Con los
ojos fijos en Él
en la realidad y la fe
Comisión ecuatoriana Justicia y Paz
carta No. 335 –5 de abril de 2026
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Resucitar esperanza para un mundo herido
“Toda autoridad deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercitar el poder recibido: el poder de juzgar, pero también el poder de comenzar una guerra o de terminarla; el poder de educar a la violencia o a la paz; el poder de alimentar el deseo de venganza o el de reconciliación; el poder de usar la economía para oprimir los pueblos o para liberarlos de la miseria; el poder de pisotear la dignidad humana o de tutelarla; el de promover y defender la vida o de rechazarla y suprimirla. También cada uno de nosotros está llamado a responder por el poder que ejerce en la vida de todos los días. Tú, Jesús, le dices: haz buen uso del poder que te ha sido dado y no olvides que cualquier cosa que hagas a un ser humano, especialmente si es pequeño y frágil, me lo haces a mí; y es a mí a quien deberás responder por ello un día”. Papa León XIV, Vía Crucis 2026.
La palabra “cruz” produce
en nosotros una reacción de rechazo, más que de deseo. Es más fácil que surja
en nosotros la tentación de huir de ella antes que el anhelo de abrazarla. Cada
año, en Semana Santa, recordamos el viacrucis que vivió Jesús como un camino
que no termina con su muerte en la cruz, sino en su Resurrección gloriosa. Pero
su muerte nos lleva a cuestionarnos: ¿queremos que viva Cristo o no nos importa
que siga crucificado y sufriendo hasta morir?
Hoy Jesús sigue siendo
torturado, condenado y obligado a cargar una pesada cruz. Es un viacrucis
intenso y doloroso a causa de guerras fratricidas que continúan matando a
tantos seres humanos. Guerras como la de Gaza, donde vemos a niños huérfanos
que deambulan con hambre, angustia y terror; la de los soldados en la guerra de
Ucrania, que siguen muriendo sin sentido, rebasando ya los 200.000 muertos en
cada lado, sin contar a los civiles inocentes; la de los muertos en Irán por la
ofensiva militar de Estados Unidos e Israel y el peligroso conflicto iniciado
en estos meses, un atentado contra la paz mundial; la de millones de niños
menores de cinco años que mueren en África por desnutrición y hambre ante la
despreocupación infame de sus autoridades; la de miles de migrantes que sufren
y hasta mueren cruzando el Mediterráneo para llegar a Europa como alternativa
desesperada a su extrema pobreza; la de tantos “inmigrantes indocumentados” en
Estados Unidos que sufren persecución, agresión y deportación violenta. En
Ecuador, el de los más de 9.000 muertos de 2025, fruto de la violencia ligada a
grupos de delincuencia organizada y narcotráfico; el de los cientos de miles de
niños desnutridos; el de las personas que mueren paulatinamente por la falta de
medicinas, alimentos y trabajo…
Frente a esos viacrucis y
crucifixiones diarias, cabe preguntarnos qué postura asumimos como creyentes:
si la de quienes condenan al pueblo y a los pobres, la de gobernantes que
anteponen su riqueza y comodidad, la de soldados que actúan con brutalidad, la
de Pedro que traiciona, la de Judas que se vende, o la de los apóstoles que,
por miedo, se esconden ante la represión y el poder.
El papa León ha condenado
“la actuación oculta de las autoridades poderosas, dispuestas a matar sin
escrúpulos”, e inició la Semana Santa diciendo que Dios rechaza las oraciones
de quienes inician guerras y tienen “las manos manchadas de sangre”. En su meditación
del Viacrucis manifestó que: “También cada uno de nosotros está llamado a
responder por el poder que ejerce en la vida de todos los días. Tú, Jesús, le
dices: haz buen uso del poder que te ha sido dado y no olvides que cualquier
cosa que hagas a un ser humano, especialmente si es pequeño y frágil, me lo
haces a mí; y es a mí a quien deberás responder por ello un día”.
Entonces, ¿qué postura
tomamos quienes nos decimos cristianos? Aprendamos de María, Juan y María
Magdalena, que no se rindieron y acompañaron a Jesús hasta el final. Pongamos
nuestra mirada, nuestra mente, nuestro corazón, nuestros principios, nuestros valores
y nuestra fuerza en el Resucitado, vencedor de esa muerte infringida por la
maldad que destruye la belleza de la creación y del amor fraterno. Contemplemos
a Cristo, que ha dado su vida, que nos acompaña y vive en nuestras luchas, que
sigue resucitando a lo largo de la historia para defender a los inocentes de la
explotación, la mentira y la esclavitud.
¡Sembremos esperanza y
trabajemos para que nuestra fe no sea una utopía, sino una realidad que
promueva la dignidad y la vida!
¡Cristo ha resucitado! #ComuniquemosEsperanza
Con los ojos fijos en El, en la realidad y la fe" es
una publicación de la Comisión ecuatoriana Justicia y Paz, resultado de
reuniones periódicas de los miembros de la Comisión para analizar, reflexionar
y proponer alternativas, a través de estas cartas.