de julio, 2026
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Movilizar la solidaridad
“Esto significa solidaridad. No es solo
cuestión de ayudar a los otros, esto está bien hacerlo, pero, es más: se trata
de justicia. La interdependencia, para ser solidario y fructífero, necesita
raíces fuertes en la humanidad y en la naturaleza creada por Dios, necesita
respeto por los rostros y la tierra”. (Papa Francisco).
El Ecuador es una zona
altamente sísmica. Está ubicado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, la zona
de colisión de la placa oceánica de Nazca con la placa continental
Sudamericana. La peligrosidad sísmica
varía según la región: muy alta amenaza en la Costa central y norte, sobre todo
en Manabí y Esmeraldas. Alta amenaza en zonas de la Sierra centro-norte,
incluyendo Quito y áreas cercanas a fallas geológicas. Esta sismicidad se ha
vivido a lo largo de la historia con numerosos terremoto s que afectaron a
varias poblaciones y causaron un sinnúmero de víctimas.
El terremoto de Riobamba
en 1797, de magnitud estimada de 8.3, considerado el más devastador, destruyó
por completo la antigua ciudad de Riobamba, dejó más de 12.000 fallecidos. El
de Esmeraldas y Colombia en 1906, de 8.8 de magnitud, el de mayor magnitud
instrumental registrado, provocó un devastador tsunami que causó entre 1000 y
1500 muertes. Ambato en 1949, magnitud 6.8, destruyó Ambato, Pelileo y otras
localidades de Tungurahua. En Ecuador y Colombia en 1979, de magnitud entre 7.8
a 8.2, afectó las zonas costeras fronterizas y generó un fuerte tsunami con
graves consecuencias en el Pacífico.
Los terremotos más
recientes en Napo / Reventador, 1987, magnitudes de 6.1 y 6.9, a lo largo de
las faldas orientales de los Andes y causaron estragos en la infraestructura
petrolera y vial. En marzo de 1996 en Pujilí, Cotopaxi, superior a los 6
grados. El de Pedernales con magnitud 7.8 del 16 de abril de 2016, afectó a las
provincias de Manabí y Esmeraldas, dejó más de 670 fallecidos, miles de heridos
y destruyó varias localidades.
Los terremotos llegan sin
avisar y la ciencia aún no puede alertar con anticipación estos eventos para
evitar las víctimas mortales. El doble terremoto en Venezuela del 24 de junio
de 2026, de 7.2 y 7.5 respectivamente, hasta la fecha se han reportado más de
2.000 víctimas fatales, cerca de 12.000 heridos, colapso de viviendas,
edificios, vías de transporte. El dolor de miles de venezolanos es inmenso y
están pasando momentos muy difíciles derivados de la devastación que dejaron
estos eventos.
Los terremotos generan un
drama humano profundo, desolador, devastador en quienes los viven y
experimentan. Al no estar preparados ni educados para enfrentar y reaccionar
apropiadamente, estas situaciones generan miedo, terror, confusión,
incertidumbre y, desde luego muerte, es desolador mirar los efectos: miles de
dramas, escenas abrumadoras, muertos y desaparecidos son las secuelas
inmediatas. Los gobiernos y los entes especializados deben encargarse de la
formación ciudadana al respecto y tener planes de contingencia de reacción
inmediata en caso de un terremoto. Sin embargo, en muchos casos los medios
públicos no alcanzan y, en algunos, lamentablemente se desentienden.
Ante estos acontecimientos
se moviliza la solidaridad de pueblos enteros, que colaboran con vituallas,
alimentos no perecibles, vestuario, medicinas, para cooperar de alguna manera y
aplacar las múltiples necesidades de las poblaciones afectadas. Estos actos de
solidaridad surgen espontáneamente con mucha generosidad. La desgracia convoca,
moviliza y concretas acciones para tender la mano a las personas afectadas.
También la Iglesia reacciona inmediatamente ante estas catástrofes con apoyo
espiritual y material para los afectados.
En la experiencia ecuatoriana son las organizaciones populares, la
iglesia y las ONG las que se movilizan para atender y dirigir la ayuda hacia
las personas más afectadas.
"La palabra
‘solidaridad’ está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es
mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. ¡Es más! Supone crear
una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la
vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos” (Papa
Francisco). En los desastres naturales se activa la solidaridad, pero es
importante que esta sensibilidad y valores trasciendan las crisis humanitarias
para reactivar una fraternidad universal, basada en el bien común y el amor
pleno. #ComuniquemosEsperanza
Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es
una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de
reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar
y proponer alternativas, a través de estas cartas.
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