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domingo, 5 de abril de 2026

carta No. 335: Resucitar esperanza para un mundo herido

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 335 –5 de abril de 2026
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Resucitar esperanza para un mundo herido

“Toda autoridad deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercitar el poder recibido: el poder de juzgar, pero también el poder de comenzar una guerra o de terminarla; el poder de educar a la violencia o a la paz; el poder de alimentar el deseo de venganza o el de reconciliación; el poder de usar la economía para oprimir los pueblos o para liberarlos de la miseria; el poder de pisotear la dignidad humana o de tutelarla; el de promover y defender la vida o de rechazarla y suprimirla. También cada uno de nosotros está llamado a responder por el poder que ejerce en la vida de todos los días. Tú, Jesús, le dices: haz buen uso del poder que te ha sido dado y no olvides que cualquier cosa que hagas a un ser humano, especialmente si es pequeño y frágil, me lo haces a mí; y es a mí a quien deberás responder por ello un día”. Papa León XIV, Vía Crucis 2026.

La palabra “cruz” produce en nosotros una reacción de rechazo, más que de deseo. Es más fácil que surja en nosotros la tentación de huir de ella antes que el anhelo de abrazarla. Cada año, en Semana Santa, recordamos el viacrucis que vivió Jesús como un camino que no termina con su muerte en la cruz, sino en su Resurrección gloriosa. Pero su muerte nos lleva a cuestionarnos: ¿queremos que viva Cristo o no nos importa que siga crucificado y sufriendo hasta morir?

Hoy Jesús sigue siendo torturado, condenado y obligado a cargar una pesada cruz. Es un viacrucis intenso y doloroso a causa de guerras fratricidas que continúan matando a tantos seres humanos. Guerras como la de Gaza, donde vemos a niños huérfanos que deambulan con hambre, angustia y terror; la de los soldados en la guerra de Ucrania, que siguen muriendo sin sentido, rebasando ya los 200.000 muertos en cada lado, sin contar a los civiles inocentes; la de los muertos en Irán por la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel y el peligroso conflicto iniciado en estos meses, un atentado contra la paz mundial; la de millones de niños menores de cinco años que mueren en África por desnutrición y hambre ante la despreocupación infame de sus autoridades; la de miles de migrantes que sufren y hasta mueren cruzando el Mediterráneo para llegar a Europa como alternativa desesperada a su extrema pobreza; la de tantos “inmigrantes indocumentados” en Estados Unidos que sufren persecución, agresión y deportación violenta. En Ecuador, el de los más de 9.000 muertos de 2025, fruto de la violencia ligada a grupos de delincuencia organizada y narcotráfico; el de los cientos de miles de niños desnutridos; el de las personas que mueren paulatinamente por la falta de medicinas, alimentos y trabajo…

Frente a esos viacrucis y crucifixiones diarias, cabe preguntarnos qué postura asumimos como creyentes: si la de quienes condenan al pueblo y a los pobres, la de gobernantes que anteponen su riqueza y comodidad, la de soldados que actúan con brutalidad, la de Pedro que traiciona, la de Judas que se vende, o la de los apóstoles que, por miedo, se esconden ante la represión y el poder.

El papa León ha condenado “la actuación oculta de las autoridades poderosas, dispuestas a matar sin escrúpulos”, e inició la Semana Santa diciendo que Dios rechaza las oraciones de quienes inician guerras y tienen “las manos manchadas de sangre”. En su meditación del Viacrucis manifestó que: “También cada uno de nosotros está llamado a responder por el poder que ejerce en la vida de todos los días. Tú, Jesús, le dices: haz buen uso del poder que te ha sido dado y no olvides que cualquier cosa que hagas a un ser humano, especialmente si es pequeño y frágil, me lo haces a mí; y es a mí a quien deberás responder por ello un día”.

Entonces, ¿qué postura tomamos quienes nos decimos cristianos? Aprendamos de María, Juan y María Magdalena, que no se rindieron y acompañaron a Jesús hasta el final. Pongamos nuestra mirada, nuestra mente, nuestro corazón, nuestros principios, nuestros valores y nuestra fuerza en el Resucitado, vencedor de esa muerte infringida por la maldad que destruye la belleza de la creación y del amor fraterno. Contemplemos a Cristo, que ha dado su vida, que nos acompaña y vive en nuestras luchas, que sigue resucitando a lo largo de la historia para defender a los inocentes de la explotación, la mentira y la esclavitud.

¡Sembremos esperanza y trabajemos para que nuestra fe no sea una utopía, sino una realidad que promueva la dignidad y la vida!  

¡Cristo ha resucitado!  #ComuniquemosEsperanza

 


Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar y proponer alternativas, a través de estas cartas.

 


domingo, 29 de marzo de 2026

carta No. 334: Bancarrota hídrica mundial

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 334 –29 de marzo de 2026
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Bancarrota hídrica mundial

Esto se debe a que las vergonzosas cifras de la sed no se pueden considerar como una fatalidad sin solución, en cuanto ya disponemos de los conocimientos de ingeniería y de gestión para el suministro de agua, también en las zonas más remotas, e incluso en alta mar. Y también porque la gestión del agua no puede depender de «un criterio utilitarista de eficiencia y productividad para el beneficio individual. Papa Francisco, 2019.

Esto se debe a que las vergonzosas cifras de la sed no pueden considerarse una fatalidad sin solución, pues ya disponemos de conocimientos de ingeniería y de gestión para el suministro de agua, incluso en las zonas más remotas y en alta mar. Además, la gestión del agua no puede depender de «un criterio utilitarista de eficiencia y productividad para el beneficio individual» (Papa Francisco, 2019).

El Día del Agua es un momento para reflexionar y fortalecer la defensa de esta fuente de vida ante las amenazas que la acechan. Preguntémonos: ¿por qué la ONU afirma que vivimos una bancarrota hídrica mundial?, ¿cómo podemos detenerla para garantizar agua en abundancia para todos y todas?

La ONU señala que «la cuenta corriente de la naturaleza está en números rojos» y que el mundo ha entrado en una era de “quiebra hídrica global”: un punto de no retorno en el que la demanda humana ha agotado irreversiblemente los acuíferos y ha secado los pozos del futuro, poniendo en riesgo todo el sistema hídrico del planeta. La humanidad no solo ha consumido el ingreso anual de agua proveniente de ríos y lluvias, sino que ha vaciado los ahorros milenarios almacenados en glaciares, humedales y acuíferos.

Esta tendencia se agrava por el uso intensivo del agua en actividades extractivas tradicionales como la minería y la explotación petrolera, así como en nuevos sectores tecnológicos como la inteligencia artificial, la minería de bitcoins y la explotación de tierras raras necesarias para productos tecnológicos y bélicos.

La crisis hídrica se agrava por el enorme consumo de agua en actividades extractivas y tecnológicas. La minería del oro requiere más de mil litros por cada gramo extraído; la red Bitcoin ha consumido a nivel mundial miles de gigalitros, y una sola transacción puede gastar alrededor de 16.000 litros; a su vez, los sistemas de inteligencia artificial usan cada año volúmenes de agua comparables o superiores a los de toda la industria mundial del agua embotellada.

Ante esta realidad, el llamado de Laudato Si’ se vuelve urgente: existe una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, privándolos de un derecho ligado directamente a la vida y a su dignidad. El agua es un derecho humano básico y universal, indispensable para la supervivencia y para el ejercicio de los demás derechos, y además posee un profundo valor espiritual como regalo del Creador, fuente de vida y signo de purificación.

Bajo ningún punto de vista debe ser tratada como mercancía. El agua no puede someterse a las leyes del mercado ni a la especulación; es un bien común que debe ser protegido, cuidado y compartido.

Este día es también una oportunidad para recordar y aprender de las luchas en defensa de la vida y del agua. Podemos aprender de la experiencia del “Quinto Río” en Cuenca; de los esfuerzos por recuperar el río San Pedro y el río Machángara; y de la larga lucha de organizaciones sociales, comunidades campesinas e indígenas, acompañadas por la Iglesia, en defensa de la vida.

Es tiempo de unir todas estas luchas para defender la fuente de vida. Es tiempo de sentir, junto a Dios, que todo estaba bien y que aún podemos continuar la obra del Creador:

“Entonces Dios dijo: «Que el agua que está debajo del cielo se junte en un solo lugar, para que aparezca lo seco.» Y así fue. A la parte seca Dios la llamó «tierra», y al agua que se había juntado la llamó «mar». Al ver Dios que todo estaba bien, dijo: «Que produzca la tierra toda clase de plantas: hierbas que den semilla y árboles que den fruto.» Y así fue.” (Génesis 1,9-11). Para salir de esta bancarrota hídrica mundial debemos trabajar juntos y emprender acciones concretas que nos permitan cuidar, proteger y utilizar el agua con responsabilidad. #ComuniquemosEsperanza

 

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sábado, 21 de marzo de 2026

carta No. 333: Defensores de la Amazonía

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 333 –22 de marzo de 2026
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Defensores de la Amazonía

“Los últimos en general practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres, y que nuestra civilización parece haber olvidado… Solidaridad es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales”. Papa Francisco, Fratelli tutti, 116.

En Querida Amazonía (2020), el papa Francisco presenta cuatro sueños para la región: social (justicia y defensa indígena), cultural (preservación de la identidad), ecológico (cuidado del medio ambiente) y eclesial (una Iglesia con rostro amazónico). El documento denuncia la injusticia, pide evitar la colonización cultural y clama por un desarrollo sostenible que valore a los pueblos originarios.

Mucha gente ha trabajado y ha entregado su vida para hacer realidad estos sueños; personas que tienen hambre y sed de justicia, que buscan la paz y que, a veces sin ser creyentes, están cerca del corazón del Señor, porque con su vida, entrega y lucha encarnan el espíritu de las Bienaventuranzas. Por defender la Amazonía ecuatoriana son conocidos Mons. Alejandro Labaka, la Hna. Inés Arango, Miguel Tankamash (Shuar, CONFENIAE), Nemonte Nenquimo (Waorani), Alex Lucitante (A’i Cofán), Justino Piaguaje (Siekopai), Ángel Shingre (FOCAO), Carlos Ajon Noteno, Luis Yanza Angamarca, recientemente fallecido, dirigente de organizaciones populares y defensor de los derechos humanos y de la naturaleza, nuestra casa común.

Luis Yanza se forjó y creció en la dura realidad de la expansión petrolera y de una colonización desordenada en las actuales provincias de Sucumbíos y Orellana, cuando los derechos de los pueblos indígenas eran permanentemente ignorados y violados. Se vinculó con los vicariatos de Sucumbíos y Aguarico, que promovían las organizaciones populares y las comunidades indígenas. Fue presidente de la Coordinadora Popular del Nororiente. Gran compañero y líder, democrático, honesto y confiable, animaba y generaba consensos y acciones comunitarias, participando activamente en movilizaciones frente a los abusos y la marginación por parte del Estado y de las petroleras.

En 1992 terminó el contrato con Texaco, dejando graves daños económicos, sociales y ambientales: contaminación generalizada y serias afectaciones a la salud de la población, producto de una explotación realizada con tecnología obsoleta y sin responsabilidad social ni ambiental. Frente a estos atropellos, Luis asumió la denuncia de esta hecatombe y, con el respaldo de pueblos indígenas y organizaciones campesinas, impulsó en 1994 la creación del Frente de Defensa de la Amazonía.

Fue una lucha de David contra Goliat. El juicio iniciado en Estados Unidos se trasladó al Ecuador, donde la compañía fue condenada. Sin embargo, Chevron-Texaco contraatacó: dividió a algunas organizaciones, pagó una indemnización mínima, ejecutó una falsa remediación ambiental y demandó internacionalmente al Ecuador, contando con la complicidad y el sometimiento de diversos gobiernos que ignoraron el sufrimiento de sus ciudadanos. En 2026, el Estado aceptó indemnizar a la compañía con 215 millones de dólares.

El Frente, aun con dificultades, se ha mantenido durante 32 años. Luis se constituyó en la conciencia y la memoria de esta lucha con su libro Las voces de las víctimas. UDAPT vs. Chevron-Texaco (2014). Más allá del resultado final del juicio, ha quedado claro que, aunque persisten abusos por parte de las compañías, nunca deben repetirse violaciones tan graves como las de Texaco, porque las comunidades han despertado, conocen, denuncian y exigen sus derechos.

Luis tuvo en los padres carmelitas y en el capuchino José Miguel Goldáraz a sus maestros, confidentes y amigos. Juntos trabajaron y buscaron cumplir la voluntad del Padre. Nos dejan el ejemplo de la solidaridad, de pensar y actuar en términos de comunidad, de priorizar la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de unos pocos.  #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 15 de marzo de 2026

carta No. 332: LA GUERRA: locura que ofende a Dios

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 332 –15 de marzo de 2026
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LA GUERRA: locura que ofende a Dios

La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas recíprocas ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte. Oremos juntos para que cese el estruendo de las bombas, que callen las armas y se abra un espacio de diálogo en el que se pueda escuchar la voz de los pueblos. Papa León XIV.

La República Islámica de Irán es teocrática, establecida en 1979. El poder supremo reside en un líder religioso, el Ayatola, que supervisa las instituciones electas y no electas. Tiene una población de 90 millones de habitantes, una extensión de 1.648.195 km², su idioma oficial es el persa (farsi), con otras minorías étnicas, y su religión mayoritaria es el islam chiita. Tiene casi 4000 años de historia y una cosmovisión totalmente diferente a la occidental.

El 28 de febrero, los Estados Unidos e Israel atacaron y asesinaron al Ayatola Alí Jameneí durante el mes sagrado del Ramadán; el 4 de marzo bombardearon la escuela primaria Shajareh Tayebeh, en Minab, asesinando a 168 niños. Estos ataques, en vez de amedrentar a Irán, generaron una reacción inesperada para Estados Unidos e Israel. Esta “guerra”, que según Trump duraría apenas unos pocos días, escaló y se extendió a toda la región por un tiempo indeterminado. Es más, cada día el conflicto se vuelve más complejo y de difícil solución. Esta guerra pasó de ser un conflicto regional a uno global.

Todo está conectado a nivel mundial y las guerras marcan la ruta. Parece que está terminándose un orden hegemónico unilateral, dominado por Estados Unidos y Occidente, y dando paso a una multi-tripolaridad por la incidencia de Rusia y China.

La guerra promovida por Israel busca cumplir su proyecto del Gran Israel. Irán es el único obstáculo en Medio Oriente; los otros regímenes del Golfo Pérsico están alineados con Estados Unidos.

El cálculo inicial de Trump y Netanyahu era una intervención rápida: eliminar al líder, como lo hicieron en Venezuela, y precipitar el cambio hacia un régimen favorable a Estados Unidos. El discurso es evitar una bomba atómica iraní, que no podía existir por la prohibición religiosa del Ayatola; sin embargo, esta prohibición puede terminar con el nuevo Ayatola, Mojtaba Jameneí, elegido líder después del asesinato de su padre.

Se esperaba que el régimen cayera por protestas internas, pero el pueblo se cohesionó en torno a sus líderes religiosos. La respuesta militar iraní sorprendió por su capacidad de resistencia, su tecnología y sus apoyos externos, mientras el cierre del estrecho de Ormuz disparó el precio del petróleo y agravó el impacto global de la guerra.

Los ataques aéreos destruyen infraestructuras y población, pero no debilitan al régimen, que ha nombrado sucesor de Alí Jameneí a su hijo, Mojtaba Jameneí. La estrategia norteamericana-israelí no ha causado, hasta ahora, los efectos esperados.

Se sabe cómo empezar una guerra, pero no cómo terminarla. La ofensiva muestra desgaste, Irán mantiene su resistencia y ataca intereses estratégicos de Estados Unidos, mientras Trump busca una salida presentándose como vencedor, aunque Irán sostiene que no será él quien decida el final del conflicto.

Como Justicia y Paz no tomamos partido en este conflicto; exponemos algunos criterios que se ocultan en los medios y señalamos lo absurdo del mismo: “La guerra es siempre una derrota, siempre. Dondequiera que se haga, las poblaciones están agotadas, están cansadas de la guerra, que como siempre es inútil e inconclusa, y solo traerá muerte, solo destrucción y nunca aportará una solución al problema” (Papa Francisco).

La paz en Medio Oriente es posible si vamos a las raíces y si se eliminan los afanes de dominio. Debe empezar un diálogo respetuoso entre civilizaciones y cosmovisiones, reconociendo al otro como un interlocutor válido para llegar a acuerdos de desarme de las conciencias, escuchando la voz de los pueblos para proteger la vida de la población, empezando por los más vulnerables. “La guerra es una locura que ofende a Dios”#ComuniquemosEsperanza

 

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sábado, 7 de marzo de 2026

carta No. 331: La dignidad de la Mujer: un desafío permanente

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 331 –8 de marzo de 2026
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La dignidad de la Mujer: un desafío permanente

“Oremos para que la dignidad y la riqueza de las mujeres sean reconocidas en todas las culturas, y para que cese la discriminación que sufren en diversas partes del mundo". Papa Francisco, abril 2024.

SER MUJER sigue siendo un desafío, y no puede comprenderse únicamente desde indicadores económicos o políticos; requiere una lectura más profunda, que trascienda y se adentre en las raíces que han configurado un orden social todavía marcado por profundas asimetrías y por un machismo claro o solapado. En las últimas décadas ha habido avances significativos, pero aún falta mucho para alcanzar una verdadera equidad entre hombres y mujeres.

En el Ecuador venimos de un sistema patriarcal, consolidado durante la Colonia y reforzado por legislaciones republicanas que excluyeron a la mujer del espacio público. Aunque el siglo XX trajo el reconocimiento del sufragio femenino y mayores oportunidades educativas, la mentalidad colectiva no se transforma con la misma rapidez. Las estructuras cambian en el papel; los imaginarios tardan generaciones en renovarse.

El machismo cotidiano, a veces abierto y otras disimulado, sigue moldeando roles y expectativas. El problema no está en ciertas formas de complementariedad, sino en imponerlas como destino obligatorio y jerarquizado. Aunque muchas mujeres hoy trabajan y sostienen económicamente a sus hogares, este modelo persiste, legitimado incluso por expresiones de violencia como: “aunque pegue, aunque mate, marido es”.

Los micromachismos son formas sutiles de control, desvalorización e invisibilización que parecen inofensivas, pero sostienen a diario la discriminación y la desigualdad, por ejemplo cuando se interrumpe a las mujeres, se cuestiona más su autoridad o se valora más su apariencia que su capacidad.

La presencia femenina sigue siendo limitada en los espacios más altos de decisión política, económica e incluso eclesial, donde por mucho tiempo se ha reducido a la mujer a la obediencia y la maternidad, a pesar de su profundo liderazgo espiritual y social. En Ecuador, mujeres como Dolores Cacuango, Tránsito Amaguaña, Matilde Hidalgo, Nela Martínez y Manuela Sáenz han desafiado esa exclusión, luchando contra la violencia patriarcal, el racismo y la desigualdad, y abriendo caminos decisivos en derechos, educación, trabajo e independencia.

En el Evangelio, Jesús rompe con los esquemas culturales de su tiempo mediante gestos profundamente transformadores. En un contexto en el que la mujer rara vez era reconocida como discípula, Jesús la integra en su comunidad, reconociendo su dignidad y su capacidad de colaboración activa en la misión.

En el relato de la resurrección, son las mujeres las primeras testigos del sepulcro vacío. Aunque su testimonio fue inicialmente desestimado, el Evangelio las coloca en el centro del acontecimiento fundante de la fe cristiana. Este detalle revela que, para Jesús y para la primera comunidad, la mujer no es periferia, sino protagonista de la historia de la salvación. Resulta evidente la tensión entre el mensaje evangélico y las prácticas históricas que han perpetuado desigualdades. La tradición cristiana posee en su fuente una semilla de profunda igualdad: si la dignidad es el criterio del Reino, no puede haber jerarquías basadas en el género.

La transformación cultural no será fruto exclusivo de reformas legales. Requiere, primero, una conversión del corazón y, luego, de las estructuras. Implica revisar prácticas cotidianas, redistribuir responsabilidades, abrir espacios de liderazgo y reconocer la autoridad femenina sin sospecha ni condescendencia. La equidad de género no niega la riqueza de las diferencias; las purifica de toda lógica de dominación. #ComuniquemosEsperanza

 

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domingo, 1 de marzo de 2026

carta No. 330: Entregar la Vida por la Vida

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 330 –1 de marzo de 2026
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Entregar la Vida por la Vida

“Sueño con una Amazonía que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad promovida. Sueño con una Amazonia que preserve esa riqueza cultural que la destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana. Sueño con una Amazonia que custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que la engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas”. Papa Francisco, exhortación apostólica Querida Amazonía, n° 7.

Este año, en que celebramos los 800 años del paso de san Francisco a la casa del Padre, en Ecuador debemos recordar a Alejandro e Inés, dignos seguidores del santo de Asís.

El 22 de mayo de 2025, el papa León XIV declaró “venerables” a Mons. Alejandro Labaka y a la Hna. Inés Arango, quienes el 21 de julio de 1987 dieron su vida para proteger a los Tagaeri, un pueblo en aislamiento, amenazado por el avance de la extracción petrolera. Asumieron el peligro por su defensa y por el Evangelio. La frase de Alejandro: “Si no vamos nosotros, los matan a ellos”, y la de Inés: “Si muero, me voy feliz. Que nadie sepa nada de mí”, los retratan de cuerpo entero. Ser declarados venerables reconoce que vivieron las virtudes cristianas (fe, esperanza y caridad) en grado heroico. Es el paso previo para una posible beatificación.

“Todo lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo original en cada lugar del mundo, de manera que la esposa de Cristo adquiera multiformes rostros que manifiesten mejor la inagotable riqueza de la gracia: la predicación debe encarnarse, la espiritualidad debe encarnarse, las estructuras de la Iglesia deben encarnarse” (Querida Amazonía, 6). Ellos emprendieron y ejecutaron esta tarea; colocándose en manos del Señor, se “encarnaron” en una cultura diferente.

Sus figuras crecen con los años. Su muerte, en medio de la selva, sigue siendo un grito por la defensa de los derechos de los pueblos, de la vida y de la casa común, y debe trascender como ejemplo para todo el Ecuador. Vivieron en la Amazonía, la amaron con pasión y sufrieron por ella.

Alejandro fue misionero en China antes de llegar al Ecuador (Aguarico) en 1954. En 1965 fue nombrado Prefecto Apostólico y participó en el Concilio Vaticano II, que marcó su pastoral, al escribir al papa san Pablo VI: “He sentido muy fuerte en mi interior el mandato de Cristo de predicar a todas las gentes, especialmente a los Aucas”. En 1970 renunció al cargo y fue un misionero más.

Trabajó en beneficio de los colonos y ayudó a crear y estructurar nuevos poblados. Su principal trabajo fue la defensa de los pueblos indígenas, especialmente los minoritarios: las nacionalidades Siona, Secoya y Waorani. Su relación e inculturación con este pueblo marcó su pastoral, su vida y su entrega final. Se integró con uno de los clanes waorani que había permanecido aislado, escribiendo: “En las visitas examinaron las pertenencias de este capuchino que se precia de profesar la pobreza franciscana y vieron que tengo demasiadas cosas y se las llevaron con todo derecho… Me arrodillé ante Inihua y puso su mano sobre mi cabeza, otro tanto ante Pahua llamándole buto bara (mi madre) que también puso sus manos sobre mi cabeza, estaba desnudo, luego besé las manos de mis padres y hermanos waorani… Comprendí que debía despojarme del hombre viejo y revestirme más y más de Cristo… Juzgué un deber el manifestarme y comportarme con toda naturalidad, igual que ellos, aceptando todo, excepto el pecado” (extractos de la Crónica Huaorani de Mons. Labaka).

En 1984 fue nombrado primer obispo del Vicariato Apostólico de Aguarico; en su consagración, los indígenas fueron protagonistas. Siguió defendiéndolos y defendiendo sus territorios ancestrales junto a la Hna. Inés, hasta la entrega final de sus vidas.

Pocos indígenas y mestizos comprenden quizá el significado de “venerables”, pero los recuerdan y los sienten como santos propios.

Alejandro fue un puente entre culturas, promotor y generador de diálogo entre los diferentes actores sociales, políticos y económicos de la Amazonía de ese entonces, buscando siempre el bien común.

“Dejaron en la selva, con su sangre, la semilla de Dios; dejaron en la comunidad episcopal el más grande incentivo del real compromiso con los más pobres e incomprendidos; y dejaron en la misión de Aguarico la fuerza de un espíritu que no se intimida ante nadie ni ante nada” (Mons. Luna Tobar). Entregaron su vida por la VIDA.  #ComuniquemosEsperanza

 

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sábado, 21 de febrero de 2026

carta No. 329: Epstein: la degradación y deshumanización

 

Con los ojos fijos en Él

en la realidad y la fe

Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 329 –22 de febrero de 2026
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Epstein: la degradación y deshumanización

No es menos preocupante la miseria moral que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado… Esta forma de miseria moral que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Papa Francisco, reflexiones sobre la cuaresma.

La Cuaresma es un período de reflexión y conversión. Un tiempo para mirar nuestro presente y buscar caminos de purificación, abiertos a la Buena Noticia. El Evangelio del Primer Domingo de Cuaresma (Lc 4,1-13) relata las tres tentaciones de Jesús en el desierto: 1) convertir piedras en pan (hambre y materialismo), 2) lanzarse del templo (probar a Dios y soberbia), y 3) adorar a Satanás a cambio de reinos (poder e idolatría), antes de empezar su misión pública.

Vivimos un tiempo de cambios profundos, no solo en lo económico y lo político, sino también en la moral y la ética, en la forma en que se redefine el bien y el mal. En nuestro tiempo, la clave parece estar en la tercera tentación: la idolatría del poder, que termina por suplantar el bien, normalizar el mal y, a veces, incluso glorificarlo. Hay acontecimientos que reflejan este viraje, como el caso Jeffrey Epstein a nivel mundial, o el caso del “Marino” en Ecuador, que muestran un ciclo renovado de deshumanización.

Epstein empezó con una red de empresas de asesoría fiscal y financiera dirigida a multimillonarios, vinculada desde el inicio con prácticas especulativas y hechos ilegales. Paralelamente, se denunció la existencia de redes de violencia y explotación contra mujeres y menores, sostenidas por un territorio bajo control propio y por vínculos con círculos económicos y políticos. También se ha señalado su cercanía con estructuras de inteligencia, utilizadas como mecanismos de presión y control. La cadena se completa así: poder económico, mercado de explotación y control político. De esta manera se habrían tejido pactos, lealtades forzadas y una red de participación, impunidad y chantaje, al servicio de negocios y poder.

El caso Epstein puede leerse como desenlace de un largo proceso de reajuste cultural, acentuado en el período neoliberal, que coloca en el centro el hedonismo, la ética individualista y el consumismo. El obstáculo pasa a ser el bien y la virtud, mientras se exalta la conquista del éxito y la acumulación por encima de normas y límites. Con ello se abre la puerta a una transición cultural, ética y moral.

El dominio patriarcal sobre el cuerpo de las mujeres, y la explotación sexual, sobre todo de niñas, fue una puerta decisiva para este paso. Se combinaron diversas formas de violencia estructural, física y sexual, junto con el chantaje, el temor y la manipulación simbólica, envueltas en la promesa de acceso a los círculos del poder y al brillo del jet set.

Es, en cierto sentido, un catálogo del poder occidental: allí desfilaron gobernantes, nobles, magnates, publicistas, militares, artistas y escritores. Una red de hombres poderosos, marcada por la lógica del dominio.

En el “mundo Epstein” no había espacio para el otro, para el prójimo. El otro aparece como amenaza o como objeto: el migrante, el negro, el indio, el gay, la mujer. Se anula así la posibilidad del amor, en sus diversas formas, desde el amor familiar hasta el amor erótico, que solo existen cuando se reconoce la presencia y la dignidad del otro.

Un esquema similar se percibe en el caso del “Marino” en Ecuador y en las mujeres incorporadas a redes de mafias. Denominarlas “muñecas de la mafia” revictimiza a las mujeres y oculta la raíz del problema: una cultura patriarcal atravesada por consumismo, placer inmediato y narcocultura, que mercantiliza el cuerpo femenino.

Este ciclo de deshumanización, hoy con proyección universal, se convierte en punto de partida para redes de complicidad e impunidad económica y política. Otra vez parece difícil encontrar, entre las élites, a los diez justos de los que hablaba Abraham. Vivimos una época caótica y violenta, un tiempo que muchos sienten como apocalíptico, pero que también puede ser anuncio de nuevos tiempos.

La Cuaresma es tiempo de reflexión para abrir los ojos y mirar de frente la realidad del mal. Conviene preguntarnos: ¿todavía el mensaje de amor de Jesús tiene fuerza para construir el Reino? Desafiémonos a mirar la realidad desde la esperanza y desde el misterio de la resurrección, para vencer a la muerte. #ComuniquemosEsperanza

 

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